Advertencia: A excepción de un par de personajes, ninguno me pertenece. Ambos mundos de fantasía, fusionados, pertenecen a las autoras de Harry potter y Crepúsculo. Yo solo me invento un fanfiction ambientado en el mundo de Harry Potter pero la interacción principal esta con los personajes de Crepúsculo. Esta historia sucede de manera paralela a la historia de Bella Swan y es otra perspectiva.

Capítulo V

La brecha

POV Embry

La mañana de navidad me desperté emocionado. Grite de alegría y cubrí la distancia que había entre mi cuarto y la sala con cuatro largos pasos, unos pobres diez metros. Corrí hasta el árbol para recoger mi regalo y se lo lleve hasta el cuarto de mi madre. Ella aún seguía durmiendo pero yo no mostré ninguna piedad por sus sueños. La agite por los hombros para que se despertará y hacer que abriera mi regalo.

-¡Arriba mamá!

-Dejame tranquila -protesto ella, pero estiro las manos para tomar el paquete. No importa cuantos años tenga, yo siempre seré un niño en navidad.

Volví al árbol para abrir el resto de los regalos. Mi madre me obsequio un nuevo par de tenis, había crecido tanto que mis calzados me apretaban mucho. Así que no me queje. El siguiente regalo era de Alan, un nuevo balón de rugby. Eida debió ponerse de acuerdo con el porque me envió como regalo la camiseta de mi equipo preferido con una nota sarcástica que decía "Para que te sientas profesional". Kimi me escribió una poesía, que es su equivalente a "lo siento, me gaste la mesada en caramelos y no tengo que regalarte". Y el último regalo era un de parte de Jacob y Quil. Pesa tanto que he estado sospechando que quizás sea una roca, pero para mi sorpresa resultó ser el repuesto que necesitaba para el motor del auto que quería reparar.

-¡Bien! Mil quinientos dolares más y tendré un coche decente para cuando pueda obtener la licencia.

Mi madre llego bostezando al árbol para abrir sus regalos, y definitivamente su regalo preferido fue el de mi padrino. Un nuevo horno eléctrico, que tanto ella había soñado desde que el viejo aparato se descompuso. Desayunamos alegremente en la pequeña cocina hasta que mamá pareció acordarse de algo.

-Vamos Embry, no lo olvidemos.

-¿De qué? -vi como buscaba algo en un cajón.

-El marco de la puerta -me dijó – Hay que marcar tu altura, ¡estoy segura de que creciste cerca de dos metros en este año!

-No exageres, no habré crecido más de diez centímetros. -puse los ojos en blanco, pero la complací parándome firme junto al marco en donde ella ha estado marcando, con una navaja, el progreso de mi altura desde que soy capaz de ponerme de pie.

Graciosamente ella se paro de puntillas y estiro sus brazos todo lo que le era posible para poner la palma de su mano en mi cabeza y así señalar el lugar donde debía marcar. Cuando lo tuvo, me aparte para ver la diferencia. Grande fue mi sorpresa al ver que había crecido más de dos palmos y medio.

-Esto hace un total de… un metro con ochenta – mi madre me miro orgullosa. -¡Realmente eres un gigante!

Más tarde salí de casa para visitar a mis amigos. Fuí hasta la casa de Quil y le dí las gracias. Allí estaba también su abuelo y le salude con un apretón de manos antes de desearle feliz navidad. Antes de irme, la madre de Quil trató de ponerme un enorme sueter.

-Abrigate, cariño. ¿No ves que está nevando?

-No lo había notado -trate de ocultar mi sarcasmo y acepte sin rechistar la ropa.

Fui caminando en dirección de la casa de Jacob, no habré recorrido más que unas cuantas cuadras y ya sentía que el abrigo de lana comenzaba a sofocarme, sin embargo no me lo quite hasta estar fuera de la vista de la señora Ateara. En casa de Jake me quede para ver la transmisión de unos partidos de basquetball y conversamos sobre mecánica.

Más tarde fui a la casa de mi padrino para almorzar. No fue nada extraordinario. Para la tarde, Aleida y Taylor se sentaron junto al fuego y estaban muy acaramelados con sus abrazos y besos. Para no vomitar sobre la limpia alfombra de mi tío, preferí ir con Alan a su cuarto y jugar a los videojuegos. Pronto Kima se unió a nosotros y formo equipo con su hermano para derrotarme en los juegos de carrera.

