VIII: Efímero verano de octubre


Un silencio abrumador inundó la estancia.

Y Chrona gritó al ver que Kid se mutilaba el dedo por segunda vez en el día.

El cazador maldijo en voz baja, tomando un trapo de la cocina y poniéndolo desesperadamente sobre la herida abierta, evitando que siguiera sangrando. Con rapidez, la sangre tiñó de carmín la tela.

En cambio, la pobre niña iba de un lado a otro buscando vendas, gasa y alcohol. Aunque la verdad, no tenía idea de que hacer luego. Desordenó uno de los cajones de la sala, sacando los materiales y regresando a la cocina. Intentaba no tropezar con sus propios pies. Era un poco torpe cuando estaba angustiada.

Kid la esperaba en la puerta, con el trapito, que normalmente usaba para secar los platos, cubriéndole la mano. Gotas de sangre caían en el suelo que ayer se esforzó en limpiar. Prefería no mirar o se desesperaría.

Agradeció a la menor, quien dejaba las cosas sobre una mesa en la cocina. Ella arrugó la nariz cuando Kid apartó la tela. Hasta el hueso se había partido.

Soltando maldiciones, envolvió la herida abierta con la gasa. Dolía a horrores; sin embargo, la costumbre a ser lastimado de millonésimas maneras distintas le hacía ese terrible dolor más soportable.

No era nada comparado a cuando lo destrozaban hasta dejarlo hecho una masa de carne, mientras esperaban a que su cuerpo comenzará a regenerarse por sí solo.

Prácticamente nada lo podía matar.

A menos que...

Rápidamente Kid eliminó la idea, no debía siquiera ocurrírsele algo así.

Con un par de imperdibles que Chrona trajo después terminó de enrollar la gaza alrededor de su dedo. Torció los labios disgustado si tan solo hubiera sido el del medio...

Y en las dos manos.

— ¿Kid? ¿E-estás bien? —La voz de la chica lo sacó de sus pensamientos -nada sanos-, y no tardó en dirigirle la mirada con el ceño levemente fruncido. — Te ves extraño...

¿Y cómo no? Tenía una cara de enfado total. En la mañana había sido el meñique y ahora el índice. Lo peor es que eran de la misma mano.

Chrona lo observó nerviosa, llevando su mano izquierda a su antebrazo derecho, encogiéndose en su sitio.

— Uhmm...—el cazador hizo un mohín, percatándose de la incomodidad de la chica. — Sí...—dijo finalmente, tratando de no mirar su mano. — Estoy bien.

No estaba bien.

—Oh...

Ambos trataban de cocinar algo medianamente decente, lo que era realmente imposible para la chica quien estuvo gran parte de su vida en un calabozo, y para él, quien siempre tuvo alguien que le cocinase.

Cuando los dejaron en esa casona, parece que todos asumieron que sabían hacerlo. Sin embargo, eran un asco, hasta dejaron que el agua se evaporada en la tetera.

Kid alzó la mirada hacia el reloj que había acomodado para que quede perfectamente en el centro de la pared.

Eran las once de la mañana; y el sol, sofocante. No era necesario encender las luces de la casa, era suficiente con la que se colaba por la ventanas.

— Intentémoslo otra vez. —Kid cerró su puño señalando hacia arriba, con una sonrisa. La que luego se transformó en una mueca de dolor al recordar que sus dedos estaban destrozados. — ¡Joder!

— Ten cuidado...—Chrona tomó las manos del azabache, mirándole preocupada. — ¿Podemos intentarlo de una forma segura?

Las mejillas del cazador estaban del mismo color de las pequeñas florecitas rojas que se asomaban por la ventana.

— S-sí...

El cuchillo cortaba en trozos exactos el apio, elevándose y cayendo con una exactitud magnifica.

Chrona movía el utensilio con uno de sus dedos, usando su magia para hacerlo. Mientras, Kid leía la receta en un grueso libro, dándole las indicaciones a la chica. Chrona no sabía leer, así que no quedaba otra opción para él ello.

Por un instante, apartó la vista de las letras, sonriendo al verla tan concentrada.

Y ella lo notó mirándole de soslayo, sonriéndole de igual manera.

