VII: Un sol en el cielo nublado


Negro.

Oscuridad.

Frío.

Miedo.

Esas cuatro palabras atormentan la cabecita de la pequeña niña, quien en un rincón temblaba.

Su vestido negro estaba destrozado. En especial la parte del brazo, donde las mangas estaban completamente rasgadas. Su madre había enterrado sus negras uñas en su piel antes que la arrebataran bruscamente.

Cerró los ojitos, las voces susurrantes le asustaban, un pitido en su mente era más fuerte que el aullido de un lobo. Quería abrir sus ojos, y encontrarse con unos dorados que le producía un cosquilleo en la pancita, hasta su pecho, como un río tibio.

Pero eso solo pasaba en sus sueños. Donde una silueta borrosa le tomaba de la mano, besándole el dorso, sonriéndole como nadie en su vida lo había hecho. Era un hermoso paraíso.

Era como los príncipes que escuchó alguna vez. Bailaba con ella en sus fantasías, le sonreía, le besaba, le acariciaba como si fuera una muñequita de porcelana. Era ese rayito de sol que aparecía después de un cielo nublado. Sus ojos eran tan brillantes como uno, espantando sus pesadillas, sus miedos, iluminando y deshaciendo la oscuridad que la rodea.

Pero cuando Chrona, de tan solo seis años, vuelve a abrir los ojos; es la puerta de hierro quien la recibe, con una rendijilla en la parte superior donde se filtra un poco de luz.

Y ella regresa a la realidad.

A la verdadera pesadilla.


Las paredes eran de un tono carmín, los azulejos blancos y negros estaban acomodados de tal modo que se asemejaba a un tablero de ajedrez, en los cuales la luz de la ostentosa lámpara de araña que colgaba del techo se reflejaba, y a la vez iluminaba la habitación. En el centro del cuarto se encontraba una pequeña mesita de vidrio, y alrededor de esta se posicionaban unos sillones negros de terciopelo.

Kid se sentaba en uno de esos, al lado de Chrona. En todo lo que resto del camino no se habían vuelto a dirigir la palabra.

Frente a ellos, había otro grupo personas más, mirando fijamente al azabache, quien se negaba a apartar la mirada de los contrarios.

Estaba seguro que, si no estuviera tan incomodo en ese lugar, hubiera estado admirando la manera ordenada en que la habitación estaba arreglada.

El primero en hablar no fue Kid, sino el hombre frente a ellos, rompiendo ese silencio tan congelante como hielo y duro cual diamante.

— Es un gusto tenerte aquí, Kid. —dijo con toda tranquilidad el mayor, para luego dar una calada a su cigarrillo. — Aunque de una forma poco convencional.

El Death entrecerró los ojos, pensando con ironía¿Poco convencional?

— Maka ya te habrá dicho, —sus ojos refugian tras las gafas— sobre Asura.

Él se removió incómodo, un dolor en el pecho comenzaba a aflorar.

— Antes de que te hagas ideas. —Se incorporó. Mentalmente, Kid se pregunto cuántos años tenía. A menos que haya nacido con ese cabello gris. — Tu padre no te abandonó.

Exhalo e inhalo, sus ojos dorados siguieron los pasos del desconocido. Tanto misterio lo comía desde dentro, de su corazón hasta su piel, rasgándole y produciéndole mayor incertidumbre.

— ¿Quién es usted? —se atreve a preguntar el cazador. Quería buscar apoyo en Chrona, pero tenía temor.

Todo ese tiempo estuvo tan cerca, y nunca lo notó.

Se sentía tan ingenuo, tan idiota. Había pasado muchas cosas por alto, ignorando hechos tan obvios. Nunca cuestionó quiénes estaban en los calabozos, jamás prestó atención a lo que su padre hacia. Siempre él estuvo evadiéndolo y jamás se atrevió a encararlo.

Que estúpido.

— Stein. —Ya estaba frente suyo, sus ojos chocan, unas miradas que buscaban rebajar al otro. Kid recordó lo receloso que los cazadores eran con otros cuando recién se conocían.

Como si fueran animales, más salvajes, más irracionales.

A su mente viene un viejo recuerdo, cuando conoció a un cazador de su edad, una época donde sus instintos asesinos recién comenzaban a aflorar.

Ese día durmió en el hospital.

— Un gusto, Stein. —contesta con cierta acidez en su tono de voz, y una fingida cortesía. ¿Y dónde está mi...padre?—pronunciar lo último se le hace difícil, sentía que tan sólo decirlo su garganta se cerraba. — ¿Por qué...?

