—¿Perdón?

Preguntó, algo dentro de sí no llegó a comprender la decisión de su superior, ¿hablaba en serio? Pensó que sería una broma, para su mala fortuna su rostro decía lo contrario, hablaba muy en serio.

—Ya elegimos el siguiente lugar a donde se alojará Slaine Troyard.

Sí, eso lo había entendido desde un inicio, lo que no quería creer era el lugar.

—Espero que tu casa sea lo suficientemente grande para tener huéspedes.

Y con eso se daba por terminada esa conversación. Le encantaría ver su expresión en ese momento, ¿se notaba su incredulidad? Lo dudaba, sabia mejor que nadie de su escasa habilidad para demostrar sus emociones facialmente.

Al momento de salir de aquella oficina, dio marcha a donde suponía estaría su hermana, más que nada para comunicarle que se adelantaría, por lo tanto esa tarde no la acompañaría de compras, tendría que arreglárselas sola en el supermercado, ya después le comunicaría la nueva buena noticia.

.

Suspiró una vez más en todo ese día, al fin podía sentirse en casa.

Introdujo la clave y la puerta estaba lista para ser abierta, empujó suavemente, se quitó los zapatos y entró a aquel lugar.

Se anunció ocultando lo mejor que podía aquel sentimiento de cansancio, una costumbre que no podía dejar, aun sabiendo que Inaho llegaba más tarde que ella. Era ya el cuarto día de investigación, aquel que tanto la había animado, del cual nunca pensó seria participe, pero quizás era mucho para ella, el simple pensamiento de que debía mejorar exponencialmente la prueba le tenía muy estresada, cultivo tras cultivo se perdía a diario por un error de cálculo, comenzaba a sentirse perdida, era un peso que no necesitaba pero que se atrevió a aceptarlo, Amifumi Inko no se daría por vencida tan fácilmente.

Creyendo estar completamente sola, sumida en sus pensamientos, se dirigió instintivamente a la cocina, en ese preciso momento nunca imaginó ser testigo de aquello, dio un paso atrás, dejando caer el pequeño bolso que colgaba de su hombro. Lo primero que pensó fue correr al lugar donde Inaho ocultaba una que otra arma, pero vamos, estábamos hablando de él, el mejor estratega que Japón pudiera tener, sin embargo, ese sentimiento de inseguridad la invadió. Gritó y se puso en medio, mirando despectivamente a la persona que tenía un cuchillo.

Inaho la agarró del hombro, apartándola y dejándola detrás de él, dudosa lo miró, tenía esa expresión tranquila.

—Está bien.

¿Que estaba bien? ¿Cómo diablos esa situación podría estar bien? Slaine Troyard estaba frente a ella, ¡en su casa! Con un cuchillo en mano, seguro, la situación no podía estar mejor. De su bolsillo sacó su celular, comenzando a marcar un número en particular, mas sin embargo, Inaho le arrebató el aparato. Lista para replicar miró de nueva cuenta al castaño, calló de inmediato al notar esa mirada que le decía que la acompañara. No le quedó de otra más que salir de la cocina, dirigiéndose al pasillo que los llevaba a las habitaciones. Perfecto, ella lo que necesitaba eran respuestas y el castaño debía explicarse muy bien al respecto.

—¿Qué hace él aquí?—Preguntó dándole una énfasis especial en "él".

Decir que estaba sorprendida era poco, estaba en shock, sin embargo estaba preparado para la reacción de la chica, le hubiera gustado decirle desde hace unas horas pero eso sólo supondría más problemas, una discusión por teléfono, para ser exactos. Además, ella no podía ponerse tan a la defensiva, después de todo era la casa de Inaho, en ese sentido la situación estaba en completo control.

—Es Slaine, Inaho. ¡Slaine! —Intentaba mantenerse lo más calmada que podía. Aunque falló.—¿No debería estar en SU celda? ¿Por qué está aquí?

Chistó antes de responder, pues si seguía con el mismo tono de voz, aunque lo intentara no lo escucharía.

—Desde ahora él se quedará con nosotros hasta que encontremos otro sitio donde pueda estar.

