¿En qué momento fue que llegó hasta la pared como para chocar con ella?
No lo sabía, ni siquiera en que momento el castaño lo acorraló. ¿Qué clase de expresión había puesto? No lo podía adivinar, estaba más concentrado en mantener el contacto visual, después desvió su atención al parche que tenía, según recordaba había tenido un aparto ahí, ¿cierto?
—¿Estás seguro que dije eso?
Se acercó más al albino, la distancia perfecta para que sus respiraciones se combinaran. El albino abrió los ojos de sorpresa o eso suponía. Resultaba ser esa la oportunidad perfecta.
Sacó de su bolsillo un objeto redondo y lo acercó a la muñeca de Slaine. Un pequeño click seguido de un sonido tintineante llamó la atención del albino, dirigiendo la mirada a su muñeca.
—¿Eh? —¿Qué era eso? ¿Una pulsera? Por lo general las pulseras no hacían ruido… Ah, se detuvo el sonido… ¡Aun así!
Inaho se agachó para recoger la fotografía que había dejado caer momentos antes. Llegó hasta el álbum y la acomodó de nuevo en su lugar, ignorando por completo la curiosidad del chico por el nuevo accesorio.
—Es un rastreador, así podré saber en dónde te encuentras—. Claro, debía darle una explicación, no era tan mal tipo, después de todo.
—¿Por qué una pulsera? — Entendía que fuera un rastreador, por supuesto. —Pensé que no tenía un lugar a donde regresar—. Repitió lo que había dicho aquella mañana, antes de que fuera al trabajo. —Además, aún sigo aquí.
—Seguir aquí no significa que no pretendas escapar en otra ocasión. —Dejó el álbum y regresó a dónde estaba minutos antes, esa caja debía encontrarse por ahí. —¿O preferías algo como un collar?
—Oye... —Entrecerró la mirada, claro que entendió a qué se refería. —No soy tu mascota, ¡no me compares!
—Tienes razón. —Sonrió levemente. —En dado caso, definitivamente serías más lindo.
Hablar con él era un caso perdido. Prefirió ignorarlo y seguir con lo suyo, si es que tenía algo que hacer.
—¿Inaho? ¿Están aquí?
La azabache entró a la casa. Al no escuchar respuesta o encontrarlos en la cocina comprendió inmediatamente en donde podrían estar. Junto con Rayet caminó hasta la habitación, sintiéndose aliviada de que aún estuviera con vida, bueno, qué los dos estuvieran vivos.
—Llegó esta postal, parece que se encuentran en Europa—. Decía la chica, extendiendo la carta que iba dirigida a los dos. —Qué envidia, parece que su luna de miel jamás acaba.
Inaho le prestó atención a la castaña y también agarró la tarjeta, tenía la imagen de un paisaje que no llegaba a reconocer. Atrás tenía escrito lo mucho que se divertían en ese país, las costumbres nuevas que habían aprendido y algunas cosas sin relevancia. Después de leer todo, la devolvió a Inko, para que ella la guardara en su propio álbum, en el apartado que era especial para las postales.
—Ojalá y nosotros también pudiéramos viajar—. Dijo poniendo aquella tarjeta con delicadeza. Quizás, sólo si pudiera volverse aún más especial para Inaho…
—Inko—. Llamó Rayet a la azabache.
—¡Ah, es verdad!
Salió con Rayet de la habitación, preguntándose cómo podría pasar aquella barrera de amistad que tenía con el castaño, ¿tantos años no habían marcado una diferencia? ¿Cuántos años más tendrían que pasar? Ella no podía ser igual de bonita que Asseylum, porque sí, sabía que Inaho, en algún momento de su juventud, había sentido un aprecio especial por la rubia, pero como todo enamoramiento adolescente debida terminar en cualquier momento, en el caso de Inaho fue cuando la Emperatriz contrajo matrimonio con el Conde, fue una gran fiesta.
La azabache estaba sumida en sus pensamientos que simplemente sacaba medicamentos sin razón, la pelirroja supuso que pese a ello había ignorado completamente el que necesitaba. Esperó unos segundos y prefirió agarrarlo por su cuenta, sólo para asegurarse leyó la formula.
—Inko, es este—, pero fue ignorada también.
Puso una mano sobre el hombro de la azabache, por acto reflejo dio un brinco y la miró, después al medicamento y sonrió ante su descuido.
