Advertencia: A excepción de un par de personajes, ninguno me pertenece. Ambos mundos de fantasía, fusionados, pertenecen a las autoras de Harry potter y Crepúsculo. Yo solo me invento un fanfiction ambientado en el mundo de Harry Potter pero la interacción principal esta con los personajes de Crepúsculo. Esta historia sucede de manera paralela a la historia de Bella Swan y es otra perspectiva.

Capitulo II

El funeral

POV Aleida

Me sentía como una estatua ahí sentada en el banquillo de la capilla. Solo me movía cada vez que alguien venia a darme sus pésames, y era demasiado seguido. No recordaba que en la pequeña reserva hubiera tanta gente. ¡Que fastidio! ¿No podían dejarme tranquila mirando la nada? Me limite a dejarme a abrazar, a repetir "gracias" a cada cosa que me dijeran y a derramar lagrimas silenciosas.

Mi padre procuro mantenerse de pie, firmemente y con la frente en alta. Como si así pudiera convencer a todos que el podía superar el duelo de su esposa. Cómo si mantener el orgullo y la dignidad fuera más importante. El único gesto de lamento que se permitía mostrar, de manera inconsciente, fue el acariciar la fría y dura mano de mi madre.

Al otro lado, estaban mis hermanos menores: Alan y Kimana. El es el más parecido de nosotros a mi madre: La misma piel rojiza, cabello negro y sus ojos rasgados estaban hinchados de tanto llorar. Su expresión se veía aturdida mientras abrazaba a la pequeña Kimi, que no dejaba de llorar.

Kimi, era sin duda la más destrozada. Sus ojos se veian muy caidos, carentes de la luz que la caracteriza. La piel estaba apagada y más oscura de lo normal. Y su cabello, su hermoso cabello se veia deslustrado, duro como la paja y oscuro como el carbón.

Cuando llego la hora de llevar el ataúd al cementerio tuve que tomar a Kimana en brazos y casi huir del lugar y desaparecer. Todo, tan literal. Porque ella comenzó a hiperventilar, temíamos que le diera un ataque de pánico. Y de todas las personas en el pueblo, yo sabía como era la mejor forma de calmarla. Además, yo también quería huir del lugar.

Dí a mi hermana una poción para que pudiera descansar, llevaba tanto tiempo despierta. Y yo, pues, no necesitaba de pociones. Tenía más de dos días sin poder dormir, simplemente iba a desmayarme en cualquier momento. Pero antes decidí recorrer la casa para asegurar que todo estuviera en orden.

Mi casa es la más grande y lujosa de toda la reserva, aunque tampoco es que fuera una mansión. Mi padre lo mando construir como regalo de bodas para mi madre, y se la enseño a mis abuelos prometiendo que siempre amaría a su hija, que le daría todo cuanto merece y desea. Prometió una familia grande, feliz y cumplió.

Es de dos pisos, cuenta con un vestíbulo que lleva a una sala de estar. A un lado esta la cocina equipada con electrodomésticos modernos. Junto a la cocina se encuentra un gran comedor con una mesa larga para albergar al menos a doce comensales. Al fondo hay un pasillo que lleva a un baño y al cuarto de invitados.

En la sala se encuentran las escaleras que lleva al segundo piso. Allí arriba hay una segunda sala que usamos para juegos y descanso. Es un gran ambiente repleto de todos los juguetes de Kimi y una mesita baja de colores con flores y cinco pequeñas sillitas blancas. Además hay una mecedora donde mamá solía sentarse a tejer.

A demás hay más habitaciones. La más grande, es el despacho de mi padre y frente a su puerta, esta el estudio de mamá. Observe esa puerta con tristeza, sabía que dentro estaba lleno de caballetes, cuadros y pinturas que mamá había hecho y otros que seguro estaban sin acabar. Seguí recorriendo el pasillo y pase frente a los cuartos de mis hermanos y el de mis padres. Cansada de recorrer, fui a acostarme junto a Kimana en su habitación. Solo allí pude conciliar el sueño.