Existían varias cosas que volvían ese ínfimo momento algo especial.

Ambos siempre estuvieron solos. Uno de ellos era libre pero nadie se atrevió a acercársele, la otra vivió encerrada y nunca pudo tener amigos.

Ambos conocían la soledad, viviendo con ella durante años, adaptándose a esta. Eventualmente, convirtiéndose en su única amiga.

Conocían el dolor del abandono más que nadie.

Y un día, simplemente se encontraron, como si el destino, en una benevolente jugarreta, lo hubiese querido.

Y la calidez, por primera vez, inundó sus corazones. Una desbordante, e inigualable, como el calor del verano.

Aunque tan pronto como llegó, se iría.

Chrona desvió la mirada, y en sus ojos pálidos se reflejaron el calendario en la pared, era un veinticinco de octubre del 2015.

El verano ya estaba por finalizar.


La sopa les salió mejor de lo que esperaban.

Kid revolvió en su plato las verduras, acomodándolas nuevamente con la cuchara, de tal forma en que se la sopa se vea "simétrica". Su mano herida descansa sobre la mesa.

Chrona, por su lado, se limitaba a dar pequeños sorbos y tratar de que los fideos no caigan para que no salpiquen aun más la mesa.

¿Hacía falta decir que la joven bruja tenía poca práctica con los cubiertos?

Apartó nuevamente sus mechones rosas de su rostro, algún día debía cortarse ese flequillo molestoso. Pensaba en pedirle ayuda a Kid respecto a eso, seguramente a él le saldría mejor.

— No está tan mal...—comentó ella al rato, mirando que en su plato ya solo había caldo.

— Un poco salado, pero tienes razón. —apuntó el muchacho, observando tres trocitos de zanahoria que se encontraban en fila en el medio de la sopa. — No esperaba menos de nosotros.

Chrona rió dulcemente, con esa vocecita tan melodiosa y suave. Luego bajo la cabeza, con las manitos sobre el regazo.

— Me gusta estar aquí. —confesó, y luego alzó su mirada con indecisión. — Quiero quedarme así...

Kid dejó la cuchara dentro del plato, concentrando sus ojos ámbares en ella. Una pequeña sonrisa se formó en los labios del chico.

— Me gusta estar contigo aquí. —continuó, y al darse cuenta de lo dicho, agregó apresuradamente. — ¡T-también con M-Maka y Black Star! —tartamudeó, roja de vergüenza.

El cazador clavó sus ojos en la sopa, sintiendo sus mejillas arder con fuerza. No tenía que ser adivino para saber que estaba sonrojado.

Ninguno supo que decir luego. Kid no quería tocar su sopa, Chrona no podía huir a un rincón. Parecían como si los dos estuviesen tan nerviosos para siquiera moverse.

— Ah...—sus ojos barrieron el lugar en un rápido vistazo, buscando donde encasillar su vista y dejar de sentirse incomodo. — Yo... Pues...—sus dedos sobaron la madera de la mesa. —También me gusta estar contigo aquí. —soltó atropelladamente pero que de igual manera se oyó claro y entendible.

Chrona suspiró, con el rubor aún presente. Y luego tomó la cuchara, llevándose un poco del caldo a su boca.

— Se va a enfri-

— Aunque no sé si esto durará para siempre...—interrumpió sin querer el de ojos cálidos.

— Ah. —quedó con la cuchara en los labios, tragó un poco. En su rostro solo se pudo reflejar la decepción. Sus pálidos ojos se perdieron en el caldo, no quería oír eso.

— Lo siento —añade, tratando de rectificar su error. No quería meter la pata de ese modo, mucho menos verla triste.

— ¿Uh?

—No debí decirlo de ese modo. —Kid revolvió nuevamente su sopa. — Discúlpame, Chrona.

— Oh...no, está bien. —minimizó ella, cabizbaja. Dejó la cuchara a un lado, sus ojos se veían de un tono más opaco.

— Cuando acabe todo esto —Kid se incorporó, yendo hacia el otro lado de la mesa, al lado de la pequeña bruja. Posó sutilmente la mano en su hombro, captando su atención —, podemos estar así ¿No te parece? —sus labios se curvaban en una sonrisa, sus ojos se engancharon en los de Chrona, fundiéndose en ese cielo celeste repleto de nubes.