—¿Eh? — Había dicho nosotros, ¿verdad? —Inaho.

—Al parecer, el director tiene la fantástica idea de hacer una nueva base militar ahí.

Y es que cada vez entendía menos, ¿no en las instalaciones había celdas? ¿Y otra base militar? Estaba más que segura que eso sería de las últimas cosas que necesitaría el país en esa época.

—¡Tenía un chuchillo, Inaho! ¿Cómo voy a saber que tú y yo estaremos seguros? ¿Qué no nos atacará en cualquier momento?

—Eso es porque él pensó que pondría alguna clase de veneno en la comida. Decidió ayudar y supervisar.

Y eso la hizo reflexionar, ¿desde qué hora ya estaban ellos ahí? Se cruzó de brazos pensando en los contras que todo eso conllevaría. Al cabo de unos cuantos segundos suspiró, resignada. Si era una orden, aunque al hablar con Inaho y tuviera razón, que Slaine se fuera sería imposible.

—Sólo hasta que encontremos un nuevo lugar—. Y ahora, otra duda invadió su mente—¿En dónde dormirá?

No es que no lo hubiera previsto, pero habitaciones en las cuales alguien pudiera dormir, sólo la de ellos, después estaba una que simplemente de alguna forma terminó siendo una clase de almacén, para cosas de las cuales Inko no podía deshacerse. Bueno, ni siquiera eran tantas, sólo montones de cajas con mucha ropa.

—No—. Dijo, adivinando lo que iba a proponer el castaño. —Inaho, sabes lo que hay ahí dentro—. Y con eso pasó al lado de él, en dirección a la cocina, no daría su brazo a torcer. —Nos tomará todo un día escombrar ese lugar, ¿siquiera hay una cama dentro?

De alguna forma toda esa conversación, en otro contexto, se daría a entender que habían adoptado una mascota. No respondió, en cualquier momento, después de escuchar todos sus reproches, terminaría por aceptar, ya habían pasado tanto tiempo en convivencia que estaban completamente acostumbrados el uno al otro.

—Saldré a comprar, ¿necesitas algo? —Agarró su pequeño bolso que ahora se encontraba sobre la mesa. Y antes que respondiera. —Huevos, sí, no sé porque pregunto— dirigió su mirada a Slaine y salió sin decir más.

—Bueno, ¿cuándo vas a dejar ese cuchillo?

Slaine al darse cuenta que se había quedado parado observando el umbral de aquel sitio, dejó el cuchillo sobre la mesa. Sin querer escuchó todo, claro, era obvio que no sería bien recibido ahí, incluso si era la casa del castaño, el simplemente lo había llevado por una simple orden, ¿cuánto estaría ahí? ¿Cuánto tardarían en encontrar un nuevo lugar? Prefirió ignorar todos esos pensamientos que comenzarían a torturarlo.

—Nunca he visto un anillo en tus dedos.

—Es porque no tengo—. Dijo, cortando cuidadosamente las verduras.

Lo miró sorprendido, debía estar bromeando. ¿No tener un anillo y sin embargo vivir con esa chica? Aunque ahora que lo pensaba mejor, ¿no ya era muy común esa clase de relación? Por supuesto, en estos tiempos es muy común, no debería sorprenderle tanto, pero el castaño no se veía como esa clase de persona, él era más como aquellas que se comprometían en cuerpo y alma, alguien realmente serio, ¿estaba realmente bien que pensara de esa forma? ¿O en verdad era un irresponsable?

Soltó un suspiro, dejando el cuchillo y agregando las verduras al agua hirviendo.

—Es simplemente mi amiga de la infancia.

—¿Cómo..? —Se sobresaltó al escuchar su respuesta, ¿acaso también podía leer mentes?

—Todos los que nos ven en esta circunstancia tienen esa misma pregunta—. Llevo su mirada al albino, quien tenía un ligero rubor en sus mejillas, imaginaba que era porque había adivinado lo que estaba pensando. —Ella sólo vive aquí porque queda cerca de su trabajo. Le estoy regresando un favor.

—¿Un favor?

