[Capítulo: 7]

Categoría: Romance/Humor.

Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Advertencia: OoC en Hinata.


El tormento de Hinata.


Un nuevo día iluminó la estructura de la mansión Hyuga y como siempre, Hinata ya estaba despierta desde las seis de la mañana, lista para un nuevo y productivo día en la escu…

—¿Qué haces despierta? —preguntó una amorriñada Hanabi con una botella de agua en una de sus manos mientras con la otra se restregaba su ojo izquierdo —. Hoy es sábado, nee-san — la chica rodó sus ojos y después retomó su camino hacia su habitación; dejando a una depresiva Hinata en el pasillo.

—Odio los sábados —murmuró con enojo antes de retroceder sus pasos hacia su habitación, dispuesta a cambiar su uniforme a su ropa deportiva. Que fuese sábado no significaba que se la pasaría vagueando, así que trataría de que ese día fuese igual de productivo que sus otros días.

Una vez vestida con sus ropas para hacer ejercicio —la cual consistía en un pescador negro de licra y una sudadera morada ceñida al cuerpo— fue a su patio trasero, donde descansaba su fiel amigo.

—Max —llamó en voz baja, siendo escuchada velozmente por el pastor alemán de un año. El perro alzó su cabeza con rapidez y sus ojos se iluminaron al ver el permanente rostro inexpresivo de su dueña.

Ladró y movió la cola con vigor y felicidad típica de él antes de levantarse y correr hasta Hinata para pararse en dos patas y comenzar a lamer el rostro de la Hyuga.

—¡B-Basta! —exclamó, tratando de no romper en risas ante las cosquillas que le causaban los pequeños bigotes del can —. Saldremos a pasear si dejas de babearme—le enseñó la correa y el perro comprendió de inmediato, dejando tranquila a su dueña para sentarse como buen perro frente a ella —. Buen chico —ató la correa y después comenzó a caminar junto a Max.

Mientras caminaba fuera de la mansión, pensó sobre el día que sus amigos y ella pasaron en su piscina. Desde entonces las cosas entre Naruto y ella extrañamente se habían puesto tensas. No sabía que eran, pero se sentía raro tenerlo tan cerca. Además, no ayudaba que el rubio la mirase tan fijamente y menos que se sonrojara cuando le dirigía una pequeña palabra.

No entendía su comportamiento, pero tampoco entendía el de sí misma.

Estoy enredado y confuso...

Suspiró y después miró al cielo, pensando en una cosa totalmente distinta.

En su padre.

Había salido hacía dos días, avisando en una escueta nota que se iba de viaje de negocios y que volvería en un par de días, que usarán la tarjeta del banco si necesitaban algo. Sabía de antemano que otros chicos o chicas anhelarían que sus padres hiciesen lo mismo que su padre hacía con ellas muy a menudo —bueno, era algo que Ino había dicho una vez— pero la verdad era que Hinata odiaba esas acciones de su austero padre.

Siempre parecía como si de verdad no le importara en lo más mínimo tener dos hijas que necesitaban de su atención. ¡Dos hijas en pleno crecimiento que necesitaban atención del único progenitor que les quedaba con vida! ¿Era mucho pedir para él eso?

Ya ni siquiera recordaba la última vez que habían ido a algún día de campo, un campamento o tan siquiera a pasear juntos al parque.

Oh, un momento… ellos jamás habían hecho alguna de esas cosas.

Apretó el agarre de la correa de Max y al parecer su perro sintió su aflicción pues comenzó a lloriquear de manera lastimera.

—Estoy bien, chico —acarició la cabeza del can al sentirlo lamer su mano con delicadeza mientras la miraba entre curiosidad y tristeza —. A veces pensar demasiado es malo, ¿verdad?

—¿Hinata?

Hinata paró de acariciar la cabeza de Max y alzó su mirada con rapidez, topándose con un "impresionado" Naruto.