Fue mi novio Taylor quien me desperto al día siguiente para que pudieramos desayunar. No recuerdo cuando llego el, solo se que apareció en algún momento del funeral. Pensándolo bien, no me acuerdo nada del funeral, ni tampoco quería acordarme. Mi padre, mis hermanos, mi novio y yo nos sentamos en el comedor con un pesado aire silencioso que solo era roto por los sollozos de la elfina domestica.

-La señora, pobre señora. ¡Pobre de mis amos que perdieron a la señora! -lloriqueo antes de empezar a traernos los desayunos. Mi padre tomo la cuchara de Kimi e intento darle el desayuno como si fuera un bebe. Intento negociar con ella, le suplico hasta que consiguió que probara unos cuantos bocados. Yo mire a Alan y le hice un gesto para que también comiera.

-Entonces… -Taylor fue el primero en hablar – Alan, supongo que el director te dejará libre de los exámenes de diciembre. ¿Verdad?

-Um, ¿sí?… digo, sí. Bueno, no se, yo espero. Ojala me dejarán quedarme hasta fin de año.

-No vas a perder un año de clases – dijo mi padre.

-Puedo volver luego de las vacaciones de… de navidad- su voz fue apagándose al comprender que habíamos perdido a nuestra madre cerca de una época tan "feliz". En respuesta, el cabello de Kimi se volvio blanco y sin vida.

-Kimi, kimita – la acune en mis brazos para consolarla. - ¿Quieres que juguemos juntas a algo? -ella negó en silencio – Bueno, ¿que tal si vamos a dibujar algo? Te voy a enseñar a como hago que los dibujos se muevan.

-Me… me gustaba dibujar con mami – dijo entre sollozo, yo solo la cargue en brazos como solía hacerlo cuando se caía.

-Mamá no querría que dejes de dibujar, vamos. Dibujemos algo, algo que a ella le hubiese gustado -la lleve a la sala de juegos. Allí la sente y comence a frotar sus manitos entre las mías mientras le susurraba palabras de consuelo – Mamá esta en un mejor lugar, es un lugar muy bonito, lleno de flores y de criaturas fantásticas. Ahí esta sana, y puede descansar en paz mientras nos espera.

-¿El cielo? -pregunto tratando de contener los mocos que caían de su nariz. Con mi varita hice aparecer un pañuelo con el cual la limpie.

-Sí, un cielo precioso. Ahí van las personas cuando … -no quise decir la palabra con "m" -y desde ahí miran a sus familiares. Mamá sabe que estamos tristes, pero no querría que dejemos de vivir por ella. -Tome la caja de lapices y los puse frente a Kimana - ¿Harías un dibujo más para ella? Para mostrarle lo fuerte y valiente que eres. Para que ella este tranquila. Ella ya sabe que Papá, Alan y yo vamos a cuidarte.

Ella asintió lentamente antes de elegir un color, el amarillo, y comenzó a pasarlo sobre un papel en blanco.

-¿qué hago con el dibujo que termine? -me pregunto

-Vamos a llevarlo donde mamá descansa. Con muchas flores. Las más hermosas.

-¿Podrían ser Jacintos? A ella le gustaban muchos.

-Y será de colores púrpura, acompañadas con rosas malvas y camelias. -Dije frotando mi nariz con el de ella. La mirada de mi hermana comenzó a levantarse, vi como poco a poco empezó a tomar su forma almendrada y recuperaba algo de brillo. La acompañe en silencio todo el tiempo que la tomo hacer su dibujo, luego me pidió otra hoja más porque quería escribir una carta para ella. Se la dí y note que poco a poco sus ojos se aclaraban más, pero no por la luz, ella los estaba cambiando de color. En mi interior di gracias a que ella hubiera nacido con esa habilidad de cambiar aspecto, hacía muy fácil saber como estaba sintiéndose en cada momento.

-Eida, Kimi. Su tía Tiffany y Embry vinieron a verlas. Bajen a saludar. -Llamó mi padre desde la planta baja

-¡Ya vamos! -grite y volvi a la vista a Kimi – Trata de poner negro tu cabello. Y tus ojos deben ser marrones, ¿recuerdas?

-Pero … -empezó a protestar con un puchero.

-Siguen siendo No – majs, no lo olvides. Anda, se que es difícil, pero ya sabes las reglas.