Sacó las tabletas, le parecía extraño que faltaran dos y ahora que lo pensaba, no era el lugar de ese medicamento. Salió en dirección a la cocina, sirvió un vaso con agua y lo dejó ahí. ¿Debía preguntar a Inaho si lo había agarrado?
…
—Sólo usa lo que más te guste o quede.
Salieron de la habitación una hora después; Slaine seguía a Inaho, discutían el hecho de que no utilizaría su ropa vieja, ¡no era necesario! El no saldría a la calle, ni al jardín lo había planeado... Aunque sería muy bueno para su salud, ya que ayer llegó a la conclusión, al momento de verse en el espejo después de bañarse, que era varios tonos más blanco, eso por sí solo era preocupante.
—Vaya, aún es muy temprano... — Dijo la azabache al verlos acercarse. —¿Está lista la habitación?
Miró el reloj y después a las chicas, no pasaba de las 6 y hacia buen tiempo. Se sorprendió de lo rápido que había sido eso.
—Ya sólo faltan tus cajas—. Dijo caminando hasta llegar al refrigerador. —Mañana llevaré lo que no necesitemos a la tienda de segunda mano.
—Rayet, ¿tienes tiempo? —La chica la miró con una sonrisa en los labios.
—¿Necesitas algo?
Y antes de que pudiera terminar el pequeño refrigerio que le había dado Inko, la agarró del brazo y la llevó hasta aquella habitación.
…
Inko se encontraba sentada escribiendo algo en aquella laptop, mirando los papeles que tenía sobre la mesa, ¿por qué debía ser ella? No tenía muchas ganas de hacer ese trabajo, a decir verdad, pero no había vuelta atrás.
—Inko.
La chica, al escuchar su nombre dio un pequeño brinco y cambió inmediatamente la ventana por una de imágenes de conejitos.
—¿Sucede algo? Has estado muy extraña hoy—. Se sentó al otro extremo de la mesa, mirando a la azabache.
Bueno, era obvio que se daría cuenta, la convivencia de tantos años y que Inaho era muy observador ayudó a eso.
—La junta de la mañana…— Comenzó, —No sé si realmente estoy preparada para ello…
Y no estaba mintiendo, saliendo de aquel edificio en la mañana, su confianza decayó terriblemente, se sentía desganada ni aun estando con Rayet pudo sentirse feliz, le aterraba lo que fuera a pasar.
—¿Tan malo es?
¡Es horrible!, pensó. Pero no tenía caso, es más, ¡ni siquiera podía hablar de ello con alguien! El simple hecho de ver aquellas hojas a su lado, mandar un reporte diario de los avances que obtenga… De sólo pensar en todo eso le dolía la cabeza… ¡Ah, ahora que lo recordaba!
—Inaho…— Se detuvo apenas pronunció su nombre, sería algo difícil de preguntar—De casualidad… ¿Agarraste "ese" medicamento?
—¿Ese medicamento? — La miró confundido.
—Sí, ya sabes, ese…— ¡Ah! ¡Era tan vergonzoso!
—Oh, aquel medicamento—Dijo el castaño, comprendiendo a lo que se refería—No, ¿por qué?
La azabache lo miró sorprendida, sí el no había sido entonces….
—Faltaban dos…
En ese momento se escuchó como abrían la puerta del baño y Slaine pasaba con la toalla en su cuello y un pijama que le había dado Inaho. Su cabello largo aun no llegaba a secarse por completo y en consecuencia, iba dejando pequeñas gotas de agua por donde caminaba.
—Slaine/Slaine-kun.
Los dos hablaron al mismo tiempo, la azabache se sonrojó al instante e Inaho hizo un gesto dándole la palabra. El albino simplemente los observó, sin decir más.
—¿Agarraste algún medicamento durante el día? —Preguntó, sin dar muchos rodeos.
¿Un medicamento…? Ah, era verdad.
—¿No debía?
—No es eso…— Era realmente complicado decir aquello.
—Ese medicamento resulta ser para cólicos menstruales—Interrumpió a la azabache.
—¡I-Inaho! —Si estaba avergonzada, con eso terminó de enrojecer por completo.
—¿Eh…?
Se quedó en blanco, procesando la información que le habían dado, ¿cólicos menstruales? ¿Hablaba en serio? ¿Quizás por eso había tardado tanto en hacer efecto?
