Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta historio tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic "Love and Other Misfortunes" de SenLinYu


AMOR Y OTROS INFORTUNIOS

(Love and Other Misfortunes)

Por: SenLinYu

Capítulo 2


Draco Malfoy sentía como si fuera a morir congelado cuando llegó vía floo a casa. Había redoblado la dosis de su poción antes de partir esa mañana, pero su eficacia se desvaneció el momento en que Granger decidió tocarlo. Siempre había sido muy cuidadoso de mantenerla lejos del alcance de su mano.

Después de meses de lenta agonía la sensación de sus manos sobre él de repente lo había arreglado todo. Ella era tibia y gentil, y su toque trajo color de nuevo al mundo. Hablarle bruscamente para asustarla se había sentido tanto como morir que podría haberse arrancado el corazón del pecho y entregárselo a ella. Cada fibra de su ser gritaba para que la acercara, enterrar la cara en su absurdo cabello y hacer que todo dejara de doler, solo por un momento.

Se veía terriblemente oscuro en la mansión mientras salía de la chimenea pero cuando un Lumos Maxima falló en hacer la habitación más brillante, se dio cuenta con una sensación de desasosiego que apenas podía ver.

—Miffy —gritó, y un elfo doméstico apareció en la habitación. Al menos él asumió que el elfo había aparecido, ella repentinamente apareció, pero el sonido acompañante no—. Tráeme mi poción, dobla otra vez mi dosis actual.

Su estómago estaba revuelto al pensar en consumir otra gota de esa cosa vil. Había estado bebiendo casi una pinta cada seis horas. Miffy reapareció, retorciéndose las manos.

—Miffy lo siente, no hay suficiente poción para duplicar la dosis. Miffy solo trajo lo suficiente para una dosis y media.

—Bien —dijo, quitándole el gran vaso de las manos—. Ve con Jenkins y déjale saber que necesitaré otro lote en las próximas seis horas, y dile que necesito incrementar la dosificación de nuevo.

Miffy desapareció una vez más y Draco se dejó caer contra la repisa de la chimenea por un momento antes de forzar el vaso a sus labios.

Se sentía como beber gusanos. La poción se arrastró y burbujeó mientras se deslizaba por su lengua y bajaba por su garganta. Lo más cercano a lo que podía aproximarla era a que olía como una mezcla de sangre, tierra y un orinal público, y sabía cómo si alguien hubiera hecho puré de cáscaras de limón y sardinas. Se obligó a sí mismo a no vomitar el contenido en la alfombra Aubusson, sabía por experiencia que era aún peor si regresaba.

Una vez que estuvo depositada en su estómago cerró los ojos y sintió que la poción comenzaba a tomar efecto. Dejó de temblar y la habitación estaba más cálidamente iluminada cuando abrió los ojos otra vez.

—¿Draco? —se dio la vuelta y encontró a su madre mirándolo. Su expresión era tensa y dolorida, bajando la mirada se dio cuenta que ella estaba mirando el gran vaso en su mano, y él lo deslizó detrás de su espalda inmediatamente.

—Estás temprano en casa. ¿Estás bien? —la voz de Narcissa era temblorosa. Parecía siempre temblar cuando le hablaba. Desde que había entrado ciegamente en el salón pidiendo a Miffy que trajera su poción. Después de tomarla, descubrió que había estado parado frente a sus padres, mirándolo con horror y comprensión silenciosa. Su madre había llorado en su habitación por días.

Él ignoró su pregunta.

—Tuve un encuentro interesante con Granger hoy, madre—dijo, furioso con su traición—. En la oficina de Emeliory Bogfeld.

—Oh —manifestó Narcissa a la ligera—. Bueno, ambas trabajan en el mismo departamento, supongo que no es inusual que se encuentren. ¿Qué estabas haciendo en el Departamento de Criaturas Mágicas? pensé que te ibas a tomar el día con calma, viendo que es la primera vez en días que las pociones han funcionado —Ella lo envió una mirada mordaz.