—¡Cielos! Jamás pensé que tú vendrías a este parque los sábados a las siete de la mañana, dattebayo —rió nerviosamente mientras rascaba su nuca. ¡Mentira! Había averiguado después de muchas pláticas con la bocazas de Ino que Hinata acostumbraba a hacer ejercicio en ese parque, así que él había decidido levantarse temprano en sábado, lo cual preocupó profundamente a su madre e incluso llegó a pensar que estaba enfermo, pero gracias al cielo pudo escapar hábilmente de su histérica madre para salir al parque donde "no sabía" qué Hinata estaría.

—Naruto-san —susurró Hinata antes de apartar la vista —. Buenos días. Tampoco sabía que tú frecuentabas este parque.

—La verdad sí lo hago, sólo que más tarde. Hoy quise levantarme un poco más temprano, dattebayo — mentiras y más mentiras. A ese paso pinocho quedaría humillado a su lado.

—Entiendo…—murmuró con nerviosismo la Hyuga para después observarlo de reojo, percatandose de algo al instante. Ese precioso pelaje naranja era imposible de pasar desapercibido —¿Él es Kurama?

Naruto traía consigo un perro de pelaje naranja y ojos azules, un perro extremadamente hermoso y del cual Hinata ya tenía muchas historias guardadas en su mente. Naruto siempre hablaba de lo increíble y adorable que era su perro de cinco años.

—Sí —sonrió y acarició la cabeza del serio can —¿A que es mono? —cuestionó con voz melosa dirigida a su perro, voz que el can ignoró por completo.

—Es precioso —murmuró la Hyuga antes de acercarse lentamente para acariciarlo con suavidad, siendo bien recibida por la cabeza de Kurama, el cual se restregó suavemente contra la palma de su mano.

—Le agradas —dijo enternecido, observando la pequeña sonrisa que se instaló en el rostro de Hinata —¿Y él? —preguntó al darse cuenta del pastor alemán que Hinata tenía consigo.

El perro miró al rubio mientras tenía la lengua de fuera para después ladrar amistosamente.

—¡Es muy amigable! Todo lo contrario al amargado de Kurama —Naruto acercó lentamente su mano hacia el hocico del can, recibiendo varios lametazos —¡Le caigo bien!

Hinata estuvo a punto de decir que a Max le caía bien todo el mundo, pero al ver esa gran sonrisa y esos ojos brillosos enmudeció, pensando que odiaría que sus ojos se apagaran y que su sonrisa desapareciera.

—Le agradas mucho —sonrió un poco cuando lo vio sonreír más en su dirección —. Naruto, te presento a Max. Max, él es Naruto.

El can ladró en respuesta, moviendo su cola con vigor.

—Hola, chico —saludó el rubio antes de darle una última caricia para erguirse —. ¿Quieres que caminemos juntos? —le preguntó con una sonrisa, esperando una respuesta afirmativa de su parte.

Hinata contuvo un suspiro. ¿Cómo decirle que su presencia le era bastante incómoda? Era raro porque le gustaba estar con él, pero al mismo tiempo sentía que algo no andaba bien con ellos. Era una sensación bastante extraña y confusa, así que estar con él en esos momentos…

Sin embargo, ver su sonrisa iluminando su bello rostro hizo que le fuese imposible decir que no.

—Claro, Naruto-san.

El rubio sonrió más y ambos comenzaron a caminar juntos al lado de sus canes.

Mientras Naruto se mantenía hablando de lo espectacular que era un restaurante de ramen que estaba a unas cuadras de su casa, Hinata sólo podía concentrarse en el movimiento de sus labios y en las expresiones entusiastas que hacía cada vez que hablaba de algo con gusto.

No sabía desde cuando, pero el rostro de Naruto era demasiado lindo como para pasarlo desapercibido. Sus ojos y su tez combinados eran tan únicos que le era imposible no prestarles atención. Además, su sonrisa era tan gigantesca y contagiosa que la embobaba por varios segundos. El era una combinación de sensaciones y palabras que no podía describir.

