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¡Hola! un nuevo capítulo de esta historia. Que bueno que les gustó.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.


Capitulo 2: Aprender A Cuidar A Una Bebé


Después de que los ninja de Konoha se fueran, el portador del una cola salió de su escondite, agarró a la bebé del cuello de la blusa y siguió su camino a Suna.

―Mocoso, deja de cargar así a la niña, que no es un saco de arena ―reclamó el Shukaku.

―¿Cómo quieres que la cargue? ―preguntó el siempre inexpresivo Gaara.

―No sé, pero así la estás lastimando.

Entonces, luego de un rato de silencio, Gaara agarró a la niña de la espalda y la acercó a su pecho; y con la ayuda de la arena llegó a Suna rápidamente.

―Oye chico, mira a esa mujer con ese niño a ver si aprendes algo, los machos humanos son bien inútiles ―le espetó el demonio y Gaara asintió, sus modelos masculinos nunca fueron muy buenos en la crianza de niños.

El joven ninja dirigió su mirada a la mujer que cargada a al niño en su espalda con la ayuda de una tela.

―Deberías de seguirla ―Gaara asintió y siguió a la mujer imitando lo que hacia

―Mocoso, deberías comprar cosas de bebé y también aprender a cambiarla y… ―intentando una seriedad que no sentía el demonio apenas pudo decir lo último sin reírse― …a amamantarla

―¿A amamantarla!? ―Gaara parpadeó sin entender.

―Sí, bueno ―ahogó una risilla malévola―, darle de pecho.

―¿Darle mi pecho? ―el pelirrojo bajó su mirada hasta esa parte de su cuerpo― ¿Cómo se hace eso?

―Pues mira como lo hace esa chica ―le indicó con su sonrisa traviesa cada vez más visible.

Gaara se quedó viendo lo que hacia la muchacha por unos segundos y a pesar de que no entendía bien la razón de dar un pecho a un niño, subió su camisa dispuesto a imitar a la mujer frente a él, y en ese momento el Shukaku no aguantó más las ganas y se echó a reír.

―¡Hahahahahaha! ¡No puedo creer que lo intentarás! ―el pelirrojo entrecerró la mirada― ¡Eso solo lo pueden hacer las hembras! ¡Eres tan inocente mocoso! ¡Hahahaha! ―Gaara balbuceó algo que sonó a un insultó pero dejó que el Shukaku siguiera riéndose, de cierta manera el comentario sobre su inocencia se sintió… agradable.


Mientras tanto la situación en Konoha no era tan divertida.

Kiba entró a la oficina sin tocar completamente agitado

―¡Ho-kage sama! ―casi gritó sin aliento.

―¡Kiba! ―regañó la mujer rubia― ¿¡Por qué entras de esa forma!? ―lo fulminó con la mirada y el chico dio un paso atrás.

―Yo-yo es que… tengo que decirle algo urgente sobre Hinata

―¿Hinata? ―al ver la preocupación del chico la Hokage dejó pasar su impetuosa entrada― Ve al grano.

Aún nervioso y agitado el Inuzuka comenzó a explicar.

―Bue-bueno es que a Hinata… bueno

―¿Qué le pasó? ¡Habla de una vez! ― ordenó Tsunade ya algo irritada.

―Bueno, es que Hinata… bueno ―la Hokage comenzó a cerrar los ojos frustrada y Kiba respiró hondo para poder explicarse antes de que la mujer frente a él le aventara el escritorio en la cara― ¡Hinata fue víctima de un jutsu y fue convertida en un bebé de meses! ―soltó rápidamente y los ojos de la Hokage esta vez se abrieron en sorpresa― pero ese no es todo el problema…

―¿¡No!? ―con un todo de enojo la Hokage habló― ¿¡Qué más pasó!?

―No, el ma-mayor de los problemas es que… Hinata desapareció…

―¿¡Cómo desapareció!? ―volvió a golpear y agrietar el escritorio, el joven Inuzuka brincó en su sitio― ¿¡Cómo una bebé se desaparece del cuidado de ninjas de élite en rastreo!?

―Sí, Hokage Sama fue mi culpa… yo estada a cargo de cuidarla y…

―¿¡Y quién la está buscando!? ―por suerte para Kiba la Hokage interrumpió su confesión.

―Kurenai, Shino y Akamaru ―informó de inmediato―, pero será algo difícil, a causa del jutsu la presencia de Hinata es muy débil y cambiante ―Kiba apretó los puños― así que el rastreo se dificulta.

―Ya veo ―la mujer junto las manos pensativa―, ve ayudarles tú también, si alguien tiene oportunidad de encontrarla ahora es el mejor equipo en ascenso de rastreo de la aldea, yo le informaré a Hiashi Sama sobre esto.

―Sí. Muchas gracias, Tsunade Sama.

Kiba salió de la torre lo más rápido

Tsunade suspiró un par de veces y con calma salió de la torre en dirección a la mansión Hyuga.


La mansión Hyuga se encontraba en su siempre frío orden cuando el líder del clan fue interrumpido de sus deberes.

―Hiashi sama ―una voz de un miembro de la rama menor le llamó.

―La Hokage Sama está aquí y solicita una reunión con usted ―Hiashi frunció el ceño ante la visita inesperada.

―Hazla pasar ―pidió de inmediato.

―Sí, señor. Con su permiso ―se retiró el hombre con una reverencia y un momento después regresó con la líder de Konoha― Por aquí, Hokage sama

―¿Desea un poco de té? ―ofreció el patriarca de la familia Hyuga.

