Advertencia: A excepción de un par de personajes, ninguno me pertenece. Ambos mundos de fantasía, fusionados, pertenecen a las autoras de Harry potter y Crepúsculo. Yo solo me invento un fanfiction ambientado en el mundo de Harry Potter pero la interacción principal esta con los personajes de Crepúsculo. Esta historia sucede de manera paralela a la historia de Bella Swan y es otra perspectiva.

Capítulo VIII

Perdiendo la cabeza

POV Aleida

Procure prestar atención al monologo del profesor sobre enfermedades mágicas contagiosas, pero debo aceptarlo, es una misión imposible. El profesor es un viejo sanador de más de noventa años. Prefiere sentarse detrás de su enorme escritorio y agitar la varita para que las palabras se escriban o borren del pizarrón. Habla con una voz tan monótona que casi no podía distinguir el cambio de una oración a otra. Mi mirada bajo a mi libro y vi que garabatee el título de la clase de hoy y un subtítulo que reza "Criaturas mágicas portadoras de virus". Hasta allí, ya no anote nada.

Concentre todos mis sentidos en oír al profesor y me di cuenta que ya no hablaba ni de enfermedades, ni de criaturas portadoras de enfermedades; sino de una vivencia que tuvo hace muchos años atrás. ¡Y ni siquiera tenía algo que ver con la clase! El malnacido estaba hablando de su vida. Frustrada apoye mi frente en mi mesa, en el examen no va a pedirme que escriba la historia de su vida. Huí de la clase como alma que lleva el diablo.

Una clase más y luego fui al hospital para realizar mis prácticas y resulto ser tan aburrida como las clases de hoy. La supervisora me encargo preparar varios ungüentos para tratar el spattergroit, luego tenía que limpiar viales usados y atender a los enfermos de menor urgencia. Quiero pensar que la noche del bosque fue tan "emocionante" que ahora mi rutina diaria me resulta desesperante.

Cuando finalmente me liberaron de mis deberes corrí hasta la chimenea más próxima. Me disgusta viajar con polvo flu, siempre me lleno de cenizas. Pero estoy tan agotada y muero de hambre; tan solo quiero llegar a casa, bañarme, comer y dormir. Aparecí cubierta de polvo en la chimenea de mi casa. Afortunadamente no había visitas indiscretas a esas horas y así pude ir a asearme en paz. Más tarde baje ansiosa por cenar algo solido.

-Hola papá. Hola Kimi – Bese la frente de mi hermana y me senté junto a ella. Jinx aun no terminaba de repartir la cena en los platos, así que tome un bollo de pan y le di un gran mordisco.

-¿Por qué tanto apuro? Ya no tendrás que ir a pasear por el bosque de noche.

Fulmine a mi padre con la mirada, el estaba sonriendo muy divertido.

-Muefo fe ham'e.

-No hables con la boca llena.

-Que tengo hambre -repetí después de tragar y volví a morder el pan. Ahora vi que Jinx me servía una ración generosa de filete con vegetales. - ¿En serio Kendra ha aceptado que me cambies los turnos?

-Solo hay que saber hablar. -Mi padre comenzó a cortar su carne con aire distraído- Hoy llegó una lechuza, traía una carta para ti.

-Seguro es una compañera pidiéndome mis apuntes. Se acercan los exámenes.

-No. Es de Taylor.

Trate de no reaccionar, pero los nervios me traicionaron y el cuchillo se me deslizo con demasiada violencia por la carne.

-Supongo que el filete era el cuello de Taylor, ¿cierto? -Mi padre me estudio con la mirada y una ceja enarcada.

-No, solo no me esperaba que el enviara una carta. Es todo.

-Ya. Es como la vigésima carta que llega desde que cortaron. Y estamos en la tercera semana de enero.

Solté un suspiro como respuesta.

-¿No te arrepientes? -negué con la cabeza, el no pareció satisfecho con mi respuesta - ¿Le has dicho que ya no quieres tener contacto con él?

-Si, pero ya vez que no acepta eso como respuesta.

-Deberías leer la carta y responder. Quien sabe -se encogió de hombros.

-¿Haz leído ya mi carta? -Mi tono salió mucho más acusador del que pretendía. El puso su mejor cara de ofendido.

-¿Cuándo he invadido así tu privacidad?

-No se. Me pregunto cuando no lo has hecho. -Me puse de pie y fui retirándome de la mesa – Ya estoy llena.

Entre en mi habitación y entonces me percate que un sobre nuevo reposaba sobre mi escritorio. Me negué a leerlo y preferí ir a dormir. Hoy fue un día pesado y mañana me espera más trabajo, así como una nueva patrulla. Yupi.