—Es algo de mucho tiempo atrás. No tiene importancia.

Regresó su atención a lo que faltaba por preparar, dando por terminada con eso la conversación. Slaine caminó a la mesa y se sentó, observando al castaño, ¿quizás era algo de lo que no le gustaba hablar? Bueno, no lo conocía muy bien, nunca habían conversado tanto acerca de cosas que no fueran el tiempo, cambio de estaciones, cosas que no valían la pena ni el tiempo, aparte la rutina era que lo visitaba dos veces al mes, y sí tenía algo de tiempo, una vez por semana y eso era para darle alguna clase de regaño por un rumor que algún guardia habría comenzado, cosas sin trascendencia. Simplemente, no podía imaginarlos hablando de algo que fuera tan personal.

.

La cena había pasado sin incidentes mayores, sólo dimes y diretes entre Inaho y aquella chica acerca de porque no debía quedarse en esa habitación, sin embargo, le parecía que toda esa escena era interesante, porque cuando estaban comiendo en calma era como si no necesitaran palabras, Inaho con decir el nombre de ella le pasaba el condimento o cual sea la cosa que quería, eso era lo que le parecía sumamente interesante, ¿qué grado de complicidad debían tener para eso? ¿El castaño quizás después de todo si era afortunado en el amor? Bueno, eran amigos de la infancia, como le había comentado, ¿ese era otro factor? El simple hecho de querer saber más acerca de la verdadera relación entre ellos le parecía molesto, no era asunto suyo, después de todo. Odiaba su curiosidad.

El castaño llevaba consigo una almohada y una sábana. Así que dormiría en el sofá, ¿eh?

—Por hoy dormiré aquí, tú irás a mi habitación.

—¿Eh?

¿Hablaba en serio? Pero tampoco imaginaba que fuera alguien que le gustara hacer bromas. No sólo le había sorprendido a él, fue una fortuna que la castaña no soltara su café o el folder que llevaba en mano, de ser así, habría sido realmente un desastre.

—Inaho.

—Sólo será una noche, mañana arreglaremos esa habitación y podrá quedarse ahí.

—Exacto, sólo será una noche—.Replicó la castaña.

Un pequeño silencio se formó hasta que el liguero sonido de un celular interrumpió el momento. Miraron en la dirección de dónde provenía ese tono. La castaña dejó los papeles que tenía en mano sobre el respaldo del sofá.

Era de los chicos con los que trabajaba, ¿algo había pasado con alguna de sus muestras? No, que fuera todo menos eso, era a la que le tenía gran fe para que funcionara. Dejó hablar al joven del otro lado, al parecer sólo tenían duda de si ya había recogido esos papeles, menos mal. Pero festejó rápidamente en su mente, lo que le dijeron a continuación arruinó los hermosos planes que tenía para el día siguiente.

—De acuerdo, estaré ahí mañana.

Se dejó caer en el sofá más cercano a ella, haciendo que un poco de café se derramara sobre su blusa, quemando a su vez un poco de su piel.

—¿Sucedió algo, Inko?

—A pesar que era mi día libre…

Ah… Estaba completamente abatida. ¿Cuánto tiempo había planeado ir a ver los cerezos en flor con Inaho? A pesar de la circunstancia actual de su invitado inesperado, todo aun podía salir bien; por la mañana temprano prepararía la comida, esperaría a que regresara e irían directamente a ver los cerezos. Bien, ese fue su plan inicial, pero con respectivos cambios, ¡aún podía salir a la perfección!

—Yo arreglaré la habitación.

¡Ese no era el problema! Pero discutir de eso no serviría de nada en ese momento, al final de cuentas, Inaho ya había tomado una decisión y todos sabemos lo testarudo que es, así que mejor esperaría a mañana, después de todo, sólo debía leer aquellos papeles y firmal un documento en el laboratorio, no esperaba hacerse más de una hora.