La muchachita alzó las cejas, entreabriendo los labios. Su palidez se tiñó de rosa. Se contagió con su sonrisa, elevando la comisura de sus labios.

— ¡Sí! —había entusiasmo mal disimulado en su voz, el cual se fue degradando poco a poco. Kid notó eso, y no dudó en preguntarle qué sucedía. — Es que... ¿cuánto nos tomara? Lo de Asura —respondió. — Además, ¿cuánto tiempo estaremos aquí?

Tenía un presentimiento...

Iba a costar mucho volver a estar así.

Y ese tal Asura... parecía que no se las dejaría fácil a ellos.

— No...No lo sé. —Suspiró Kid, frunciendo ligeramente el ceño — No dijeron nada sobre eso. —agrega, recordando todas las veces que evadían sus preguntas acerca de cualquier cosa. Alegando que era información que no le podían entregar a la ligera.

— Cierto... —resignada, Chrona negó con la cabeza.

— ¿A ti han dicho algo? —pregunta con genuina curiosidad, inclinándose ligeramente sobre ella, interesado. — Llevas más tiempo que yo.

— Nada...—volvió a negar, apartando la mirada del chico. — Es por seguridad. Incluso entre ellos mismos son recelosos en cuestión de revelar información. —aclaró.

— ¿Eh? ¿Por qué? —Kid se veía desconcertado por tal revelación. — ¿No deberían confiar entre ellos?—cuestionó, como si fuera una verdad absoluta.

— Sí, pero...—tomó aire, Chrona dudó al decir lo siguiente; no obstante, sabía que podría confiar en él. Sabía que no juzgaría tan rápido. —Se ha descubierto un traidor entre la organización. Fue...fue quién rebeló mi paradero.

Sorpresa y enojo se mezclaban en las facciones del Death. Su mano libre se cerró en un puño, mientras bufaba fastidiado.

— Y tú aun así confías en ellos. —aparta su mano de ella, cruzándose de brazos, mirándole con reproche. Pero es que no podía pasar por alto algo así. Si supiera quién fue, él no dudaría en destrozarlo.

Ah, esos instintos asesinos de cazador lo estaban consumiendo otra vez.

— Lo hago, Kid. —dijo firmemente la menor, frunciendo el ceño y enfrentándole. Un brillo celestino centelló en sus ojos pálidos. Quizá creyó mal.

Spartoi la rescató de esa cárcel. La mano de Maka fue la primera en extenderse hacia ella, ofreciéndole lo impagable: libertad.

Y Chrona no dudó en tomar la suya.

Le dieron una oportunidad de seguir viva, y por un error, no perdería la confianza en ellos.

Ninguno despegó la mirada del otro. Kid se ahogó la sorpresa al verla reaccionar de tal manera; sin embargo, era consciente que Chrona no tendría esa faceta de niña tímida y carita afable para siempre.

Mátalo.

Una vocecita rasposa, susurrante y seductora se colaba por los oídos de ambos.

Acabalo.

Kid la escuchaba claramente, manteniéndose estoico ante eso. Con el paso del tiempo, había logrado controlar ese lado suyo que despertó a temprana edad.

Lo que no sabía, es que en Chrona, recién se presentaba.

Él ablandó su gesto, y acarició la cabeza de la chica. La bruja se sobresaltó, sorprendida y confundida. Su mente estaba ida, las voces se acumularon en ella, pero cuando Kid enredó sus dedos en los mechones rosas, estas se disiparon por completo.

— Entonces yo también lo haré. —pudo distinguir la resignación en su voz. El chico no deseaba pelear por algo como ello ahora. —Pero si vuelve a pasar algo así...

— Está bien. —cerró lentamente sus ojos, las caricias en su cabeza la relajaban tanto...

Al instante se separaron.

Ella, roja a más no poder. Él, parecía que la sangre prefería estar en su cabeza que en otro lado. Rieron algo abochornados, evitando hacer contacto visual.

Sus corazones latían más rápido de lo normal.

