CAPÍTULO 3:
=Olvido=
PARTE 1
Las letras en cursiva son los pensamientos de los personajes.
Mis ojos se abrieron lentamente abandonando aquella obscuridad en la que me había refugiado, parecía como si me hubiera levantado de un sueño muy largo, trate de levantarme pero sentí un dolor a la altura de mi estómago que me impidió mover si quiera un músculo así que baje la mirada para ver de dónde provenía tal dolor pero lo que vi me asusto, mi ropa estaba cubierta de sangre y lodo por todas partes; Mire por todos lados tratando de buscar a alguien que me ayudara pero estaba completamente sola, volví a recostarme nuevamente en el piso para poder calmarme un poco y pensar que haría. Para ser realista lo más seguro era que muriera en este lugar desangrada o devorada por algún animal.
-Un momento….pero esto no puede ser-
Me levante bruscamente alzando mi camisa para poder ver la herida pero para mi sorpresa no había tal, no sabía que pasaba, si esa sangre no era mía entonces talvez era de alguien más o de un animal, estaba muy confundida, no sabía que pasaba pero si no estaba realmente herida entonces aun había esperanza; Me levante como pude y camine rio abajo, tal vez encontraría a alguien que me dijera donde estaba o que al menos me brindara su ayuda.
No sabía cuánto tiempo había estado caminando y no había señales de una villa o de alguna persona, solo a cada paso que daba encontraba más y más árboles acompañados de un lúgubre paisaje ya que estaba comenzando a obscurecer anunciando la noche de un momento a otro haciendo que sintiera terror, forzándome a mirar solamente el suelo, aunque había que tomar en cuenta que por lo menos no me había topado hasta ahora con algún animal salvaje.
- ¡AHHH, MAMÁ UN DEMONIO SALIO DEL BOSQUE… MAMÁ! –
Ese grito logro que alzara la vista y distinguí a un par de niños que corrían desesperadamente para alejarse de donde estaban, usaban unas ropas extrañas, pero eran personas, al fin había llegado a la civilización, un poco más y me hubiera rendido ante mi desesperación. En ese instante camine en dirección hacia donde habían salido corriendo los niños mientras que a lo lejos unas luces se acercaban rápidamente y de un momento a otro una flecha paso rosando mi mejilla por lo que caí de espaldas al suelo, que estaba pasando, como pueden atacar a alguien de la nada.
-¡¿QUIÉN ERES, RESPONDE DEMONIO?!-preguntaron unos hombres apuntando con sus arcos a la silueta que se asomaba entre los árboles.
-Papá, salió del bosque y está cubierta de sangre-dijo uno de los niños señalando a la joven.
-¡Por favor no disparen!, no soy un demonio ni nada, solo estoy buscando ayuda-dije con la voz temblorosa mientras me acercaba lentamente hacia la luz que daban las antorchas.
-Y como sabemos que no es una trampa, tal vez vengas huyendo de los demonios que quieren devorarte y lo único que harás es atraerlos hacia nuestra aldea si te ayudamos- dijo uno de los hombres, lo que provoco que los demás comenzaran a dudar de mí, no sabía qué hacer y no tenía muchas opciones; si salía corriendo, lo más probable era que me dispararan y por otro lado si me quedaba tal vez no me atacarían pero me dejarían a mi suerte
-Eso no va a ser necesario, además el alegarla no evitaría que algún demonio nos ataque, solo les estaríamos dando una víctima más- dijo un hombre que salía del espesor del bosque
-¡Taro- sama!… nos alegra que se encuentre a salvo- dijeron todos los presentes mientras hacían una pequeña reverencia.
Voltee un poco para poder mirar a la persona detrás de mí, era un joven con tés morena, cabellera obscura y ojos café claro, sus ropas parecían ser un haori completamente negro salvo algunos detalles en color azul; al mirar más detenidamente note que en la mano levaba una lanza que ocultaba detrás de sí, sin embargo, lo que más me aterrorizo fue ver que sus manos estaban cubiertas de sangre.
-¿Cuál es tu nombre pequeña?- dijo Taro mientras observaba a la joven junto a él y le esbozaba una sonrisa, podía notarse el terror y el miedo en los ojos de la joven.