Un nuevo silencio se hizo presente, aunque al fondo de un corredor se escuchara el pequeño tintineo de una alarma. Los castaños al saber de qué se trataba, nuevamente se movilizaron; Inko dejó sobre el sillón el sobre con papeles, se dirigió a su habitación y después de unos segundos salió caminando al baño, pero antes de desaparecer por aquella puerta su voz se escuchó nuevamente. Slaine no pudo evitar pensar si aquella pareja sería de sádicos que disfrutarían hacerlo sufrir, porque nadie va por los pasillos de las casas gritando que había comprado ropa interior a un invitado y que aparte estaba en la bolsa obviamente visible a cualquier persona, quizás, sólo quizás, había caído en un lugar realmente peor que dónde estaba.

Después de un relajante baño, Inko regresó a donde había dejado aquellos papeles, Inaho se encontraba ahí, a comando los cojines que se supone usaría esa noche. Soltó un leve suspiro, sonriendo de medio lado, tan común en él, si tenía la oportunidad de ayudar a alguien sin dudarlo lo haría, pero a veces quizás se pasaba de buena persona, ¿tal vez y era eso lo que más le gustaba del castaño? Sus ojos se encontraron, la castaña dio apenas un visible brinco, maldita costumbre suya de mirarlo de más. Se sentó nuevamente, lista para comenzar a leer aquellos papeles, después recordó que se había calentado algo de café, seguramente para ese momento debería estar completamente frio.

Miró a la pequeña mesa, la taza no estaba. Unos pasos se acercaron a ella, al levantar la mirada Inaho le ofrecía la misma taza, pero el contenido estaba nuevamente caliente. Sonrió y aceptó la taza.

Minutos en silencio que eran demasiado comunes, pero algo tenían en esa ocasión, no se podía decir que fuera incomodidad, pero tampoco eran muy agradables. Inko quizás exageraba en ese aspecto, pero realmente no podía concentrarse, ¿cuántas veces ya había leído esa misma página? Quería tocar el tema de Slaine, pero no sabía cómo comenzar. ¿Sería insistir mucho? ¡Pero vamos! ¿Siquiera Yuki sabia acerca de eso? Lo dudaba.

—… ko—. Llamó a la chica, pero seguir sin recibir respuesta. —Inko.

—¿Eh?

Así que no estaba prestando atención…

—Deberías ir a dormir. Tenías mala cara desde hace rato, ¿son muy difíciles esos datos? ¿Quieres que te ayude?

Antes que se levantara ella negó con rapidez, y paso las hojas más rápido.

—De acuerdo—. Nuevamente regresó él a su lectura. —No te preocupes de Slaine, será temporal, mañana buscaré un nuevo lugar en donde pueda quedarse, ¿está bien?

Era obvio que sabía lo que estaba pensando. No respondió, pero aceptaba la oferta del chico, era incomodo estar con él, y más saber que estaría tan cerca de su habitación.

—¿Qué?

Sin darse cuenta, lo dijo en voz alta. ¿Qué era ese papel? ¿Había agarrado un folder que no era el suyo? Sólo para estar segura revisó el nombre, sí, era suyo. ¿Debía llamar y preguntar?

—¿Sucede algo? — La expresión de la chica había cambiado drásticamente.

—No, no es nada, sólo un dato me sorprendió—. Intentó disimular su asombro. —Creo… Creo que iré a dormir. Nos vemos mañana, espero y duermas bien.

Y sin esperar una respuesta corrió a su habitación. Una vez ahí dentro, releyó de nuevo las siguientes hojas. No había duda, era un Acuerdo de Confidencialidad, esperaba que fuera un error o algo parecido, pero por más que leyera y volviera a leer, su nombre seguía ahí escrito. Agarró su celular, lista para marcar, pero prefirió esperar al día siguiente, quizás y en verdad había sido un error.

.

La mañana siguiente llegó más lento de lo habitual. Con pereza y una cara lo suficientemente adormilada se levantó, incluso le había ganado al despertador, ¿eh? Esperaba no tener ojeras.

En un bostezo abrió aquella puerta. Ah, en verdad no quería ir y firmar nada, algo no le gustaba de los papeles que había leído la noche anterior, ¿para qué diablos un Acuerdo de Confidencialidad? Se suponía que todo lo que hicieran era aceptado por el gobierno, ¡incluso era financiado por el! ¡¿Para qué un Acuerdo de Confidencialidad!? Bien, quizás debía calmarse, hoy preguntaría, terminaría con sus dudas y no firmaría nada.