La navidad fue perfectamente alegre salvo por la ausencia de dos importantes personas para mi: Mi madrina y mi novia. La casa de los Carrow no estaba precisamente rebosante de alegría, pero no faltaron las risas. Todos sentimos la ausencia de los villancicos que mi madrina solía cantar, o el aroma de las galletitas de coco que preparaba para la tarde.

Me sentía muy molesto por ver a Aleida y su novio besuquearse en el sofá, porque me hacía acordar de mi Novia, quien no podía ni siquiera llamar para desearle una muy feliz navidad.

Así puedo describir mis días posteriores a la navidad: Molestia y frustración. La mañana siguiente me desperté de mal humor, no tenía ganas de hablar con nadie y por suerte mi madre me dejo solo en casa. Fui a casa de Jacob y con el me refugie el resto del día hablando de los arreglos que podría hacer a nuestros coches y los repuestos que esperamos cazar en la chatarrera. A pesar de que disfruto estar con mi amigo, yo pase otro día más aburrido y molesto.

La mañana siguiente salí a la calle a patear la nieve y escuche a la anciana de la Sra. Phillips gritandome por no-se-que-cosa-de-sus-gatos. Me dirigí a la playa para ver lo triste y vació que estaba y así no sentir que era el único con una patética vida aburrida. Las olas del mar barrieron la nieve de la playa y de alguna manera el ruido me sirvió para calmar los nervios que sentía. Me fui a casa para comer los restos de los restos de la cena de navidad y me acoste en mi cama para mirar el techo. Y luego trate de desahogarme con una de las revistas de Playboy que mis amigos y yo habíamos conseguido de "contrabando". Nada. Simplemente no soportaba. La navidad se fue y se llevo toda su magia y la alegría. Me quede vació y con un hueco.

-Embry, mi hijo. -me susurro mi madre durante el deseayuno- ¿Qué sucede?

-Nada -gruñi.

-No parece que sea nada. Cuéntame, mi chico. Por favor. Puedo ayudarte. Solo dime…

-¡Mamá! -casi vocifere – dejame desayunar tranquilo. Por favor. No me pasa nada, ¡solo quiero estar tranquilo!

Mi madre me miro apenada pero decidió no insistir. No me permití sentirme avergonzado por gritarle a mamá, yo me sentía molesto por tantas preguntas que no podía responder.

-¿Porqué estás tan molesto? -me preguntó mi tío esa misma noche.- Tu madre esta algo preocupada.

-¡Qué no me pasa nada! Caray. ¿Porqué de pronto a todos le interesa mi vida?

-Nos preocupamos porque te queremos.

-Aja, claro. Cuéntame algo más -respondí tan grosero como nunca lo había sido con mi tío y no comprendo como es que no me castigo en ese momento.

-Solo tienes que decir que sientes -su expresión se mantuvo firme en todo momento, parecía una rara mezcla de paciencia con algo más que torcía su labio hacía abajo, ¿era acaso desagrado?

-No se. -el siguio esperando - ¿Qué quieres que te diga? No hay porqué. Solo siento que todo me molesta. Parece como si… como si alguien estuviera tocándome las pelotas y no puedo ver quien es. ¿Tiene sentido?

Mi tio bajo rápido la vista para verme de pies a cabezas. ¿Me habrá tomado la frase tan literal? Luego me miro fijamente a los ojos y yo le sostuve la mirada.

-¿Y qué quieres hacer? ¿Mandarlo todo a la mierda e irte descargando la rabia con un grito?

-Pues sí, sí, me encantaría.

-Algo así hice cuando era apenas dos años mayor que tú ahora. No me quejo de mis resultados -comentó mirando el cuadro de su esposa detrás de el. -Pero por ahora te recomiendo que no te salgas de la reserva. Ve al bosque a maldecir todas las veces que quieras y luego vuelve a casa.

Ese fue el consejo más raro que recibí de él. Cuando salí del despacho de mi tio me percate que tanto Aleida como Taylor estaban gritándose en las escaleras. ¡No sabía que esa habitación estuviera insonorizada!

-¡¿Y se puede saber que esperas que haga?! ¿Qué te lea el pensamiento o qué?

-¡Pues no es tan mala idea! A lo mejor así aprendes a notar las directas que te digo …-Ella llevaba su cabello recogido en un moño desordenado y me permitía una lujosa vista de sus venas marcandose en su cuello.