— Asura lo tenía amenazado. —responde rápidamente, regresando al asiento de terciopelo. A su lado se sentaba una mujer rubia y esbelta, ella toma la mano del tal Stein. Supone que deben ser pareja. — Te mataría si no le cedía el puesto como líder de los cazadores. Y sobre donde está, eso no puedo decírtelo, por ahora.

— ¿Cómo que no?—frunce el ceño, taladrando con la mirada al hombre frente a él.

— Por ahora. —dijo Stein, masticando las palabras con dureza.

Kid bajó la mirada, sus ojos fijos en el suelo de ajedrez.

— Podía haberme llevado con él...—masculla, sus manos se cierran en puños.

¿Cuánto había sufrido con su supuesto padre? ¿Alguien compensaría todos esos años donde su infancia fue destruida hasta no quedar nada?

— Asura no te soltaría, Kid. Eres un peligro para él. —habla esta vez la rubia, la mujer con el parche. Ella sonríe tristemente. — Así como lo es Chrona.

Las miradas se clavan en la nombrada, Kid la observa de reojo. Ella se remueve en su sitio, jugando con sus dedos. Su cabello desordenado cubre su rostro, siendo imposible para el azabache mirar sus pálidos ojos.

— Cada cierta cantidad de años, un alma es elegida para reencarnar. A veces ocurre al instante de su muerte. Otras veces, sucede luego de más de un siglo. —empieza nuevamente el tal Stein, recostado tan tranquilo e impasible en el sofá negro. — ¿No es así?

— Eso lo deciden los Maestros del Destino. —acota el muchacho, recordando todo lo esencial que le enseñaron para ser un buen cazador. — Pero estás almas son más fuertes, y mientras más renazcan, más poder tendrán. —no entiende a que viene eso, no le encontraba sentido, mucho menos en que se relacionaba con que lo hayan abandonado.

— Cómo inmortales...—comenta la pequeña Chrona— Así nacieron los Maestros.

Un nuevo silencio, que en esa ocasión ninguno quiere interrumpir. Los dos adultos buscan las palabras exactas para poder explicarle lo siguiente.

Stein suspira, inclinándose, tirando el cigarro al suelo y pisándolo para apagarlo. El aroma a tabaco lo rodeaba.

— A ellos se les ocurrió elegir a dos más. —retoma la palabra, tranquilo. Era una máscara para ocultarlo preocupado que se encontraba en el fondo. — Las almas son elegidas al azar, pero ahora ellos escogieron... porque una se les escapó.

Chrona juega con los volados de su falda, sus ojitos como el cielo nublado están perdidos. Ella conocía parte de la verdad, una pequeña.

En su mente regresan las imágenes de cuando fue capturada, de cuando su madre la abandonó para que no la ataquen y salvar su pellejo. Recuerda el apestoso olor de las celdas, los grilletes enganchados a sus pequeñas manos y tobillos.

Recuerda las conversaciones de los guardias, de esos cazadores que tanto miedo le daban. Cuando oyó que ella era una reencarnada, una de las almas elegidas por los Maestros del Destino.

Un alma contaminada que destruirá el orden del mundo.Eso fue lo que ellos dijeron. —vuelve a hablar la rubia. Más tarde se enteraría que su nombre era Marie. — El mensaje no llegó a muchos. Los que lo escucharon se dedicaron a buscar, sin saber que también lo había oído quién era el alma.

Kid sonrió, sarcástico.

— Se equivocan mucho, ¿no?

— Ellos no son tan perfectos como se cree. En especial los más jóvenes. —dice Stein. Él no soltaba la mano de su acompañante. El Death puede distinguir el tenue brillo de un anillo. — Para rectificar su error, decidieron que lo mejor era elegir a dos más. Ahí entras tú, y Chrona, por su puesto.

El menor lo observa, estupefacto, con las cejas alzadas y la sorpresa en la mirada.

— No sabemos con seguridad que están planeando los Maestros, pero ustedes tienen que detener a... bueno, esa alma tiene nombre. Ha hecho atrocidades, que si te lo hubiera dicho, lo hubieras detenido ¿no es así? No creo que dejarías que ocurra una injusticia cuando sabes que puedes corregirlo.

Kid quiere interrumpir, no tiene ganas de escuchar lo que ya es una verdad para él.

Se preguntaba que tanto esos dos lo conocían para hablarle de esa forma, como si supieran todo sobre él.

