Advertencia: A excepción de un par de personajes, ninguno me pertenece. Ambos mundos de fantasía, fusionados, pertenecen a las autoras de Harry potter y Crepúsculo. Yo solo me invento un fanfiction ambientado en el mundo de Harry Potter pero la interacción principal esta con los personajes de Crepúsculo. Esta historia sucede de manera paralela a la historia de Bella Swan y es otra perspectiva.

Capítulo III

El duelo

POV Aleida

El tiempo comenzaba a acelerar su paso. Primero pasaron las horas, luego los días y ahora pasan las semanas. Quiero creer que estoy tratando de procesar la ausencia de mi madre, de adaptarme al cambio o que simplemente ya no ocurre nada tan… fuerte.

El otoño esta ya en puertas y trajo consigo la caída de aguanieve y cubrió toda la Push con una capa blanca. La familia permaneció unida pero encerrada dentro de la casa, abrigados por el calor de la chimenea. Mi padre recibió permiso de su trabajo por periodo de duelo; y mi hermano solo tuvo permiso de una semana más antes de tener que volver a la escuela. Fueron siete días en donde pudimos consolarnos mutuamente y decidir de forma unánime que mantendríamos nuestro estilo de vida.

-¡En serio ustedes viven como No -Maj! - exclamo mi Novio cuando recorríamos un pasillo del supermercado.

-Bueno, nos relacionamos con ellos. Hay que aparentar, ¿verdad? -empuje el carrito hacia la sección de frutas y verduras

-Si, bueno, pero nunca vi nadie a este nivel. -Cuando el miro las latas de arvejas con un interés desmedido tuve la urgencia de mirar a otro lado y fingir que no lo conocía.

-Ya, a mi madre le gustaba. Le hacía sentirse normal. - Tome una naranja y lo olí para comprobar su estado. - Ya sabes, ella era No – Maj, era parte de su vida.

-Ya no tienen porque hacerlo más.

-No podemos cambiar de un día para otro de forma tan brusca. -Acomode mis hombros mientras con toda dignidad escogí las frutas. Tal como le prometí a Taylor, me hice fuerte. Supere el duelo luego del ultimo adiós y asumí el rol de Mamá en casa.

Lo único que no podía tolerar, además de su ausencia, era la mirada de lastima que me lanzaba la gente de la reserva. Por eso nos habíamos venido al supermercado de Forks, para que yo me sienta tranquila.

-Ah, mira eso – me dijo susurrando mientras me jalaba del brazo para ocultarnos detrás de una pirámide de latas.

-¿Qué haces? -proteste a su agarre, pero el insistió en ocultarme.

-Sshh. No hables tan fuerte, te va a oír.-susurro.

-¿Quién?

-Ella -me señalo con la barbilla a la mujer que definitivamente era la más hermosa del establecimiento. Una mujer joven de cabellos caramelo y rostro en forma de corazón.

-¿Y ella es…? -lo mire enarcando la ceja con un tono de molestia. ¿A caso estaba babeando por ella? Sí, allí estaba la baba, el seguía viéndola con fascinación, así que lo pellizque.

-Ey, no hagas eso.

-La estas mirando demasiado -le sisee

-¿Que? Oh, no no no. No la miró de esa forma. ¿No vez lo que es? Mirala otra vez – Lo fulmine con la mirada y finalmente me voltee a ver a la mujer. En ese segundo la mujer se volteo y vio en mi dirección, clavo su vista en mis ojos y sentí un estremecimiento correr por mi columna dorsal. Sus ojos brillaban de un color dorado.

-No entiendo...- Taylor me jaló para esconderme detrás de las latas y así rompió el embrujo que me paralizo.

-Tranquila, no queremos problemas – dijo rápido, asustado y susurrando. Su vista la tenía clavada en la mía. -Somos un mago y una bruja. Evitemos problemas.

Yo menee la cabeza de pánico y confusión, mire alrededor pero nadie más estaba cerca prestándonos atención.

-Esa mujer es una vampiresa -me susurro al oído. - ¿No lo vez? ¡Defensa contra las artes oscuras! Recuerda. Hermosas, pieles pálidas y frías.