-¡Qué directas ni que indirectas! Tú lo que haces es hablar con acertijos. -Entonces el pareció notarme y escondió algo en su bolsillo.

-Si prestaras un poquito de atención cuando te hablo, pero ¡NO! TU CEREBRO MINÚSCULO NO PUEDE PRESTAR ATENCIÓN A NADA QUE NO SEA UN MALDITO HIPOGR…

-¡AAAAAH TU GANAS! -gritó asustado y sacudiendo sus brazos de forma ridícula sobre su cabeza-¡Tienes razón! ¡Soy idiota, perdoname! -y se puso de rodillas ante ella. Vi a Aleida enderezarse y ladeo su cabeza como siempre hace cuando se confunde.

-¿Qué? - Taylor no dijo nada, solo la miro a ella, luego me vio a mi y volvio la vista a ella. Así un par de veces hasta que Aleida pareció entender algo, ella se volteo y ahora descubrió que existo.

-Ah… eh, Embry… Perdoná, ¿hace cuanto que estas … ?- su rostro logro palidecer más de lo normal y creo que pude ver las venas azules en sus mejillas.

-Acabo de salir del despacho de tu padre… ¿Esta todo bien? - Y la respuesta obvia era que no, pero ambos se apuraron a decir que todo estaba de maravilla.-De acuerdo… si ustedes dicen… Yo me voy ya.

Por una razón que tampoco entiendo me sentía muy incomodo. Baje las escaleras en dos en dos hasta que me encontré cara a cara con Taylor. El tipo es tan delgado que parece una especie de esqueleto con un disfraz de piel, ¿Qué podía Aleida encontrar de atractivo en el ? Y, ¿Cómo es que el se atrevía a gritarle a ella? Le fruncí el ceño con bastante furia, la suficiente como para que el se estremezca y se haga a un lado de mi camino. Yo no le dí más importancia y deje la casa.

Mi mal humor comenzó a evaporarse el día que Karina regresaría. ¡Qué emoción! No podía ver la hora para ir y tomarla de esa pequeña cintura de avispa que tiene y morder sus labios. Cuando desperté no encontré a mamá, ella fue temprano al trabajo. Desayune varias tostadas y fui a caminar por toda la reserva en busca de mis amigos y pasar un rato el tiempo.

En el camino a casa de mi novia pude ver a una anciana caminando, arrastraba un gran carrito cargado de ramas secas y chucherías. Ella caminaba lento para sortear cada charco que hubiera en su camino, de modo que no tarde en alcanzarla. Por la gran joroba de espalda pude reconocer que es la vieja de Kendra.

-Buenos días Señora. -me posicione a su lado. La anciana se detuvo con confusión. Me observo entrecerrando sus ojos.

-Esperame un momentito. -Saco de su bolsillo unos viejos lentes de montura negra y se los coloco. Su expresión paso a la sorpresa al reconocerme – Ah, ah, que eres Embry. ¿Cómo estas muchacho?

-¿Porque camina sin sus lentes? -Ella se rió a la vez que se ruborizaba.

-Ay, mi niño. Estos lentes solo me sirven para ver de cerca. Mis otros lentes se han roto, ¡torpe de mí! -La anciana Kendra tenía un aspecto lastimero. Su cuerpo delgado parecía una percha, vestía un vestido negro largo y un chal verde esmeralda. Y su cabello canoso parecía paja seca que ardería con la más mínima chispa. Sentí una punzada de lástima.

-Si quiere, puedo ayudarla con sus cosas… -me ofrecí, quería que dijera que no, pero me sentía obligado a dar un poco de ayuda.

-¡Ay, por favor! No sabes cuanto te agradezco -dejo que tomara el carrito y ella se acomodo su bolso en su hombro.- Ya no hay tantos niños amables, tienes un corazón muy noble, mi muchacho. - Ella volvió a mirarme e intento estirar la espalda para verme mejor la cara.

-No todos somos maleducados – force una sonrisa. Con una mano que parecía una garra, la vieja me tomo del brazo y recargo parte de su peso en mí para caminar.

-Oh sí, sí. Hay jovencitos que aún muestran respeto por los mayores. Hablando de mayores, ¡que grande estas! ¿Tú madre te alimenta bien? -sentí que ella apretaba un poco más mi brazo. Esperaba que no comenzara a quejarse de que estaba desabrigado y que podría resfriarme.

