Como lo había prometido, actualizaré esta historia más frecuentemente. Aquí viene el quinto capítulo, espero les guste!
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Capítulo 5: Los sentimientos de Sarada.
Boruto es un chico afortunado, teniendo a Sarada quien se preocupa por él
Mitsuki baka-. Dijo una pelinegra que se encaminaba a casa a las 6 de la tarde.- Y más que nada Boruto baka-.
Sarada era una chica tranquila, centrada en su camino hacia el puesto de hokage, para ella solo importaba cumplir su sueño. Era una muchacha determinada, no tenía tiempo para preocuparse por personas como Boruto Uzumaki, el tonto de su equipo.
Sin embargo, algo de lo que mencionó Mitsuki en ese momento la hizo estremecer. Sintió como un vuelco en el corazón. El pensar que Boruto fuera afortunado por tenerla a su lado, era un pensamiento un tanto agradable. Esa emoción duró apenas un segundo, siendo truncada por Boruto y su grito escandaloso en la hamburguesería.
-¡Estoy perfectamente bien! Y no se de que hablas Mitsuki, yo puedo cuidarme solo.
*Claro, estamos hablando de Boruto, de un niño inmaduro e infantil como él solo* Pensó para sus adentros Sarada.
-Aunque, no debí golpearlo tan fuerte…-La pelinegra hizo un puchero de preocupación, mirando a un costado mientras decía esa frase.
-¡Ah!, pero que digo, él puede cuidarse solo de todas maneras, estará bien-. La chica sacudió su cabeza y puso una mirada indiferente. Si bien no estaba hablando con nadie en ese momento, ella solía comunicar sus pensamientos en voz alta.
Llegó a casa casi al anochecer, abrió la puerta del pequeño departamento que compartía con su madre y la saludó.- Tadaima, mamá-.
-Okaeri, Sarada-chan…-. Su madre salió a recibirla, y al verla tan decaída y molesta, no pudo hacer otra cosa que preguntar-. ¿Pasó algo hoy?.
-Nada, solo le dí un golpe a Boruto por ser el baka de siempre-.
-Ah, otra vez Boruto-. Sonrió su madre despreocupada.- Veo que te llevas bastante bien con él ¿no?-
-No sé cómo la gente dice eso de nosotros, si es evidente que no nos entendemos para nada. Él es una molestia- Añadió la pequeña Uchiha mientras ponía la mesa para cenar.
-Bueno… Sarada, si tú dices que él es una molestia, lo debe ser…Dijo Sakura sonriendo, sabiendo qué podría significar el que un Uchiha llame molestia a alguien.
La cena transcurrió tranquila, hablando sobre el día de Sakura en el hospital y las misiones de Sarada. La pelinegra evitó tocar el tema de Boruto nuevamente, su madre no parecía entender como ella se sentía… o tal vez lo entendía mucho mejor que ella misma.
Después de la cena, Sarada se dirigió a su habitación. Se lanzó a su cama, había tenido un largo día y solo quería descansar. En segundos se quedó completamente dormida,
…
Sarada se encontraba en el bosque, cerca de su lugar favorito de entrenamiento. Se quedó caminando por entre los árboles, siguiendo un camino iluminado por el sol. El camino la llevó a un claro de bosque, en el cual se encontraba un peñasco de arcilla gigante. Ella reconoció el lugar como el sitio de entrenamiento de Metal Lee, cerca de este lugar se encontraba un río. A Sarada le pareció tentadora la idea de ir hacia el río a refrescarse, por lo que tomo el rumbo hacia el este, donde encontraría lo que buscaba.
Al llegar al río ella escuchó una voz familiar, una voz… demasiado familiar. Era la suya, se escondió detrás de una roca, y encontró para su sorpresa a una Sarada un tanto mayor. Tendría esa chica de pelo negro unos 16 años, el cabello le llegaba a la cintura y tenía un traje similar al que llevaba puesto durante las misiones. Sarada no se cuestionó que hacía ella viéndose a sí misma. Ella solo estaba contemplando a la chica, que se veía realmente bonita con los cambios de la pubertad.
