CAPITULO 3

Yuuri aún tenía dudas, pero no podía hacer demasiado por su cuenta ante la sospecha de un conflicto interno pues confiaba en su organización. Confió en todos los que lo acompañaron por muchos años, casi prácticamente toda su vida, sin observar con cuidado o preguntar. Sus padres y sus instructores le enseñaron que nunca se estaba totalmente seguro pero en la vida real era diferente; si ya era difícil para él imaginar que una chica que le había coqueteado en un bar era una espía de los Mitsurou, era mil veces peor imaginar que personas que siempre lo habían guiado y a quienes siempre consideró amigos lo quisieran muerto.

Era evidente que sí necesitaba ayuda externa, pero el invitar a los rusos a colaborar era un arma de doble filo. Podrían ayudarlo a capturar a los culpables pero también estaba expuesto a que recolectaran información sobre ellos para sus propios fines. Además que sabía que lo único que le importaba a los Bratva era su cargamento de armas desaparecido; nada de esto lo convencía del todo.

A pesar de todo se estaba celebrando una comida con Nikiforov y algunos de sus subordinados; tomaban alcohol, cantaban y reían. Era claro que no era formal, solo para alentar la buena convivencia entre los recién aliados. No era su ideal de hacer amistades; seguía odiando pasar tiempo con esos alborotadores.

En especial cuando Victor propuso que todos fueran a bañarse al onsen y su amiga de la infancia Yuko, ya algo borracha, secundó la idea alegando que era importante "fortalecer la confianza". Para el japonés esto era totalmente desagradable, en primer lugar porque fue ahí donde comenzó a tratar con la molestia rusa y en segundo porque era su lugar sagrado, que fuera profanado por estos tipos ruidosos no era lo que esperaba para confiar en esos gaijin.

Ese lugar era importante para Yuuri, pero era difícil negarse cuando sus invitados se emocionaron y comenzaron a apoyar la idea entre gritos de alegría. Antes de desesperarse tuvo que alzar su voz para llamar la atención.

─Lo siento señores, pero no puedo dejar que entren, es... Un lugar reservado.

─¿Es tan reservado que no puedes ni siquiera prestarlo a tus aliados? No deberíamos tener tantas restricciones ─intentaba alegar Nikiforov, quien ya tenía varias copas de más.

─Creo que no entendiste. Es mi hotel y puedo disponer quién entra a las áreas privadas.

─Junm, tan tacaño y egoísta como siempre.

─¡¿Qué?! Por si no lo sabes acepte a todos sabiendo que odio trabajar con personas como ustedes ─contestó Yuuri enojado.

─¿Otra vez con eso? ¿Qué tienes en nuestra contra? Si es por lo que pasó al principio, ya me disculpe; y lo de ahora, esa chica tiene razón, no podemos trabajar juntos si no confiamos en el otro.

─No es que no tenga confianza, seguro ustedes no saben respetar lugares ajenos.

─¿Acaso no hemos respetado tu hogar? Nunca te faltamos el respeto y siempre respondes con desconfianza. Sólo juzgas por las apariencias, como si tú fueras mejor.

─¡Tampoco me hables de ese modo!

─Por supuesto, tú mandas y te debemos respeto aunque no lo merezcas.

Yuuri no pudo más con esas palabras y tomó a Nikiforov por la yukata que estaba usando; tenía el rostro deformado por la ira y claras intenciones de golpearlo. Si quedaban algunas personas que seguían charlando al principio de la disputa, en ese momento todos quedaron en silencio. El japonés reaccionó por el mutismo a su alrededor, por lo que volteó a ver. Era vergonzoso que todos lo vieran con incredulidad; recuperó la compostura esperando que una disculpa al ruso bastara, pero lo detuvo cuando estuvo a punto de hacer una reverencia.

─No es necesario Katsuki, fue mi culpa. Pero podríamos hacer otra cosa para resolver esto: he oído que eres bueno en aikido y judo, y yo, aunque no lo parezca por mi apariencia de "extranjero vulgar", también tengo conocimientos de ello, así que podemos tener una pelea amistosa. Sea quien gane, se acaban los rencores ¿Estás de acuerdo?