A la mañana siguiente me desperté con ganas de no hacer nada. Todo cuanto quería era quedarme acostada en mi cama y mirar el techo. Contar las tejas, medir los nudos de los tablones del suelo. Hasta ir a ver como crecen los hongos me apetecía más que ir a trabajar o patrullar.

Seguí tumbada en mi cama con la mente vaciá. Aunque había dormido profundamente anoche me seguía sintiendo cansada. Mi mente repaso la lista de actividades en el día de hoy y preferí seguir tumbada en mi cama. ¿Para qué iba a ir? Mi trabajo no es imprescindible, no tengo clases y nuestras patrullas son inútiles. ¿Que íbamos a encontrar? ¿Que íbamos a hacer contra todo eso? Es todo tan inútil.

Tin tin tin…. Tin tin tin...

La alarma de mi despertador me sobresalto. ¿Son ya las seis ? Pensé que ya era mucho más tarde. Levante la vista y vi que desde mi escritorio seguía la carta. Esa estúpida cosa esperaba que lo leyera. Solté un suspiro y tome una decisión más interesante. No hacer absolutamente nada.

Me levante de la cama con mucha lentitud. Arrastre mis pies hasta el escritorio y aparte la carta de un manotazo. Tome un pergamino en blanco y garabatee una rápida excusa, la más convincente que se me ha ocurrido. Fui al ático y allí me encontré a dos lechuzas durmiendo. Una grande de color marrón, nuestra lechuza; la otra es pequeña y gris, es la que Taylor envió.

Desperté a mi lechuza y ate la carta a su pata dándole la indicación de entregar la carta a mi supervisora. Ululó suavemente para hacerme saber que entendía y con mucho orgullo voló por la ventana. Ya iba a salir, cuando el chillido indignado de la otra lechuza me detuvo. Se veía molesta, esperaba algo de mi parte. De un estante recogí chucherías lechuciles y se las ofrecí. La lechuza inflo sus plumas en un claro rechazo. Al parecer, esperaba mi respuesta.

-No voy a enviar ninguna carta. Come o vete.

El ave aleteo sus alas con furias y se lanzo a mi cara para picotearme. Apenas logre cubrirme la cara, sus garfas arañaron mi piel y me lanzo picotazos a los brazos. Al final abandono el ático sin perder el tiempo. No emití sonidos de quejas, sabía yo que

Cuando me cambie de ropa, baje a la sala y me cruce con Jinx. La elfina me informo que papá llevo a mi hermana a casa de la Sra. Philips para que hoy le diera sus lecciones de historia. Me alegre bastante pues me apetecía estar sola. A Jinx le pedí que me hiciera un encargo. La envie a casa de Elizabeth para que le dijera que yo estaría muy ocupada con mis deberes en el hospital y no podré ir a la patrulla.

Una vez sola, me prepare un gran plato de palomitas y fui a ver un poco de la televisión. Salte varias veces los canales hasta que vi alguna película que parecía interesante. Era una de acción regular, pero fue tan aburrida que a los veinte minutos cambie de canal. Pase a ver una de comedia, pero apenas si alcanzaba a arrancarme algunas risas mecánicas. Termine de comer las palomitas y no vi nada de mi interés. Luego pensé que podría ir a pasear por la reserva, pero recordé que envie a Jinx a mentir por mí. Hoy no podría dejarme ver o Elizabeth se enfadaría conmigo. Tampoco puedo ir al hospital, estoy indispuesta. ¿Cómo no pensé que me había auto aislado en casa? Claro, no lo pensé nada bien.

Di vueltas por la casa como gato enjaulado, sin saber que hacer y soltando suspiros pesados una y otra vez. ¿Qué podía hacer? Se me ocurría un millón de cosas que podría hacer, pero nada me daba ganas de hacer. Pronto eche la culpa a esa estúpida carta. Sin duda estoy postergando lo inevitable y eso no me permitía pensar con claridad. Así fue que decidí ir a leer esa carta, solo leerlo.

Subí miserablemente las escaleras, llegue a mi cuarto y tome la carta. El sello sigue en su lugar y supuse que quizás papá no mentía, que el no leyó nada. Quizás. Rompí el sello y me sumergí en la lectura con el corazón palpitando en mi garganta.

Querida Eida,

Hoy me acorde de ti. Recordé todo lo bueno que pasamos juntos. También recordé todo lo malo que pasamos juntos. Te extraño tanto, mi amor. Recordé esas madrugadas que hablábamos sin parar. Recordé todas las veces en que nuestro silencio no eran incómodos. Cuando nos prometimos toda una vida, sueños y el camino que seguiríamos juntos. Te recuerdo ahora, cuando más falta me haces. Aunque ya no me respondes, aun cuando no me enviás nada. No te olvido, mi amor. Se que no me olvidas. Aún piensas en mí, no como un ego, sino con esperanza de que aun me amas. De que aun podemos volver a estar juntos. ¿Volveremos a estar juntos? ¿Nos volveremos a ver? Te extraño como a nadie en este mundo.