Quiso maldecir en voz alta cuando un sentimiento extraño invadió su estómago.

Ella era inteligente, lo aceptaba sin egocentrismos de por medio, pero también tenía que reconocer que era un asco a la hora hablar sobre sentimientos, así que le era tremendamente difícil aceptar lo que estaba a nada de descubrir.

Primero no quería verlo ni en pintura, pero poco a poco se convirtió una adicción el querer tenerlo cerca. Después fue el miedo a dejar de ser su amiga cuando aquellas insoportables chicas la amenazaron, luego fue el malestar al imaginarlo saliendo con una chica y en ese momento era su agitado corazón mientras lo escuchaba y veía.

Hanabi una vez la obligó a ver una película de romance y gracias a esa película fue que pudo darse cuenta de lo que pasaba ahí.

Paró en seco, llamando la atención del rubio quien la miró preocupado.

—Hinata…—susurró su nombre al verla con los ojos muy abiertos, además de que su rostro comenzó a parecer una fresa gigante —¿te sientes bien?

—Am, yo… —balbuceó con la mirada inquieta — la verdad es que no. Volveré a casa, lo lamento.

—No lo lamentes, si te sientes mal es mejor que vuelvas a tu hogar —la miró comprensivo —. Vamos, te acompaño de vuelta.

Lo miró alarmada. ¡Necesitaba estar lejos de él lo más pronto posible!

—No es necesario…

—¡Claro que lo es! —exclamó un poco molesto —. Podrías sentirte más mal en el camino y podría pasarte algo —sin previo aviso se aproximó hasta ella y tomó su mano, haciéndola temblar de pies a cabeza —. Dios, hasta estás temblando —pronunció preocupado —¿Será fiebre? —se preguntó en voz alta mientras comenzaba a caminar hacia el hogar de la Hyuga sin soltar su mano.

Mientras que Naruto trataba de saber cuál era el malestar físico que Hinata tenía, ella sólo se mantenía mirando la unión de sus manos con ahora un ligero sonrojo en sus mejillas.

Fue difícil aceptarlo después de meses de convivencia, pero ahora lo sabía con certeza.

Naruto le…

Naruto le gus...

—¿Pero que…?

La voz del rubio hizo que levantase su mirada, topándose con una escena que hizo que su alma saliera de su cuerpo por varios segundos. Hasta sintió un tremendo deseo de vomitar.

Frente a ella estaba su casa, la cual en ese momento parecía una casa del horror para su situación.

Las que antes eran blancas y pulcras paredes ahora eran muros llenos de graffitis, los cuales recitaban frases como "Puta", "Mosquita muerta", "Zorra", "Muérete" y muchas palabrotas más de las que ni siquiera sabia que existian. Y la cereza del pastel era que había fotos de ella de cuando había sido manchada con las pinturas de la clase de arte, dando a conocer con eso a las autoras de ese tremendo y preocupante desastre.

—Hinata… —nombró el rubio con preocupación —. No hagas caso de esto. Vamos, te ayudaré a limpiar este desastre y encontraremos a quienes hicieron esto para…

Hinata negó con rapidez y deshizo el agarre de sus manos.

—Tienes que irte —le dijo con la voz agitada antes de correr hasta su casa para comenzar a quitar las copias de las fotos. No quería a Naruto cerca, pues sabía que si alguien lo veía lo relacionarían con lo que había pasado ahí y no quería meterlo en ningún tipo de problema —. Te prometo que estaré bien, pero por favor, vete.

