Advertencia: A excepción de un par de personajes, ninguno me pertenece. Ambos mundos de fantasía, fusionados, pertenecen a las autoras de Harry potter y Crepúsculo. Yo solo me invento un fanfiction ambientado en el mundo de Harry Potter pero la interacción principal esta con los personajes de Crepúsculo. Esta historia sucede de manera paralela a la historia de Bella Swan y es otra perspectiva.

Capítulo IV

Algo no anda bien

POV Aleida

Y entonces tache Octubre del calendario. La fiesta de Halloween lo festejamos como todos los años anteriores, pero podía notar que ni mi padre ni yo teníamos el corazón en ello. Más bien lo hacíamos para cumplir con Kimana, para que mi dulce hermana sintiera que aun puede vivir sin ella, que esta bien llorarla pero que debe seguir.

-Me pregunto… si no la estamos presionando demasiado -hable para mi misma aunque mi novio y mi padre estaban contemplando el fuego en silencio justo a mi lado.

-Solo el tiempo dirá. -No se quien respondió eso.

Noté que el tiempo se escurría de mis dedos como el agua al ver que Noviembre ya estaba pasando de largo y amenazaba con dar su lugar a diciembre. En el hospital me pidieron que preparase una simple poción para curar una viruela mágica y termine creando un potaje que derritió el caldero.

¿Dónde tienes la cabeza?

Tropecé varias veces con las personas al caminar, incluso olvide que debía mirar a ambos lados antes de cruzar una calle transitada de la ciudad y casi fui arrollada.

¿A dónde iba yo?

Cuando estoy en el hospital, solo pienso en mi hermana. Cuando estoy con mi hermana solo puedo pensar en estudiar sobre ese cuadro que tenia el paciente de la habitación 5003. Y cuando estoy estudiando ese caso, estoy pensando en lo precioso que se ve la reserva cuando las nubes permiten filtrar unos pocos rayos de sol.

¿En qué estoy pensando?

-La joven ama debe tener cuidado. La joven ama casi pisa a Jinx. ¡Pobre la joven ama, esta tan distraída! -murmuraba la vieja elfina siempre que yo estaba cerca.

La tarde que el sol ilumino la reserva me pareció tan preciosa que no quise desperdiciar mi tiempo en casa, pero estaba sin Taylor. De igual manera decidí a pasear sin rumbo a la reserva.

¿Y dónde voy ahora?

Pensé en todos los posibles lugares que podía visitar ahora, lugares que no he ido desde niña. ¿Qué tal si visito un momento a Cloe? No la veo desde que tengo los… ¿doce años? Creo que la vi ese verano. No, hace tiempo que no hablamos, ¿de qué iba a querer hablar conmigo? Podría intentar visitar a Eliza, a ella la vi cuando tenia diesiseis y creo que nos llevábamos bien en esas vacaciones de pascuas, ¿o no? ¿Qué voy a decirle al verle? ¿Qué le gusta hacer ahora? He estado tan desconectada de los cotilleos No-maj que no sabría de que hablarle. Cómo Embry dice, parece que vivo en una botella.

Me pare en un cruce de camino y observe ansiosa a todos lados: Al frente, la derecha, la izquierda y atrás. No quería volver a casa, el atrás lo descartee. La derecha y la izquierda me llevarían a las zonas más urbanizadas, pero no sabía a quien iba a ver o visitar. Descartados. Entonces solo quedó el frente, que me llevaría a la playa. Quizás hace demasiado frio para nadar, pero apreciar el horizonte con este precioso sol podría ayudar a despejar la bruma de mi mente.

La playa no estaba tan vacía como crei que lo estaría, había un par de nadadores disfrutando de las heladas aguas. Y esa sola imagen me hacía temblar de frio aunque yo estuviera bien abrigada. Las grises aguas barrían la arena a pocos metros de mi pies y borraban todas las huellas.

¿Qué hago ahora?

Ya estaba ahí y no tenía nada para hacer y el sol comenzaba a desaparecer. Me sente en a rascar la arena sin pensar en nada en concreto, hasta que fue la hora en que debía de buscar a Kima para irnos a casa.