No seguí leyendo, la vista se volvió borroso y comprendí que estaba llorando al ver una lagrima cayó sobre el pergamino. Me pregunte qué estaba haciendo. Porqué lo aleje. ¿Por qué termine con el? Sentí el corazón hueco y la falta que me hace ahora. Imagine lo que haríamos si el estuviera aquí. Me abrazaría y me llenaría de besos en la mejilla. Me pediría que nunca lo deje. Me seque las lagrimas y seguí leyendo.

Su inspiración romántica fue apagándose a medida que él escribía.

¿Por qué no respondes mis cartas? Se que las estas quemando, puedo imaginar como las incendias o las tiras a la chimenea. Solo no sé si las lees. ¿Las has leído? Te extraño tanto. Nueva york no es lo mismo sin ti. El frío de la casa me aturde y no puedo concentrarme. Te necesito, Eida querida.

¿Qué te sucede? Por favor, cuéntame la verdad. No has sido nada clara, estoy seguro que ni tu sabes porque me echaste. ¡Por favor, deja que te entienda! ¡No me apartes, cuéntame! ¡Te conozco, se que todavía sientes algo por mí! Sé que sufres la perdida de tu madre, ¡tienes que superarlo! ¡Me necesitas! Sin mí no puedes seguir.

En esa frase ya arrugue la carta y no termine de leerlo. Ya imaginaba el resto de su carta. Sí, Taylor, leí todas y cada una de tus cartas. Todas dicen lo mismo. Al final siempre concluyes que todo es culpa mía. ¿Por qué no comprendes que me has destrozado sin saberlo? ¡Sí! Te agradezco que me hayas acompañado en mi duelo, que me hayas consolado e intentado ayudarme a seguir adelante. Pero todo eso queda empañado cuando recuerdo sus muecas de fastidio por estar en la reserva.

Extendí la carta y volví a leer del principio de la carta. Esta vez con el ceño fruncido mientras examinaba cada letra, cada punto y coma. "También recordé todo lo malo que pasamos juntos." ¿Qué se supone que significa eso? Acaso me … ¿me esta reclamando? " Cuando nos prometimos toda una vida, sueños y el camino que seguiríamos juntos." Sí, ya se que me reclamas. Por ejemplo, y el más reciente de tus reclamos, fue cuando me dijiste te perdías de una importante disertación de no se qué magizoologo y todo por estar en este "cochino pueblo de indígenas". Sí, tan gratuito fuiste ese día, en que habíamos disfrutado de un simple paseo por la playa. Simplemente recordaste que era ese día y comenzaste a gritar.

¡Oh, como llore esa noche! Te creí, me creí culpable de forzarte. Había pensado en lo miserable que estaba volviendo tu vida por estar ahí, conmigo, aguantando que yo me entristeciera por perder a mi madre.

Me sonreía, me besaba, nos divertíamos en las noches bajo las sabanas. Y aun así sentía que el no tenía el corazón conmigo. Sus ojos siempre desviaban a otro lugar. Su atención siempre volvía a sus propios estudios. Su concentración en mí era tan pobre que a veces sentía que hablaba con la pared. ¿Qué nunca te dije que me pasaba? Claro, mil veces te lo dije, y a ti solo te gustaba decir que yo lo imaginaba. Porque… lo dije…

O no…

Agache mi cabeza y cerré con fuerza mis ojos mientras trataba de visualizar un día cualquiera de los últimos meses. De cuando hablábamos, cuando de pronto yo callaba, era de esos silencios que teníamos, sin embargo se volvía incomodo y el prefería volcarse a leer. Sí, luego iba junto a mí a despertarme de mi ensoñación… Pero, sus besos, sus caricias, rápido tomaban un rumbo más candente, buscando más bien el placer en mi piel. Y al terminar… a dormir, o a leer, o a comer, o a lo que sea.

Primero me recorrió un estremecimiento al pensar en que quizás, en esos días, el era tan indiferente a mí que prefería usarme como una toalla cuando se jala. Mi garganta convulsiono con las arcadas que experimente, creí que echaría el estomago por la boca. Las arcadas cesaron cuando recordé lo atento que fue conmigo el primer mes sin mamá.

¡Mierda, ahora siento que sueno tan egoísta! Pensando solo en mí, mí y mí. ¿Cuántas veces me detuve a pensar como se sentía el? ¿Cómo le afectaba mi perdida? ¿O como me irritaba cuando quería compartir sus pasiones conmigo? La culpabilidad me golpeo igual que una fuerte ola de un mar agitado. Mi cabeza se ladeo de forma peligrosa y todo a mi alrededor dio giros vertiginosos.

