IV: De cazadores y brujas
Recordaba su infancia, a su yo niño lleno de preguntas que le eran imposibles responder.
Porque no podía cuestionar.
Recuerda la mirada dura de su padre, pero que a veces se tornaba cálida.
Recuerda su cuerpo caer al suelo incontables veces, durante largos entrenamientos para perfeccionar su habilidad como cazador. Los gritos que provenían de su boca cuando las flechas o balas atravesaban su piel, y como con el tiempo sus heridas curaban con mayor rapidez; todo ello era parte de la formación para así ser un cazador que enorgullecería a la familia Death.
También recuerda su primera misión. Una bruja que practicaba la necromancia fue su enemiga. La venció en tan poco tiempo, a pesar que los otros cazadores de apoyo sentían temor de que pudiera morir; porque después de todo, solo tenía ocho años.
Ocho malditos años.
¿En qué demonios pensaba su padre?
No obstante, había algo que no podía recordar con claridad, y era el rostro de su padre. Lo veía tan poco, siendo únicamente las reuniones de cazadores donde él estaba presente frente a él. Kid entendía que su trabajo era importante pero... al menos quería un poco de cariño.
Porque tampoco tenía una madre.
Porque pasar solo desde el momento en que se despertaba hasta que caía dormido era agobiante. Y cuando abría los ojos en medio de esos extraños sueños, llorando al recordar la mirada azul cielo de la supuesta bruja, sin poder encontrar confort en alguien...
Era terriblemente doloroso.
Se preguntaba mil veces, ¿por qué?
¿Por qué?
¿Por qué tenía que matar a las brujas?
¿Todas era malas?
En sus sueños no lo parecían.
Y encontrarse con Chrona le aclaró esa pregunta.
Si ella es una bruja, era la más linda de todas.
Incluso si la conocía hace un par de horas. Su mente y corazón le gritaban que era completamente distinto. Y quizá tenía razón o quizá no. Pero no lograría saber la respuesta sin intentar conocerla un poco más.
Si dejaba que Justin la asesinara, jamás sabría la verdad de ellas.
De ella.
Y en el fondo, se arrepentiría de eso. Porque aunque Death the Kid no lo supiera, sentía una necesidad de tenerla a su lado. Un sin nombre que le rogaba protegerla.
Y por eso estaba parado ahí, frente a la de cabellos rosáceos, encarando al otro cazador. A pesar del dolor punzante en su estomago, y la sangre que manchaba las baldosas que tanto le gustaba admirar.
Justin no le daría tregua. Lo noto en el momento en que otra cuchilla se alzó y se dirigió hacia él dispuesto a atacarlo. No podía hacer nada estaba desarmado y sin planes en mente. Lo único que atinó a hacer fue recibir el ataque. Era eso o que lastimaran a Chrona.
— ¡Basta, Kid! —una vocecita llorosa y dulcemente aguda lo distrajo. La mano de la chiquilla sostenía la suya, temblando cual pajarito fuera de su nido. — ¡M-me entregaré!
Incluso si dijo ello, no evitó que sean atacados nuevamente.
Pero la carne no fue perforada, y el silencio absoluto reinó. Tan escalofriante y sobrenatural, Kid sentía que sus propios latidos se relantelizaban. La sensación de estar en la nada, de no sentir ni el mínimo dolor lo aturdió.
Y en el momento en que un suave apretón en su mano sintió, su mente y cuerpo regresaron a pesar de que nunca se fueron a algún lado.
— No quiero...
El tiempo se había detenido.
— No quiero ser una bruja...
Lo notó cuando el arma dirigida hacía él quedó en el aire. Cuando Justin lo miraba sin parpadear. Cuando al ver una araña está se encontraba quieta en el aire.
— L-lo siento...
Kid no tenía palabras para describir lo que sentía. Desde la confusión hasta la incertidumbre, y luego venía el alivio de haber sobrevivido.
El rostro de porcelana de la niña estaba empapado en lágrimas, restregando con su puño la nariz intentado torpemente limpiar sus mocos.
Patética.
Tan indefensa y patética.
Así se veía así la veían las otras brujas.
Así se veía ella.
En el mismo instante en que Kid salió de su sorpresa, sus brazos rodearon el cuerpo tembloroso de la joven bruja. Eventualmente sus heridas cerraron, quedando solo su camisa gris rasgada.
Chrona apoyó sus manos en el pecho del contrario, sollozando. La voz rota de la muchacha hacía estragos en el corazón de Kid.
Aún no estaba seguro que era lo que le gritaba protegerla, pero no podía negar lo que su alma le dictaba.
Deja que tu alma te guié.
Había escuchado esa frase cuando era niño, y se había convencido de que su padre se lo había dicho. Aunque si se ponía a rebuscar en sus propias memorias, eso no era cierto.
— Ya pasó, Chrona...
Siguió en esa posición, esperando a que ella se calmase.
Como la había estado esperando, de manera inconsciente, durante siglos.
Porque sus almas se habían estado buscando durante tanto tiempo, y al momento en que se encontraron, se volvieron a conectar.
Y esta vez no volverían a separarse.
Aun si ellos no lo supieran.