—Y deja de mojar el piso, podrías resbalar.
Slaine, aún sorprendido, miró detrás de él, apenas y había gotas de agua.
—No está tan mojado… Y ya estoy seco.
—Ven.
—¿Huh? —Lo miró.
—Vamos— Se levantó y lo jaló del brazo, haciendo que cayera en la silla. —Para tu fortuna, no pasará nada por haber consumido ese medicamento.
Decía, mientras le daba un masaje en la cabeza con la toalla para quitar el exceso de agua. Para desgracia del albino, por más que forcejeara no podía siquiera hacer algo para librarse de él.
Inko había preferido ignorar la escena y regresar a su trabajo, por alguna razón le molestaba; era normal que Inaho fuera así, además le daba la razón, podría llegar a resbalar si no tenía cuidado, Slaine o alguno de ellos dos. Bien, como fuera el caso, quería terminar ese reporte e ir a dormir temprano, arreglar la habitación también había sido demasiado agotador.
A diferencia de lo que cualquiera pudiera pensar, dormir en el tan famoso futon no era nada incomodo, aunque claro, podía sentir la diferencia de dormir en uno o dormir en la cama del castaño.
No sabía con exactitud la hora, pero estaba seguro que había despertado para el desayuno, pues se escuchaba la voz de Inaho e Inko y el cómo se movían de un lado para otro, quizás arreglando las cosas para sus respectivos trabajos. Si la azabache estaba aún en casa, quería decir que era muy temprano para que se levantara y, a decir verdad, el futon estaba muy calientito todavía, no podía simplemente levantarse, mejor esperaría a que el castaño lo llamara a desayunar.
—Slaine, levántate.
La fuerza con la que fue abierta la puerta lo hizo brincar, tal fue el susto que se sentó agarrando las cobijas a la altura de su pecho y mirando en todas direcciones posibles hasta que encontró al causante de todo eso.
—¿Orenjiiro?
Pero antes de que pudiera enfocar su vista el castaño había desaparecido. Le dio curiosidad por saber la hora. Pasaba de las 11 a.m., ¿por qué la azabache seguía en casa? El día anterior había salido más temprano que eso, incluso Inaho salió una hora antes el día anterior, claro, después de que le diera de desayunar.
Perezosamente salió del futon, buscando sus zapatos. Con las mismas ganas fue hasta donde se escuchaba todo el bullicio; como lo supuso, los chicos hablaban acerca de algo que tal vez él no debía saber, porque al momento de notarlo en la habitación callaron.
—Cuando termines de desayunar te cambias de ropa, vamos a salir—. Dijo el castaño, terminando su café.
¡Ni siquiera lo dejo decir "Buenos días"! ¿Y salir? ¿A dónde irían?
Sin ganas de preguntar se sentó para poder comer tranquilamente. Observando a los otros dos que parecían disfrutar de esas tranquilas horas, hasta que sonó el timbre.
—Ve a cambiarte, nos vamos—. Fue Inaho quién habló nuevamente.
¿¡Pero qué...!? ¡Apenas se había sentado! ¿Qué tan irracional podía ser el castaño? Amifumi caminó hasta la puerta, dejando pasar a la persona recién llegada.
—Perdón por la demora, no sabía exactamente que traer para lo que me pedis...— Calló al momento de hacer contacto visual con el albino, que salía de la cocina. —¿Naho-kun? ¿Qué sucede aquí?
—Así que Yuki-san tampoco sabía...— Inko suspiró, dejando caer los hombros, abatida.
—¡Naho-kun! ¿Ahora qué pretendes? Cuando el cuartel general se entere...
—Ellos ya los saben— Dijo sin más.
—¿Eh?— ¿Ya sabían? ¿Entonces no debía preocuparse? —¡Naho-kun!
—Te explicaré durante el camino, por ahora esperemos a Slaine, para poder sacar las cajas también.
El mencionado no supo exactamente qué hacer durante esa conversación, así que prefirió quedarse parado, esperando por alguna clase de orden. La cual nunca llegó y tuvo que seguir lo que le dictaba su sentido común: ir a cambiarse.
Unos minutos más tarde salió de la habitación, vistiendo un jean un poco apretado, una sudadera con capucha y unos tenis color negro, todo el conjunto combinaba.
