──Novosibirsk, Rusia.
En las pantallas azules se podían observar todo tipo de estadísticas, fotografías y datos que una persona normal apenas y podría llegar a comprender. Tanto había avanzado la tecnología con Aldnoah…
Los científicos ahí reunidos daban la explicación más exacta de su reciente investigación, tal y como se había planeado para esa semana. Debían rendir cuentas a los altos mandos, quienes habían invertido una dichosa suma monetaria para aquella investigación, si no era de interés suficiente todo se reducía a una pérdida de dinero y tiempo, ellos no estaban para tal riesgo.
—¿Y esto sólo lo han experimentado en animales? —Preguntaba el individuo que estaba al centro de la mesa.
—Cómo lo demostramos, en los sujetos de prueba los resultados han sido en un 50% exitosos—. Explicaba el científico—. Para la experimentación humana necesitamos un resultado mejor.
—Quizás el fallo está en que esto es para humanos, ¿por qué no intentarlo?
—¿Hay algún voluntario?
Todos en aquella sala rieron ante la pregunta, ese comentario fue algo aventurado, incluso para él.
—Lo que estamos haciendo es para mejorar la vida, incluso ayudarla en caso de emergencia—. El segundo investigador tomó la palabra. —No me gustaría poner la vida de alguien en riesgo por esto.
Aquellas personas se levantaron, algunas comenzaron a reunirse cerca de la salida.
—Entonces, ¿por qué no experimentar con muertos? —Dijo aquel superior, el director de U.E —Agarren su papeles, niños. Les conseguiré su próximo juguete.
Sentencio antes de salir por aquella puerta, siendo seguido por los presentes. Aquellas personas con pulcras batas blancas observaron al director, estupefactos por su declaración.
──Tanegashima, Japón.
Inaho y Yuki llegaban a la hora habitual a aquella base militar, ignoraban la razón de porque tanto alboroto a primeras horas por la mañana, ¿acaso había alguna amenaza de guerra? Eso era exagerar mucho las cosas, sin mencionar que era imposible y les habrían contactado de inmediato. No sabían la razón del porque seguían trabajando ahí, la paz ya tenían era lo suficientemente estable como para que algo llegara a amenazarla. La emperatriz Asseylum hacia un excelente trabajo.
Cada uno fue a su respectiva oficina. Revisaba los últimos informes, fue en ese entonces que el castaño se enteró de porque tanta movilización, tal parecía que el director de la U.E visitaría aquella base, le alegraba saber que él no estaba en ningún itinerario de aquel día. Nada cambiaría su rutina por ahora. Miró la hora, según aquella agenda estaba por llegar aquel superior.
Terminó de revisar otras cosas, nada de relevancia. Navegó en internet un rato buscando alguna que otra nueva receta; estaba lo suficientemente aburrido en ese momento como para hacerlo. Salió a dar un pequeño paseo por aquel lugar, ahora todo parecía estar más calmado, la calma a la que estaba acostumbrado. Sintió un pequeño golpe en su hombro y varios papeles cayendo a su alrededor. Había chocado con una persona con bata, se encontraba recogiendo aquellos documentos. Ayudó más que nada por educación e intento leer algo de lo que estaba escrito, pero era un idioma que no sabía. El hombre le dio las gracias en ese mismo idioma, suponía, él asintió con la cabeza y siguió caminando, restándole importancia a lo sucedido.
—Entonces, ¿esto podría regenerar la matriz? —Preguntaba el director de la U.F.E
—Así es, señor—. Dijo el científico, hablando un fluido japonés. —Con la reprogramación de estas células podríamos emplear toda esta información para crear órganos y tejidos; también para reemplazar los deteriorados por cualquier razón.
Los presentes en la sala no perdían pista de lo que decía, se miraban cada vez más convencidos.
—Esto no es nada nuevo, pero con la tecnología que se ha podido crear gracias a Aldnoah, hemos mejorado en creces la reprogramación de las células; podríamos llevarlas a un estado necesario para esto.
Se escuchan cada vez más emoción en sus palabras. Era el momento de dar el tiro de gracia.
—Debido a que su país cuenta con la tasa de natalidad más baja, ¿no resulta algo conveniente? —Lanzó la pregunta—. Hay muchas mujeres que por operaciones o incluso cuestiones biológicas quisieran crear una familia, mas no pueden hacerlo. Resulta beneficioso para ustedes como nación, incluso podríamos compartir la patente.
—En ese caso, ¿por qué llegó directamente a nosotros? Señor Smirnov Seriozha.