Sabía cómo era, era cierto. Jamás dejaría que su "padre" haga tal atrocidad, que asesine inocentes sin sentido.

Eso explicaba tanto. En su mente ya ataba cabos. Con razón lo tenía tan cerca, y a la vez no. Con razón lo criaban otros, diciéndole lo maravillosos que era su padre. Y él cayendo tontamente en esas falsedades.

— Y esa alma es Asura.

Muerde su labio inferior, Death the Kid tenía muchas cosas en que pensar.


Los mayores habían dejado la sala.

Death sigue con la mirada a Chrona, quien se sienta ahora frente a él. Le prometió decirle que sucedió en su inconsciencia, por eso los otros no le había dicho nada.

Chrona, ahora frente a él, está con las piernitas bien juntas, las manos sobre el regazo, jugueteando con la falda. Suspira, angustiada, agotada.

Eran unos niños.

No debían pasar por todo eso.

Se pasa la lengua por detrás de los dientes, jugueteando, alza la mirada. Un cielo pálido choca con unos ojos como el sol.

— Yo... uh...—la niña balbucea sin saber por dónde comenzar, con el corazoncito acelerado. Nervios, se le notaban a distancia.

Él recuerda la conversación en el pasillo, lo estaba atosigando hasta ese momento.

— Chrona. —siente su voz extraña, pronunciar su nombre le produce unas sensaciones indescriptibles. — Antes... Ah... —toma aire, la garganta le apretaba. — Lo lamento.

Directo, sin rodeos. Kid no tendía a darle demasiadas vueltas a las cosas.

Ella lo mira, confundida, con esa carita de ángel que le dan ganas de besar y arrancarle sonrisas.

— Si... Si hubiera sabido dónde estabas, yo te hubiera sacado. —confiesa. Chrona siente una cuchilla al ver sus ojos tan brillantes de esaforma.

Tristes, enojados, turbios.

— Pero los hubiera no existen, ¿no es así? —Chrona muerde su labio inferior, no quería que siguiera.

— Detente. —ruega ella, con voz entrecortada. Kid deja ir un suspiro, estaba cansado también. — No es tu culpa, Kid. No lo sabias... Nadie lo sabía.

Ella intenta sonreír.

No puede.

No puede.

Quiere paz.

Kid guarda silencio, aquel malestar de culpa no se va en ningún momento.

— Prometí decírtelo, ¿te acuerdas? —cambia el tema, dudosa. Aunque el alivio la aborda cuando ve que la expresión en el chico frente a ella se transforma. — Dormiste mucho... —dice divertida, con un leve rubor en las mejillas.

Death the Kid se pregunta si acaso no puede ser más hermosa.


Lloró. Lloró amargamente, tirando de la ropa con sus dedos. Intentaba moverlo, era inútil. La imagen del metal atravesándole era demasiado desgarradora y horrorosa.

Quiere regresar en el tiempo y arreglar todo eso, quiere haber sabido lo que ocurriría y evitarlo.

No obstante, lo único que podía hacer era detenerlo. Aún no había practicado lo suficiente su magia para lograr tal hazaña.

Mordió sus labios, hasta casi romperlos, dejándolos blancos por la presión. Sollozaba, de vez en cuando lo llamaba por su nombre, con la voz despedazada.

Cerró los ojos, rendida, echándose a su lado. Sus mejillas estaban empapadas de lágrimas, y al frotarse con los puños solo hizo que se tiñeran de un rojo a causa de la sangre de Kid.

Estuvo tan distraída que no notó cuando la ayuda llegó.

Unas siluetas entraron sigilosas. Ellos también podía traspasar la barrera mágica que poseía el edifico.

Al escuchar los pasos cerca a ella, elevó la cabeza. Sus labios se deformaron en una extraña sonrisa desesperada, ansiosa. Sus ojos chocaron con unos conocidos verdes.

Maka...—la voz ronca de tanto llorar le formó un nudo en la garganta a la rubia.

Ya estamos aquí, Chrona... —dijo susurrante, agachándose a su altura y acariciando cariñosamente los cabellos de la niña— Alejémonos, deja al resto ayudarle.

Ella asintió, no sin dar una última mirada a Kid.

Spartoi, ese era el nombre de la única organización en la que los cazadores y brujas cooperan. A la cual tanto Chrona como Maka pertenecían.

Estaban a unos metros, por una pequeña ventana la luz de la luna se filtraba, iluminándolas.