Me eche en una silla, el espanto me inundo, ¿me estaba enfermando de verdad? Apreté la cabeza con ambas manos mientras trataba de ordenas mis ideas, de comprender que estaba pasándome, pero nada parecía tener sentido. El aire empezó a entrar y a salir con demasiada violencia a través de mi garganta y aun así me sentí asfixiada. El sentimiento empeoro cuando vi las paredes caer sobre mí. Trate de ponerme de pie para huir del derrumbe.

Un golpe en la cabeza hizo que viera estrellas y la vista se me oscureciera. Espere sentir el peso de las paredes sobre mí. Me costaba respirar, solo que nada aprisionaba mi pecho. Cuando mi vista se aclaro comprendí que la casa no se derrumbo. El mareo me provoco una perdida del equilibrio y caí al suelo.

Mi lado racional, mi parte sanadora, me dijo que estaba teniendo un ataque de pánico. Pero todo mi ser ignoro ese diagnostico. Me sentía como si fuera a morir.

Me hice una bola en el suelo mientras trataba de controlar las convulsiones que sacudían mi cuerpo. Pensé que Taylor diría que estoy exagerando. Que me levantase ya. ¿Me hubiese llevado al hospital? No logre dar con esa respuesta. No sabía que responder. ¿Porqué rompí con el? ¿Porque lo aleje? ¿Porque no le respondo? ¿Porque estoy así?

¡No sé! No tengo idea. No entiendo nada. Solo se que estoy cayendo en un pozo negro.

Llevada por el pánico me arrastre por el piso hasta alcanzar mi mesita de luz, estire la mano y cogí mi varita.

Seguí ignorando mi lado racional y me convencí de que estaba siendo victima de un ser tenebroso. ¡Un dementor! Sí, eso tenía que ser. Pronto recurrí a mi repertorio de recuerdos felices. Choque de frente con la imagen de mi madre, el recuerdo feliz se volvió triste al pensar que esos recuerdos ya no se repetirían. Que estaba lejano y enterrado en el pasado. Ella ya no esta. No puede consolarme, no puede ayudarme, no puede guiarme en esta locura.

Oí un chillido espeluznante lejano y luego un ardor en la garganta. ¿Grite? Trate de centrarme en un recuerdo feliz y exclame ¡Expecto patronus!

Mi varita escupió un par de volutas de humo que se elevaron unos centímetros antes de difuminarse. Procure una segunda vez y nada paso. ¿Por qué? Desde el sexto año que aprendí a invocar un patronus. ¿Por que ya no podía? La desesperación me supero y al final todo se puso negro.


La siguiente que vez que volví a formular un pensamiento medianamente coherente sentí algo húmedo correr por mi cara. ¿Seguía llorando? La humedad recorrió mis mejillas, bajo por el cuello, luego salto a mi nariz y finalmente se deposito en mi frente. Muy bien, no son lagrimas. Me force a abrir los ojos y lo primero que pude captar fue una cosa puntiaguda y rugosa cerca de mis ojos. El susto me estremeció, pero paso cuando parpadee varias veces y vi que esa cosa se alejaba de mi y cobraba una forma más reconocible. Jinx.

La elfina estaba de pie junto a mí y pasándome una franela húmeda por la frente.

-La joven señora despertó. Jinx esta aliviada. Jinx escucho a la joven señora gritar y vino a ver que le pasaba. La joven señora se desmayo.

No respondí de inmediato, solo parpadee varias veces mientras seguía enfocándome en sus ojos azules. Entonces fui consciente del contacto de mi piel con las sabanas de mi cama.

-Me… ¿Me subiste a la cama?

-Jinx solo quiere que la joven señora se mejore. -Ella junto sus manos a la altura del pecho, se veía realmente preocupada por mi.

Entonces… no había ningún dementor. Yo estaba teniendo pánico. Y mi patronus… trate de no pensar en ello, sí lo hacía podía volver a asustarme. Jinx trato de cubrirme mejor con la manta al ver mi reacción. Su genuina preocupación me hizo echar nuevas lagrimas, pero esta vez con un sentimiento diferente al de antes.

Empuje mis mantas y Jinx volvió a procurar a cubrirme. Me pidió que me quedase quieta y yo la ignore. Temblorosa pero con algo de fuerza logre sentarme y estire las manos hacia ella. Jinx se encogió instintivamente a la espera de un golpe. Pero yo no tenía esa intención. Yo solo quería abrazarla y lo hice. Ella se relajo poco a poco y finalmente comenzó a llorar con estruendo. No la aparte de mí.

-Gracias y lo siento. Siento todas las veces que te he gritado -le susurre. Sus chillidos ahogaban mi voz, pero como tenia su enorme oreja pegada a mi cara supuse que igual me escucharía.

-La joven señora esta abrazando a Jinx. La pobre Jinx solo se preocupa por su joven señora.