-Oh, si, si. Me acuerdo especialmente cuando la profesora Abbot menciono que a ellos les gusta pasearse por el pasillo de vegetales, comprar tomates y evitan a toda costa la sección de ajos. -levante mis cejas y lo mire como el payaso que siempre fue.

-Oí que hay unos cuantos vampiros de ojos amarillos que viven como los No- Majs. ¡Debe ser uno de ellos! – ahora hablaba muy emocionado. -¿Crees que me responda un par de preguntas? - volvió a asomarse pero parece que ella ya no estaba ahí, porque el la buscaba como loco. En respuesta yo le di un codazo en las costillas. -¡Ey! -protesto una vez más.

-Alejate de las vampiresas. Le comentaré a mi padre cuando lleguemos a casa. El sabrá.

-Solo un par de preguntas. Por interés académico. Lo prometo. -Me miro con una sonrisa suplicante.

-¡No! Y deja de hablar de eso aquí, estamos en público. - le puse las manos la bolsa con naranjas – Ve a pesarlos y vayámonos.

-¿Qué haga qué? -Me miró confundido.

-Olvidalo, yo lo hago.

Con las cosas en el carro fuimos hasta la caja para pagar los artículos. Y tarde me di cuenta que elegí la cola en donde estaba la vampiresa. Ella nos miro a ambos, más bien nos estudio. Yo lleve mi mano derecha a la manga izquierda de mi abrigo, donde tenía oculta mi varita. Obviamente el movimiento no paso desapercibido para ella.

-Buenos días – La vampiresa sonrió de manera suave, "tranquilizadora" y sus dientes perfectos quedaron a la vista. Su voz dulce me heló la sangre. En respuesta, ella miro a otro lado.

-Bu… buenos días, Señorita – empezó Taylor con un tono embelesado. - ¿Cómo se encuentra hoy?

La vampiresa se volvió a mi novio con expresión "gentil". - Muy bien, ¿que tal están ustedes?

-¡De maravilla! Mi novia y yo estamos de compras – sonó como un completo imbécil al señalar lo más obvio. - Soy Taylor Smith -extendió su mano hacía ella. La Vampiresa parpadeo una vez y decidió aceptar el apretón. Percibí que Taylor se estremeció al tener contacto con la mano de ella.

-Lo siento – dijo ella y parecía realmente apenada.

-No, no se disculpe. Yo solamente… bueno. Es la primera vez que… ya sabe. -Ella asintió comprensiva y luego me miró a mi. Yo seguía paralizada de terror. - Disculpe a mi novia, ella … ya sabe. También. Por cierto, ella es Aleida Carrow.

-Mucho gusto Taylor y Aleida. Me llamo Esme Cullen.

Sentí que Taylor me daba un empujoncito en la espalda para que reaccione y creo que tartamudee un "Hola".

-Tu padre es el Señor Ayrton Carrow, ¿Verdad? -asentí ahora con algo de valor, así que lo conocía. Ella sonrío mucho más ampliamente – Sí, te pareces mucho a tu padre. Aunque supongo que tienes los ojos y la nariz de tu madre. -Ella se rió dulcemente, demasiado dulce y encantadora.

-Eso dicen -farfulle - ¿Cuándo lo conoció?

-Hace dos años, cuándo mi familia y yo nos mudamos aquí en Forks. -parpadee perpleja – El solo quería hablar con mi esposo por un caso. Es el Dr. Carlisle Cullen. El cirujano del hospital. Hablaron por trabajo.

-Oh – no entendí nada de lo que ha querido decir y supuse que era alguna especie de clave para disimular frente a los No-Maj. -Oh… Le diré que nos vimos.

-Dile que le envió mis saludos. -Entonces la mujer se volvió hacía el pobre cajero que no dejaba de mirarla embobado pro su belleza.

-Ah, señorita, le importaría darme su… igh….-Y Taylor no termino su frase, porque le pise el pie.

Cuando íbamos al vehículo de mi padre el me miró enojado: -¿Porque me pisaste?

-¿En serio ibas a pedirle su contacto a una vampiresa? - Contraataque - ¿Te volviste loco?

-Ya te dije, solo tengo interés académico.

-Y ella por tu sangre. Súbete. -le ordene y me subí refunfuñando. Trate de centrarme en arrancar el vehículo.