-Claro, como todos mis vegetales – respondí mecánicamente por cortesía. No me sentía interesado de lo que sea que pudiera hablar con ella. Solo quería dejarla en su casa e ir junto a Jacob.

-Bien, me parece bien. Un muchachito como tú debe comer bien. ¿Te gustaría comer unas galletas prepare anoche? Te gustarán, me acuerdo que …

Y mi mente bajo el interruptor de mis oidos para dejar de oirla. Divague distraidamente hasta que ella me hizo la pregunta más rara.

-¿... de pasaje?

-¿Pasar qué cosa? -Ella me miraba con ojos impacientes.

-El rito de pasaje, cariño. Ya no eres un niño y tienes que convertirte en hombre. -me reí incrédulo.

-Eso es para los Quileute, soy Makah. -Ella chasqueo la lengua

-Naciste y creciste en esta reserva, ¿cierto? Para mí, eres Quileute. Y como todo buen miembro de esta tribu haz de hacer el rito. -lo dijo con tal convicción que me dio la impresión de que ella esperaba que me quitará la camiseta en ese momento y salga corriendo al bosque para iniciar mi primera caza.

-Eh, creo que esas tradiciones estan algo… -no encontraba palabras para salirme de aquel momento embarazoso.

Ya nos acercabamos a su casa cuando ella detuvo la marcha para mirarme. Entonces tomo mi mano y puso mi palma hacia arriba. Su largo dedo indice empezo a recorrer los trazos que había en mi mano. Muy concentrada emitió un par de gruñidos guturales.

-Debe ser pronto -hablo con voz profunda – sí, va a ser pronto. Las tradiciones existen por algo y no deben olvidarse. Debes hacerlo pronto. Lo harás pronto.

Me estremecí sin quererlo. Ella bajo mi mano con suaves palmadas y me miro con una sonrisa tierna.

-Tranquilo, la lectura es gratis, por ayudarme. - con una amplia sonrisa tomo su carro y lo arrastro el camino hasta su casa de tablas. La anciana Kendra, se gana la vida leyendo el futuro para los crédulos y vendiendo amuletos para los turistas.

Nunca creí en esas charlatanerías y no iba a hacerlo ahora. Trate de sacudirme esas ideas de la cabeza mientras bajaba unas cuantas cuadras más para llegar a casa de mi novia. La sola idea de ir con la cara pintada como un indio por el bosque con un arco y flechas me resulto tan ridícula que me puse a reír.

-¡Embry! ¿Me extrañaste, mi amor? -gritaba Karina mientras corría en dirección a mi. Impaciente como siempre, no quiso esperarme en la puerta y debió de haber salido cuando me vio por la ventana.

-¿Qué pregunta es esa? -La tome de la cintura, la levante en el aire para dar un par de vueltas. Con un beso fue que empece a tener la mejor tarde que tuve en semanas.

POV Aleida

Y entonces termino el año. La mañana del uno de enero me encontró tumbada en la cama sin fuerzas para levantarme. Permanecí quieta en aquella incomoda posición, tumbada boca a abajo y con el cuello girado a un lado para tener la mejilla recostada en la almohada. Ya no tenía sueño para seguir durmiendo, ni tenía interes en levantarme. ¿Para qué? No hay nada para hacer, cualquier tarea del hogar lo puede hacer la propia elfina, que para eso esta. ¿Kimana? Hoy, mi padre tiene día libre. ¡Qué cumpla con su papel de padre aunque sea un día!

Cuando mi cuello emitio sus primeras protestas de dolor lo ignore. Seguí quieta sin pensar en nada más que escuchar el ritmo de mis respiraciones. Continue hasta que sentí la necesidad de ir al baño a cubrir mis necesidades primarias. Sopese unos momentos si valía la pena levantarme y volver a la cama o si debía hacer otra cosa. ¿Cómo qué? No veía razón para esforzarme, ahí esta mi varita para solucionar cualquier trivialidad con magia..

Continue quieta hasta que el dolor del cuello y de mi necesidad por orinar me abrumaron por completo. Me levante de la cama sintiendo mi cuerpo como si fuera de plomo. Me arrastre hasta el baño e hice todo lo que debía hacer, y aunque tampoco me apetecía, también me di una ducha. Cuando terminaba de secarme, oí que alguien tocaba la puerta de mi baño con tres pequeños golpes.