No quería pensar en algo erróneo, pero bien pudo pasar directamente con el primer ministro, incluso a un centro especializado en investigaciones del país, ¿por qué con unos militares que no podrían saber más del tema? Algo no iba del todo bien.
—Nuestros investigadores no han garantizado un 100% de éxito al momento de experimentar—. La pregunta había sido directamente al superior de la U.E. Al final sabía que terminaría así—. Por lo tanto, esto no es más que una negociación entre nosotros.
Así que era eso.
—La experimentación humana es considerado algo grave; no cualquiera podría aceptar someterse a este tipo de investigación sabiendo que las consecuencias podrían ser irreversibles—. Su voz era calmada. Negociar era de las mejores cosas que podía hacer cualquier persona que tuviera ese rango. —Por eso hemos optado por experimentar con muertos.
Dos de sus escoltas pusieron una fotografía y dos libretas sobre la mesa, claramente incitando a que fueran examinadas.
—La fotografía y la libreta fueron halladas entre varios documentos del Dr. Troyard. La otra es la casi copia fiel de la misma—. Explicaba. —Sabemos que tienen al hijo del Doctor, lo que queremos es simple.
—Pensamos que: con todos estos datos, podríamos crear un órgano, tejido o aparato desde cero, si funciona, será posible regenerar uno sin problemas o complicaciones—. Explicó el investigador.
—Pero cómo ya lo dije, la experimentación humana es un delito— continuo el director— Queremos al hijo de Troyard para la investigación. Ya que él no supondría ningún problema en caso de algún fallo.
Después de examinar las dos libretas pudo notar que en una faltaban las últimas hojas, ¿debía suponer que era la dichosa investigación? No podía ser algo sólo por fines científicos, debía existir una segunda razón del porque estaba en una libreta así. Miró la fotografía con poco interés.
—Me temo que debo declinar la oferta—meditó acerca de lo que querían. Era algo realmente tentador obtener parte de la patente. Claro, cualquiera en su lugar habría aceptado, pero era algo aventurado, sin mencionar los problemas que se crearían conforme algo se descubriera. —Nosotros no tenemos la custodia del ex conde.
Eso fue algo que dejó a los demás presentes sorprendidos, ¿qué no tenían la custodia? Que forma de rechazar una oferta tenían los japoneses.
—No sé de donde escuchó esta información, pero sí, lo mantenemos en secreto. Mas sin en cambio, nosotros como organización no ejercemos ningún tipo de poder sobre él, queda fuera de nuestro alcance— explicaba el director de la U.F.E. —El único que tiene la oportunidad de dar una orden es un subteniente
Todas las pantallas se habían apagado conforme terminó de hablar, ahora una única luz iluminaba toda la sala, dejando claro que los rusos no estaban conformes con la respuesta obtenida, lo cual no era para menos. Con una pequeña sonrisa se levantó de su asiento, agarrando la libreta original de Troyard. Sus subordinados y el investigador siguieron sus pasos.
—Espero mañana obtener su respuesta definitiva, sería una lástima tener que hablar de esto con otra nación, siendo ustedes unos grandes beneficiarios.
Y salieron sin decir más, dejando a los otros con una gran duda en sus mentes. Dejaron al director de U.F.E solo, pues era algo que debía pensar con cuidado, sin un tercero que diera su opinión, sólo él y su intuición que lo había llevado a su puesto actual. Rechinaron sus dientes al darse cuenta que lo derrotaron en una simple negociación, con una simple y única frase. Se hizo del teléfono, levantando la bocina. Dando órdenes claras. Debía terminar con ese tema ahora mismo.
──Sitio desconocido, Tanegashima.
—No te ves nada bien.
Últimamente iba de visita más seguido, por no decir que diariamente, no era algo que le molestara, pero comenzaba a ser cansado, incluso una ocasión se quedó a dormir en ese lugar. Inaho quitaba el termómetro clínico de la boca de Slaine. La razón de todo eso era porque el albino no dejaba de tener fiebre. El castaño ya había llevado tanto medicamento le hubiera mencionado su hermana, incluso el que le recomendaban, pero por más que se los suministraba, no parecía mejorar en nada. Eso comenzaba a preocuparle.
—Si esto sigue así tendré que traer a un médico—. Regresó todo al pequeño botiquín.
—Quizás esto no hubiera pasado si el lugar no fuera tan… Lúgubre—. No tenía tantas ganas de comenzar una pelea, se sentía realmente cansado, pero si tenía la oportunidad de reclamar acerca del estado de su celda, lo haría.