—Bueno, ya que todo está a la vista ahora... sabes perfectamente bien porqué estaba allí.

La expresión de su madre permaneció inocente como si no tuviera idea de lo que estaba hablando.

—Sabes que es Granger. No sé cómo sabes, pero sé que lo haces, y ahora, gracias a ti, ella lo sabe. Y yo estaba allí para verla, porque... —su voz se apagó. No quería contarle a su madre como se sentía irresistiblemente atraído, o cómo sentía como si estuviera teniendo un ataque de pánico interminable cuando no veía a Granger durante tantos días.

— ¿Lo sabe ahora? ¿Qué dijo? ¿Te ayudará? —Narcissa se acercó a él esperanzada.

—No —Draco dijo fríamente—. No lo hará. Me aseguré de eso. Y si tratas de inmiscuirte otra vez, madre, te juro que iré a un lugar imposible de rastrear para morir y nunca más volverás a verme.

Se fue hecho una furia. No necesitaba quedarse para saber que había hecho llorar a Narcissa Malfoy de nuevo.

Cuando llegó a su habitación, cerró en la puerta y se hundió hacia al suelo.

—Un día difícil, ¿eh? —una voz afable salió de las sombras.

Draco inclinó su cabeza hacia atrás y encontró a Blaise Zabini frente a él.

—¿Qué quieres, Zabini?

—¿Yo? nada —replicó Blaise con soltura—. Vine porque escuché la historia más interesante hoy y pensé que querrías saber. Aparentemente, un VIP que no pertenece al ministerio conjuró una bola de fuego con sus propias manos y la usó para derribar la puerta de Emeliory Bogfeld. Supongo que no sabes ningún detalle, oí que estuviste en el Departamento de Criaturas Mágicas temprano.

Draco miró fríamente a Zabini.

—Y, pasé por la oficina de Hermione Granger a última hora de la tarde, para asegurarle mi apoyo para la LDH, por supuesto. Para mi sorpresa, había dejado su oficina justo después del almuerzo y no regresó por el resto del día. No tenía idea de que incluso pudiera abandonar esa oficina, pensé que vivía allí.

—Cállate —Espetó Draco.

—Supongo que sabes dónde vive, ¿verdad, Drake?

—¡Cállate, Zabini!

—Debe ser útil, ser siempre capaz de encontrarla. ¿Puedes sentirla, cierto? Cuando está despierta o dormida. Si está feliz ... Escuché que estaba en la oficina de Emeliory cuando las bisagras explotaron. ¿Estaba asustada? ¿Lo sentiste?

—¡Dije que te callaras! —Rugió Draco, saltando y atacando a su amigo, tirando de su puño para golpear la cara petulante de Zabini, giró y su mano pasó a través del aire vacío. Zabini se había ido. O más bien, él no había estado allí en primer lugar. Otra alucinación.

Draco se dejó caer en su cama. Al menos esta vez no había sido Granger. Normalmente era Granger; la noche anterior lo había sido. Siempre era la misma conversación. Ella se paraba al pie de su cama mirándolo con repulsión torciendo sus facciones, recitándole cada cosa despreciable que alguna vez le había hecho; diciéndole cómo hacia que le dieran escalofríos; levantando la manga de su camisa y mostrándole la palabra marcada en su brazo, recordándole que él había estado allí, que él se había quedado parado y observado; y luego ella le preguntaba si realmente le iba a robar cualquier oportunidad de felicidad forzándola a vincularse con él. Entonces ella lloraba y le suplicaba que la dejara en paz. Y luego se desvanecía.

Lo devastó tanto que se arrastró de la cama y fue al ministerio; tenía que verla con sus propios ojos. Ver si podría ayudarla con la LDH por última vez, observarla sonreír con seguridad y satisfacción por lo que estaban a punto de lograr.

Entonces todo se fue al diablo.

Y ahora ella lo sabía.