El objetivo de animar a Kimana lo logramos en diciembre cuando sacamos los adornos de navidad y nos dedicamos a decorar. Al principio ella me pedía que hiciera magía con las esferas. Las encante para que saltaran alrededor de los bastoncillos, los cuales los puse a bailar. Hice que las alas de los angelitos aletearan cada vez que ella los soplara. Y cuándo ella no podía dejar de reír, me pidió que los transformara. Así que las bolas comenzaron a convertirse en pequeños conejitos y prácticamente dí vida a las tórtolas que mamá tanto adoraba.

Sinceramente es la primera vez en mi vida que usaba la magia para decorar. El anterior año, la pase con la familia de Taylor y su madre se encargo de toda la decoración, mientras que a mí me mando a cocinar. Al parecer, ella quería probar mis habilidades culinarias mágicas.

-¡Este! ¡Este! -chillo mi hermana mostrándome las figuras de santa - ¿En qué animalito lo puedes convertir?

-¡Ah! Dejame pensar. ¿Que podría ser? -acaricie mi varita pensando en que sería muy divertido tener un cochinillo. A mi lado oí a Alan suspirando con envidia. A él todavía le faltan tres años más para alcanzar la mayoría de edad y así poder usar su magia sin limitaciones. -Ya lo tengo, mira esto -agite mi varita y pronuncie las palabras mágicas.

-¡Woaaah! - exclamó sorprendida viendo como los santas comenzaban a transmutarse en ranas. -¡Santas ranas!

-¡Aleida! -grito mi padre al otro lado del salón. -¿Harías el favor de transformar todo… esto en adornos de navidad? Tiffany y Embry vendrán pronto.

-Solo un momento más, Papi, por favor -Mi hermanita junto sus manos y abrio grande sus ojitos.

-Ya he dicho. Termina la magia ahora.

- ¡Pero papá!

-¿Quieres quedarte sin postre después de la cena? -mi padre enarco su ceja "autoritaria", una señal de que es mejor no protestar más.

-No – dijo cabizbaja.

-Tranquila, Kimi. Mañana te enseñare como bailan las patatas. -La consolé mientras agitaba mi varita y trataba de recordar la forma de cada uno de los adornos, una tarea que me costo más concentración de lo que preví.

-Apurate, Eida. Ya están llegando.

-Ya voy, ya voy. Finite incatatem- detuve así todos los encantamientos y procure una vez más en retornar los adornos a su forma original. Papá tenía razón al parar los juegos hace media hora, me costo demasiado esfuerzo y termine justo antes que el timbre sonará. Jinx huyo de la cocina para ocultarse y tuve que ir a tomar su lugar, a fingir que yo estaba cocinando. Mientras, fue Alan quien abrió la puerta.

Embry trato de entablar conversaciones con mi novio, pero pronto quedo claro que no eran nada compatibles. Todo lo que apasiona a Taylor son asuntos mágicos que no puede compartir con Embry. Y Embry es un apasionado de la mecánica, las motos y del rugby; Taylor no entendía nada de lo que decía y hacía gestos de asombros en los momentos inadecuados.

En un momento de la tarde, mi madrina nos encargo a Embry y a mi a hacer unas guirnaldas con palomitas y fui rápidamente relevada de la cocina. Quiero creer que mi tía prefiere cocinar por si misma, y no es que desconfié de mis habilidades culinarias. Aproveche la oportunidad para salvar a Taylor de la incomodidad y me lleve a Embry al comedor, donde nos dedicamos a tejer con las palomitas. O bueno, yo lo intente, el se las comía.

-Tu novio es raro. ¿Segura que no tiene algo mal en la … ? -Embry hizo un gesto con el dedo a un lado de la cabeza. Yo solo me encogí de hombros.

-Es tímido.- preferí llevar la conversación a un terreno más seguro, así que hice las preguntas más casuales que podía en el momento- ¿Y tú? ¿A que se debe que estás aquí y no con Jacob y Quil?

-Bah, Quil fue de compras de navidad con sus padres. Y Jacob esta detrás de Bella Swan.

-Uh, ¿Quién es ella? -Sonreí un poco más interesada por cotillear. Lo malo de no tener más relación con los no – maj es que no me entero siquiera de los rumores en un pueblo con apenas 400 habitantes.

-La hija del Jefe de policía. El año pasado se mudo a Forks.

-Ah, cierto, olvide que tenía una hija. ¿Y a Jacob le gusta?

-¿Gustarle? -se carcajeo – ¡Está loco por ella!

Me reí con el – Bueno, ya sé porque no estas con Jacob y Quil. ¿y tu novia? - Me arrepentí de hacerle la pregunta al ver la cara de bobo que puso al pensar en ella.