Al momento de salir, escuchó como la puerta de Inaho también se abría, su semblante cambió completamente por uno lleno de felicidad y quizás un poco… No, sus ojos relucían; una de las cosas que más le gustaban era verlo a primera hora en la mañana, con uno y otro mechón desacomodado. Llevó su mirada hasta la puerta, expectante por verlo, sutilmente carraspeó, para darle los buenos días.

—Buenos días… Amifumi… ¿san?

La sonrisa se borró tan pronto la chica observó a quien tenía al frente, si antes había flores brillando a su alrededor… Estaba segura que en ese momento la penumbra misma sacada del más oscuro y triste lugar la rodeaba en ese momento. Ah, era verdad, desde ese momento tendría que convivir diariamente con él, vaya que su día comenzaba mal.

Con pesadez dio un paso dentro de aquellos laboratorios, sosteniendo fuertemente aquel sobre con los papeles. Caminó por varios y extensos pasillos. Tocó a aquella puerta en donde le habían dicho se encontraba su superior en ese momento. Segundos después entró.

El encargado de la investigación se encontraba leyendo papeles. Algunas muestras rodeaban la mesa, las observaba con detalle, se le miraba sumamente concentrado que incluso no quiso iniciar la conversación.

—¡Oh! —Dijo, quizás sorprendido por algo. Miró en dirección a la chica, con una leve sonrisa. —Amifumi… Inko, ¿verdad?

No esperaba que supiera su nombre después de una sola vez que hablaran en persona, pero eso la sorprendió.

—Esta muestra es maravillosa—. Tenía un recipiente en sus manos, inevitablemente la chica la reconoció. —Has hecho un excelente trabajo, en base a la muestra inicial y la información que te dimos…

Se sentía feliz al ser alagada, pero estaba más preocupada por lo que tenía en sus manos que esas palabras no la alcanzaban tanto como ella hubiera deseado. Antes de que pudiera articular palabra, la contraparte nuevamente la miró, aquellos ojos la obligaban a mantener silencio.

—No quiero quitarte más tiempo, ya que hoy es tu día libre y hace un buen tiempo para ir a ver los cerezos en flor —. Agarro un folder, leyó un poco su contenido. —Amifumi Inko, ex soldado. Parece que tiene una relación cercana a la princesa Asseylum—. La miró de reojo y prosiguió—. Igualmente cercana al Subteniente Kaiduka Inaho. Ningún familiar muerto en batalla.

Estaba segura que esa información estaba estrictamente restringida fuera de la base militar, ¿por qué la estaba leyendo? Eso la puso aún más nerviosa.

—Durante una semana se puso a prueba a varios investigadores, se les dio la misma muestra e información. Las muestras que tengo aquí son las más parecidas a la que actualmente estamos mejorando y con la cual comenzamos la experimentación—. Se detuvo por un momento. —No, sería más… ¿Un ensayo clínico? —El folder, que había mantenido cerrado durante unos segundos, volvió a leer superficialmente el contenido. —Kaiduka Inaho, Subteniente y actual encargado del prisionero de guerra, Slaine Troyard— Al terminar eso, dejó lejos de él el folder, y presto toda su atención a la chica, estudiando sus reacciones.

Fue al término de su oración que cayó en cuenta de algo, ¿un ensayo clínico? ¿Con eso?

—Señorita Amifumi. ¡Felicdades!, ha pasado con éxito la semana de prueba—. Intentó mejorar un poco el ambiente. —Será un placer seguir trabajando con usted.

—Señor…— Pero antes de que pudiera decir más, él la interrumpió.

—Sí, acerca de esos papeles. No, no son un error ni se traspapelaron, son para usted y si desea continuar con nosotros deberá firmarlos, una vez hecho eso le diré la verdadera naturaleza de la investigación.