Se sintió como si todo el restante control que tenía se estuviera escapando. Cuando ella lo miró fijamente, mordiéndose el labio inferior con preocupación, supo que se sentiría obligada a salvarlo; así como trataba de salvar a los elfos domésticos, los hombres lobo y los centauros, y le daba náuseas pensar que él sería solo otro elemento de la lista de cosas por las que se sentía moralmente obligada a sacrificar su vida y su bienestar.

Así que le arrojó todas las cosas malas que se le ocurrieron. Cada fragmento de vulnerabilidad que había encontrado alguna vez, se lo restregó en la cara. Y también sintió cuando dieron en el blanco.

Se acostó en la cama y deseó darse prisa y morir. No quería darle a Granger tiempo para decidir superar su dolor y arrojarse él impulsada con su justa intención de salvarlo de sí mismo. No estaba seguro de cuánta más fuerza tenía para alejarla.

Sacando su varita echó cada hechizo de barrera y de protección que conocía hacia la puerta.

El frío estaba arrastrándose en él otra vez. Se rodó y rezo para dormir.

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Narcissa Malfoy había estado sentada en la lluvia en los escalones de Hermione Granger por una hora antes de que la castaña llegara a casa.

La pobre chica estaba tan sorprendida que casi deja caer la pila de libros que estaba levitando detrás de ella.

—¿Sra. Malfoy?

—Señorita Granger —Narcissa trató de parecer digna mientras conjuraba un hechizo de secado sobre sí misma—, estoy segura de que sabe por qué estoy aquí. Necesito hablar con usted sobre mi hijo.

—Por supuesto —Hermione asintió, abriendo su puerta e invitándola a entrar—. Estaba en la biblioteca tratando de entender mejor las cosas.

—Sí, por supuesto —Narcissa asintió mientras seguía a Hermione a la sala de estar.

Ella y la señorita Granger se habían reunido muchas veces a lo largo de los años gracias a su patrocinio conjunto del Programa de acogida para hombres lobo y con el tiempo su relación había perdido la tensión de las ofensas pasadas y se había vuelto cordial. Sin embargo, la pasada familiaridad era insuficiente para superar el nivel de incomodidad que Narcissa sentía al tener que aparecerse en la casa de Hermione con el expreso propósito de rogarle que salvara a su hijo.

—Espero que no le ofendiera que le haya pedido a Emeliory Bogfeld que se le acercara en mi lugar —Se encontró balbuceando mientras permanecía incómodamente junto a la chimenea—. Pensé que, dada la historia de Draco y usted, podría ser mejor involucrar a un tercero, al menos para explicar la dificultad de todo.

—Por supuesto. La señorita Bogfeld fue una persona ideal para dirigirse a mí. Tiene gran experiencia explicando los vínculos mágicos. Probablemente habría sido más desprevenido si hubiera tratado de explicar la situación usted misma.

Narcissa asintió con alivio.

—Bueno, es agradable escuchar eso. Escuché que se encontró con Draco después... —presionó con cautela.

La expresión de Hermione se endureció.

—Sí —Hermione admitió—. Parecía ... molesto porque me haya enterado de todo.

—Estaba bastante indignado cuando regresó a casa —Narcissa notó.

Hizo una pausa por varios instantes, juntando su valor.

—Señorita Granger, como estoy segura de que sabe, mi hijo significa el mundo para mí. Sabe los riesgos que estoy dispuesta a tomar para protegerlo y esta situación no es excepción. Él está seguro de que usted nunca podría corresponder sus sentimientos así que ha decidido morir en lugar de siquiera intentar convencerla. Desearía poder respetar los deseos de mi hijo, pero antes de que retroceder y observar, tengo que preguntarle si hay alguna oportunidad de salvar a mi hijo.

Hermione lucía en conflicto.