-Karin fue a visitar a su abuela por navidades. Volverá en año nuevo.

-Oh, pobre, pasaras la navidad sin ella. -procure imprimir un tono de pena autentica en mi voz. Estoy segura de que falle- ¿Cuánto llevan juntos?

-Oficialmente, ocho meses.

-Eso es bastante. ¿Pero no salían juntos hace tiempo atrás? -mire mis palomitas, como si fuera difícil atravesarlos con la aguja.

-Bueno, salir de salir citas. Sí, hace ya bastante tiempo. -asintió con la cabeza varias veces y miro la mesa con algo de pena antes de admitir lo siguiente -Pero yo no me atrevía a pedírselo. Me tarde mucho.

-Ya lo creo. - Lo mire y note la sonrisa soñadora que tenía, seguro recordando esos momentos con ella. Comencé a reírme.

-¿Qué es gracioso? -me miró confundido.

-La sonrisa de bobo que tienes. En serio estás tan enamorado de ella – un rubor furioso cubrió sus mejillas

-Ah, si.. er,- comenzó a rascarse detrás de la oreja, como siempre que lo hace cuando está en un aprieto - no por nada es mi novia. ¿Verdad?

-¿Es buena? -le pregunte -¿Te entiende? - lo mire ansiosa.

-Muy buena, es la más gentil y atenta de toda la reserva – aseguró con convicción y yo le respondí con una sonrisa. Por dentro me sentí un poco afligida, alguna vez yo me sentí atraída por Embry, pero he de confesar que perdí ante aquella chica. Y aceptar que tampoco le di ninguna batalla. Así que, me limite a alegrarme por Embry en lugar de aborrecer a la chica. Si él dice que ella es buena, entonces es buena y esta bien para mí.

-Entonces, ¿Cómo dices que conociste a Taylor? - Me consulto desesperado por alejar el foco de si mismo.

-Ah, fuimos compañeros de escuela.

-¿De ese internado? - asentí en respuesta. El asintió a la vez conmigo y decidió coser algunas palomitas.-¿Volverás a la universidad después de año nuevo?

-Nunca lo he dejado.

-¿Pero no que estudiabas en una universidad de Nueva York?

-Si… ah, pero pedí trasladarme a Port Angeles. Ahora estudió ahí, para estar cerca de Kima, me necesita. -improvise la respuesta.

-No sabía que había una universidad de medicina allí. -se quedo viendo las palomitas.

Yo tampoco. -pensé.

-¿Hace cuanto que están juntos?

-En marzo serán dos años.

-¿Tanto, ya? Vaya, ustedes ya lo llevan serio.

Asentí. -Al principio del año nos fuimos a vivir juntos a Nueva York. -me acerque a el para susurrarle – Solo entre nos. -El se acercó intrigado - Estoy esperando a que le salgan las pelotas y me lo proponga de una buena vez. -Me reí yo sola. Embry me miro sorprendido.

-¿Tan rápido ya quieres casarte? -yo enarque ambas cejas-Que no te oiga o va a huir de tí.

-¿Por que no iba a querer casarme? Es mi novio, lo amo, llevamos bastante tiempo juntos. Y además nos conocemos bien. No veo porque no hacerlo.

-No digo que no lo hagan. Solo digo que no tienes ni veinte años. -el encogió sus hombros tratando de parecer despreocupado del tema.

-Soy mayorcita Embry. Se lo que hago. -Le guiñe el ojo – Anda, deja de comer las palomitas o mi tía va a regañarnos por tardar con las guirnaldas.

Entre bromas y bromas, Embry y yo hicimos algunas apuestas tontorronas. Así nos la pasamos una hora hasta que vino su madre a pedirme que vaya al mercado a comprar pescado fresco. Embry prefirió ir a oler olorosos pescados a quedarse en casa con mi novio.

Para salir, yo escogí ponerme un gran abrigo, pues afuera había estado nevando. Mientras me colocaba los guantes ví que Embry me esperaba en el vestíbulo sin más abrigo que un suéter ligero y pantalones largos.

-¿Estás loco? Vas a enfermarte así. Hace demasiado frió.

-Los resfriados no se pescan por el frió. ¿Lo sabías? - me pregunto con aire de autosuficiencia.

-Claro, soy yo la que estudia medicina. Pero igual pienso salir abrigada.