-Bueno yo…solo…yo…- no podía decir nada, estaba completamente muerta de miedo
-Tranquila, no vamos a hacerte daño, por lo que puedo ver parece que no has tenido un buen día- dije mientras observaba a la joven que vestía ropas muy extrañas pero sobre todo tenían una mancha de sangre en su abdomen, lo más seguro era que estuviera herida
-….-
-Vamos, solo quiero saber tu nombre-insistí
-Kagome, me llamo Kagome- Dije en voz baja
-Oh que hermoso nombre, mi nombre es Taro, soy el protector de una aldea que no se encuentra muy lejos de aquí. Que te parece si vienes con nosotros, comes algo y te cambias para que podamos escuchar que fue lo que te paso- dije mientras les extendía la mano como un gesto de confianza
Aun con un dejo de desconfianza acepte su oferta ya que no tenía muchas opciones a escoger y acompañe al grupo de personas hasta una aldea donde pude notar las miradas de todos los aldeanos, la razón principal podían ser las ropas que llevaba ya que a comparación de ellos la diferencia era muy notoria; llegamos hasta las escaleras de un templo donde los aldeanos se retiraron a sus casas después de hablar con el joven llamado Taro, el cual se acercó a mí y me llevo a través de las escaleras donde en la cima se encontraba una pequeña cabaña.
Pude comer algo y tomar un baño para poder quitarme la ropa sucia que llevaba, Taro fue muy amable al prestarme un kimono que era de su hermana, al parecer ella era la sacerdotisa que cuidaba del lugar pero un demonio la había atacado y en estos momentos ella no se encontraba en condiciones para usar sus poderes y por eso él había tomado su lugar a pesar de que su fuerza era menor que la de su hermana.
Mientras tomaba el baño pude estar más tranquila, mis amigos deberían estar muy preocupados tratando de encontrarme, aunque no creo que a Inuyasha le interesara mucho, de seguro estaría con Kikyo, ya que siempre aparece cuando hay situaciones como estas. Aun no podía creer lo que había pasado, Naraku nos tendió una trampa y nosotros fuimos directo hacia ella; pero lo que aún no encajaba en todo este asunto era Kikyo, por más que le daba vueltas nada quedaba en su lugar, Naraku no era capaz de bloquear mi poder espiritual así que aunque no haya sido la verdadera Kikyo quien me hirió, puedo estar segura que la verdadera estaba cerca en ese momento, bloqueando mis poderes como ya lo había hecho en otras ocasiones.
-¡AAAH maldición, porque me pasa esto a mí!- grite mientras me cubría la cara con mis ante brazos en un inútil intento por retener mis lágrimas, me sentía tan tonta pero sobre todo podía sentir como mi corazón se rompía en pedazos cada vez que venía a mi mente la imagen de Kikyo e Inuyasha, él nunca ponía en tela de juicio su palabra a pesar de que estuviera equivocada.
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En un bosque no muy lejano se encontraba el grupo de Inuyasha junto a una fogata, el ambiente era un poco tenso debido a los acontecimientos de hace unas horas pero sobre todo el pequeño Shipo no había parado de llorar mientras Sango trataba de consolarlo.
-¡YA DEJA DE LLORAR ENANO!-grito Inuyasha
-CALLATE, TODO ES TU CULPA… ERES UN BURRO… KAGOME, KAGOME…..BUAAAAAAA-
-¡Que fue lo que dijiste enano!-
-Inuyasha cálmate, no ganas nada con gritarle a shipo- dijo Miroku acercándose a él.
-Su excelencia tiene razón, además el culpable de todo esto eres tu Inuyasha-
Sango mantuvo la mirada en el suelo mientras que Inuyasha no pudo siquiera contestar, porque lo que ella decía era verdad, el debió ser el primero en darse cuenta de la trampa que les había tendido Naraku y sin embargo había dejado que Kagome saliera herida, lo peor de todo esto era que cabía la posibilidad de que estuviera muerta o que aun viviera; la incertidumbre los estaba matando por dentro o tal vez la culpa, en especial a Inuyasha.
-Será mejor dormir un poco ya que por ahora nos será más difícil buscar a la señorita Kagome- ante este comentario el monje llamo la atención de todos los presentes.
-Pero excelencia como puede decir eso Kagome nos necesita, debe estar herida o en peligro-contesto Sango un poco alterada.