-Para que lo sepas, es inofensiva.

-¿Desde cuando lo son los vampiros?

-Ni idea. Pero los de ojos amarillos no se alimentan de sangre humana.

-Aja. ¿y de que viven? ¿De Frutas y vegetales? - me sentía tan ofendida con él que seguro me imaginaba echando humo por los oídos.

-No, eso es ridículo. De sangre de los animales. En la academia dicen que hay un aquelarre que vive de eso, se hacen llamar "vegetarianos" ¿Puedes creerlo? Claro que no es fácil encontrarlos, no quieren dar muchas explicaciones. ¡¿Te imaginas si logro que me expliquen su estilo de vida?! ¡El reconocimiento!

Puse los ojos en blanco y lo deje parlotear todo el camino. Taylor tiene una obsesión con los animales fantásticos, por eso el ha querido ir a Nueva York. Sueña con seguir los pasos de Magizoologo Newt Scamander.

-Lo que tu quieres es que te maten. ¿Verdad?

-Por favor. No van a hacerlo.

-¿Solo porque eres mago?

-La leyes mágicas lo prohíben ¡Y! -exclamo al preveer mi protesta- Tu padre los conoce. Si sabe que viven en este pueblo, entonces es porque son inofensivos y sin duda, el MACUSA estará enterado. ¿Crees que un Auror tan profesional como tú padre va a dejar de informar algo tan importante y delicado como un aquelarre de vampiros?

-Supongo. -Me negué a mirarlo y el camino me ofrecía la excusa para no hacerlo.

-Anda, dilo. Tengo razón -canturreo victorioso por ganarme en una discusión.

-Aun así, te prohíbo ir a visitarles.-aprete los labios con fuerza hasta convertirlo en una fina linea. ¡Me niego a perder la razón en una conversación! - No podría soportar la idea de perder a mi novio a menos de un mes después de perder a mi madre – Mis ojos se cubrieron de lagrimas que amenazaban por salir. Funciono y sí. Use el chantaje emocional para salirme por la tangente.

-Ay, cariño. No vas a perderme. Lo prometo. - dijo dándome un abrazo y luego beso mi mejilla.

Así fuimos hasta casa, y allí le conté a papá todo lo que paso en el supermercado. Tal y como lo predijo Taylor, el no pareció sorprenderse.

-A juzgar por el hecho de que llegaron en una pieza, puedo suponer que ella no les ha hecho ningún daño.

-Pues no, no lo ha hecho. Pero si me aterre. -confesé.

-Muy sensata – asintió mi padre satisfecho, el parecía más interesado en leer el periódico mágico. - Nunca intentes librar una pelea con un vampiro, aun con magia, pueden matarte.

-Señor, ¿usted sabe como funciona su dieta? -pregunto Taylor

-Se que se alimenta de sangre animal.

-¿ y no ha preguntado...?

-No – el cambio de página. - Ni me interesa saber. Solo tengo que asegurarme que no causen un desastre y no violen ninguna ley mágica. Díganme, ¿se ha comportado? Esa es la esposa del líder del aquelarre. La verdad es que odiaría tener que escribir ahora un informe sobre su mala conducta.

Mi padre es un hombre curioso. Le gusta hacer el trabajo con buena letra, pero odia cada vez que el deber llama. A veces pienso que le gusta tener el título de auror y el prestigio que conlleva, y si pudiera, dejaría el trabajo sucio a otra persona. Siempre que hay algún indicio de problemas el actua con demasiada indiferencia. ¡Ya podría incendiarse la casa y el seguiría sentado leyendo el periodico!

-No lo sé, no entiendo como dejas que haya un aquelarre entre No-Majs. ¡Es una locura!

-Creo que todo el mundo mágico esta de acuerdo contigo, hija. Pero los Cullen tienen un comportamiento ejemplar y décadas, sino siglos, probados de que pueden comportarse. Así que, el MACUSA les dio el beneficio de la duda. Sin embargo, te recomiendo ya no volver a ese supermercado. De hecho, alejate de Forks. Ese es territorio de los Cullen. Ni vayas al hospital. Especialmente alejate de ese lugar.