―No gracias, Hiashi Sama ―negó con la cabeza con evidente preocupación lo que preocupó también al líder del clan aunque su rostro no mostrara ninguna emoción en particular.

―¿Qué la trae aquí, Tsunade Sama?

―Iré al punto, su hija mayor se ha convertido en una bebé de meses debido a un jutsu ―observó como el rostro de Hiashi no cambió al recibir la noticia―, y la han perdido durante la misión, en este momento su equipo la está buscando.

―Entiendo ―dijo con un tono sereno―. Enviaré a Neji y a Ko para ayudar ―finiquitó el asunto y la Hokage supo que la reunión había terminado.

―Eso será de gran ayuda, con su permiso, me retiro ―la mujer salió del lugar y dejó a solas al padre de la kunoichi perdida.

Y aunque Hiashi se veía tranquilo, en su interior estada preocupado por su hija, muy preocupado.


La situación de Suna estaba aún algo extraña.

―Detente un momento, mocoso ―ordenó el Shukaku.

―¿Hm? ―a pesar de no entender el chico obedeció.

―Entra ahí ―indicó a la tienda frente a ellos.

―Hm ―asintió Gaara con el mismo monosílabo que preguntó.

―Tienes que comprar cosas para la niña.

―No ―negó cortante el ninja.

―Si no lo haces te obligaré ―amenazó el demonio―. Así que vas por la buenas o te hago ir por las malas.

Gaara no dijo nada y entró al local sin ser visto por nadie, agarró; lo que según su escaso conocimiento obtenido de seguir a la mujer con el bebé, ocupaba, y salió como entró dejando dinero en el mostrador.

―Eso fue rápido ¿a ver que tenemos? ―el Shukaku observó curiosa las cosas humanas para crías que compró el pelirrojo.

Unas mudadas de ropa, plato, cucharita, un biberón, uno que otro juguete, pañales, champú, jabón, medias, gorro…

―Nada mal, nada mal ―admitió el Shukaku―. ¿Pero cómo vas a llevar todo esto, genio? ¿No tienes bolsa?

Gaara soltó un bufido que al Shukaku le pareció una burla en contra de él, y tal vez lo fue, porque todo fue envuelto por la arena formando un saco.

El mocoso no era tan tonto.

―¡He! Ya veo que te gustan los sacos ―con un tono burlón habló el una cola, Gaara no reaccionó ante la burla como solía pasar―. Bueno, ya que todo fue guardado tienes que comprar algo de comida para la niña.

―¿Qué?

―No sé, ¿verduras, frutas? ¿Tal vez una cría pequeña y suavecita de algún animal? ―Gaara negó ante eso y el Shukaku dejó pasar la idea― ¿Por qué no compras lo mismo que esa otra mujer? Ella tiene un bebé, debe de saber que darle de comer y puedes aprender también a prepararla.

Gaara tomó de nuevo el consejo del Shukaku y usando sus habilidades ninjas de persecución para no ser detectado, compró lo que la joven madre comprada, dejando dinero en los puestos que pasaba aunque nadie supo de dónde provenía ese dinero y así fue todo el recorrido hasta llegar a hogar de la joven.

El ninja se quedó mirando por un buen rato lo que hacia la joven para aprender que hacer cuando el bebé lloraba, que le preparaba de comer, cómo lo hacia, qué le decía para calmarlo y todo eso. Lo único que no puedo ver muy bien fue cuando lo estada limpiando pero no le dio importancia, después lo averiguaría y no ´podía ser más difícil que aprender ninjutsus, ya más o menos sabía qué hacer y la pequeña ya llevaba un buen rato dormida.

―Tenemos que irnos ―habló el Shukaku cuando la madre puso a dormir al bebé.

―Sí ―asintió el chico.

Gaara llegó a su hogar y rápidamente entró a su habitación con cautela sin que nadie lo viera. Ya en su cuarto el ninja de la arena dejó a la niña en su cama y las cosas a un lado.

―Chico, deberías darte una ducha, apestas.

―No soy yo ―rebatió el pelirrojo.

Voltearon a ver a la pequeña y de pronto se puso a llorar; sus ojos color perla rezumaban de pena, como si quisiera que lo supieran.

―Debe de tener el pañal sucio ―entendió Gaara.

El Shukaku ahogó un gesto de asco.

Gaara se limitó a quitarle el pantalón y se puso a quitarle el pañal que tenía.

―¿Qué hago? ―preguntó tapándose la nariz cuando el olor lo golpeó.

―No sé. Límpiala con las manos ¿qué crees que lo sé todo? ―respondió el espíritu algo fastidiado.

Gaara se lo pensó un momento y luego de no tener una mejor idea, el joven estaba a punto de hacer lo que le dijeron cuando el Shukaku interrumpió.

―¡Para, para! ―intercedió incapaz de ver tal atrocidad― ¡Pero que idas a hacer niño! ¡No lo dije en serio! ¡Que tienes en la cabeza! ―medio divertido medio en serio lo regañó― ¡Límpiala con papel y ponle un pañal limpio!

Gaara parpadeó un par de veces extrañado de tanto regaño del demonio, pero luego, con complicación, pudo hacerlo.

Después de cinco intentos pudo colocarlo bien.

―Si quieres que no la vean ―inició el Shukaku mientras la niña se divertía curiosa con las cosas que compró el pelirrojo―, tendrás que encontrar un lugar seguro y que no sea muy frecuentado; pero…

Y Gaara apenas lo escuchó ya que estada hipnotizado por la sonrisa de la niña.


¡Hasta aquí el capítulo!

¡Espero que les haya gustado!

¿Debería continuarlo?

Gracias por sus favorite, follow y review .