—Has pasado los últimos años aquí, y es la primera vez que te enfermas de esta forma—. Entrecerró la mirada. ¿Cuántas veces ya se había enfermado? ¿Cuántas veces le había cuidado? Quizás eran pocas para llevar una cuenta. —El lugar no puede ser el problema. A menos que sea alguna enfermedad de marte.
—Eso es imposible—. Desvió la mirada, un poco molesto ante la acusación. —Sí ese fuera el caso, ¿no crees que se hubiera manifestado desde antes? Quizás sea de aquí, la Tierra.
—Puede ser alguna enfermedad parecida al sarampión—. Comenzó a explicar con aquella voz monótona, tan faltante de emociones. —Podría manifestarse en cualquier momento.
Lo observó detenidamente, sus mejillas estaban rojas, se notaba claramente gracias a su tono de piel; tan blanca y tersa. A veces se preguntaba cuál era su verdadera nacionalidad. Recordó inmediatamente la segunda razón de su visita aquel día. El chico estaba a nada de quedar dormido y, a decir verdad, no le gustaría molestarlo tanto en ese instante.
—Sé que este no es de los mejores momentos para hacer un interrogatorio—. El albino nuevamente prestaba atención, esperando a que continuara.
Inaho sacó de su bolsillo una pequeña libreta, digna de poder escribir notas. Tenía un aspecto desgastado, como si fuera un objeto que no se hubiese utilizado desde hace años atrás. Abrió aquel libro por la mitad, sacando una fotografía igual de vieja, entregándosela a Slaine.
—¿Reconoces esa libreta?
El albino se incorporó, tomando asiento en la cama, observando fijamente la cubierta. Dio la vuelta, no tenía nada escrito o dibujado. Abrió en cualquier página, no reconoció la letra, ni siquiera el idioma en el que estaba escrito, siguió pasando las paginas, sin prestar realmente mucha atención.
—No me parece haber visto esto antes—. Dijo sin muchas ganas, entregando el objeto inmediatamente.
—Entonces—. Dejó el pequeño libro sobre la cama. —¿Reconoces a alguien de esta foto?
Agarró la fotografía con delicadeza, intentando reconocer a las personas ahí plasmadas. No pasaron más de unos segundos para que el chico comprendiera de quien se trataba. Abrió los ojos en señal de sorpresa, pidiendo que no fuera verdad lo que tenía frente a él. Después miró a Inaho.
—¿Cómo es que…?—No pudo terminar la frase, estaba realmente conmocionado por eso. —¿Quiere decir que…?
—No sé, eso dímelo tú—. Levantó los hombros, en seña de desinterés. —¿Son tus padres?
Miró nuevamente la fotografía, lleno de duda y miedo, varios sentimientos se encontraron, no podía lidiar con todo eso al mismo tiempo.
—Reconozco al hombre que se encuentra en esta foto— le entrego la fotografía.
—¿Podrías hablarme más de ellos? —Colocó la fotografía entre algunas hojas de la libreta. Prestando atención al rostro del chico.
—¿Vamos a comenzar a hablar de nuestras familias? —Su tono era arrogante, incluso irónico. —Puedo asegurar que el señor Kaiduka debe estar orgulloso de su hijo, no me sorprendería que sea un coronel o general.
—Nunca conocí a mis padres— dijo sin inmutarse, su voz monótona hacia parecer que no le afectaba ese comentario, de hecho, no lo hacía. Eso hizo callar de repente a Slaine, sorprendiéndolo un poco. —Mi padre era un soldado, el cual murió durante el Heavens Fall, al igual que mi madre— su voz no cambió en ningún momento al decir aquello. — Yo era un bebé para ese entonces. Mi hermana y yo quedamos al cuidado del gobierno. Mi hermana y yo... Lamento decepcionarte ante el estatus de mi padre.
No sabía que decir, simplemente escuchar el frío tono del castaño al decir todo aquello le helaba la sangre, ¿cómo no podía alterarse? ¿Tenía emociones al menos? ¿Sentimientos? Lo dudaba, en verdad lo dudaba, eso le había demostrado que algo tan trivial como eso no podía existir dentro del castaño. Él siquiera pensaba en el funeral de su padre y algo dentro volvía a romperse.
—Es tú turno, háblame acera de tu padre— lo miró con aquella expresión fría, sin emociones.
—Mi padre era un investigador de Aldnoah— comenzó; miraba en otra dirección. Después de escuchar todo aquello ya no tenía ganas de ser un completo idiota y molestar más. —Gracias a ello viajábamos mucho. En su inicio era divertido, en cuanto hubiera oportunidad paseábamos por ahí— una sonrisa nostálgica adornaba su rostro. —Pero en algún momento todo cambió, tiempo era lo que menos había y entonces, llegamos a marte— miró al castaño, con una ligera sonrisa. —Nunca supe algo de mi madre y mi padre murió en marte.