—No tenía idea de que Malfoy tuviera algún tipo de interés en mí —admitió, tomando un libro de la cima de la pila y con nerviosismo dándole la vuelta en sus manos—. Cuando hablamos hoy él dijo que me aborrecía y que tener una criatura dentro que está atraída a mí era la cosa más horrible que le ha pasado jamás. Me di cuenta de que en su mayoría estaba mintiendo, basado en lo que encontré de mi investigación. Pero, al mismo tiempo, es una idea que es difícil de reconciliar con el Draco Malfoy que siempre he conocido.

Narcissa sintió una risa ahogada arrancarse dolorosamente de ella.

— ¿Él dijo que la aborrecía? —se dejó caer en una de las sillas de Hermione sin invitación, sintiendo como si fuera a desmayarse sino lo hacía—. Draco ha estado enamorado de usted por años, probablemente más tiempo del que él sabe. Solía hablar sobre usted constantemente. Todas las vacaciones de verano, y mis cartas de él estaba llenas de historias sobre usted. Era Granger esto, Granger lo otro, y cómo iba tener mejor notas que usted y la expresión de su cara cuando él respondía una pregunta en pociones. Yo estaba con él cuando los mortífagos atacaron la copa mundial de Quidditch en su cuarto año, se puso pálido como una hoja cuando se dio cuenta que estaba buscando nacidos de muggles—. Narcissa se dio cuenta que estaba divagando y se contuvo,

—No estoy pidiendo que ignore el daño que él le ha causado a lo largo de los años. Pero, espero que se dé cuenta que él la mantenía a distancia porque se preocupa de su bienestar.

Hermione mordisqueó su labio inferior y pasó las manos nerviosamente por la cubierta de libro en su regazo.

—Estuve haciendo algo de investigación hoy. Me di cuenta, basado en los comentarios de Emeliory, que él es parte veela; es inusual que los rasgos veela se manifiesten tan fuertemente en las generaciones posteriores, ¿No es así? ¿Cuánto de veela tiene en él?

—Sí —Narcissa asintió—. La veela viene de mi lado de la familia, los Blacks tenían matrimonios arreglados y decidieron no realizar ceremonias de vinculación en sus votos… así podrían tener la libertad de perseguir, otros intereses. Debido a eso le permitió a mi madre formar un vínculo con una veela, y yo nací. No fue exactamente apropiado, pero….

—Oh —exclamó Hermione luciendo ligeramente sonrojada por el giro que había tomado la conversación—. Por eso se ve tan diferentes de sus hermanas —dijo gesticulando hacia su cabello.

—Sí —asintió Narcissa, ruborizándose levemente. Nunca le había confiado estos detalles a nadie que no conociera íntimamente—. De todos modos, Draco es un cuarto veela, como la Sra. Delacour-Weasley, pero los rasgos se han manifestado con más fuerza en él de lo que suelen hacerlo. Me reuní con un sanador que se especializa en manifestaciones parciales de veelas, él piensa que la guerra fue probablemente el catalizador. Draco acababa de llegar a la edad adulta, y la difícil situación pudo haber causado que Draco inconscientemente aprovechara cualquier ayuda que su sangre veela pudiera proporcionarle.

Hermione asintió pensativa.

—Eso tiene sentido. Me detuve en el archivo del ministerio de camino a casa, parece por los registros, de que ha habido un aumento en los vínculos mágicos desde la guerra.

La conversación se detuvo durante varios minutos mientras ambas mujeres esperaban a que la otra hablara. Finalmente Hermione habló de nuevo.

—Sra. Malfoy- —tartamudeó ligeramente—. Me gustaría poder ayudar a Draco, pero… Estaría mintiendo si dijera que tengo algún sentimiento por él más allá de mi respeto por sus esfuerzos tras la guerra. Sé que no es lo que esperaba escuchar.

Narcissa no había esperado una respuesta diferente, pero al escucharla aún se sentía como ser golpeada por una bludger. Podía sentir cómo se le escapaba la sangre de la cara e intentó apartar la mirada mientras parpadeaba para aclarar las lágrimas que brotaban de sus ojos.