-Sí, Sango tiene razón Kagome nos necesita-decía shipo mientras secaba sus ojos
-Lo sé, pero la señorita Kagome es fuerte y estoy seguro de que estará bien además en las condiciones en las que nos encontramos no nos ayudaran en nada- dijo Miroku mientras los demás se detenían
-Pero…-decía shipo conteniendo nuevamente las lágrimas
-Tiene razón shipo, en el estado en el que estamos no le seremos de mucha utilidad a Kagome- dijo Sango para consolar a Shipo.
-Bien en ese caso hay que comer algo para recuperar fuerzas-
-Oye Miroku… ¿Que estás haciendo?- pregunto shipo saltando al hombro de Sango
-Es lo mismo que iba a preguntarle, ¡MONJE PERVERTIDO!- sin esperar respuesta Sango le propino una cachetada
-Lo siento Sango pero es una debilidad que viene de familia- dijo en su defensa Miroku mientras ponía la mano en su mejilla
-¡¿Como pude hacer eso en una situación como esta?!- grito Sango mientras se controlaba para no matar a Miroku.
-Si Miroku que cochinote-
-Tu también Shipo, vamos Sango no te enojes lo hice para relajar el ambiente-
-¡¿A si?, pues déjeme enseñarle como se relaja el ambiente en situaciones como estas, monje pervertido!-
-¡Sango baja tu arma, era solo una broma! Inuyasha dile algo-
Todos estaban absortos en la pelea excepto Inuyasha que solo tenía la mirada en el cielo rogando que Kagome estuviera bien y que se encontrara a salvo, pero algo era seguro, haría pagar a Naraku por lo que había hecho; Después de un rato todos cayeron en manos de Morfeo y como era costumbre Inuyasha hacia guardia, faltaban unas cuantas horas para que amaneciera cuando una de las serpientes cazadoras de Kikyo apareció atrayendo obviamente la atención de Inuyasha, provocando que este la siguiera hasta donde se encontraba Kikyo.
-Así que has venido… Inuyasha – se escuchó su voz mientras estaba recostada a los pies de un gran árbol y rodeada de sus serpientes cazadoras.
-Kikyo yo…-
-He de suponer que Naraku consiguió su objetivo ¿no es cierto?-
-¿De que estas hablando?- pregunto Inuyasha un poco extrañado puesto que la seguridad de kagome no era algo de lo cual fuera prioridad para ella.
-Eres tan iluso, no es un secreto que Naraku le teme a kagome y que quiera deshacerse lo más pronto posible de ella-
-¿Te refieres a que Kagome puede destruir a Naraku y purificar la perla?-
-Tal vez, pero aún le falta mucho a Kagome para poder lograr tal hazaña, por eso yo soy la única que puede destruirlo aunque sea solo un cuerpo de huesos y barro-
-Kikyo...-
-Inuyasha, ten en cuenta que en cualquier momento puedo desaparecer porque yo ya no formo parte de este mundo en cambio kagome no es igual a mi ella- Kikyo no pudo terminar su frase ya que Inuyasha la había atrapado en sus brazos a pesar del esfuerzo de ella por soltarse, pero él no cedía por lo que se rindió ante su inútil lucha, correspondiendo el abrazo.
-Eso no es verdad tu eres muy importante para mí y nunca dejaría que Naraku te pusiera una mano encima-
-Inuyasha…-
-No importa lo que pase yo te protegeré-
Ambos permanecieron cerca uno del otro mientras las serpientes cazadoras giraban a su alrededor sin saber que eran observados por Kagura que no perdía detalle alguno de la escena.
-Hay Inuyasha eres tan fácil de engañar que me das lastima, pero haces que mi trabajo sea más fácil- Kagura tomo una de sus plumas y se retiró para informar de la situación a Naraku mientras que en una aldea de la región se encontraba kagome sin saber nada de lo que estaba ocurriendo.
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Después de haber tomado un buen baño y haberme quitado toda esa ropa sucia, me dirigí hacia la cabaña donde al entrar llego a mí un olor a jazmines y miel, extrañamente me sentí más relajada pero le reste importancia, con dificultad me senté en el futón que estaba cerca de la fogata, mientas que el joven Taro preparaba algunos vendajes.