El abrazo duro unos minutos hasta que oímos la puerta de la entrada principal siendo golpeada con gran brutalidad, acompañado de unos gritos violentos.


POV Embry

Estoy loco. Pensé por enésima vez en ese día.

Tristemente no lo estás. Me respondió la voz mental de Jared. Lo ignore tanto como pude.

Ya estaba más calmado aunque mi cuerpo no dejaba de temblar. La idea de estar convertido en una brutal bestia lobuna me seguía inquietando. ¿Y sí ya no volvía a ser normal? ¿Qué va a pensar mamá? ¡Le dará un infarto cuando se de cuenta que desaparecí! Gimotee de desesperación y vi que Jared se estremecía a la par.

Vas a volver a cambiar, tranquilo, toma tiempo. Unos días solamente. Ya le diremos alguna excusa para encubrir tu "desaparición".

Trataba de calmarme, claro, no le importaba que estuviera desesperado. Solamente quería evitar contagiarse de mi desesperación.

Aish. Embry, ya te lo dije. ¡Que sí me importa que estés bien!

Mientes. Pensé para mi mismo e igual lo escucho. Esto de las mentes conectadas es un verdadero fastidio. Las emociones se contagian, ningún pensamiento es privado y toda mentira queda a la vista. Jared me hablaba con media verdad. Sí, le preocupo. Pero tampoco quiere contagiarse de mi desesperación. Se incomoda y no lo quiere, sin embargo no lo puede evitar.

Ya lo vas entendiendo.

Mi vista se clavo en el lobo café que permanecía sentado justo frente a mi. El también me estudiaba con la mirada. Lo odiaba por estar ahí, compadeciéndose de mí, por estar comprendiendome, por estar vigilandome, por estar cuidándome. Y tampoco lo podía odiar. Me sentía agradecido de que estuviera ahí o ya me hubiera vuelto loco.

El no me respondió a eso, solo sentí que de el emanaba la comprensión y de forma fugaz vi su mente repasando algunos de sus propios recuerdos. Efectivamente el se sintió como yo y pensó exactamente lo mismo de Sam.

Solté un aullido al ver su imagen mental. Todo lo que había pensado de él, lo que había dicho de él. Todo el desprecio que sentí hacia su persona cayo sobre mí con una carga de vergüenza. Me tumbe tripa al suelo y cubrí mi hocico con las patas. Si antes hubiera sabido lo que Sam había pasado, nunca habría dicho todo lo que dije de él.

Nunca lo hubieras creído. Jared levanto las patas delantera y los bajo de nuevo, supongo que así se encoge de hombros siendo un lobo. Y sí, tiene razón. Nunca hubiera creído nada de esto. Ahí ya vienen.

No necesito anunciarlos. Pude oír claramente el ruido que la tierra hace al ser pisada, las ramas que se agitaban al ser rozadas y el viento trajo el aroma almizcleño de Sam y Paúl, así como de algo que traían consigo. Olía rico y mis tripas rugieron en respuesta. Pero estaban todavía muy lejos, porque tardaron varios minutos para entrar en aquel claro de arboles cortados en donde nos encontrábamos. Ambos traían sendas bandejas llenas de carne humeante. Me relamí el hocico con muchas ansias.

-Emily preparo el almuerzo – Anunció Sam con voz solemne mezclado con una exagerada nota de adoración al pronunciar el nombre de su novia. Trague saliva al pensar en lo asquerosamente cursi que resulta. Jared soltó un ladrido que sonaba más a una carcajada. Avergonzado y frustrado le gruñí y eso lo divirtió aun más.

Sam y Paúl dejaron las bandejas frente a mí y me eche a comer con desesperación. Note que en el fondo de mi mente cambiaba algo. Las voces de Sam y Paúl aparecieron en mi cabeza. Habían cambiado de forma para contarme como esta reaccionando la reserva ante mi ausencia. Ya había pasado un día de mi cambio de fase.

Karina quedó medio enloquecida por mi arrebato de ira. Aseguraba que yo no la golpee, cosa que es cierto, aunque los moretones que le deje en los brazos señalaban otra cosa; así como la cara de susto que tiene. Hay quienes afirman que yo la maltrate. Pero ella lo sigue negando. Según Paúl, por preocupación por mí y también porque ellos le pidieron que se calmara. Solo le dijeron a Karina que yo estaba teniendo un mal día y necesitaba distanciarme. No le hizo gracia.

¿Y mi mamá? Bueno, a ella le dijeron lo mismo. Había tenido una pelea con mi novia y huí mandando todo a la mierda. Gracias a que Sam estaba como lobo cuando me transforme, supo que mi padrino me había aconsejado lo de huir al bosque. Así que se aferraron a eso. Culparon a mi padrino de haberme dado la idea.