Mi hermana cerro los ojos y apretó el ceño mientras trataba de concentrarse en su cabello. Era muy fácil para ella dejar que su aspecto cambie por sus emociones, pero no le resultaba fácil cambiar a voluntad. Cuando al fin logro tomar un aspecto "normal" la acompañe hasta la sala, ella fue corriendo a los brazos de mi tía queriendo reprimir un nuevo llanto. Mi tía la cargo maternalmente y le dio palmadas en la espalda diciéndole que estaba bien llorar, que llorara en su hombro.

Yo me mantuve en la cima de las escaleras observando la escena. Ví que Embry se volteo a verme, estaba más alto que la ultima vez que hablamos. Bueno, la verdad es que no había vuelto a verlo … ¿cuanto? ¿Dos años? Sí, era un crío de catorce años en ese entonces, es normal que haya tenido un estirón. Le devolví la mirada indiferente para luego irme a mi habitación, no me apetecía saludarle.

Encontré a la elfina limpiando mi cuarto y de inmediato la mande a esconderse a otro lado, quería estar sola y no me apetecía olerle por ahí. Luego me molestaría conmigo misma por ser ruda con la inocente Jinx. Horas más tarde me llamaron para almorzar, al parecer fue mi tía quien preparó la comida.

Se que físicamente estuve allí, oyendo la conversación, respondí cuando me hablaron, pero la verdad es que sigo sin recordar los detalles. Y así pase las siguientes veinticuatro horas. Como flotando en un sueño, haciendo las cosas sin darle importancia.

Ya habían pasado tres días de que mi madre falleció, al tercer día se hicieron los ritos funerarios propios de los Quileutes. El momento en que todos teníamos para dar nuestro ultimo adiós al fallecido para seguir adelante. Como prometí a Kimi, ella y yo dejamos en la tumba de nuestra madre las flores que habíamos acordado. Además, ella deposito el dibujo guardado en un sobre sellado con su carta. Hubiéramos dejado el dibujo a la vista, pero yo encante el dibujo para que se moviera, y eso no podía estar a la vista de los No -maj.

-Ya nada va a ser como antes – me dijo Embry en algún momento. Yo lo mire asombrada. No sé si me asombro la obviedad de sus palabras, o por el hecho de que no me di cuenta cuando se paró junto a mí, o si es porque ahora es una cabeza más alto que yo.

-No, ya no.

-¿Tus familiares se irán hoy?- me consulto

-Sí, a ellos no le emocionan mucho quedarse cerca de Papá. Solo se quedan por mis hermanos y yo. -Embry asintió con aire ausente

-Mamá parece ansiosa por que se vayan ya.

-Por algo ambas huyeron de esa tribu, ¿verdad? - el se encogió de hombros. Nuestras madres eran las mejores amigas de la infancia, inseparables como la uña y la carne. Mi madre huyó de su casa para casarse con mi padre, pero amaba tanto su hogar que no ha querido irse lejos y por eso, ambos hicieron su familia dentro de la tribu Quileute. Lo más parecido y cercano a los Makah. Poco tiempo después, la madre de Embry seguiría a mi madre. Por razones que nunca, ninguna, explico.

-¿Aleida? - Embry me sacudió el hombro- Tierra llamando a Aleida. ¿Me copias?

-Ah, perdón, ¿que me decías? - sacudí la cabeza para despejarme los pensamientos.

-Te pregunte si también te irás hoy. Tía había dicho que te fuiste a Nueva York para estudiar la carrera de medicina. ¿Volverás hoy?

-La verdad es que no lo se. Pasó todo tan rápido, mis hermanos me necesitan. Y aunque el no lo diga, se que mi padre también me necesita.

-Como extranjero que es, seguro le resultará muy difícil quedarse en la reserva – comento una voz femenina, una chica bajita y de piel cobriza se apareció tras de Embry y busco acomodarse bajo el brazo de el.

-Hace casi veinte años que vive aquí, no es un extranjero – argumente tratando de no mostrar mi fastidio en mis palabras. - Hola Karina.