—¡No te dejaré sola con todo esto! —gritó antes de correr hasta ella para comenzar a quitar las fotos con rapidez —. Jamás podría dejarte sola con esta situación. No tengo ni la menor idea de lo que ha pasado aquí, pero te prometo que…

—¡Si no te vas ahora mismo juro que no volveré a hablarte en mi vida! —y en parte su amenaza fue cierta. Si su padre lo veía junto a ella en ese vergonzoso momento seguramente le haría dejar de hablarle a Naruto y eso era algo que no sería capaz de soportar —. Por favor, vete. Juro que tomaré cartas en el asunto y que te informaré de cualquier cosa que averigüe.

Naruto apretó los labios y bajó la mirada. No quería dejarla sola con ese gran problema, quería quedarse y ayudarla con lo que pudiera, pero la conocía y sabía que ciertamente era capaz de dejarle de hablar si no se iba de ahí.

—Júrame que me llamarás.

—Lo juro —dijo con voz sincera —. Vete.

Naruto apretó los puños y después dejó salir el aire retenido. Asintió inconforme antes de darle una última mirada para después dar la media vuelta e irse junto a Kurama.

Hinata jadeó y después idiotamente le dio una patada a la pared de la casa. Soltó un gemido de dolor y sostuvo su pie mientras daba brincos y Max la miraba con curiosidad.

—¡Maldita sea! —maldijo en voz alta.

Trató de tranquilizarse y se dijo a sí misma que todo saldría bien. Compraría pintura con sus ahorros, quitará toda esa mierda de copias y después…

—¿Qué es lo que ha sucedido aquí, Hyuga Hinata?

Se quedó helada en su lugar y después cerró lentamente los ojos mientras sentía la penetrante mirada de su padre sobre su espalda.


El sonido estruendoso de la mano de Hiashi contra la piel de Hinata hizo eco en aquellas cuatro paredes de concreto. El sonido que no había escuchado hacía exactamente cuatro años había vuelto a aparecer, haciéndole sentir una especie de decepción. Realmente había pensado que eso jamás volvería a ocurrir, que por fin había cumplido los estándares necesarios para ser del agrado de su padre. Pensó que dejaría de tratarla como si fuese una delincuente.

Estaba equivocada. Hiashi Hyuga jamás estaría conforme con absolutamente nada. Siempre querría más y más de ellas, sin importarle la gran carga que les daba debido a su exigencia.

Hanabi miró de un lado a otro, observando el rostro ladeado de su hermana y el rostro casi inexpresivo de su padre. Le lanzaba miradas de preocupación a su hermana mientras que las miradas hacia su padre sólo transmitían una furia incontenible.

—Padre...— Hinata trato de hablar, manteniendo siempre su ya habitual tono de voz inexpresivo, como si no hubiese recibido una bofetada de su padre hacía tan sólo unos segundos. Estaba tan acostumbrada a ese tipo de reprimendas que poco o nada sentía al recibirlas.

—Silencio —sentenció —. No quiero escucharte. Ha sido suficiente con ver esa escena allí afuera — Hiashi se volteó y comenzó a caminar enfurecido hacia el gran ventanal de su despacho —. Zorra, puta, maldita, hija de puta... ¿Qué habrás hecho como para que la gente piense eso de ti?

Hinata apretó los dientes, sintiendo una furia poco común hacer mella dentro de ella. No había hecho nada y está siendo castigada por ello, sólo por querer tener de amigo a Naruto.

—No he hecho nada para merecerme este tipo de humillación, padre.

—Las personas no hacen esto sólo porque sí, Hinata. Dime, ¿Qué hiciste? ¿Por qué te han llamado zorra? ¿Acaso lo eres? ¿Esto es por algún chico?

—¡Padre! —Hanabi apretó los labios y retrocedió cuando Hinata puso su brazo frente a ella.

—No —contestó sin vacilar —. No soy una zorra y no he hecho absolutamente nada para ganarme ese mote. Tampoco es por algún chico — mintió sobre lo último. Su padre jamás sabría que ese acto de vandalismo había sido de alguna forma por Naruto.

Hiashi la miró sobre su hombro y después volvió su vista hacia el gran jardín.