-¿Eida? -llamó mi padre.

-¿Sí? -respondi con voz monocorde.

-¿Haz visto a Taylor? No lo ví esta mañana.

-Ya se fue -respondí con simpleza. Me cubri con una bata del baño y envolví mi cabello con una toalla como si fuera un turbante. Al abrí la puerta me encontre con una mirada de desconcierto de mi padre.

-¿Se fué? -repitió mis palabras - ¿Dónde?

-A Nueva York -me encogí de hombros con total naturalidad. Daba por hecho que el comprendería, pero parece ser que no era tan obvio. Así que cogí un poco más de aire y le explique – Terminamos a noche.

-¿Por qué? -inquirió con un tono de voz que sonaba algo asustado. No creía que a papá le agradara tanto Taylor. Había actuado tan serio y distante con el que había supuesto que solo era amable con él por el simple hecho ser novio de su hija mayor.

-Pues porqué no le gusta La Push, papá. ¿No te diste cuenta? Hace meses quería volver a la gran ciudad. Se quedaba solo porque yo se lo pedía -y dicho eso, decidí que no quería seguir con la conversación y menos con el estomago vacío. La verdad es que ya ni quería hablar del tema, sin embargo, mi padre es obstinado.

-¿Y porque no le gusta el lugar te ha dejado? Es un motivo inmaduro y estúpido -El me seguía de cerca.

-No, yo termine con el. Y, ¿tú crees? -Entre a la cocina y no me sorprendió para nada ver el desayuno esperándome. Tostadas, mermelada, té como a mi me gusta. Jinx estaba ocupada limpiando los platos.

-¿Por qué terminaste con el? -volvió a preguntarme - ¿Te hizo algo malo?

-Pensé que había dicho que a el no le gusta la reserva.

-Lo dijiste, pero no tiene sentido. Se veían tan felices juntos -Él se sentó frente a mi mientras yo trataba de centrarme en pasar la mermelada en la tostada.

-La cosa fue enfriándose, Papá. No le gusta la reserva, quería volver a la ciudad para terminar sus estudios, seguir su carrera. Aquí no iba a poder. Así que terminamos.

-¿Y si en vez de terminar, porque no te fuiste con el? - Lo mire con la boca ligeramente abierta.

-¿Me estas echando?

-Claro que no.- No logre interpretar su expresión

-Entonces, ¿quieres que me vaya lejos?

-Si por mi fuera, no te irías nunca. Pero eres libre de irte como de quedarte. La pregunta es, ¿por qué te separaste de el? La localización es una nimiedad para una pareja que se ama. ¿Qué paso entre ustedes?

Sentí una punzada de irritación por su insistencia. No podía sentir el dulce sabor en la lengua ni apreciar la acidez del limón en mi té. Mastique deliberadamente más lento para ganar algo de tiempo para pensar en la mejor forma de cortar ese dialogo tan pesado.

-Simplemente se ha enfriado la relación. Además, Kimana me necesita a…

-Kimana me tiene. -contra argumento - No tienes porque quedarte por ella.

-Tú trabajo te absorbe demasiado tiempo. Además, si te pasa algo, ¿quién la cuidara? Y no digas que tía Tifanny; es nomaj, nunca podrá entenderla. -Mi padre apretó la mandíbula, sentí claramente su mirada analizando cada linea de mi rostro. Supe que el tema no había terminado, estaba apunto de decir algo hasta que yo decidí ponerme de pie abruptamente.

-Bueno, ya tengo que irme. -el se sobresalto de la sorpresa. No esperaba esa reacción de mi parte.

-¿Dónde irás?

-Iré a visitar a … -me colgue un segundo, iba a decir "amigas" pero la verdad es que hace mucho no visitaba a nadie, la unica relación social que tenía era con mi ex novio.- Visitare a la tía Tiffany.

Mi padre me observo sin creerse la obvia mentira, pero yo me mantuve firme y al final el tuvo que ceder.

-De acuerdo -asintió con un gesto solemne – Dale mis saludos.