¡Tu mamá es toda una bestia! Pensó Paúl, muy divertido al rememorar como mi madre corría hasta la casa de mi padrino. Paúl se había quedado en la distancia y observo como mama aporreó la puerta gritando muchísimos insultos que avergonzaría a un camionero por tener un pobre vocabulario. Sin quererlo pero muy curioso preste más atención a la memoria de Paúl, me interesaba saber que reacción tomaría mi padrino. ¿Actuaría indiferente? ¿Se preocuparía? Quizás se encogería de miedo al ver la bestia que estaba hecha mamá.

Grande fue mi sorpresa cuando el recuerdo de Paúl me mostró la puerta abrirse y revelar la figura de Aleida. Mi madre dejo de gritar al verla.

-¿Dónde esta tú padre? -exigió mi madre. Aleida agito la cabeza con confusión y me preocupe al ver lo desecho que tenía el rostro. Nunca la había visto tan palidad como ese momento, sus ojos estaban oscurecidos por las ojeras y enrojecidos. Por un segundo me espante pensando que se había convertido en una vampira. Pronto Sam me calmo al mostrarme más claramente su rostro. Sus ojos estaban enrojecidos por un llanto y más bien ella parecía agotada. ¿Qué le paso?

-Está en el trabajo -Respondía ella en los recuerdos. -¿Qué pasa tía?

-Dame el número de su trabajo. Voy a llamar al maldit… -Mamá apretó la quijada y contuvo la ola de insultos que deseaba escupir. Mi prima puso una expresión de alarma.

-¿Qué paso tía? -Repitió ella.

-Tu padre le dijo a Embry que huyera – hablo con voz contenida y luego grito- ¡MI HIJO NO HA APARECIDO EN TODA LA NOCHE!

-¿Qué? - Ella volvió a agitar su cabeza y se aparto un paso de mamá. -¿Como qué…? ¿Qué paso?

Mi madre tomo aire varias veces antes de relatar la historia que Sam le había dicho.

-¿Quién te ha dicho eso? -preguntó Eida. Su rostro adquirió ahora una tonalidad azulada y su frente se perlo de sudor. Paúl pudo escuchar con lujo de detalles como el corazón de ella daba latidos desesperados y frenéticos. Los cuatro pensamos en ese momento que a ella casi le había dado un infarto.

-Sam me ha contado que…

-¡¿Uley?! - grito mi prima con mucha indignación. Ahora ella paso del azul al rojo furioso.

Sentí que la culpa volvía a caerme sobre la boca del estomago. Ella no sabe nada de Sam, nada de la manada. Todo lo que sabe son los prejuicios que yo creía fervientemente. Agache la cabeza queriendo huir de la mirada de Sam. De su parte sentí comprensión, ningún rastro de reproche. Eso solo hizo que me sintiera más avergonzado.

-Sí. Él mismo me lo ha dicho hace una hora, cuando salí a buscar a mi hijo. Dijo que no pudieron convencerlo de volver. Qué iba a hacer no se que cosa en el bosque y que…

-¡¿EMBRY HUYO AL BOSQUE?! - Y ahora Eida volvía a gritar y a palidecer. Ese salto de emociones no debe de ser muy bueno para su salud. O eso fue lo que Sam y Paúl pensaron en aquel momento.- Oh por dios, por dios, no … no…

Aleida se cubrió la boca con ambas manos mientras miraba más allá de mamá. No comprendí su expresión, solo asimile que mi prima tiene los nervios destrozados. Sentí mucha lastima por ella en este momento. Ojala pudiera ir junto a ella y decirle que no se preocupara. Que no es tan… malo como cree. Sí, le hará mucha gracia ver que me convertí en un gigantesco lobo de… ¿cuánto? ¿Diez toneladas?

ULEY! - Me sobresalte al oír el grito de mi prima en mi dirección. Luego entendí que el grito venía de los recuerdos de Sam. Desde donde el estaba de pie, vio que mi prima miro a todos lados con desesperación y alcanzo a verlos. Al descubrir que Sam y Paúl estaban ahí volvió a enfurecerse. De ahí el por que del grito.

Sam recordó la impasibilidad que sentía al ver como Aleida se encaminaba hacia él. Se pregunto por que estaba actuando como actuaba. Espero a que ella llegara hasta donde estaban ellos, y por detrás de ella la seguía mi mamá.

Finalmente Aleida se paro frente a el. Fue gracioso ver lo enana que se veía desde la vista de Sam. El como juntaba las cejas en un ceño fruncido y como apretaba los puños en su cadera para tratar de ocultar los temblores de su cuerpo. Sam pensó irónicamente: Parece que va a entrar en fase.

Todos, menos yo, rieron ante esa idea.

- ¿Qué. Carajos. Haz. Hecho. Con. Mi. Primo? -No grito, hablo con los dientes apretados y convirtiendo cada palabra en una oración.