-Momento. ¿En serio hay un vampiro trabajando como cirujano en un hospital? -pregunte espantada

-Me parece que si por Carlisle fuera, estaría trabajando en un hospital mágico, pero a falta de magia y porque aterrorizaría a los pacientes, no lo hace.

-Fascinante -comento Taylor mientras hacía notas en un pergamino, yo lo mire fastidiada y luego dirigí mi atención a mi padre.

-Ella dijo que hace dos años se mudaron. ¿Porque nunca me entere?

-¿Que ibas a hacer con el dato? Nada. Además, hace dos años seguías estudiando en Ilvermony y luego te fuiste para Nueva York. No era nada digno de mención.

-¡Claro que tenías que mencionarlo! -exclame indignada.

-¡Por supuesto que es inaceptable! - apoyo mi novio, luego añadió – Es una oportunidad única para poder hablar con vampiros amistosos ¿y la vamos desperdiciar?

-¿Podrías dejar de ser un imbécil, tan solo un minuto? - lo mire hecha un basilisco.

-¿Por qué estas tan molesta? -el me miro aun más indignado.

-Imbécil -me levante - ¡JINX! ¡QUIERO MI TÉ! ¡Y NO OLVIDES LA MIEL! -Vociferé antes de desaparecer y aparecer en mi cuarto. Lugar donde me encerré el resto del día.

Los siguientes días aplique la ley de hielo a Taylor y solo me dedique a levantar los ánimos de mis hermanos. Alan y yo tratamos de establecer una rutina de juegos con ella y travesuras para reanimarla. Todo nuestro progreso se fue al traste con la partida de Alan a la escuela. Kimi se sintió desvalida.

-Pronto, en unos años también iras a la escuela y vas a hacer muchos amigos -le susurraba mientras acariciaba su cabello oscurecido sin vida.

Pensé que las cosas mejorarían cuando mi padre menciono que ya no tenía que preocuparme por los Cullen. Han decidido mudarse ya y se han ido. De un día para otro. La verdad es que no me extrañe por eso; me extraña más que vivan como cualquier persona en una casa, que asistan a la escuela e incluso que tengan trabajos. Creo la única persona que lamento su partida fue mi novio. Dos días despues de la mudanza de los Cullen decidí que ya había castigado bastante a Taylor, lo perdone con un beso que el parecía muy ansioso por recibir.

Se cumplieron cerca de tres semanas de la muerte de mamá. Taylor y yo nos establecimos en casa. El continua realizando sus estudios y recorre los bosques en busca de animales mágicos a los cuales estudiar y yo decidí pedir mi traslado al hospital mágico que esta en Port Angeles. Actualmente estoy en proceso de formación para ser una sanadora, un sueño que tengo desde el cuarto año.

Mi padre volvió a su trabajo de auror al inicio de la cuarta semana. Usualmente el cumplía un horario de seis horas de trabajo, pero cuando surgían casos serios, el podía desaparecer uno, dos días, a veces hasta semanas. Por lo que la educación de mi hermana recaía en mis hombros. Mi pobre hermana no puede asistir a la escuela de la reserva como Alan y yo lo hicimos en su día. No es capaz de controlar su magia más que un par de horas y es por eso que mis padres inventaron la historia de que Kimana necesita educación especial. Sea lo que sea que la gente entienda de esa palabra.

Ya marcado la rutina, los días comenzaron a pasar a una velocidad vertiginosa. Y aunque todo se volvió monótono, no podía aburrirme. Trabajar, estudiar, educar a mi hermana, la noche con mi novio. Taylor y yo saliamos a pasear por la reserva para relajarnos, pero no nos relacionábamos con nadie que fuese No-maj. Con la clara salvedad de mi Madrina y su hijo, pues son parte de mi familia. Visitamos a varios vecinos magos pero su compañía nos resultaba muy aburrida, los ancianos solo querían hablar de sus tiempos y las cosas que los jóvenes deberíamos de hacer. Preferimos nuestra propia compañía y como buena enamorada, yo acepte muy gustosa.

Yo me sentía orgullosa de mi misma. Creía que había superado sin problemas la muerte de mi madre. Me sentía fuerte y decidida. Sentía que estaba sacando adelante a mi familia. Creía. Pronto comprendí que la tristeza que sentía comenzó a convertirse en ira. No puedo mirar sus retratos.