Una vez secado mi cabello y bien vestida, salí de casa sin realmente dirigirme a donde mi madrina. No tenía ganas de ir y sentirme interrogada por mis decisiones. Tampoco me apetecía cruzarme con Embry, aunque lo más posible es que el este en casa de su novia dándose besos. No, ahora no me apetecía ver parejas, ni romances, ni nada parecido. Hoy iba a procesar un nuevo duelo, la ruptura de una larga relación y decirle adiós a todos los planes que había hecho entorno al innombrable.

Sin proponerlo, recordé una vez más las ultimas palabras que nos gritamos en la noche, bajo las sombras de un solitario árbol en medio de la calles. Sus palabras, sus gestos, sus planes, yo no me sentía incluida. De hecho, hace meses sentía que una brecha se formaba entre nosotros. Una brecha que no podía soldar ni reparar aunque lo trate con todos los métodos que podía. Ni siquiera un encantamiento se me ocurría para superarlo y el… El ni siquiera se preocupo en darse cuenta cuando comenzamos a decaer.

-No seas idiota, Ale, no seas idiota. Si hubieras hablado más claro hace meses. ¡Esto no estaría pasando! -Me reproche en voz alta. - ¡Bah! Ni con señales de humo habría entendido el problema. Solo me prestaría atención si tuviera un duendecillo volando frente a mi nariz. - Gracias a todo lo sagrado, no había nadie en la calle o pensarían que estoy loca por gritarme a mi misma.

No, las cosas ya estaban dichas. Ya no hay vuelta atrás. Se fue y no le importo mirar atrás. Con dos movimientos de varitas recogió sus cosas, utilizo la chimenea y se fue para no volver.

-¿No es un poco temprano para que estés por la calle? -Me sobresalte al oir a alguien hablando a mi espaldas. Me gire rápido y lleve la mano a donde ocultaba mi varita. Es una fortuna que no lo haya quitado, porque frente a mí estaban Jacob y Quill. Ambos se desatornillaron de la risa al verme tan sorprendida.

-¡Jo, tranquila! No queríamos interrumpir tu monologo -Quill levanto las manos en señal de paz

-No estaba monologando -sentí el rubor en mis mejillas y la vergüenza. Espero que no hayan escuchado demasiado

-No, solo hablabas con el duendecillo que vuela frente a tu nariz -Jacob se carcajeo, mi rubor subió hasta la naciente de mi cabello.

-Serán idiotas. Como sea, ¿qué hacen aquí aparte de molestarme?

-Dábamos un paseo, como tu. Pensamos en que sería una idea genial ir a la playa a nadar un poco. ¿Te gustaría ir? -ofreció Jacob.

-¿Estás loco? El agua debe estar helada.

-Mejor, te entumeces y dejas de sentir el frío. -aseguro Quill.

-Sí, no es para tanto. -Jacob apoyo las palabras de su amigo - Ya verás que al entrar no sentirás frió.

-Dudo muchísimo – aunque con una poción para el frió podría aguantar un poco… ¿Pero en que estoy pensando? No puedo ir a tomarme una poción para pasar el rato con dos no maj. Negue con la cabeza para mi misma. - Van a ganarse una buena neumonitis.

Ambos se rieron bastante. Yo los observe en silencio esperando a que se callaran un poco. Note con algo de desinterés que estaban mucho más alto que la ultima vez que los vi. ¿Cuándo los vi por ultima vez? ¿En Halloween cuando acompañe a Kima a pedir dulces? Sí. En esas fechas, ambos se veían algo más bajos y delgados. Ahora podía notar que las ropas le ajustaban más de lo normal. Recordé con nostalgia aquellos días en los que yo era muchísimo más alta que ellos.

-Si no quieres ir a nadar, podríamos hacer otra cosa. -comento Jacob.

-¿Qué tal si jugamos al billar? -propuso Quill - ¿Juegas, Eida?

-Ah, nunca jugué… -comencé a decir, pero Quill interrumpió.

-¡Pues te enseñamos! -Quill no dudo en tomarme de la mano y llevarme consigo en donde sea que se juegue al billar. Jacob nos siguió sin problema y distraídamente empezó a explicarme las reglas del juego.

Llegamos a la taberna de la reserva que, curiosamente, seguía abierto a altas horas de la mañana. Solo quedaba un borracho dormido en una esquina, los empleados limpiaban las mesas y había una familia desayunando en una esquina, por las pintas, supuse que eran turistas. El bar era sencillo, con una larga barra de madera bien lustrada. Mesas repartidas por las paredes y cerca del centro había dos mesas grandes de madera, con la parte superior de verde y con varios agujeros en los lados y las esquinas.