—Por supuesto —se puso de pie, luchando para mantener su voz serena—. Debe entender, que tenía que preguntar.

—Espere —Hermione le tomó la mano y evitó que se volteara hacia la puerta.

Narcissa la miró con cautela, tratando de aplacar la sensación de esperanza a la que temía permitirse.

—No tengo ningún sentimiento por él —reiteró Hermione, luciendo nerviosa—. Y honestamente todavía estoy tratando hacerme la idea de que él me ve como más que una herramienta política. Y Draco no quiere que me una a él solo para salvarlo, incluso si estoy dispuesta a hacerlo. Pero, es su vida la que está en juego, entonces me gustaría ver si hay…. —su voz se fue apagando.

Narcissa rompió en llanto y se dejó caer en el sofá, sintiéndose histérica del alivio.

— ¿En serio? ¿Tratarás de ayudar? —sollozó.

—Esta no es una promesa de que saldrá bien —le recordó Hermione.

Narcissa asintió —Por supuesto. Por supuesto que entiendo eso. Solo estoy muy feliz de que esté dispuesta a considerarlo—su mente ya estaba acelerada con ideas de cómo asegurar el éxito—. Solo necesitamos encontrar una forma de pasar sus defensas, está acostumbrada a verlo cuando está más cauteloso, es importante que lo atrapemos por sorpresa…

oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Draco se despertó de golpe. Sus dientes estaban castañeando y parecía que ningún número de capas o los encantamientos de calentamiento podrían aliviar el frío que sentía.

Estiró el brazo ciegamente por su varita pero no puedo encontrarla debajo de su almohada.

—Miffy —llamó, arrastrándose fuera de la cama. El elfo no apareció, al menos él pensó que ella no apareció. Miró lentamente alrededor de la habitación intentado ver si se lo había perdido. Entonces la vio.

Granger.

Estaba sentada callada en el sofá del otro lado de la habitación, su varita estaba en sus manos.

Su respiración se atrapó y el corazón se le triplicó en su latir. La miró y ella lo miró de vuelta. Quería ver hacia otro lado, sabía que ella no estaba realmente ahí, pero la visión de ella hacía que su sangre tamborileara con magia y se sentía tan atraído hacia ella, incluso sabiendo que se desvanecería el momento en que intentara tocarla.

Finalmente despegó sus ojos de ella.

—Por favor vete, Granger.

Ella no dijo nada pasando la varita de Draco nerviosamente de una mano a otra.

—Esta es usualmente la parte donde me dices lo mucho que me odias —dijo de manera aburrida, preguntándose a dónde estaba yendo la alucinación. Suponía que sería diferente, ahora que ella sabía.

—¿Por qué crees que te odio, Malfoy? —preguntó.

Él la observó con gesto de impotencia.

—Puedo sentirte —agarró la tela sobre su corazón—, cada vez que me ves, te sientes recelosa. Cuando te topaste conmigo en el misterio la otra noche, estabas asustada. Sé lo que sientes cuando estás con cualquier otra persona, ya sea Potter o compañeros de trabajo que apenas conoces. Todo sobre ti es cálido, pero te vuelves fría al verme. No es difícil sacar conclusiones de ahí.

—¿Puedes sentirme? Ese… ese no es un síntoma común en los vínculos.

—Es bueno saber que estás haciendo tu investigación —declaró seco—. Sí, solo parpadeos de cosas, no es constante.

—¿Y es por eso por lo que crees que te odio? —presionó.

—Sí —espetó.

—No odio a mucha gente, Malfoy —exclamó ella calmadamente.

—Lo sé —él manifestó con rencor.

Hermione se levantó y comenzó a caminar lentamente hacia su cama.

—No te odio. Ni siquiera me desagradas, honestamente. Admito que tiendo a sospechar de tus motivos, pero eres un Slytherin y un cabildero, ser astuto está en la descripción de tu trabajo, sería una empleada irresponsable del ministerio sino sospechara de ti.