¿Estas herida? —la voz de Maka le da un mal presagio. En especial, ahora que podía verla claramente, notaba los moretones y raspones en su rostro.

¿Q-qué paso? —balbuceó, ignorando por completo la pregunta hecha.

¿Estas herida? —insistió, posando sus manos en los hombros de la contraria.

N-no...No mucho. —Responde finalmente. — ¿Maka? —nota la mirada triste, deshaciéndose, desmoronarse poco a poco. — ¿Maka?—vuelve a llamarle. Ella ya no responde.

Tarda segundos, que se le hacen eternos. La cazadora hace presión en los hombros de la brujita, enterrando suavemente sus dedos.

Un sollozo la descompone.

M-ma...—la de ojos verdes agacha la cabeza, hacia el piso. Unas pequeñas gotas caen a este. Está llorando. — Mataron a Soul... y...

¿Y?

Chrona no sabe cómo reaccionar, su corazón late desesperado. No le gustaba esa Maka. Prefería a la fuerte, a la que el coraje le rebosaba tanto que a veces creía que debía llamarlo estupidez.

La prefería antes de ver a la versión débil. A la rota.

No le gustaba verse a sí misma en Maka.

Porque Maka era todo lo que le gustaría ser.

Ser fuerte.

¿Y?

Los cazadores...se llevaron a tu hermano.

¿Dónde estaba su sol para disipar la neblina de su vida ahora?


Kid escuchó el relato atentamente, ya entendiendo el comportamiento de la Albarn.

Se levantó del sofá, caminando hacia el frente, dirigiéndose a Chrona, quien mantenía la mirada baja.

Había sido transportado de ese edificio hacia donde se encontraba ahora, que al parecer, era una de las tantas bases secretas de Spartoi.

Se sentó al lado de ella, sin mirarla. Sus dedos tamborilearon en el terciopelo, y luego buscaron las manos de la bruja. Ella correspondió el gesto, acomodando su cabeza en el hombro del contrario, sosteniendo su mano.

Kid le recordaba al príncipe de sus sueños, cuando las ilusiones recién afloraban.

Sus miradas quedaron perdidas en la nada, en algún punto vacío de la habitación. No querían pensar, no querían preocuparse más.

Dolía.

Para ambos todo lo que sucedía solo les provocaba más dolor.


Cinco días.

Ese era el tiempo que llevaba ahí. Las paredes eran grises o blancas, a veces de un tono carmín.

Era bastante curioso, y un dolor de cabeza para los miembros de Spartoi. Aguantarlo ordenando todo lo que había en ese lugar los desesperaba.

Más de una vez había recibido un manotazo por parte de Maka, o un gruñido de Stein.

De todas formas, no le importaba mucho. Además, no tenía mucho que hacer en ese lugar. Le gustaría ayudar pero no entendía si quiera como operaban.

Y tampoco es como si ellos le hubieran dicho algo sobre qué hacer.

Cuando se aburría de dar vueltas, regresaba a su habitación. Un cuarto bastante lúgubre. Maka dijo que no veían necesario abarrotarlo de objetos innecesarios. Suficiente con una cama y luz.

Al lado de su dormitorio, se encontraba el de Chrona. Cuando era noche, ella se colaba a su cama, y se quedaban conversando hasta caer dormidos.

Más de una vez los descubrió Maka, alegando que era un pervertido por dormir junto a ella.

Otras veces era él quien iba a su cuarto.

Pero es que permanecer lejos los martirizaba a ambos.

Fue un martes, Stein los llamó. Por lo que pudo entender, Stein y Marie -quién le agradó de inmediato- eran los que mandaban en ese lugar.

Despertó con un bostezo. Otra vez se quedó hablando con Chrona hasta eso de las cinco, y al final cayeron rendidos en los brazos del contrario.

Algún día le invitaría espagueti a la niña, que según le dijo, era su platillo favorito.

Y otra vez estaban en esa sala, sentados frente a aquel hombre. Chrona vestía una camisa blanca que le quedaba un poco grande. La razón era simple, era la camisa de Kid.

En cambio, el chico solo llevaba una playera color roja, unas calaveras blancas adornaban en las mangas. Le habían prestado ropa por supuesto. Su camisa, ya limpia y arreglada -cortesía de las brujas-, se la había cedido a alguien más.

— Hoy no dormirán aquí. —El cazador se pasó la mano por los cabellos grises. — El plan al principio era enviar a Chrona y Ragnarok fuera de Death City, pero dada las circunstancias...