Al principio no comprendí nada de las reglas, aunque algo de claridad tomo el juego cuando vi la gran mesa. Jacob puso en mis manos un largo palo de madera mientras Quill acomodaba las bolas de colores ayudándose con una especie de plantilla triangular.

-Recuerda, solo tienes que golpear la bola blanca. ¿Entiendes? -yo le mire algo perdida.

-Solo la blanca -repetí y eso le causo bastante gracia.

-Jugando entenderás las reglas. Solo mira. -Sin cruzarse palabras, Quill fue primero a ubicarse al otro lado de la mesa, frente al vértice que formaba las bolas de colores enumeradas. El posiciono la bola blanca frente a sí mismo.

-Apostamos 15 dolares al primero que las meta todas -dijo Quil y luego acomodo el palo entre sus dedos y lo movió rítmicamente adelante y hacía atrás mientras su mirada se concentraba en las bolas. Cuando considero que era momento, apresuró el palo para golpear la bola blanca.

Clinck, clinck. Clink. La bola blanca se estrello con el resto y desarmo el triangulo. Las bolas recorrieron por toda la mesa, rebotaron por los bordes y volvieron a rebotar al chocar entre sí. Finalmente se detuvieron en posiciones aleatorias. Ninguna bola entro por los orificios que había repartido en el perimetro.

Quill se aparto y Jacob se acerco a la mesa en busca de la bola blanca. Si tocar nada más que el palo, imito los movimientos de Quill. Las bolas volvieron a desplazarse con aleatoriedad por todos lados. Una bola amarilla entro por una esquina. Jacob celebro a la par que Quil gruñía. Observe fascinada mientras Jacob repetía la operación de ubicar la bola blanca, apuntar y golpear. De nuevo metió otro par de bolas de colores. Al tercer tiro las hizo volar pero ya no entro ninguna más.

– Tú turno. - Jacob se rió de mi expresión al verme

-Ustedes me trajeron para desplumarme -los acuse y por la falsa expresión de inocencia de los dos, supe que así era. Era su manera "legal" de obtener dinero.

Contuve un suspiro y me acerque a la mesa. Torpemente trate de imitar lo que había visto hace unos momentos, aunque no tenía idea de como hacerlo. Pensé que sería sencillo, es solo apuntar. Pero, ¿a donde? ¿Cómo se que entraran al agujero? Apure el palo para golpear a la bola blanca, y mi primer intento fue tan desastroso como sospeche. La punta del bastón rozo a la bola blanca, y está se desplazo con pereza hasta chocar con una bola verde. Apenas se separaron y luego retrocedieron para estar juntas. Ambos chicos estallaron a carcajadas.

Trate de salvaguardar la poca dignidad que me quedaba mientras Quil tomaba mi lugar en la mesa. Oí que me daba las gracias por posicionar tan maravillosamente la bola para el. Te partiría el culo si jugáramos a gobstones. Pensé miserablemente. Quil metió la bola verde al agujero que tenía en lado derecho de la mesa.

Era ya turno de Jacob cuando escuche que la puerta de la taberna se habría. La enorme figura de Sam ingreso al local, flanqueado por otros dos gorilones enormes, Jared y Paul. Los mire sin interés, pero parecía que la presencia de los tres perturbo a mis acompañantes. Jacob fallo de forma estrepitosa la bola blanca y golpeo una de color.

-¡Bien! Mi turno -lo dije con menos animo del que pretendía imprimir en mi voz. Jacob se aparto dando un par de maldiciones, hacia que mereciera una buena lavada de boca con un hechizo de limpieza.

-¿Porque crees que vinieron? -susurro Quil a Jacob, podía oírlos por la cercanía.

-¿Para emborracharse quizás?

-Es algo temprano, tendrían que estar tumbados, desmayados en algún lugar.

-Por las ojeras, parece que están apunto de desmayarse.

Mi ser tenía más interés en el cuchicheo que en tratar de golpear correctamente la pelota. Cuando lance el palo para adelante, falle una vez más y no le dí importancia. Me resigne que hoy pagaría el almuerzo de estos dos.

-Ups, falle otra vez -me reí sola. Me voltee a verlos algo confundida. Ambos seguían viendo al trío de gigantes y parecían estar preocupados. -¿Chicos?