La primera pista fue cuando entré al despacho de papá para contarle que Kimana se había resfriado. Le explicaba que necesitaba unos cuantos ingredientes para preparar las pociones curativas necesarias; estaba por pedirle el dinero para comprarlos. Fue entonces que note el gran cuadro colgado detrás de su escritorio.

El cuadro debía de medir cerca de un metro y medio de alto por un metro de ancho. Estaba perfectamente encuadrado con un marco de dorado exquisito. En la pintura se encontraba bailando ella. Mi madre me miraba desde lo alto con ojos cariñosos pero triste. Creí que era una fotografía hasta que abrió la boca.

-Mi pobre niña, esta enferma. Se mejorará, ¿Verdad? Si la cuidas, va a mejorarse.

La mire con la boca abierta por largo rato hasta que oí a papá toser.

-Contrate a un pintor mágico para tu madre. En su ultimo cumpleaños le regale el cuadro. -al ver que no salía de mi sorpresa me explico- Ella le ha estado enseñando a su cuadro, en los últimos tiempos.

-Ale – me llamó el cuadro por el apodo cariñoso con la que mi madre me llamaba. Mi verdadera madre. La sangre fue directo a mi cabeza y sentí mi rostro enrojecerse de la rabia.

- ¡No me llames así! -escupí directo al cuadro y desaparecí del despacho.

Luego de esa vez, ya no podía ver las fotografías de ella. Todas esas imágenes parecían una burla al recuerdo que ella dejo. Me sentía ofendida, especialmente ofendida que mi padre hablará con el cuadro como si estuviera viva. Y mi furia fue más incontrolable cuando descubrí que mi padre alentaba a Kima a visitar al cuadro.

-Es un consuelo para ella- argumento.

-¡Es enfermizo! -le vocifere. El había encantado mi cuarto para que nadie nos oiga gritarnos. - ¡No dejas que supere el duelo! ¡¿No pensaste en el daño que le hace a Kima?!

-La esta ayudando…

-Es una burla, es …

-No te atrevas -me advirtió elevando la voz.

-¡… una abominación!

-¡Se terminó! No quiero oir hablar ni una palabra más del asunto. El cuadro esta para quedarse.

-Pero papá…

-¡Pero nada! No vas a impedir que tu hermana vea el cuadro. Ya lo he colgado con pegamento mágico y he puesto encantamientos de protección. No intentes dañar el cuadro. Ni siquiera vayas a pensarlo.

-¡Deja de usar la legeremancia en mi! -exclame horrorizada al entender que había visto mi plan. Trate de cerrar mi mente con la oclumancia, pero histérica como estaba me resultaba imposible.

-No lo haría si tan solo hablarás.- Parpadee dos veces antes de poder responder

-¿Hablar? Pero si no me he quedado muda.

-No es a lo que me refiero.

-Pues ¿Sabes que? No necesito hablar ¿Para que? Sigue usando la legeremancia, ¡Por favor! ¡Ahorrame la saliva!

Y así seguimos intercambiando gritos histéricos, ninguno estuvo dispuesto a ceder ante el otro. En respuesta, mi padre me dejo sola en mi cuarto gritando. Y desde entonces no puedo ver las imágenes de ella. Todos los cuadros que tenía a mi alcance los volteaba o los tumbaba. No quería verla. ¿Para qué? Las imágenes eran un recordatorio de su ausencia, que no volvería.

-Eida -me dijo mi hermana interrumpiendo mi explicación sobre ecuaciones

- ¿Sí, Kima?

-¿Porque odias el retrato de mamá?

-No lo odio – respondí y trate de retomar la lección– Mira, la letra "x" es una variable y…

-Entonces ¿por que tiras las fotos de mamá? -La mire a los ojos, ahora de color gris. - ¿Ya no quieres a mamá?

-Yo la amo, eso no lo dudes. Nunca lo dudes.

-Entonces deja de esconder sus fotos.

No fui capaz de decirle nada, solo asentí y bese su coronilla – Te lo prometo.

Y cumplí la promesa. Pero no prometí que vería su imagen. Simplemente camino ignorando los cuadros. Evadiendo las menciones de ella. Intentando hacer como si el funeral nunca paso. Tomando el lugar de Mamá dentro de la familia.