-Hola Aleida, mis pésames -yo solo articule la palabra "gracias", en cambio no me salió la voz – Lo que decía es que, sigue siendo ingles. No le queda nada más en la reserva que sus hijos. Pero, tu ya te has mudado. Alan va a ese internado al que ibas antes. Y Kimi… bueno -pareció buscar las palabras adecuadas – Necesita una… mejor educación que la escuela de la reserva. ¿No? No me sorprendería que muy pronto tu padre decida mudarse, si de todos modos su trabajo no es dentro de la reserva.

La chica no dejaba de hablar, la oia igual que el zumbido de una mosca volando detrás de mi oido y mi paciencia estaba al limite. ¡Cuanto me encantaría echarle un maleficio!

-Primero que nada, es irlandés. -mi voz sonó más suave de lo que pretendía, quería gritarle e insultarle- En segundo lugar, ¿que te importa lo que él decida hacer con MI familia?

-Oh, tranquila Eida, no quería ofenderte. Solo comentaba…

-Bueno, no comentes. No es asunto tuyo.

-Am, chicas -Embry empujo poquito a su novia para atrás, parece ser que se anticipaba a la bofetada que quería lanzar. - ¿Qué tal si vamos por algo caliente para tomar? Jake y Quil consiguieron un poco de…

-No. Yo tengo que irme a casa, tengo que ayudar a mi querido padre "extranjero" -y sin quererlo, hable imitando perfectamente el acento de mi padre.

Esa misma noche me encontraba en el baño de mi cuarto, peinándome frente al espejo. Mi cabello es igual al de mi padre, lacio y fino. Negro como el de ambos. Mis ojos también eran rasgados como el de mi madre. Solo que yo herede la pálida piel de el. Observe sin interés mis facciones en el espejo mientras recordaba que en la escuela solían decirme que tenía sangre de veela, porque era "una belleza exótica". Aunque era ridículo, de veela tenia lo que un duende tiene de dragón. Nada.

-Llevas días ausentes – dijo Taylor acomodando sus brazos entorno a mi cintura. - ¿Donde estas? -beso mi mejilla.

-Aquí -susurre.

-En cuerpo, ¿y tu mente?

-Con ella.

-Tienes que encontrar el camino de vuelta.

-¿Me puedo tomar unas vacaciones? - el aparto mi cabello del hombro y beso mi cuello.

-Pero tienes que estar presente en casa. Creo que sería lo mejor para todos que estes aquí, como si ella estuviera aquí. Ella lo querría, ¿no crees? -Ante mi silencio agrego unas palabras más- Por ellos, al menos. Por tu familia.

Observe el reflejo de Taylor, un chico pelirrojo, pecoso y escuálido, que es apenas media cabeza más alto que yo. Considere sus palabras un momento, son las mismas palabras que había usado con mi hermana para que hiciera su dibujo, para levantarla a seguir adelante. Pero yo todavía no me levantaba.

-Me siento como en un sueño. - El asintió.- pero no es agradable.

-Va siendo hora que despiertes – Depositó un beso en mi mejilla. - No lo pospongas, es peor. Es mejor levantarte de un salto. Con la primera señal de la alarma.

-¿Cuál es la primera señal?

-Tu familia. Te necesitan. ¿Haz visto a tu padre? - y yo asentí. Se veía como un fantasma pero con solidez, frió y distraído.

-Tienes razón – levante la frente- voy a ser fuerte.

-Esa es mi chica -entonces deposito un beso en mis labios que luego fue aumentando en intensidad. - Vamos a cenar algo y luego, a dormir. - El agito su varita ante mí e hizo aparecer preciosas rosas rojas.

POV Embry

Nunca pense que iría a un funeral. Menos creí que el primero que vería sería de alguien tan cercano para mí. La tía Mary no es realmente mi tía, es mi madrina. Pero la conozco de toda la vida, ella me ha cuidado todas las noches que mamá ha tenido que hacer sus trabajos de doble turno. Para mi siempre será mi tía preferida. También es cierto que es mi única tía.

Verla dentro de esa caja de madera fue impactante. Sus labios de cereza ahora estaban pálidos y pegados con un pegamento en pasta. Sus ojos cerrados parecían falsos como el de una muñeca y me resultaba imposible ignorar las bolas de algodón en su nariz. Y ese maquillaje, tan horrible y tan falso. ¿Porque se burlan de esa forma de su cuerpo?