- No sé de que me hablas -Respondió Sam, y fue sincero.

- ¡Le hiciste algo a Embry!

-Aleida, que Embry peleo con su novia. No con Sam – Mamá se veía algo nerviosa y quería tranquilizarla. Pero Eida la ignoro olímpicamente.

-¡Confiesa ya, Sam! ¿Qué hiciste con Embry? -Exigió con voz demasiado suave y controlada. De alguna forma eso sonó más peligro que si hubiera gritado.

Sam introdujo ahora un recuerdo más antiguo. Uno que había pasado el día de año nuevo. Desde la barra de la taberna vio a Aleida junto Jacob y Quil, estaban jugando al billar hasta que los tres se percataron de la presencia de la manada. Ellos la forzaron a darles la espalda y cuchichearon. A pesar de eso, Sam los escucho claramente. Jacob y Quil confirmaron y respaldaron todo lo que yo había dicho antes. Y Aleida, muy calmada y confiada dijo "Yo me encargo de ellos". En ese momento causo mucha gracia a los tres. Aun les causa gracia. Pero, en el momento que Aleida exigía respuestas sobre mi paradero, Sam se pregunto de qué sería capaz de hacer.

-¿Y bien? -Ella se mantuvo firme. Sus temblores se veían más de furia que de miedo. No se intimidaba por la presencia de Sam o de Paúl.

-Trate de disuadirlo para que se quede. No escucho y fue al bosque a… - Ella lo interrumpió.

-Así que, el prefirió alejarse de ustedes. ¿Verdad? -su voz fue más suave y despacio. Lo siguiente que dijo estuvo cargado con puro veneno - Fue mucho más inteligente por internarse en el bosque.

El recuerdo de Sam tembló por el gruñido de Paúl. Este había descubierto los dientes y apretó los puños, rabioso por las palabras de Aleida. Le disgustaba que la gente faltara al respeto a Sam, le irritaba la actitud de ella. Pero se contuvo al ver que la mano de Sam se ponía por delante de el. Paúl trato de calmarse, y mientras Aleida permanecía ignorante del peligro que corría.

-Aleida… -Mamá uso un tono de advertencia, ella sí se veía espantada y su mirada no dejaba de vigilar a Paúl. - Basta.

Finalmente ella separo las manos de sus caderas, llevo la mano derecha hacía su manga izquierda, un gesto que siempre hace cuando se sobresalta. Apretó su muñeca y finalmente se enderezo, sin relajar la tensión de sus músculos.

-Te creeré… Por ahora. Pero te lo advierto, Uley. -Ella susurro – Si algo le ocurre a mi primo, ya sea tu culpa directa o indirectamente. Lo vas a lamentar. Para toda tu vida.

Sam no se preocupo por la amenaza en sí, solo le preocupaba que ella fuese a lastimarse en su intento de venganza. Permanecimos en un silencio absoluto. Yo concentre mi mirada en la poca comida que me queda ahora en una de las bandejas, la otra lo había dejado completamente limpio. En verdad nunca había visto tan molesta a Eida. También me pregunte lo que ella haría si no yo volvía a aparecer en seguida.

Va a ir a tropezarse por el bosque como una estúpida. Respondió Paúl. Yo lo mire de inmediato.

¿Qué? Pregunte confundido.

Después de todo el teatro, ella dijo a su madrina que iría al bosque a buscarte. Tu madre dijo que era una locura, pero Aleida paso de ella. Fue a su casa, salio al rato con una mochila y corrió al bosque. Mientras tanto, tu madre fue a la estación de policía a reportar tu desaparición y nos pidió que busquemos a Aleida antes que le pase algo.

¿Y qué están esperando? ¡Tienen que llevarla a casa! ¡Arrástrenla si tienen que hacerlo! Yo me removí con ansiedad. Iría yo misma a buscarla, sino fuera por mi peludo problema.

No vamos a ir por ella. Dijo Sam tajante.

Pero es peligroso, ella puede lastimarse. Sam estaba de acuerdo, pero no cambio de opinión. ¿Porqué?

Consultamos con el consejo de ancianos, tu situación es un poco delicado por lo de Karina. Cuando le explicamos que tu madre fue a buscar a tu padrino y solo encontró a Aleida, Kendra me exigió saber por la reacción de ella.

¿Y? Pregunte impaciente. Quería que fuera ya al punto. Sam rodó los ojos.

Al saber que ella fue a buscarte al bosque, el consejo de ancianos decidió de forma unánime que no intervengamos. No vamos a buscar a Aleida Carrow. Dejaremos que ella haga lo que quiera el tiempo que quiera. Y evitemos cruzarnos en su camino.

¿Porque? ¡Va a matarse en el bosque! ¿Y si se cruza con vampiros? ¿Qué paso con esa mierda de que tenemos que proteger a los habitantes de la reserva? ¡Ella es de la reserva!