Al llegar al lobby Inko parecía tener una charla muy amena con la otra chica, mientras Inaho revisaba cosas en su celular. Las dos chicas parecían ser muy unidas, incluso llegaban a hacer uno que otro comentario divertido del castaño. Sintió cierto dolor en el pecho; por supuesto, él era quien no encajaba en esa escena, no era bien recibido ni mucho menos apreciado por esa personas.
Con ese tipo de pensamientos dio un paso más, haciéndose notar en la habitación y nuevamente un silencio cayó, era realmente incómodo...
—Iré por las cajas—. Inaho se levantó, mirando a la azabache. —¿Marcaste las cajas que ya no quieres?
—!Ah, sí! Tienen una marca, te puedo decir cuales.
Sin esperar respuesta fue con Inaho a la habitación, dejando a Yuki y Slaine solos, sin saber exactamente que hacer o que conversar.
Yuki jamás se había sentido tan inquieta; en lo que le restaba de vida nunca se imaginó que tendría de frente a Slaine Troyard, siempre se conformó con lo que le llegaba a contar su hermano de sus visitas, en ese momento también le mataba la curiosidad por saber que hacía ahí, pero lo mejor sería esperar a que Inaho le contara, ya que dudaba mucho que él albino le respondiera algo... ¡¿Ah, qué debería hacer en ese momento?! ¿Preguntar? ¿Ignorarlo? ¿¡Qué!? Para su fortuna, Inaho no tardó mucho tiempo, eso realmente le alivió.
—Entonces vámonos—. Habló el castaño, terminando con el silencio que se había formado.
—¿Estás seguro que debería salir?— Pregunto Yuki, algo preocupada por lo que fuera a pasar. —Si alguien lo ve o reconoce...
—Todo estará bien.
Y todos los presentes fueron hasta la puerta principal, Slaine tomando algo de distancia entre ellos.
—Ponte la capucha...
Aquel susurro lo tomó por sorpresa, logrando que se estremeciera un poco, ¿en qué momento se puso a su lado? No supo como actuar o que responder, simplemente hizo lo que le ordenó. Salió antes y esperó al castaño; segundos después comenzó a caminar detrás de él, por alguna razón que desconocía.
Se sentía un poco cálido, el sol estaba sobre ellos y una que otra nube se dibujaba en el cielo; el viento chocaba contra su rostro, prácticamente era un día perfecto para salir a dar un paseo.
—¡Naho-kun!— Gritó Yuki, pensando que no la escucharía. —¿Podemos ir a ver los cerezos? ¡Ya que me hiciste salir en un día tan bonito!
—No necesitas gritar, los vecinos podrían salir a asomarse—. Su voz era monótona, como siempre. —Pero claro, podemos ir a ver los cerezos, Yuki-ne.
¿"Ne"? ¿Era su hermana? No sabía que tenía una... ah no, es verdad, ya le había hablado de eso. Fue el día que llegó con una libreta, cuando lo llevaron al médico... Al recordar eso su estómago comenzó a doler, justo en el mismo lugar que el día anterior, quiso pensar que la razón era porque no había desayunado, tendría que reclamar más tarde.
—¿No piensas subir?— Preguntó la azabache, terminando de acomodar las cajas en la parte trasera de ese vehículo militar.
Slaine salió de sus pensamientos y se disculpó por su distracción, subiendo junto con la azabache y cerrando la puerta detrás de él.
¡Hola! Aquí el capítulo completo, ¡al fin! Yey! Gracias por esperar y esto es algo así como la primer salida en familia que tendrán (?). Jaja bueno, no tanto.
Ahora, quiero compartirles un poco de mi felicidad que aún no supero; hace un mes, aproximadamente, una chica me pidió autorización para traducir uno de mis fics llamado "Pétalos", jamás hubiera imaginado que pasaría algo así, pero pasó, me sentí tan halagada. Eso me hizo salir un poco del bloqueo y volví a sentir que valía la pena todo esto. En verdad, mientras haya personitas como ella y ustedes que disfrutan leer mis fics, yo seguiré esforzándome al máximo. ¡Gracias en verdad!
Bien, ¿Críticas? ¿Sugerencias? ¿Hago OCC a algún personaje? Actualmente es mi mayor miedo, el que me salga un poco de las personalidades de alguien, si eso llega a pasar, les suplico me lo hagan saber, por favor. m( _ _ )m
¡Espero que disfrutarán la lectura, nos leemos!