La castaña tensó el cuerpo, sabía que debía rechazar y regresar a su lugar de trabajo, algo no iba bien con todo eso, ¿por qué era necesario ese acuerdo? ¿Por qué tenía esa información? Si tan solo Inaho estuviera ahí…

—Por favor, señorita, a mí también me gustaría seguir disfrutando el día.

Sabía que debía rechazar y no firma, lo sabía, pero era, al final de cuentas y para su desgracia en ese momento, una investigadora, su curiosidad a veces podía más que su propia voluntad. Con voz firme y una mirada decidida, pidió un bolígrafo.

Fue hasta la mesa buscando un lugar donde pudiera recargarse, sacó los papeles del sobre y buscó el que tenía su nombre. Acercó el bolígrafo al papel, titubeó durante un momento; vamos, había leído la noche anterior tantas veces aquellos papeles que podría recitarlos, no tenía razones para dudar ahora. Y con ese auto convencimiento, firmó. Ya no había marcha atrás, no podía arrepentirse.

—Una vez más—. Dijo aquel hombre que no aparentaba más edad que la de ella. —Será un placer trabajar con usted. Ahora, le explicaré detalladamente la investigación en la que estamos trabajando—. Tenía una ligera sonrisa en su rostro. —Tome asiento, esto llevará un rato.

Toda esa plática le había parecido una eternidad; llegaba comprender todo, por supuesto, pero era ahora que se daba cuenta que estaba arriesgando mucho.

Miró al cielo un poco pensativa. No quería regresar a casa, no en ese momento.

Caminó sin ganas, una vez estando lejos de ese lugar sacó su celular y marcó un número en su lista de frecuentes, para su agrado le respondieron rápidamente. Fingía su típica voz animada, ¿siempre hablaba así? Por un segundo llegó a molestarse por ello.

.

—Adelante, Rayet. Pasaré por la comida y nos iremos.

La castaña le había llamado tan repentinamente justo cuando volvía a casa que no le dio tiempo a cambiarse el uniforme militar. Miró de reojo a la cocina antes de llegar a la sala, así que Inaho nuevamente la había dejado plantada, ¿eh? Bueno, no era algo que le sorprendiera, seguramente esa era la razón de aquel semblante tan extraño en ella, no podría definir si era tristeza o nerviosismo, como fuera, no era asunto suyo, ¿verdad?

Antes que pudiera sentarse, escuchó pasos acercándose a ellas, ¿el castaño ya había llegado? Imposible, ella misma se había encargado de dejarlo con Calm, era imposible que les ganara, no había otra opción, un intruso. Fue hasta una pared para esconderse, sutilmente bajó su mano y sacó un arma de su cinturón, agradecía no haberse cambiado entonces.

—¿Orenjiiro? Pensé que llegarían más tarde.

Abrió los ojos con sorpresa, esa voz, la reconocería en cualquier sitio. Una vez que su objetivo pasó de la pared puso el arma en su cabeza.

—No des un paso más—. Su mirada era sería y en su voz no se percibía ningún tipo de sentimiento. —¿Qué haces aquí?

¡Maldición!, pensó al momento de escuchar al ahora nuevo residente, había olvidado completamente su existencia en ese momento. Dejó todo lo que estaba haciendo y corrió a la sala, si lo llegaban a ver… ¡Si Rayet lo llegaba a ver! Pero para su desgracia era tarde, el albino se encontraba con las manos arriba, sin moverse, con un arma en su cabeza.

—¡Rayet! — Intentó acercarse más.

—Regresa a la cocina, yo de encargaré de esto—. Con un ademan le dio aquella orden. Regresó la atención al chico.

—¿Encargarte? —Mofó. —No creo que a tu superior le agrade eso.

Ante aquellas palabras lo tiró al piso, sin dejar de apuntarle.

—Vamos, inténtalo—. Con su dedo índice apunto en medio de su frente, indicándole donde debía disparar. Oh, eso le parecía más un deja vu, sonrió al pensar eso.

Con gusto tomaría esas palabras. Apuntó mejor a donde le indicaban.

—¡Rayet!

La castaña corrió a donde ella, desviando el disparo que terminó en una pared. Nadie se movió durante unos segundos.