Chrona asiente, ya asimilando esa información.

— ¿Cómo saldremos? — interroga Kid.

— Por ningún medio de trasporte no, por supuesto. Demoraría y serían fáciles de capturar.

Vuelven a asentir.

— Serán teletransportados. Uno de nuestros pocos brujos está especializado en ello. Es el mismo que te trajo hasta aquí esa noche.

— ¿No será un problema si los cazadores detectan la magia? —recuestiona Kid, recordando como su especia era susceptible al uso de esa misma cuando estaba cerca.

— No te preocupes. Su magia es imperceptible para los cazadores y brujas. Ahora... —se incorporó, caminando hacia la puerta. — síganme.


A penas lo vio, le cayó de la patada.

— ¡Ya era que alguien como yo entre en acción! —Su risa estridente lo estaba estresando. — Hey, tú.

Kid le dedicó una mirada fastidiada.

— ¿Sí?

— Deberías estar agradecido que te ayude, viejo. —sonreía ampliamente el de piel tostada. Kid supuso que el chico era de alguna parte de Asia por sus rasgos, o quizá solo tenía parientes de ahí. — ¿O no es así, Chrona? —un brazo rodeó a la pequeña bruja.

— S-supongo...—casi chilla del susto, pálida. — U-uh, Black...—tartamudea intentando inútilmente apartarse de los fuertes brazos del joven brujo.

A Kid le palpita un parpado al verlos.

— ¡Quita tus manos de ella, mono de circo! —salta sobre él, queriendo apartarle.

— ¡¿A quién le dices mono, cazador de cuarta?!—ruge el otro, desafiante.

— ¡A ti! ¡Imbécil! ¡Aparta!

Black Star entiende, por primera vez en su existencia, al instante.

Sus cejas se alzan, su expresión daba a entender que había descubierto algo totalmente nuevo.

Celos.

Ese chico frente a él estaba celoso.

¿Desde cuándo la tímida de Chrona tenía novio?

— ¿Te ligaste a ese rayitas, Chrona? —dice parpadeando rápidamente, claramente sorprendido. No podía creer que la menor tenga mejor suerte en el amor que él.

Chrona se puso roja al instante, comenzando a tartamudear palabras inentendibles, tratando de explicarse.

Pero no espera caer de espalda, cuando Kid se vuelve a abalanzar hacia el chico de cabello celeste, tirándolo al suelo, haciéndole una llave.

— La asustas, estúpido. — bufa el cazador, haciendo denotar esa rivalidad que existe por naturaleza entre ambas especies.

Black Star enfurece, y Kid no puede explicar que pasó exactamente para terminar en el piso, con el pie del brujo en su pecho, presionando. Creía que los brujos eran más tranquilos.

Pero Black Star no era uno de esos brujos.

— ¡¿Ahora quién está abajo, ra- — su voz es cortada, el chico estrella cae, con un fuerte dolor de cabeza.

— ¡Dejen de pelear, maldita sea!— exclama como regaño Maka, hastiada. Había golpeado con un grueso libro la cabeza de Black. — Tanto escándalo, joder...

Chrona ríe, a pesar de estar adolorida por caer de esa forma tan brusca.


Los preparativos ya estaban listos mientras ellos dos se encontraban peleando.

O haciendo el tonto, como dijo la cazadora.

Un círculo negro se dibujaba en el centro de una sala gris, iluminada por candelabros. Este tenía letras extrañas. El idioma de las brujas, dedujo Kid.

Las palabras formaban una especie de extraña estrella, el centro era el único libre de trazos.

Black Star, como se presentó después de gritarle a Mala que era una loca despiadada por atacarle sin aviso, se sentó al rededor del círculo.

— Vamos. — dijo Chrona, sonriendo cálidamente a Kid. Él la siguió al centro del círculo.

Se optó por no decirles donde se quedarían. Los únicos que sabían eran Stein, Marie, y obviamente, Black Star. Se decidió eso para que la información no pasé a manos enemigas. Como sucedió la primera vez que lo intentaron, con Chrona.

Aún no sabían quién era el traidor.

Black comenzó un cántico en un idioma antiguo. Un aura pesada se creó en la habitación, mientras una estela negra rodeaba el círculo.

Del cuerpo del brujo, unas figuras oscuras se desprendían, uniéndose con los dibujos en el suelo. En su piel no tardó en aparecer líneas negras y detalladas.

Alzó la voz, el círculo comenzó a brillar con Kid y Chrona en el centro. Los ojos del brujo estaban cerrados por completo, mostrando así su concentración.