Oh, Dios, Draco se dio cuenta con horror. Ella estaba realmente ahí.

—Por favor, aléjate de mí, Granger —le rogó mientras ella se acercaba más a él. Podía olerla y sentir su calor, la cabeza le daba vueltas. Ella dejó la varita de Draco al otro lado de la habitación, no podría lanzar una barrera contra ella.

—Malfoy —dijo cuando alcanzó su cama—. ¿Por qué nunca intentaste ser bueno conmigo?

—Porque… Porque… — se empujó sobre la cama para alejarse de ella, sintiendo como si las palabras fueran arrancadas de él—, sé que no confías en mí. Temía que pensaras que lo estaba haciendo para manipularte y que no nos dejarías trabajar juntos nunca más.

—Ya veo —dijo Hermione, y para su absoluta incredulidad ella subió a la cama—. Pero también piensas que soy un dechado de virtudes que aun así me sacrificaría a mí misma para salvarte, ¿A pesar de odiarte?

—Eso es lo que estás haciendo ahora —señaló mientras se arrastraba fuera de su cama y colapsaba contra la pared temblando violentamente. Necesitaba otra dosis de poción, solo habían pasado unas horas y ya había desaparecido el efecto.

—Miffy —gritó. Granger gateó sobre la cama y se arrodilló frente a él. Si no se hubiera sentido como si estuviera muriendo de hipotermia, probablemente se habría puesto duro instantáneamente al verla.

—Draco —-dijo en voz baja, y él se dio cuenta que estaba conjurando un hechizo de diagnóstico en él—. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que tomaste la poción y qué tan alta fue la dosis?

—No lo sé —dijo atontado, podía sentir su cuerpo irradiando calor y la compulsión de arrastrarla contra él y absorber su calor mientras exploraba cada centímetro de su piel hacía que fuera muy difícil formar pensamientos completos—. ¿Tres horas? ¿Tal vez tomé 1000 ml?

Ella estaba diciendo algo, pero él no podía oírlo, sus oídos rugían y él solo quería… quería extender la mano y tocarla, solo una vez.

—¿Malfoy? —la escuchó llamarlo.

—Por favor- —gimió, alejándose de ella—, Granger, por favor mantente alejada. No puedo…No quiero hacerte daño.

Ella solo siguió moviéndose hacia él.

—Malfoy, no te queda mucho tiempo —dijo ella suavemente.

—Lo sé —gruñó—. Es por eso que debes alejarte de mí. No soy tu causa, Granger.

—Lo sé —ella le tranquilizó.

Y luego lo besó.

Era como si ella fuera el sol. El mundo entero explotó con luz cuando sus labios tocaron los suyos; como tocar magia pura.

Cualquier resto de pensamiento restante voló cuando ella colocó una mano en su mejilla y la otra en su cuello para inclinar su cabeza hacia atrás y acomodar mejor sus labios. Las manos de Draco se alzaron y se enredaron en su cabello.

La había deseado tanto tiempo y ahora ella estaba allí en sus brazos, besándolo.

La apretujó contra él y deslizó sus manos por su espalda, memorizando cada centímetro. Apartándose de su boca, él repartió besos calientes a lo largo de su garganta, probando su piel. Sus dedos rozaron el dobladillo de su camisa, avanzando sigilosamente sobre su estómago y comenzó a deslizar sus manos debajo de su ropa y su cuerpo hacia sus pechos.

Ella soltó un pequeño gemido entrecortado que vibró a través de él, convirtiendo su sangre en fuego. Era suya. Había venido a él. Ella era suya. Él podría tomarla...

Luego Hermione puso las manos en los hombros y lo apartó.

Draco la miró, respirando entrecortadamente. Sin pensar, extendió la mano, para detenerla, pero ella se alejó un poco y sintió como si le hubieran dado una patada en el estómago mientras la miraba incómodamente alisarse el cabello y enderezarse la ropa.