Chrona alzó la mirada, intentando dejar esa risa, quedando atrapada en esa hermosa sonrisa que el chico poseía. Su piel pálida hacía resaltar aún más su sonrojo, al igual que sus mechones negros que caían cual cascadas por su frente.

Su mirada bajó lentamente, hasta los labios de Kid.

La imagen fugaz de un delicado beso en su dorso, y otro más cerca a sus labios apareció en su mente.

Sus mejillas se colorearon de un rojo aún más vivo.

Oh, no.

Se incorporó rápidamente, y a paso veloz, Chrona sostuvo el plato con ambas manos y fue hacía la cocina.

— ¡Y-ya t-terminé mi pla-plato!—casi se muerde al hablar, por poco y choca con su propia silla, pero finalmente ya estaba fuera.

Death the Kid no pensaba en otra cosa que en que bicho le habría picado.


Cuando la noche cayó, ambos descansaban fuera de la casa.

Sentados al lado del otro, en la escalera de entrada hacía la puerta, el firmamento libre de contaminación se reflejaban en sus ojos. Y por ende, el brillo de las infinitas estrellas también.

Chrona apoyó su cabeza en el hombro ajeno, la paz reinaba solemne a su alrededor.

— Kid...—llama ella, recordando una de las tantas pregunta que se olido hacer durante su estadía en la base de Spartoi.

— ¿Sí?

Él desvió su vista del cielo, para clavarla en la niña.

— ¿Desde cuándo conoces a Maka? —preguntó con curiosidad. Sus dedos juguetearon con los del contrario. Había veces en que ambos olvidaban la vergüenza, y ésta era una de esas.

— Ah, ella... —frunció ligeramente el ceño, intentado recordar. — Desde hace mucho. Venía a mi casa a menudo, con su padre. Maka paraba en la biblioteca mucho tiempo.

— ¿Hablas del señor Albarn? —alzaba las cejas. Su cabello ya no le estorbaba ya que una diadema negra sujetaba sus mechones.

— ¿Lo conoces? — ella asintió, y volvió su vista al vasto cielo.

— Él y Maka me sacaron de ahí... —dice bajito la niña, cerrando sus ojos. — ¿Y tú?

— ¿Yo? —la miró sin comprender, ella susurro entre risas: "Qué de donde lo conoces". — Ah, era su aprendiz.

La pequeña acomodó mejor su cabeza, suspirando ante la cercanía.

— También lo era ese otro chico, Soul. Pero nunca practicábamos juntos. Además...—con su brazo rodeó el cuerpo de la menor, quien sonrió al sentir sus dedos rozarle. — prefería molestar a Maka. La llamaba rata de biblioteca, y Spirit se enojaba con él por eso. Maka no le prestaba mucha atención...—medito, sin dejar de mirar a la niña. — Es una pena... lo de Soul.

Chrona escondió su rostro en el brazo ajeno.

— Lo sé. Pero los Maestros del Destino le darán una segunda oportunidad de vivir. Lo sé. —murmuró esperanzada, recordar como el albino no toleraba el que ella sea tan...depresiva.

Al principio era de esa forma, tan pesimista y asustadiza. El mundo era una sorpresa para ella. La amabilidad que le regalaban no era normal, después de todo estaba acostumbrada a ser maltratada.

Sin embargo, cambió un poco. Para bien, y Maka estaría orgullosa de esa actitud que tomaba.

— Yo también lo espero...

La noche los acompañó hasta que decidieron entrar. Kid dio una última mirada a las estrellas, dibujando constelaciones inventadas.

Luego siguió a Chrona hacia el cuarto, quedando dormido a su lado.

Eran recién las tres de la madrugada.


Madrugar nunca fue lo suyo.

Pero ahí estaba, maldiciendo y con cara de sueño. Caminando con paso pesado hacía el baño. Se tallaba los ojos, con una mueca de molestia plantada en la cara.

Abrió la puerta del baño, y avanzó hacia la luz que provenía del inodoro, entrecerrando los ojos al ver la difusa imagen.

— ¿Quién mierda te crees para llamarme a esta jodida hora del demonio? —masculla Black Star, con las manos apoyadas en el asiento del retrete. — ¿Acaso el cambio de hora te afecta? Maldita sea, oxigenada... Sé que me necesitan pero un poco de consideración no está mal.