Rayet simplemente miró a la castaña, sorprendida. No llegaba a adivinar las razones del porque lo había protegido, mientras que él simplemente sonreía con superioridad. Frunció el ceño y apartó a la chica. De acuerdo, ya se había cansado de tanta burla por parte de él, pero antes de que pudiera apuntar de nuevo la castaña le quitó el arman con tal agilidad que se quedó inmóvil. Ah, lo había olvidado, ella también podía cuidarse sola.

—Déjame explicarlo, Rayet—. Le devolvió el arma.

La explicación no llevó más de unos cuantos minutos, y ahora que todo el mundo estaba más calmado, terminó por preparar todo. Otro año que iría a ver los cerezos con Rayet.

Con una sonrisa en el rostro fue hasta la sala, pero una vez poniendo un pie cerca el ambiente se sentía tan pesado que incluso podría asegurar que se veía toda esa aura oscura alrededor de ellos dos. ¿Cuánto tiempo llevaban mirándose a los ojos? Sin querer sufrir más eso llamó a la chica.

—¿Es seguro que se quede aquí?

Antes de salir regresaron su mirada al chico.

—Inaho tiene razón en algo— Dijo la castaña, recordando aquellas palabras de esa mañana. —No tiene un lugar a donde volver.

Y con eso, las chicas salieron de la casa.

Una vez podía asegurar estar completamente solo, regresó a lo que estaba haciendo durante toda esa mañana; buscar medicamentos. ¡Vamos! ¡Estaba en la casa de una médico -o eso había entendido al momento que el castaño le explicó su profesión- y un militar, que no hubiera medicamentos sería completamente ilógico! Y es que aquel malestar que sentía en el estómago no era normal, quizás debería decirle al castaño y que le llevara al doctor… O decirle a la chica… No, la última no era la mejor opción, preferiría buscar algo para él y punto.

Al término de una hora, alguien se había anunciado en la entrada. Slaine se encontraba recostado en el sillón, esperando que el medicamento que había encontrado terminara por hacerle efecto, cosa que ya había tardado demasiado.

—Komori.

—Orenjiiro.

Ni uno se imaginaba diciendo "Estoy de vuelta", ni el otro respondiendo "Bienvenido". Decir aquellos apodos era más… de ellos.

Inaho se sentó en otro de los sofás, aflojándose un poco la corbata. Miró al albino detenidamente, tenía una mueca de molestia en la cara, ¿quizás tenía hambre? Bueno, si cortar era la tarea más difícil para él, cocinar sería imposible. Después observó el techo no sin antes percatarse de la pared, ¿eso era un disparo? Bueno, después le preguntaría a Inko acerca de eso.

—Comencemos a hacer la limpieza.

¿Qué? ¿A esa hora? Debía estar loco, la limpieza se hace por las mañanas, no en las tardes. ¿O acaso se refería a la famosa habitación que ocuparía? Siguió los pasos de castaño, no le quedaba de otra más que ayudar y de paso, molestar un poco.

Una vez las luces se encendieron en esa habitación pudo entender a lo que la castaña se refería, era verdad, estaba hecho un basurero. Cajas por un lado, por otro, en medio, rodeando las cuatro paredes… ¿Cómo podían tener tanto y en un solo lugar? Era simplemente… Sorprendente, cada vez la imagen que tenia del chico cambiaba poco a poco. Se adentró más y sin darse cuenta tropezó con algo. Miró al piso, era un objeto redondo y con picos, ¿qué demonios era eso? ¿Podía tirarlo ya? Bueno, primero debía conseguir una bolsa de basura.

—Es un regalo de Selum-san.

¿Selum? Bueno, igual iría a la basura, entonces. Siguió caminando, casi todas las cajas estaban selladas, no podría curiosear con todas las que tuvieran el nombre del chico escrito, eso lo decepcionó un poco. Unos pasos más adelante, sobre un mueble se encontraba un libro, lo agarró con delicadeza y abrió por la mitad. No, no era un libro, era un álbum de fotos. De alguna forma, el simple hecho de imaginar que el castaño dejara que le tomaran fotos era… extraño, más bien, todo él era extraño.