-No hace tanto frío, estaré bien. - Discutí con el hasta que lo convencí de ponerse un abrigo más grande – Te pareces a mi madre -se quejo al salir.

-Tu madre ya te habría dado una colleja. No te quejes.

POV Embry

Acompañe a Eida hasta el mercado; o más bien, llegue huyendo de ella. Pues estaba tan abrigada que parecía una pelota de trapos y me pareció muy gracioso insinuar que había engordado. No le hizo nada de gracia y comenzó a atacarme con bolas de nieve y yo huí de ella por mi vida.

-Cuando… cuando te ag… atrape … te mato -ella se doblo sobre si misma tratando de recuperar el aliento.

-¿Sí? ¿Cómo quieres hacerlo si ni correr puedes? Vamos, gordita, estas fuera de forma.

-Te mato, Call. Juro que te mato. -llevo el puño hasta mi brazo, tan despacio que apenas si la sentí.

-Si comieras menos rollitos de canela, podrías sacarme un moretón -me rei e hice ruidos de cerdito para fastidiarla aun más. De improvisto ella tomo un pescado que estaba en exhibición y me lo tiro a la cara. Fue una fortuna que no me partiera la nariz.

El vendedor se acerco furioso al ver que jugábamos con la mercancia y yo descargue toda la culpa en ella. Que se haga cargo ella, ahora que es la adulta entre los dos. La ví examinando cada pescado de la tienda tratando de diferenciar los congelados de los frescos, ¡Ni que fuera una ciencia exacta! Mientras yo pensaba en lo inconcebible que resultaba la idea de que se casará. Bueno, no esta comprometida aun. Pero ella así lo quiere. No, en serio no podía imaginarla como una señora casada. Todavía me acuerdo de cuando jugábamos con Jake y Quill a las escondidas. Eso no fue hace demasiado tiempo. Hace cinco años, quizás.

Pagamos al vendedor y nos retiramos de la tienda hablando de cosas sin sentido. Yo todavía la percibía como aquella niña que ha sido mi mejor amiga de toda la vida. Nuestra animada conversación fue apagándose cuando notamos que al frente había un coche patrulla y tres policías que subían a dos sujetos al coche.

-¿ Y eso? -me preguntó Eida.

-No tengo idea. ¿Nos acercamos a curiosear? -ella asintió y continuamos caminando como si nada. Pronto me arrepentí de haber sugerido esa idea, cuando descubrí al trío maravilla observando el espectáculo desde la sombra de los árboles.

-Olvidalo, Eida. Vayámonos a otro lado -la tome de la mano y quise llevarla arrastras. Pero fue tarde.

-Ese de ahí me tiene cara conocida. -murmuro ella - ¿Quiénes son?

-Es Sam – masculle sin ganas

-¿Uley? ¿En serio? Vaya, ni siquiera lo reconocí – y ella lo observo sin demasiado disimulo. En verdad, ¿Porque Sam tiene que andar tan solo en pantalones cortos? Me enrojecí molesto por lo descarada que es la mirada de mi prima.

-Eh, que tienes Novio. ¿Recuerdas? -Pase mi mano frente a su cara y ella me aparto con un manotazo.

-¿Que insinuás? -Enarco su perfilada ceja-No soy una pervertida, aish. El era un amigo de la escuela. ¿Te acuerdas tú? - Miró una vez más al trío y levanto la mano para gritar su saludo- ¡Eh! ¡Hola Sam! Tanto tiempo.

-Mierda, Eida. -la solté y deje que haga lo que quisiera, ya se lo explicaría luego. Ella claramente me ignoro y fue a encontrarse con ellos.

-Vaya, cuánto has crecido, Eida. Casi ni te reconozco -comenzó Sam de forma casual

-¿Yo? ¡Bah! Mirate tú. Estas gigantesco -Exagero al llevar la cabeza hacía atrás- ¿Qué tal el clima por allí arriba? ¿No crees que estas "algo" desabrigado?

-Está cálido -bromeo aunque su expresión se mantuvo serio mientras nos inspeccionaban - ¿De dónde vienen?

-Fuimos a comprar pescado. ¿Qué paso aquí? - ella hizo un gesto hacia el coche patrulla que comenzaba ya a marcharse.

-Se llevan a unos vendedores de drogas. Los atrapamos in fraganti. - anuncio el idiota de Jared, muy satisfecho de sí mismo.

-¡Vaya! ¿Lo hicieron? Son unos héroes.