No tuve valor de tocarla, ni de sostener una vez más los rizos de su cabello. Mucho menos quise depositar un beso en su frente como mucha gente lo hacia. Por momentos solo me quede ahí de pie, sirviendo de pañuelo para mi madre, que lloraba con desconsuelo.

Abrace con fuerza a mí tio y me pidió encarecidamente que no le partiera los huesos. - No dejas de crecer. Mary siempre ha tenido razón sobre ti. Serás algún día un gran hombre. -Me palmeo el hombro como si fuera que yo sufría más que el.

Luego fui a abrazar a cada uno de los hijos de mi madrina. Primero a Aleida, quien parecía estar muriendo en su banco y con la vista perdida me dijo "gracias". Estoy seguro de que ella no me reconoció, pero me pareció más acertado no agitarla ahora mismo. Luego fui por Alan y Kimana. Ambos intentaban consolarse mutuamente. Definitivamente sentí como mi corazón se partia al ver a la niña tan descompuesta y ya no le quedaba ninguna sombra de su risa traviesa.

Por horas vi como la gente llegaba y se iba, todos los miembros de la tribu que conocían a mi Tía vinieron a despedirla. Jake y su padre, los Clearweather, Quil llegó ayudando a su abuelo para acercarse al ataud. La vieja Kanda libero un fuerte grito de angustia cuando llegó a ver el cuerpo. También vi llegar a gente extraña de la tribu, supuse que son los familiares y amigos que vienen de la tribu Makah. ¡Incluso vino el jefe Swan para el funeral! Claro, el y mi tío han trabajado juntos en varios casos, seguro ha venido para solidarizarse.

Oí a gente lamentando lo joven que era la recien fallecida. Y más lamentaron la desgracia de Kimana.

-¡Pobre niña! ¿Crees que ese hombre será capaz de cuidar a la niña? ¡Con lo especial que es! - comentaba una mujer.

-Imposible, el tiene un trabajo tan demandante. Suele desaparecer por días, semanas.. Alguien tiene que hacerse cargo. - respondió su amiga.

-¿Qué puedes esperar de un ingles? ¡Ese bandido secuestro a la mujer de su familia! La llevó bajo engaños, y mira como termino ella.

-¿Crees que Tiffany Call se haga cargo de la niña? -oí a otra persona hablando.

-¡JA! Arruinaría a la niña. Apenas puede con el vago de su hijo…

Salí del funeral para no escuchar los cotilleo de las viejas cotorras. El lugar esta abarrotado de gente y creo que muchas personas sobraban. Me ponía enfermo solo pensar en la forma que algunas personas aprovechaban el momento para chismorrear y hacer vida social. Sentí que mi cuerpo estaba temblando de la rabia, hasta que unas manos me tomaron del brazo.

-Siento tanto, Embry. - Kari me miraba con ojos llorosos, entonces mi ira se esfumo. Mi cuerpo se relajo por completo mientras la abrazaba.

-No sabes lo feliz que me hace tenerte ahora conmigo. -Le dije al oído.

-Para eso estoy – beso mi mejilla y yo correspondí con un tímido beso en sus labios.

Al día siguiente fue el viejo Quil quien dio un discurso para consolar a los familiares y despedir a Mary Carrow Wood. Finalmente dió la orden para que el ataud se cerrara y ese fue el momento más tenebroso del funeral. Mucha gente estalló en llanto. Los gritos más desgarradores fueron las de Kimi. Eida no dudo en lanzarse por su hermana, la cargo y la arrastro ignorando las patadas de su hermana. Muy rápido la llevo lejos del ataud.

Camino al cementerio ofrecí mi abrigo para Karina, que no dejaba de temblar de frió.

-Gracias, amorsito, pero, ¿no tendrás frió?

-La verdad es que no hace tanto frió – me encogí de hombros – hasta diría que hace calor -force una media sonrisa, ella en cambio enarco una ceja.

-Embry, esta helando.

No se sí fue una coincidencia o si lo han hecho apropósito. Vi a Sam, Jared y Paul pasando muy cerca de nosotros. Tenían la vista puesta en mí, como si le resultará interesante nuestra conversación.

-Sí, bueno… no hagas que me arrepienta y te quite el abrigo – trate de sonar casual y quitarme la incomodidad.