Una luz cegadora se expandió cuando estaba por acabar el hechizo, Kid tomó la mano de la bruja, dedicándole una sonrisa.

Luego la luz los engulló.


La escoba levanta el polvo de esa casona vieja, pero que a pesar de ello se mantenía. Mira los muebles ya desgastados, cuya aura de antigüedad era notable. Volvió su mirada a piso de madera, ya no tan reluciente como debió serlo en sus primeros días de eso, antes que siquiera una suela se posara sobre estas.

Siguió barriendo, sin levantar la vista, sus dedos estabas con ampollas por culpa de las astillas de esa escoba de madera.

Podía regenerarse, sí. Sin embargo, abusar de ese poder lo agotaba.

Se acerca a la escalera, era una casona de dos pisos. Mira hacia arriba, despegando sus ojos ámbares del suelo ya no tan empolvado. Chrona descansaba en la habitación de allá.

Creyó que Chrona estaba molesta, pero solo era dolor. Estaba dolida porque él jamás notó su presencia cuando estuvieron tan cerca.

La culpabilidad no se le iba a ir tan fácil, si tan solo hubiera preguntado un poco más.

Indagar no le costaba nada.

¿O sí?

Bueno, quizá podrían haberlo asesinado por preguntar de más.

Negó con la cabeza, dando la espalda a la escalera para continuar barriendo.

Chrona estaba agotada por el viaje, por lo que sabía de las brujas, ellas se cansaban cuando eran transportadas de un lugar a otro. No importaba si ellas o alguien más hacia el hechizo. Lo mismo con los brujos, aunque estos eran más resistentes y menor destructivos.

La luz deslumbrante del sol traspasa las ventanas, al rededor de la casa había puro pasto, y en algunas zonas se veía tierra seca.

Por el clima, Kid supuso que no estaba tan lejos de Death City. Tenía sentido, transportar era una magia altamente poderosa, ya llevarlo a otra ciudad era tremenda hazaña.

Probablemente seguían en Nevada, quién sabe. Se sorprendería si acaso estuviera en Texas, y aún más si es que se encontraban fuera de Estados Unidos o el continente.

Del planeta no lo cree...

Oh, ya estaba divagando de nuevo.

Se quedó mirando una de las paredes de madera, unos cuadros de paisajes rurales lo adoraban. Y pasando la escoba, quitó el rastro de polvo, con cuidado de no tirar ningún cuadro que él ya arregló de tal manera que se vea perfectamente simétrico.

Entonces se percata de una araña que colgaba del techo, y él no tardó en aplastarla con las gruesas cerdas.

Luego apoyó sus manos en el palo de escoba, con el mentón sobre estas, resoplando.

Estos últimos días habían sido los más emocionantes que jamás tuvo. Más interesantes que esas misiones de cacería, de las cuales ahora se sentía mal.

Incluso podría decir que le agradó pelear con ese brujo tan molesto. Le gustaría verlo nuevamente si es posible. No era tan fácil sacarlo de sus casillas.

Se sentía vivo por primera vez.

La luz del sol le daba de lleno en la espalda.


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pollo

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polla

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Nota de la autora pastelosa (¿

Un poco tarde la actualización, pero me encontraba revisando los errores ortográficos -que espero no haya...uy-

En los próximos capítulos trataré de profundizar aún más en este par~ (ojeo ojeadamente a kid y chronita) Recuerden que Kid no está del todo enamorado de Chrona, y viceversa. A pesar de que sí parece huehue

Oh, estaba haciendo un song fic (ya publicado en wattpad) llamado "Los vagabundos de la tierra prometida". De Soul Eater, obviamente.

El summary del asco (?):

❝La vida de ellos no siempre fue tan desastrosa, pero tampoco tenían una justificación para acabar de esa forma.

¿Cómo unos niños terminaron volviéndose una de las mafias más peligrosas de Estados Unidos?

He aquí la historia de ellos.❞

¿Quieren ver a una Maka un poco chiflada y tensión amorosa entre cierto albino y la rubita? ¿Un Kid bastante homo? ¿A Black Star siendo...Black Star? (?)

Pues ahí lo tienen(?¿


¡OH OH OH! ¿Alguien del fandom de Hetalia? :0

Estoy escribiendo un EcuPe en este mismo universo (que publicaré una vez acabé el fanfic... que va a ser largo ;3)


Sin más me despido. Sa(ndalia) yo na ra~