Entonces me di la vuelta para no verles la cara de satisfacción. Me sentía ya muy fastidiado. – No los alabes. - Susurre entre dientes a Eida aunque lo suficientemente alto para que ellos me escuchen.

Eida me miro confundida y luego a Sam, entonces reparo en Jared y Paul.

-Perdonen, estoy tratando de ubicarlos. ¿Eramos, acaso compañeros de clase o…?

-No – dijo Jared – Somos compañeros de Embry. Soy Jared y el es Paúl.

Eida reacciono exageradamente sorprendida. - Pero ¿ustedes no eran como de este alto? -levanto la mano a una altura cercana a su cintura.

-Eramos – confirmó Jared.

-Es mejor que regresen a casa- Sam interrumpió la conversación – La nevada va a volver a caer y será más fuerte. Es peligroso.

-Bueno, -Eida asintió- de todos modos tenemos que llevar este pescado al congelador. Nos vemos Sam, saludos a Leah…

La expresión de Sam se endureció aun más, increíblemente. Yo tuve un mal presentimiento y mi más brillante idea fue pararme entre ellos.

-Am, Eida – le susurre, aunque igual ellos podían oírme. - Ya no son pareja.

-Ay, lo siento mucho – Y se veía realmente avergonzada por el poco tacto.

-Esta bien – respondió Sam con sequedad- Hace mucho tiempo que no volvías a la reserva.

-¿No dijiste que hay que irnos? El pez va a podrirse -dije tomando del brazo a Eida y ahora si la lleve arrastras sin despedirnos del grupo.

No hablamos hasta que los perdimos de vista

-¿Qué fue lo que paso?

-Sam y su secta haciéndoselas de súper héroes.

-Am, yo me refería a la relación de ambos. No al asunto policial. Pero, ¿a qué te refieres con secta?

-¡De verdad llevas demasiado tiempo fuera de la reserva! Y pareces vivir bajo una piedra. ¿ A caso no haces más vida social?

-He estado un poco ocupada, como sabrás. Anda, explicame el asunto.

-Es largo.

-Tenemos todo el camino.

-Tienes un punto. Sam y Leah terminaron a principios del año. Nadie sabe porque, pero se dice que Sam la abandono por su prima Emily.

-¿Qué dices? Sam no es de ese tipo. O al menos, antes no lo erá. -Aleida se veía muy confundida.

-Sam cambio mucho, no es quien recuerdas.

-¿Qué paso con el? -Insistió por saber.

Yo solo tome un respiro antes de empezar a contarle las cosas extrañas que han pasado con Sam.

-Primero, un buen día desaparece sin dejar rastro. El gran Sam Uley, el estudiante estrella con beca para la universidad. Simplemente no regreso y tuvo a toda la reserva buscándolo por todos lados. E incluso se movilizo a la policía de Forks. Tanto su madre como Leah estuvieron inconsolables en esas dos semanas. Hasta que así como desapareció, volvió a aparecer en su casa. No dijo nada, no dio explicaciones. Se encerró en sí mismo y se negó a hablar con nadie. Luego de un tiempo Sam se rapó la cabeza, rechazo la beca y no fue a ninguna universidad. Él comenzó a cambiar hábitos, dejo de hacer lo que hacía y escapa de su casa todo el tiempo. Hubo rumores de que quizás el estaba metido en algo turbio. Aunque el consejo de ancianos negó que el fuera a hacer algo ilegal. Tiempo después. Jared desapareció, de la misma forma que Sam. Simplemente no regreso a su casa. Pero la diferencia esta que Jared regresó a los dos días. No dio explicaciones a nadie. Antes, Jared y Sam se conocían lo suficiente para ser amigos casuales pero como sabrás, la diferencia de edad hizo que nunca hayan sido especialmente buenos amigos. Hasta ese momento. Jared se alejo de sus amigos de toda la vida y comenzó a estar con Sam. Donde sea que fuera, ahí estaba el. Desapareciendo y apareciendo donde sea, cuando sea. Y claro. Jared también se rapo.

Me recordé el cambió de mirada de Jared. Antes era tan carismático, muy hablador y un apasionado del deporte. Pero luego simplemente dejo de hablar con la gente. Dejo el equipo y se mantuvo al margen.

- Fue raro. Muy raro. Pero la cosa se torna espeluznante cuando nos enteramos que Paúl también desapareció. Volvió días después. También dejo a sus amigos. Dejó todo y se unió a Sam y Jared.