—Escúchame, Hinata. Estás manchando nuestro apellido y no dudes que si esto se hace más grande la prensa va a enterarse y no se tardará en hablar sobre que la heredera Hyuga es llamada zorra. No puedo y no puedes permitir que eso pase. Mas te vale arreglar tus problemas personales y no perjudicar a tu familia. Estoy seguro de que no quieres que toda la responsabilidad que es tuya hoy sea de Hanabi mañana.

Hinata abrió los ojos con exageración y se posicionó de forma protectora frente a su hermana.

—Ni hablar. Resolveré esto, padre —aseguró, ganándose un asentimiento de cabeza.

—Estas castigada. No saldrás a ninguna parte, excepto a la escuela, por dos semanas. Nada de clases de piano, ni canto, tampoco podrás ir al cementerio.

Y Hiashi dio justo donde más le dolía.

Roto, en conflicto...

Sus puños se cerraron con fuerza y después tragó saliva.

—De acuerdo —dijo, sintiendo un fuerte dolor en su pecho.


La angustia y arrepentimiento eran unos sentimientos férreamente cernidos en su ser desde que abandonó a Hinata en su casa después de esa desagradable escena. No podía dejar de pensar en ello y eso que ya eran las cinco de la tarde. Quería saber qué era lo que había pasado y de ser posible, saber si podía ayudar en algo. Estaba esperando pacientemente la llamada que ella había prometido a cambio de que se fuera, pero la paciencia no era su fuerte y ésta se estaba agotando con rapidez.

Juraba que, si no tenía noticia de Hinata en por lo menos media hora, iría hasta su casa para cerciorarse de que todo marchara bien. Esperaba que no estuviera en problemas y que pudiese arreglar todo aquel embrollo ella sola.

Sabía lo capaz que era Hinata de hacer todo por sí sola, pero aun así no podía evitar sentir preocupación. Quería ayudar, serle útil, pero evidentemente no lo era. Sólo estaba ahí, en su casa, esperando su llamada cuando podía estar allá, ayudando en lo que pudiera o de ser posible, en todo.

Era frustrante todo aquello, pero ella se lo había dejado muy claro. Fue una claridad atemorizante.

"—¡Si no te vas ahora juro que no volveré a hablarte en mi vida!"

Sí, eso era algo que él no quería, así que no le quedó de otra más que irse con el corazón oprimido. Y ahí se encontraba, tirado sobre su cama mientras una fuerte angustia lo carcomía por dentro. ¿Y si esas personas que le hicieron eso a la casa de Hinata regresaban? ¿Y si le hacían algo a Hinata y a su hermana?

—Rayos —musitó antes de levantarse rápidamente de la cama. Si le dejaba de hablar de por vida por ir a su casa, ¡pues bien! Recuperaría su amistad, no importaba. Lo único que le preocupaba en ese momento, era el bienestar de Hinata.

Justo cuando estaba por salir de la habitación para correr hasta la casa de la chica, pudo escuchar su celular timbrar en su cama. Rápidamente regresó a por él y decidido darle un rápido vistazo para después seguir con su propósito, pero el mensaje que pudo leer en la pantalla hizo que todo el malestar que sentía se disipara.

"Todo está bien"

Hinata

Apretó el celular mientras aún miraba la pantalla.

—Porqué será... que no te creo, Hinata.


Continuará...


N/A: Yo se que las actualizaciones de esta historia son cada sábado y que yo me atrase demasiadooos sábados. Estoy consciente de ello y lo lamento mucho. ¡Pero no se preocupen! Las actualizaciones de esta historia volverán a la normalidad completamente; además de que prometo que el proximo capitulos sera mucho mas largo;)

Agradecimientos a: Tiarusu, Akime Maxwell, Hinata Hyuga -NxH, Agualuna, Alisse, eliuska20, Geody.

¡Un agradecimiento especial a mi Beta: Valerie Hyuga Senju!

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