─Eso no podría llevar a algo bueno.

─Sería peligroso solo si en verdad nos tuviéramos rencor, pero yo sí confío en que tú no me lastimarás, y yo tampoco lo haré.

Antes de poder responder, la rusa pelirroja se unió a la discusión. ─¡Sí! Apostemos; si gana Victor, podremos entrar a las aguas termales, pero si Katsuki gana no lo mencionaremos de nuevo.

Con el ánimo ya levantado, los demás apoyaron la idea. Los japoneses estaban orgullosos de su jefe; un encuentro amistoso les dejaría claro a los extranjeros quien era el mejor.

─¡Sí! Katsuki-sama, demuéstreles de lo que es capaz, ¡puede derrotar a quien sea!

Yuuri tampoco quería quedar como un aguafiestas, por lo que a pesar de que el bullicio no era de su agrado, se dejó llevar por el ánimo que surgía de los presentes.

─Está bien, podemos hacerlo en la habitación de al lado. No cabemos todos pero pueden venir unos cuantos para ser los testigos; además tenemos que poner las reglas.

─Por supuesto. Nada de golpes bajos, o en el rostro, ni trucos sucios, y para que no nos sobrepasemos, que pierda el primero que se rinda.

─Muy bien, tampoco me la hagas tan fácil.

─Jajaja, eso quisieras.

Todos estaban emocionados; eran raras las ocasiones en las que Yuuri aceptaba un reto. Fueron a la habitación mencionada para preparar todo, lo que fue sumamente sencillo, solo retiraron los muebles para hace espacio. La superficie era ideal a pesar de que no era precisamente un dojo, así que no fue necesario preparar algo más.

El público tomó lugar alrededor de la habitación vacía. El grupo ruso, que era el más ruidoso, empezó a animar a Victor pero pronto les pidieron silencio para que los participantes pudieran concentrarse. Los competidores comenzaron a prepararse, colocándose de pie uno frente a otro. Era una pelea con un aliado reciente, así que Yuuri no quería lastimarlo usando toda su fuerza pero por otro lado, el ruso no se veía precisamente débil y le había causado muchas molestias desde que llego a interrumpir en su onsen.

No había terminado de pensar cuando Nishigori dio la señal de inicio, y rápidamente Victor empezó a atacarlo. La ropa del onsen que usaban era ideal, así que comenzó con un kuzushi. Sobresaltado, Yuuri se liberó y en una respuesta inconsciente, le dio un golpe en las costillas que hizo que el ruso sacara el aire del estómago. Al verse adolorido, el enojo hizo mella en él y lo lanzó al suelo, haciendo que el yakuza torciera la cara en una mueca de dolor. Sin embargo esto no detuvo a Katsuki, quien desde esa posición le aplicó una llave en el brazo, y aunque su oponente logró abrir su ataque y librarse de él, se levantó antes de que pudiera hacer otra cosa y estuvieron varios minutos haciendo agarres, intentando tirarse mutuamente al suelo sin resultado. Hasta que en un descuido, el japonés consiguió tomar al ruso por la cintura y lo arrojó al piso, quedando de frente a él.

Los japoneses gritaban y aplaudían. Apenas habían pasado unos minutos pero la victoria ya casi era de Yuuri; era casi imposible librarse de una de sus llaves, más cuando Minako había sido su instructora de judo.

En ese momento Victor pudo deshacer el agarre y de manera veloz intercambió sus posiciones, ahora quedando él arriba de Yuuri. Le hizo una llave en el cuello sin que pudiera hacer mucho. No pensaba que aún algo borracho Nikiforov pudiera cumplir su promesa de no lastimarlo; el agarre no era muy fuerte pero aun así no podía salir de él y de todos modos iba perdiendo el aire poco a poco, así que no tuvo otro remedio más que dar palmadas en el suelo indicando que se había rendido.

Después de toser un poco para recuperar la sensación en su garganta, se dio cuenta que el ruso estaba dándole la mano para ayudarlo a levantarse. No lo esperaba pero aceptó. Observando mejor el rostro de su oponente, vio que estaba sonrojado y jadeando por el esfuerzo físico; su expresión demostraba sorpresa, como si no creyera que ganó o como si se hubiera dado cuenta de algo importante. Mientras se perdía un momento en sus ojos, los rusos estaban emocionados por la victoria de su líder, y los japoneses conmocionados.