-Ahora, déjame ver esas heridas-dijo llamando mi atención
-No, está bien. No duele ni nada solo fue un rasguño- dije nerviosa alejándome un poco
-Un rasguño, con toda esa sangre… vamos tengo que revisar la herida o podría infectarse- insistí ante su negativa
-En serio estoy bien, toda esa sangre no era mía-
-…- dude un poco ante su repuesta así que opte por darle unas hierbas en caso de que hubiera alguna infección
-Gracias, eres muy amable- dije mientras aceptaba él té que me ofrecía
-Y dime Kagome, como es que llegaste hasta este lugar- pregunto Taro, haciendo que Kagome se sobresaltara un poco
-Bueno… es una historia larga y algo complicada- dije tristemente
-Ya veo, si aún no estas lista para contarla no es necesario que lo cuentes- pude notar la tristeza en su rostro, tal vez su aldea había sido atacada por algún yokai o bandidos y había perdido a su familia aunque deseaba de todo corazón que solo se hayan separado de caminos.
-Este es un templo no es cierto, joven Taro-
-Puedes decirme solo Taro- sonreí, a lo cual ella correspondió mi gesto con una sonrisa
-¿Ustedes construyeron este templo?-
-No, este lugar ha estado abandonado desde hace quinientos años, yo llegue aquí con mi padre y mi hermana desde que aún era muy pequeño, con el tiempo nos fuimos adaptando y cuando el murió Naoki se hizo cargo de proteger la aldea, ya que sus poderes de purificación eran mejores que los míos-
-Ya veo, ha de haber sido algo muy duro-
-Cuando eres muy joven hay cosas que aún no puedes ver, pero con el tiempo y la dedicación puedes llegar a vivir con ellas, aunque también tienes la opción de hacer algo para cambiar las cosas para bien-
En ese momento apareció una sombra detrás de una cortina de bambú que se encontraba en la habitación la cual al parecer dividía la cabaña en dos cuartos, pero aquella sombra no avanzo más, en su lugar se escuchó solo una voz; sonaba un poco extraña como si tratara de sacar palabras pero se ahogaban en silencio de la habitación.
-Her-ma-no-
-Oh, Naoki no deberías levantarte aun no estás bien. Ella es Kagome, estaba perdida en el bosque y la ayudamos así que la traje a la aldea-
-Ho-hola, es un gusto conocerte- dije nerviosa
- No deberías estar aquí, vete antes de que sea demasiado tarde...-
Levante la mirada poco a poco y mis ojos se quedaron observando aquella sombra, había dicho que me fuera o lo había alucinado, por alguna razón solo yo lo había escuchado y por su parte Taro no dejo que siguiera la conversación y se dirigió a mi dándome las buenas noches mientras se despedía para poder llevar a su hermana de nuevo a descansar.
-Descansa, mañana hablaremos con más calma-
-S-sí, gracias yo también iré a descansar-
Al salir un fuerte viento salió de la nada haciendo que se me helara la sangre, mire hacia la aldea pero ya no había ninguna luz, todo estaba sumido en la obscuridad; Sentí un escalofrió que recorría mi espalda al mirar aquello por lo que corrí velozmente hacia mi habitación que afortunadamente quedaba a unos cuantos metros, me metí en el futón y me cubrí completamente apretando fuertemente entre mis manos el colgante que me había regalado mi madre, poco a poco me fue venciendo el sueño hasta que por fin caí rendida sin percatarme que una pequeña luz comenzaba a emanar de mi colgante.
La luz entro por una de las ventanas directo hacia mis ojos, poco a poco fui despertando, había dormido tan bien que me levante, lave mi cara y me vestí con uno de los kimonos que me había dado Taro, al salir pude ver el brillante sol en el cielo así que tome una bocanada de aire fresco y me dirigí a la cabaña de Taro, al entrar el me saludo con una gran sonrisa.
-Buenos días pequeña-
-Buenos días Taro- conteste mientras tallaba mis ojos
-Veo que has dormido bien, a pesar de la tormenta de anoche-
-Si gracias… ¿Tormenta?, yo no escuche nada-
-Y dime, que es lo que piensas hacer-
-¿he?, sobre que-
-jajá… bueno he de suponer que no pretendes quedarte aquí por siempre, tal vez tu familia te esté buscando no crees-
-… Me gustaría mucho ir con ellos pero por ahora no me es posible-
-Ya veo…-
-Aunque para ser sincera no sé dónde están, solo sé que hay un poso cerca de casa pero por más que trato de recordar donde esta ese poso me es imposible, al menos mis amigos estarán buscándome- era extraño pero no me había puesto a pensar en ello desde que había llegado a este lugar, solo recordaba imágenes cortadas de donde vivía pero siempre había una especie de neblina.