-Y se rapó -adivino ella de manera acertada.

-Ellos se denominan "protectores" de la reserva. Dicen patrullar y cuidar a la tribu.

-¿Y tu no lo crees?

-Para nada. Su comportamiento, es raro.

-Pero acaban de detener a traficantes.

-Solo son vendedores, ¿y? ¿Cómo lo descubrieron? ¿Porqué ahora? ¿Qué estaban haciendo? Es muy raro, Eida. Demasiado raro… Ellos… -Me estremecí.

-¿Ya tienes frió? -me pregunto con una sonrisa burlona, pero mi expresión borro esa sonrisa - ¿Qué?

-Creo que ellos me vigilan.-susurre, como si fuera que alguien nos estuvieran espiando, aunque estábamos solos en el camino.

-¿Porque lo dices? ¿Haces algo malo?

-No más de costumbre. -Recordé como ellos se acercaron demasiado a mí en el funeral, como me pareció que estuvieran escuchando mi charla con Karina.- No lo sé, Eida. Solamente me dan mala espina.

-¿Has hablado con Papá? ¿Con alguien?

-Con el padre de Jacob. Pero el dice que no nos preocupemos, que ellos tres hacen "un servicio a la comunidad".

-Y ustedes no lo creen -negue con la cabeza -Preguntale a Papá. Ya sabes, el es detective. Si alguien puede "oler" cosas raras, es él.

-Sí, tienes razón. Hablare con él. ¿Crees que me escuche?

-¿Alguna vez te ignoro?

-Tienes punto.

-Van dos; tú, cero. -se burlo de mí.

-Verás que al final del día te remonto. -Sonreí

-¿Apuestas?

-Cinco dolares.

-Hecho. - nos dimos un apretón de manos.

Mi prima tenía razón. ¿Cómo no me di cuenta que Bill no iba a notar lo raro que es el compartimiento de Sam y sus seguidores? Es parte del consejo de ancianos y ese consejo ha puesto a Sam en un pedestal. Por eso, decidí esperar el final de la cena y espere paciente a que la conversación de mi padrino y mi madre tuviera una pausa.

-Tío. -dije apenas pude reunir valor. - ¿Puedo hablar contigo?

Todas las miradas se fueron sobre mí y el bochorno comenzo a causar que se me acobarde.

-Claro. ¿Quieres hablar en mi despacho? -me lo preguntó, pero no espero a que yo dijera sí o no. Se limpio la boca con una servilleta, se disculpo y se levantó, siempre como un ejemplo de buenos modales. Yo me limite a seguirlo en silencio y arrastrando mis pies por la alfombra.

Ayrton Carrow es un hombre poco comprendido. El nació en Irlanda y hace veinte años, llegó a la reserva como un mochilero. Se enamoró, tanto de mi tía Mary como de la sencillez de la vida tribal. A el no le gusta hablar de su anterior vida, siempre huye de las preguntas. Todo lo que sé sobre él, es lo que mi mamá me hablo cuando erá un niño.

Tú padrino es hijo de una familia británica adinerada. Solo un millonario excéntrico construye una mansión en medio de la nada y lejos de sus tierras. Parece que se cansó de la alcurnia y por eso se embarco en un viaje hasta el rincón más perdido que podía encontrar en todo Estados Unidos

No es de extrañar que los lugareños dudaran mucho de el y que lo considerarán como alguien de poco fiar. Pero para mí, es la mejor persona de toda la reserva, lo más cercano a una figura paterna que tengo. Siempre ha sido paciente conmigo, fue quien me enseño a pescar y solía llevarnos a Alan y a mí a acampar los fines de semana. Nos trato como a dos hermanos y nos mostró toda clase de plantas en el bosque y a como orientarnos en un mar de árboles. Quizás no debí dejar a mí tío como ultimo recurso, debí hablar con el hace meses.

El abrió la puerta y me hizo una seña para que pasará primero. Observe intrigado el gran despacho de color marfil y el suelo tapizado con una impecable alfombra verde esmeralda. A mi derecha había un gran mapa de Estados Unidos marcado con unos banderines, y salpicado por muchos post-it garabateados. En la pared izquierda estaba colgado un tablero con recortes de periódicos. Y frente a mí estaba un enorme escritorio de caoba con tallados muy elaborados. Note los montones de rollos de papel que estaban dispersos sobre el escritorio, y al final me distraje con el enorme retrato de mi madrina colgado en la pared detrás del escritorio. Era tan gigantesco que parecía de tamaño natural.