A medida que hablaba, o pensaba, me desesperaba y hasta me eche a aullar.

Calmate ya. Me ordenó Sam, y mi hocico se cerro con una presión potente, como si me hubieran puesto un bozal de cadenas. Sentí la incomodidad y el disgusto provenir de Sam, no le gustaba tener ese efecto de lobo alfa.

Mira, Embry. Me hablo Jared con el tono más tranquilizador que podía. Los Carrow son diferentes… Y no lo digo porque el padre es extranjero. Añadió rápidamente al prever mi protesta. Tenemos que ser distantes y discretos con el resto del mundo. Y con especial cuidado con los Carrow. ¿Por qué? Ni idea. El consejo les guarda bastante recelo.

Y Aleida es muy cercana a su padre. Le dirá cualquier cosa que vea. Señaló Paúl.

¿Y qué con eso? Cuestione, aun no me cuadraba nada. ¿Qué le preocupa al consejo? Mi padrino nunca fue mala gente. ¡El hizo muchas cosas por la reserva! Y mis primos son inocentes. Aleida solo esta cabreada porque creyó todo lo que le dije, se calmara cuando yo vuelva y…

¿Y cuándo vea que actuaras exactamente igual que Jared y Paúl? Me cuestiono Sam. Va a reforzar todo lo que cree. Y no, no es opción hablarle del secreto.

Solté un gruñido de frustración.

La cuestión es que, no son parte real de la reserva. No pueden ser participes de nuestro secreto. El señor Carrow es demasiado perspicaz. Solo necesita unas cuantas pistas y seguro va a descubrirnos. No podemos correr ningún riesgo.

¿Porque es tan malo que lo sepa? Agache las orejas. Ya me estaba imaginando la respuesta. O va a pensar que estamos locos, o el se pondrá loco o algo peor, que pueda lastimar a la gente. Sam asintió.

Por el bien de ellos, es mejor que esto se mantenga en secreto. Te tomara unos días, mínimo una semana, para volver a cambiar. Mientras más rápido te calmes, más rápido será.

Así que. Traté de no sonar miserable, fracase. Karina, Mamá y Aleida saben que ya no estoy. ¿Qué pasara cuando los demás sepan?

Se harán preguntas, los guardabosques te buscarán. Respondió Sam.

Básicamente, lo mismo que paso cuando fue nuestro turno. Resumió Paúl. Yo me estremecí al recordar todos los rumores de la escuela y me imagine lo que se diría de mí cuando volviera.

Pero con un añadido, algo … parecido a Leah. Jared no quiso pensarlo, le fue inevitable. La sola mención de Leah provoco que Sam se retorciera interiormente, e intento desechar esos pensamientos. Ese dolor se contagio a nosotros y chillamos en solidaridad. Yo fui el único que lloriqueo.

No quiero terminar con Karina.

Claro que no quieres. Sam se compadeció de mí y empatizo por completo conmigo. Pero por el bien de ella, es mejor que cortes pronto y por lo sano. No lo hagas peor para ella.

P… pero no hay posibilidad que me pase a mí. ¿Verdad? Mire a los tres deseando que alguno me diga que "Nop. No te va a pasar". No tuve suerte con ninguno.

Una cosa que me habían explicado, para comprender porque Emily y Kim son parte de este loco secreto, es porque son las dichosas "improntas" de Sam y Jared. En teoría, el consejo de ancianos había dicho que es un suceso poco común, por no decir raro. Pero somos cuatro lobos, hay dos improntas. Eso es cincuenta-cincuenta. Entonces, ¿cuántas posibilidades tengo yo de pasar por un destino similar?

Quizás nunca pase. Jared me quiso calmar con algo que hasta a el le parecía una falsa esperanza.

No hay forma de saberlo. Por el bien de ella, tienes que tomar la precaución.

Capte en el aire el significado real de las palabras de Sam. No puedes llevar una vida normal, por que ya no eres alguien normal. Eres alguien peligroso. No solo tienes que dejarte de la novia que tanto te costo conseguir. Tienes que alejarte de todos. Igual que una secta, eres uno de los nuestros y no lo puedes cambiar. Solo que esto no era una maldita secta. Esto es una maldita manada de lobos con el deber ancestral de proteger a la tribu. Malditas sean las leyendas, ¿Por que tenían que ser reales?


N/A.: El spattergroit es una enfermedad muy contagiosa que se aprecia en la piel, que la deja fea y marcada.

Hola. Se que no es la típica historia crossover donde los personajes de harry potter se mezcla con los de crepúsculo. Pero me interesaba más crear personajes originales para la historia. Gracias de corazón a los que dan follow a la historia, me motivan a seguir escribiendo :) Espero que les guste y prometo seguir mejorando la escritura.