-No te preocupes, estoy seguro que recordaras todo poco a poco, mientras tanto puedes quedarte todo el tiempo que quieras-
-Muchas gracias - Era un alivio que pudiera quedarme un tiempo en este lugar, al menos estaba segura y los demás no tardarían en encontrarme.
-Bueno basta de plática, comamos y luego quisiera que me ayudaras con algunas cosas si es que puedo contar con tu apoyo-
-Por supuesto, cuenta conmigo-
Durante todo el día estuve al lado de Taro ayudándolo a resolver los problemas que tenían los aldeanos, pero sobre todo a eliminar a unos cuantos yokai que al parecer no dejaban de molestar a los aldeanos por lo que fue una sorpresa y a la vez algo complicado el explicar sobre mis poderes espirituales. Cuando llego el atardecer Taro se quedó con algunos de los hombres que había visto el día anterior para poder tomar precauciones en caso de que se dieran más ataques; como iba a tardar me pidió que me adelantara así que al llegar me di un baño y comencé a preparar la cena, era lo mínimo que podía hacer después de todo lo que me había ayudado.
Después de un rato Taro entro en la cabaña donde Kagome ya tenía lista la cena y este le dedico una mirada de asombro pero sobre todo agradeció aquel gesto ya que había sido un día pesado, tomo asiento a unos pasos de la fogata y disfruto de la cena en compañía de su invitada. Taro no pudo resistir la curiosidad por preguntarle a Kagome si ella era una sacerdotisa al igual que su hermana pero esta no dejaba nada en claro, parecía como si no fuera totalmente consiente de su poder como si los hubiera descubierto por accidente.
-Tal vez en tu aldea eras un aprendiz-
-Para ser te sincera, no sabía nada de mi poder hasta que fui atacada por un yokai hace algún tiempo, aunque la anciana Kaede es muy buena maestra aun me cuesta un poco controlarme-
Me sentía mal por mentirle de esa manera a Taro pero lo mejor era que no se enterara sobre Naraku o de la perla de Shikon, no me gustaría que fuera uno de los objetivos de ese maldito o que corriera peligro por mi culpa, era extraño que recordara estas cosas pero no como llegar a casa.
-Así que a un te falta mucho entrenamiento para que puedas controlarlos adecuadamente-
-Sí, pero no creo que haya muchos riesgos ¿o sí?-
-Hay algunas veces que esos poderes a pesar de que son capases de purificar a los yokai si se salen de control pueden ser un gran problema y por otro lado están aquellos que anhelan ese poder para ellos mismos ya sean humanos o no -dijo Taro en un tono serio, llamando la atención de la joven
-Perdón…no es que no le de importancia-
-Dime kagome, ¿has oído hablar de la perla de shikon?-
-¿La perla de shikon?- salte un poco al oír sobre la perla pero era mejor hacerme la desentendida del tema
-Bueno, la shikon no tama es una joya capas de otorgar un gran poder a cualquiera que la posea y ha sido la causa de innumerables guerras-
-Pero… ¿Quién habrá creado un objeto tan peligroso? -
-Midoriko no lo hizo por voluntad propia, ella es una prueba de lo que puede ocurrir cuando no sabes controlar tus poderes apropiadamente o si dejas que se salgan de control-
-¿Quién es Midoriko?, acaso ella fue quien creo la perla–
-Así es, ella era una poderosa sacerdotisa, obviamente en su época aún no se sabía nada respecto a la perla-
-¿Por qué? - dije levemente pero el solo se limitó a continuar
-Unos demonios que estaban hartos de que Midoriko los venciera se aliaron para acabar con ella, debo admitir que no les fue fácil pero ella era humana y era solo cuestión de tiempo para que llegara a su límite-
-¿Entonces ella uso todos sus poderes para purificarlos? Pero por lo que me dices ella no era un aprendiz así que sabría cómo usar su poder- solo recibí un gesto de aceptación por parte de Taro contestando mi pregunta
-Sin embargo, sus poderes se salieron de control junto con los de los demonios que trataban de hacerla ceder y su corazón se convirtió en lo que ahora todos conocen como la perla de shikon, aunque no ha sido la única víctima de su propio poder. Nunca he visto dicha perla pero si he oído muchas historias sobre ella-
-¿Alguien más ha sido capaz de crear otra perla parecida a la Shikon no Tama?-
-En realidad no sé si sea cierta, es más bien como una leyenda que ha pasado de generación en generación en este lugar-
-¿Aquí? Pero habías dicho que este lugar ha estado abandonado desde hacía mucho tiempo- me alarme inmediatamente ante su comentario, si lo que le paso a Midoriko ha ocurrido otras veces cabía la posibilidad de que existiera otra perla.