-¿Te gusta? -preguntó mi tío, viendo el cuadro- La mande pintar como regalo para mi esposa, mucho antes de que su enfermedad… la superará.

Juntos observamos las pinceladas precisas con las cuales el artísta plasmo la imagen de mi madrina. Ella nos observaba apacible de pie junto a un roble con hojas otoñales. Sus labios carnosos de color cereza tenía esa dulce sonrisa que ella me dedicaba cuando niño cada vez que quería consolarme. El realismo del cuadro hacía que pareciera una pintura digna de un museo de arte.

-Se ve tan real -comente, sentí el recorrido de un estremecimiento por la columna dorsal mientras observaba la imagen. Note que los ojos rasgados de mí tía me observaban – Casi parece una foto tomada ayer.

-El mejor artista del país. -coincidió mi tío, entonces palmeo mi hombro y me indico que ocupara uno de los dos asientos frente a su escritorio. Él rodeo su escritorio y se quedó de pie bajo la pintura de su fallecida esposa – Ahora sí. Cuéntame ¿qué quieres preguntarme?

-Tío… esto… Creo que hay un problema… en la reserva -no quise decir que yo tenía un problema, porque realmente no lo tenía y no quería explicar mis presentimientos.

-¿Qué problema? -el enderezó su postura para encararme. Ahora abandonaba el tono cálido de su voz y adopto el aire del detective trabajando.

-¿Conoces a Sam Uley?

-¿Él tiene un problema o él es el problema? - Sonreí emocionado al sentir un poco de comprensión.

-Él es.-procedí a explicarle lo que había contado a Eida horas antes, en especial lo sucedido en el funeral. No ahorre en detalles, le conté todo con pelos y señales.

Mi padrino me escuchó con educada paciencia, asentía un par de ocasiones y con gestos me animó a continuar hablando. Su ceño se frunció para cuando termine de hablar.

-¿Te han dicho algo directamente? -negué con un meneo de la cabeza - ¿Te encararon? -volví a negar - ¿Hallaste algo extraño muy cerca de tí? ¿Algo más fuera de lugar? -negué a todas sus preguntas. -¿No crees que lo estas sobre pensando demasiado?

-Pe.. pero ¡Tío! Desaparecieron como si nada, y al volver ¡cambiaron radicalmente! Nada es normal en ellos.

-Son adolescentes, los adolescentes suelen hacer cosas así. -argumento, y yo lo mire con miedo.

-¿También vas a creer que son "protectores de la reserva"? -él se encogió de hombros.

-Son niños jugando a héroes -reconoció – Y sí, los cambios bruscos pueden ser algo extraños. Pero no es nada de que preocuparse, en todo caso, son los padres de aquellos chicos quienes deben de preocuparse.

-Sam ya no es un niño.

-Es un adulto, sí. -Meneo la cabeza- No se que esperas oír de mi, Embry. Pero puedo darte consejos. Si quieres.

-Quiero -dije apremiante.

-Mi consejo es este -se sentó al fin y apoyo los codos en su escritorio.-No hagas nada que te ordenen a menos que lo consideres justo, correcto y estés de acuerdo con ello. No dejes que te hostiguen. Sí vuelven a hacerte sentir incomodo, o intentan sobrepasarte o sospechas algo o si simplemente entrás en pánico: Ven a buscarme. No importa el qué. Busca mí ayuda.

-¿Eso es todo?-el no respondió y yo me moleste- ¿Ese es el gran consejo? Tío, no me dices nada que no sepa.

-A veces, lo más obvio no es tan sabido.

-Pero no ayuda al problema que t… que es para la reserva.

-Dijiste que el consejo de ancianos ya declaró que Sam no hace nada malo. Bueno, no puedo hacer nada contra eso. Ellos son la autoridad dentro de la tribu y yo un civil extranjero que trabaja como investigador privado. Estoy atado de manos.

-Así que no harás nada hasta que pase algo grave, ¿verdad? ¿Hace falta una tragedia para que la gente reaccione?

-No podemos juzgar a nadie por un crimen que no se cometió. Tristemente, hijo, así funciona la vida adulta.

-Vaya mierda de vida.-me queje y espere a que el me reprendiera por la guasearía, pero el volvió a asentir.

-Estoy de acuerdo.