─¡Genial! ¡Aplastaste al líder japonés! Quiero decir, ¡lo derrotaste! ─gritó un adolescente rubio con rostro alegre.

─Lo mejor es que podemos entrar al onsen, ¿verdad? Debe cumplir su promesa ─dijo Mila.

─Está bien, pero como son pocas mujeres, tomaran su turno al último. Solo hay un baño y debemos compartirlo.

─¡¿Eh?! No es justo.

─Nikiforov ganó. Al menos deberías darle la preferencia; si no lo hubiera hecho ni siquiera podrías entrar.

─Muy bien, supongo que a ustedes dos ya les gustó estar uno encima del otro.

─¡Mila! No le faltes el respeto a Katsuki ─la reprendió de inmediato Victor.

Con el ceño fruncido, la pelirroja se retiró ante la mirada confundida del líder japonés.

─Discúlpela, ella nunca ha sido buena controlando lo que dice, más si está enfadada.

Yuuri arqueó una ceja; era extraño que el futuro líder de los Bratva no supiera (o quisiera) controlar a sus miembros más cercanos. Un líder algo raro, casi como él mismo. Aunque no lo esperaba de él, ya que su familia era la tercera más poderosa de toda Rusia; cualquiera pensaría que su educación fue para ser igual de cruel y déspota que su padre, un líder digno de abrirse paso entre todos los demás. Incluso llegó a pensar que su amabilidad hacia él solo era una estrategia de diplomacia, pero su carácter con sus compañeros le hacían dudar de sus prejuicios. Si realmente a él no le gustaba imponerse como había pensado, eso era otra de las cosas que podía agregar a la lista de lo que admiraba del ruso.

Nishigori le indicó al grupo de extranjeros los procedimientos para ingresar a las aguas termales. Primero tenían que despojarse de su ropa para así entrar a las duchas a lavarse el cuerpo antes de entrar, limpiar las cosas que usaban y entrar poco a poco para acostumbrarse al agua caliente. Yuuri se había adelantado, no quería convivir tanto con los rusos justo ahora. Se metió alonsentratando de sumergirse lo más profundo posible para no ser notado, pero su ilusión terminó cuando una figura familiar se acercó.

─Vaya, no esperaba que Yuuri Katsuki fuera un hombre que huía así de todos.

─No estoy huyendo, solo quería relajarme en paz. Recuerdo lo que pasó la última vez que estuviste aquí; no fuiste precisamente un huésped tranquilo.

Ante sus palabras, Victor abrió los ojos levemente, y aún sin sus lentes, el líder yakuza habría jurado que se sonrojó más que cuando entró al agua caliente. Era extraño, era solo un suceso pasado que sacó para molestarlo. En ese entonces aseguraba que el ruso se había puesto nervioso porque no había medido sus acciones, cosa que le pasaba cuando estaba molesto, y solo cuando Yuuri lo enfrentó supo que había un peligro real. Pero ahora no estaban peleando, no al menos como enemigos.

─¿Sigues pensando en eso? Ya me disculpé y pensé que no había rencores ─contestó.

─Estas muy raro, ahora no hay razón para que te pongas nervioso. A menos que te siga dando miedo enfrentarme.

─¡No te tenía miedo, Katsuki! Solo recordé algo.

El japonés lo miro incrédulo, pero antes de que pudiera preguntar, sus compañeros salieron de las duchas y se unieron a ellos.

Era cierto que se conocían muy poco y lo que pasaba por la mente del otro era un misterio, pero aun así quería confiar en las sensaciones que le despertaba. Emanaba un aura cálida y amable; lo supo desde su reunión de disculpas. Hacía cosas que no haría cualquiera, aún si era para ganar su confianza. Ponerse nervioso por un hecho simple, emborracharse hasta retarlo a una pelea, no perder a propósito como cualquier adulador pero tampoco tratarlo con resentimiento. No lo comprendía. Pero al menos sentía que poco a poco podía confiar en ese carácter similar a la sinceridad de un niño pequeño.