—Por qué-? —exigió sin poder contenerse. El impulso de arrastrarla hacia atrás y tomar lo que ella le había negado se sintió como un monstruo que se arrastraba fuera de su pecho. Sus dedos se curvaban compulsivamente en garras que no podía corporealizar.

Y luego lo sintió, su miedo. La estaba asustando. Ella pensó que él la forzaría.

Se sentía enfermo. No lo haría. Él nunca ... nunca la lastimaría. Pero, ella pensó que lo haría, aún así.

Apartó la mirada de ella, luchando por dominarse en medio del deseo que palpitaba a través de él. Todo era un millón de veces peor ahora. Se había resignado a su destino; pero ahora después de probar lo prohibido….

Quería vivir.

También tenía ganas de morir. En ese mismo momento. Para que no tuviese que soportar otro segundo de la venganza que Granger parecía decidida a causarle.

No se había dado cuenta de que ella podría ser cruel. En los escenarios que había imaginado, ella simplemente declinaba y dejaba morir. Esto era peor, y lo confundía. Era contradictorio con todo lo que él creía que sabía sobre ella. Que ella lo odiaba había sido una cosa de aceptar, pero lo que fuera esto, excedía para lo que se había preparado.

Granger lo miraba preocupada y con el rostro lleno de remordimiento.

—Lo siento, Malfoy, fue lo único que pude hacer para traerte de vuelta.

Ella se cernió sobre él preocupada, manteniendo una distancia cuidadosa y lanzó otro hechizo de diagnóstico.

—¿Puedes ver ahora?

—¿Qué? —dijo Draco confundido, antes de darse cuenta de que la habitación estaba inundada de luz y lo suficientemente cálida como para sofocarlo. Miró a Granger con creciente horror.

—¿Qué hiciste? —demandó.

—Yo… —Hermione se sonrojó—, bueno, era la única manera de traerte de vuelta. Lo leí en un libro sobre vínculos mágicos. Es temporal, para mitigar tus síntomas. Se desvanece después de unos días, pero nos da algo de tiempo.

—¿Tiempo para qué? —preguntó, aunque estaba bastante seguro de que sabía exactamente a dónde iba. Todo tenía sentido de nuevo, Granger era una mártir, todo era una vez más predecible en el mundo.

—Para que hablemos. Decidir qué hacer. Si podemos resolver algo juntos.

Draco se irguió y se sacudió la pelusa inexistente de los hombros.

—No hay nada de lo que podamos hablar, Granger. Esto no cambia nada. Ya te dije que te encuentro vil y repugnante. Aprovecharte de mí cuando estaba en un estado debilitado para cumplir con tu complejo de héroe no cambia nada. Fuera de mi casa. —gruñó.

Hermione se arrugó ligeramente y Draco se acercó a ella sin pensar. Estaba dolida, podía sentirlo, no por su rechazo, sino por otra cosa.

Ella levantó una mano en señal de alerta y él se congeló, luchando por ocultar su preocupación.

Ella se enderezó.

—Bueno, eso es intenso de lo que esperaba —tomó una respiración profunda y estabilizadora.

—¿Qué es? —él preguntó sospechosamente.

—Nuestro vínculo emocional. Sentirte. No me había dado cuenta ...

—¿Nuestro que? —dio Draco estranguladamente.

—Sí —exclamó Hermione alegremente, una sonrisa astuta jugando en sus labios—. El vínculo temporal funciona al compartir la magia que está causando estragos en ti desviando un poco hacía mí. Eso significa que las cosas van en ambos sentidos ahora. Así puedo sentirte de la manera en que has sido capaz de sentirme.

Ella ladeó la cabeza hacia un lado y lo miró pensativa.

—Casi creo que me encuentras vil y repugnante si no hubieras tenido ganas de morir al decirlo —su expresión se suavizó en una teñida de tristeza—, ¿Siempre te duele tanto pensar en mí?