Terminó de ver ese álbum mientras el castaño, buscaba a saber que en tantas cajas, igual las movía de un sitio a otro, de cualquier forma, nunca había sido su intensión ayudar. El contenido de ese no tenía nada extravagante o vergonzoso del chico, quizás todas ellas fueron tomadas en algún evento militar. Después dirigió su atención a otro, ese era más grande y parecía tener el doble de fotos, automáticamente su curiosidad incrementó y abrió en la primera fotografía. Un liguero rubor apareció en sus mejillas, varias chicas en traje de baño, suponía eran amigas de la pareja. Rápidamente pasó a las siguientes sin ver, intentando borrar esa imagen de su mente. Al momento de detenerse incremento de golpe el rubor en sus mejillas.

¡Estaba la princesa Asseylum! ¡Estaba ahí! ¡En traje de baño y posando de una forma no tan inocente! ¿Quién demonios había tomado semejante fotografía? Imperdonable, no podría seguir esa foto ahí, la sacaría y la quemaría inmediatamente.

—¿Qué pretendes con esa foto? —Dirigió su atención al momento en que escucho como había dejado el álbum sobre el mueble. —Ese álbum es de Inko, no le gustará saber que ha desaparecido una sola fotografía.

Rápidamente llevó su mirada al chico para enfrentarlo. ¡Le importaba poco de quien fuera!

—No me digas…—Fingió el rostro más sorprendido que podía, después miró el álbum y se acercó a él. —Esa fotografía de la emperatriz…

¿Por qué de un momento a otro había cambiado el ambiente? De alguna forma no le gustaba nada como había comenzado a hablar el castaño.

—Querías llevarla contigo al baño para hacer cosas indecentes.

—¿Huh? —¿Ese había sido un tono de indignación? ¿Y cosas indecentes? —¿Cómo cuáles?

Era imposible… ¡Era jodidamente imposible! Acaso el chico que tenía frente suyo, de la misma edad, ¿no podía adivinar a lo que se refería? ¿Acaso seguiría creyendo en que los bebés venían envueltos en trapos? ¡No podía haber tanta inocencia en un adulto!

Al ver que no respondía, quiso intentar saber a qué se refería… ¿Indecentes? Y en el baño… Oh…

—¡Yo sólo quería quemarla! —Gritó, con un rojo intenso cubriendo sus mejillas hasta las orejas.

—Claro, busca la excusa que quieras—. Por lo menos, no fue como imaginó.

—Más importante, ¿por qué la tienen ustedes? ¿No el de las cosas indecentes eres tú? Viviendo con una chica en la misma casa…

—Ahora entiendo…— Interrumpió— Alguien como tú no podría tener alguna clase de experiencia si ha vivido siempre solitario…—Quizás su nuevo hobbie favorito sería molestarlo. —Que chico tan más inocente—. Y antes de que pudiera responder el contrario le arrebató la foto. Su rostro tenía una sonrisa de malicia, disfrutaría tanto eso.

—Mira quien habla, apuesto que estas en la misma situación que yo—. Ah no, no se dejaría vencer en una batalla verbal.

—Así que admites ser un chico virgen—. Se acercaba a Slaine lentamente y este a su vez daba lps mismos pasos atrás.

—Y tú lo acabas de hacer en este mismo momento…

¿En qué momento fue que llego hasta la pared como para chocar con ella?

—¿Estás seguro que dije eso?


¡Kabedon! Sí, la escena termina en un kabedon(?).
¡Hola! Espero que aún me recuerden, soy la loca que se metió a este loco mundo del MPREG siendo primeriza~. Bueno, sólo a mí se me ocurre comenzar algo así en esta época del año donde estoy más ocupada que nada... ¡Lamento tanto la tardanza! ¡Pero... Pero...! ¿Quizás habrá lemon en el próximo?
PD: No espero que desde este punto los titulos tengan algo que ver con el contenido del capitulo, sorry not sorry. x'D

¡Por favor, esperenlo con ansias! m(_ _)m ¡Nos vemos! ;D