-¿Qué? -preguntó Quill

-Es tu turno -le señale la mesa.

-Ah, sí. Voy. -Y distraído como estaba, ejecuto una jugada peor que la mía. ¡Increíble!

-Muy bien. Algo malo pasa aquí. ¿Qué es? -los mire extrañada. Jacob me miró seriamente.

-No es nada.

-Ellos no parecen nada. - Señale al trío con un movimiento de mi cabeza. - Embry me comento algo de no se que secta.

Quil y Jacob me chitaron al mismo tiempo con desesperación. De inmediato, ambos me obligaron a dar la espalda a la barra y se pararon a cada lado mío y poniendo hombro con hombro.

-No hables tan fuerte -me susurro Jacob.

-¿Qué les pasa a los dos? -sisee furiosa, aunque en susurros.

-Mierda, nos están viendo – dijo Quil, que había espiado sobre su hombro. Yo me cruce de brazos esperando a que dijeran algo.

-La cosa es más seria, Eida. -me susurro Jacob – Muy seria.

-¿Sería en que sentido?

-Turbio -respondió Quil y eso no me dijo nada.

-Aclarate. Embry solo dijo que actúan como una secta. ¿Pero en que están metidos que ustedes parecen cagarse en las patas?

-No sabemos -Jacob seguía susurrando. - Solamente sabemos que nos vigilan a los tres.

-¿En serio? -Me voltee ligeramente para ver sombre mi hombro a Sam y compañía. Los tres estaban tomando algo en unas jarras. ¿Será cerveza? No distinguí la bebida, porque justo ese momento ellos volvían para vernos. Tenían unas miradas inquisitivas, sombrías. Podría intimidarme, pero decidí que tres Nomaj musculosos no son nada de preocuparme. Aunque me puse en los zapatos de los amigos de mi primo, ¿porque les inquietaba tanto? Rompí el contacto visual que mantuve con esos tres.

-¿Porque dices que los vigilan? -pregunte.

-Nos miran constantemente -susurro Quil. - Donde sea, cuando sea. Pasan cerca de nosotros y nos miran como si nos midieran.

-Creemos que quieren captarnos.

-Para lo que sea que ellos hagan – supuse y ambos asintieron. -Vinieron por refrescos, no para espiarlos. No sean paranoicos.

-No tienes idea… -me dijo Jacob.

-Jake. Sí tanto te asustan, pide ayuda a la policía -me encogí de hombros.

-Ya lo hable con Charlie, pero dice que no hay problema con ellos. Que son "ejemplares" - hizo las comillas con los dedos.

-También hablamos con el consejo de ancianos, pero ellos adoran a Sam – se quejó Quil.

-Y Embry ya consultó con tu padre, incluso él dijo que no pasa nada malo y que nada puede hacer.- añadió Jacob con desespero.

Yo solo los mire ampliamente. No se me ocurría en que podían meterse que tanto miedo pudiera estar dando.

-Muy bien. Ya que ni la policía hará nada, ni los ancianos y ni mi padre, entonces díganmelo a mí.

-¿Cómo? -preguntaron al mismo tiempo.

-Díganme a mi si Uley y compañía los molesta. Yo los pondré en su lugar -Sonreí divertida imaginándome el mal de ojo que podría echarle a tres nomaj desprevenidos. No era correcto, pero una jugarreta inocente no haría daño a nadie y serviría de escarmiento.

-Estas loca, Carrow -dijo Jacob. -¿Qué podría hacerle una chica como tu a tres locos inyectados con esteroides?

-Te sorprenderías, Black. Como sea. Podemos seguir jugando, o ir a almorzar. Yo invito.

Los dos intercambiaron miradas y al parecer prefirieron huir de la taberna antes que terminar el juego. Camino a la salida me gire para ver de nuevo al trío que tanto terror sembraban entre mis acompañantes. Mi mirada se cruzo con la de ellos. Jared y Paul exhibían amplias sonrisas burlonas, la arrugas de sus ojos indicaban que trataban de reprimir carcajadas. Solo Sam mantenía una seriedad inquebrantable.

Si no fuera por la distancia, juraría que ellos escucharon lo que decíamos. Fruncí el ceño, menee la cabeza para mi misma y me apresure a salir del lugar. Con la distancia y los susurros, es imposible que hayan oído nada. Y aun así no me quitaba la sensación de que se reían de mí.