-Sarada, te estaba esperando-. La pelinegra de 16 años la había descubierto, y la llamó para que se acercara un poco.
-Lo lamento, no era mi intención espiarte-. Dijo Sarada.
-No te preocupes, toma asiento a mi lado, aquí a la orilla del río. Tengo que hablarte de algo importante-.
Algo importante? La Sarada de 12 años se preguntaba que podría estar siendo importante para su yo del futuro. ¿Qué información podría revelarle la Sarada de 16 años?. La pequeña Uchiha se acercó a la orilla del río y se sentó al lado de su contraparte mayor.
-Sarada, quiero que escuches muy bien. Creo que hoy no te has sentido muy bien, lo he sentido. ¿Sabes por qué?
-Bueno-. Añadió la pequeña-. Solo me molesta lo infantil que puede ser Boruto, eso es todo-.
-Eso es cierto, pero las actitudes infantiles no logran que tengas una emoción tan fuerte durante tanto tiempo ¿No crees? Cuéntame, que actitud o frase fue lo que te hizo enojar tanto.
-Dijo que él podía cuidarse solo en el momento en que Mitsuki dijo que Boruto era afortunado por tenerme preocupándome por él.
-¿Qué sentiste en ese momento?
-Primero me sentí feliz, y luego… al escucharlo, solo sentí un enojo muy grande….y le di un golpe en el estómago cuando dijo que nadie se preocuparía por mí.- La pequeña Sarada hizo un pequeño puchero de culpa por haber golpeado a su compañero de equipo.
-A veces disfrazamos lo que sentimos para protegernos, tanto de los otros como de nosotros mismos. Hay momentos en los que ambas no queremos parecer vulnerables, no queremos que sepan que hay cosas que nos pueden lastimar.
-¿Estas sugiriendo que me gusta Boruto?
-Jajaja, estoy sugiriendo que te escuches mejor a ti misma, pequeña Sarada. Sé que lo ves ahora, no necesitas que alguien más te lo diga. Solo tienes que abrirte a la idea, nada más.
¿Cómo era posible que a ella le gustara Boruto? Bueno, debía admitir que tenía unos ojos lindos, era noble y leal y muy determinado. Y siempre se metía en problemas por lo cual ella se preocupaba por él. Y su sonrisa…lograba hacer que ella se sienta algo…pues algo extraña.
Sarada se quedó al lado del río, mirando el agua y sumida en todos estos pensamientos. De repente escuchó otra voz familiar. El corazón le dio un vuelco, no quiso darse la vuelta.
-Sarada chan, lamento llegar tarde. Me pidieron que diera un reporte para hoy sobre la misión que tuve con mis gennins hoy. Te traje esto en compensación.
La voz provenía de Boruto, como era de esperarse, pero era un Boruto de 20 años aproximadamente. Era mucho más alto, llevaba una banda ninja en la frente y un chaleco de Jounnin. Le estaba hablando directamente a ella extendiéndole una rosa roja.
Sarada miró alrededor, no había nadie más. Su yo de 16 años había desaparecido. Pero no solo eso había ocurrido, ella se vio a sí misma y se encontró muy diferente. Tenía el cabello largo, un vestido ninja de color rojo y unas sandalias con tacón. Su corazón comenzó a latir muy rápido mientras ella aceptaba la rosa. De repente se sintió muy feliz.
Y de repente la pequeña pelinegra despertó con el corazón todavía latiendo fuertemente. Fue un sueño muy vívido, la presencia de Boruto, al menos, se sentía muy real. La pequeña se sentó en su cama para tranquilizarse.
Ella se estaba dando cuenta de algo importante. Ella, de ahora en adelante guardaría un secreto, un dulce secreto que sólo lo sabía ella y nadie más. Este era el momento clave en el cual ella se escuchaba a sí misma. Escuchaba los latidos de su corazón. Fue el momento en el que se dio cuenta que sentía algo por el rubio.
-Shannaro…..me gusta Boruto-. Dijo la pequeña en voz baja.