— ¡Liz, tarado! —la proyección de la silueta se veía furiosa. — Definitivamente tienes sueño. —La voz femenina sonaba demasiado fuerte para su gusto, como un pitido agudo y trastornarte. — Mira que rechazar un pedido de ayuda así...

— Al punto, joder. —casi grita el brujo, metiendo su cabeza en el inodoro.

— Ya, uhg... —la rubia arruga el ceño y la nariz. Luego se mira las uñas, en un fingido desinterés. — encontramos a Ragnarok y Tsubaki.

El sueño se le fue al instante.

Un grito de alegría, de júbilo, se escucho provenir de su pieza, despertando a los que dormían al lado. Pero como estos estaban acostumbrados a los gritos del Star –incluso en la madrugada– optaron por seguir durmiendo.

— ¡¿Dónde?! —chilla el brujo, su cabello estaba mojado a ese punto. — ¡Oxigenada!

— ¡Liz!

— ¡Lo que sea!

Si pudiera, Liz habría golpeado su rostro.

—- Estamos en Liverpool. —contestó rápidamente. Por un instante, ella desvió la mirada hacia atrás. — Black, no me queda mucho tiempo. Ellos están bajo tierra. Uno de los cazadores, Giriko, nos lo dijo. Debajo de un río creo...Oh. —en sus facciones se reflejó los nervios y cierto miedo. Se mordió los labios, mirando hacia atrás. — Me tengo que ir. Diles que se apresuren. Abandonarán el lugar con ellos a la una de la tarde.

— ¡Oye! —Black dio unos golpes a la taza, se había mantenido en silencio todo ese tiempo. — ¡Liz! —la imagen se cortó en un resplandor más brillante y cegador. Black hundió más el rostro, frustrado al ver que solo el agua quedaba.

Bufó, alejándose del inodoro con el ceño fruncido. Sus verdes ojos centellaban con furia. Necesitaba saber más, aunque probablemente, la otra cazadora únicamente conocía eso.

— ¿Black?

El muchacho se giró hacia la puerta, alzando las cejas y notando la figura menuda de Maka. Tuvo que aguantar una risa al verla con ese pillaba de hongos.

— Llama a Stein, Maka. Liz trajo buenas nuevas. —dijo rápidamente, pasando por su lado y saliendo de la habitación.

— ¿Eh? —Maka parpadeó, confusa. Había ido para regañar al chico, pero no se esperó eso. — ¡Espera! —siguió al brujo, alcanzándolo por el pasillo. Los otros comenzaron a levantarse a causa del ruido— ¿Qué dice Liz?

Black Star solo atinó a sonreír.

— Encontraron a Tsubaki y Ragnarok.


Nota de autora kk

¡Holas! D: (?) Lamento publicar tarde por aquí, aunque el cap ya lo subí a otra plataforma cofcowattpadcofcof ;_; En fin, no me queo conforme con los capítulos una vez que me puse a releerlos asi que quizá, en algún futuro, empiece a editarlos (aún no sé me ocurre algo, pero bueno(?)

Hace menos de una semana inicié las clases, por lo que tengo menos tiempo para escribir :c ¡no se preocupen! El capitulo 9 y 10 ya están listos solo falta arreglar unos detalles xD En realidad estos dos son un solo capitulo (lol) Y nos alejaremos un poco de Kid y Chrona jojojo~

Les dejo un avance -kokoro(?¿?-


IX: Bajo el Mersey 「 PARTE ➋ 」

Recordó ese día, cuando apenas tenía los cuatro años. El cielo despejado era una grandiosa vista desde su ventana. Se encontraba sentada en su cama, con un libro de cuentos en su regazo. La pequeña Maka miraba de vez en cuando a través de la ventana, cautivada con las esponjosas nubes blancas.

A su lado, un niño de su edad dormía plácidamente sobre su almohada. Se llamaba Soul, y su padre le dijo que sería su hermano. No tenía idea de donde había salido ese chico, pero dormía mucho. Tampoco quería molestarlo y despertarlo así que se limitaba a observarle.

Tenía que ser buena hermana. Quizá si lo era, mamá volvería.


~ Ahora sí, nos leemos -wink- ~