Inaho se levantó, fue hasta los barrotes, listo para salir.
—Haré que te lleven a ese lugar inmediatamente, donde nos reunimos siempre— no quería mirarlo, por alguna razón que desconocía. —También traeré a un médico.
Así salió sin más, sin esperar alguna queja o respuesta. Dejó al albino solo, como todos los días. Llegó hasta donde su hermana y emprendieron camino de nuevo a la base. Sin hablar, sin preguntas, un recorrido en completo silencio, hasta llegar de nuevo, lo cual le parecía molesto, ya que el día anterior recibió una llamada del director de la base, supuso que sería para escoltar a los invitados. Una vez en su oficina se le informo que habían mandado la libreta y la fotografía, su deber era el interrogar al chico acerca de aquellos objetos. Bien, ya había cumplido con su deber de ese día. Caminó sin muchas ganas hasta aquella oficina, comenzando así a explicar todo lo que había escuchado aquel día y sin recibir alguna orden más se marchó, dejando ahí todo.
—Inaho, bienvenido.
Aquella dulce e inocente voz lo recibía, tal y como había sido durante los últimos meses. Al acercarse a la cocina una enorme sonrisa lo esperaba de nuevo, al salir de casa lo despedía. Todos y cada uno de sus días era así, ¿pero por qué a pesar de eso sentía un poco de vacío?
—Estoy de vuelta, Inko.
La castaña preparaba algo de sopa de miso, lo suficiente para dos personas. Vestía un lindo mandil, para evitar mancharse aquel traje, le sorprendió no verla con la bata esa tarde. Se acercó a ella, ayudando con la preparación de lo que hiciera falta, aquella radiante sonrisa lo ayudaba a calmarse un poco, era algo que le gustaba al final de un día tan agobiante como ese.
Se sentaron a la mesa y como era la costumbre, la castaña era la primera en preguntar acerca del día del castaño, al final de la plática le daba ánimos y algunos consejos que le podían ayudar para lidiar con el albino, ella también comenzaba a preocuparse acerca de su estado, ya le había dicho que le ayudaría a conseguir algún medicamento eficaz para él, pero debía examinarlo para no equivocarse. Después era el turno del castaño, Inko hablaba con cierta emoción de lo que hacían en el laboratorio que trabajaba, pero que extrañaba la vida de oficial en la base, según ella, necesitaba un poco de acción y menos experimentos en su vida diaria. Lo más intenso que podía hacer era salvar un cultivo.
—Al parecer, reclutaran a algunos investigadores para un experimento en el extranjero— dijo la castaña, agarrando un poco de arroz.
.
Escuchó a lo lejos pasos y una que otra voz explicando que dirección debían tomar para llegar a la celda. Slaine abrió un poco los ojos, recobrando la conciencia lentamente.
—Vaya, ¿hace cuánto dejaste éste lugar?—Miró al pasillo, su voz estaba un poco ronca, no había dejado de toser desde hace unos minutos. —¿Tanto así te preocupo, Orenji….?
No terminó la frase, sujetos con bata se encontraban del otro lado de los barrotes, mirándolo despectivamente. ¿Doctores? ¿En qué lugar estaba Inaho? Simplemente verlos ahí no le daba confianza, algo tenían que le hacía sentir incómodo. Abrieron la celda y se acercaron a él.
—¿Quiénes son ustedes? —Se incorporó, alejándose de ellos, pero chocando con la fría pared. —¿Dónde está el subteniente Kaiduka?
Un soldado llevó su mano cubierta con un pequeño trapo blanco a su rostro, tapando su boca y nariz, no necesitaba ser un genio para saber lo que pasaría después. Todo comenzó a ser borroso, los parpados le pesaban y poco a poco fue cayendo en la inconsciencia nuevamente.
Inaho…
¡Hola! Gracias por seguir aquí~. Bueno... no sé que decir, más que espero sigan leyendo este pequeño fic. C':
He decidido que publicaré quincenalmente un capítulo nuevo. Creo de esta forma me será más fácil escribir los capítulos y de la misma extensión que éste o más, todo depende de las musas.
Bien… ¿Criticas? ¿Sugerencias? ¿Alguna duda? ¡Todo es bien recibido! ¡Y gracias por darle una oportunidad al Fic! :'D
Las leo en los review~~. m(_ _)m