-Así es, pero antes de eso este lugar era resguardado por una poderosa sacerdotisa que al parecer no tenía rival alguno hasta que un día un Yokai proveniente de las tierras del Oeste ataco el lugar ya que buscaba obtener el poder de la sacerdotisa por lo que le tendió una trampa y la venció atravesando su corazón, pero antes de morir ella rompió el sello que había hecho su maestro para retener todo su poder-
-Entonces ella…-
-Al romper ese sello todo su poder se desato de un golpe y no solo elimino al yokai si no también todo lo que se encontraba a su alrededor, incluyendo este lugar y a los aldeanos que protegía, se supone que ella murió después de aquello pero no se sabe con certeza-
-¡¿Qué, ella sobrevivió!-
-Como dije, no puedo saberlo. Ha pasado demasiado tiempo y la verdad sobre lo que realmente ocurrió ese día ya se habrá perdido o contado de otra forma-
Mi mente daba vueltas una y otra vez repitiendo todas y cada una de las palabras de Taro, así como un sinfín de hipótesis girando alrededor de la perla de Shikon pero más que nada estaba angustiada sobre Naraku, que es lo que pasaría si él se llegaba a enterar de lo que acababa de escuchar, tal vez usaría todos sus recursos para que Kikyo o yo…. Un momento, si Kikyo seguía el mismo destino que Midoriko entonces Naraku al fin obtendría una perla completa, no, no puede ser. Naraku no podría saber eso pero si por algún motivo llegase a ocurrir que Kikyo se vea forzada a usar sus poderes al igual que Midoriko entonces se conocería todo lo que me ha contado Taro y además tendría los medios para completar la perla original, ninguno de nosotros seriamos capaces de hacerle frente en una batalla cara a cara.
-¿Kagome, estás bien?- pregunte un poco preocupado ya que su cara se había puesto pálida y no contestaba
-Si, perdón, es solo que…-
-Tranquila no te sucederá eso-dije tranquilamente para poder clamarla, sabía de antemano que mis comentarios le darían algo de miedo y más porque ninguno de ellos tenía un final feliz.
-¿Eh?, no es solo que…-
-Estoy seguro de que serás capaz de usar bien tu poder y que no te veraz en una situación así-
-Si, gracias- sus palabras me tranquilizaron un poco pero aún me sentía inquieta por todo aquello o más bien por lo pudiera o no pasar más adelante.
-Sera mejor que descansemos, hoy ha sido un día largo y estoy seguro de que quieres descansar ¿No es cierto?, Dejemos esta plática para…-
-¡TARO-SAMA! ¡NECESITAMOS SU AYUDA HAY FUEGO EN UNA DE LAS CASAS!-dijo un hombre entrando bruscamente
-¡Que, como es posible eso!-dije mientras me dirigía hacia a salida
-¡Es un yokai que trato de llevarse a uno de los niños, así que lo acorralamos en la casa pero…!-
-¡Suficiente! Kagome quédate aquí y cuida de mi hermana, yo iré-
-Pero, también quiero ayudar-
-¡NO!, He dicho que te quedes aquí, ¿Entendido?-
Asentí levemente pero un poco extrañada por su actitud tan tajante, mientras que Taro y aquel aldeano salían corriendo para apagar el fuego, me sentí culpable por agradecer de alguna manera el poder pensar un poco en la plática de hace unos momentos pero aún habían huecos que debía llenar y buscar la forma de llegar al lado de Inuyasha y de los demás para poder encontrar una solución; de repente una canción comenzó a sonar en la habitación pero la voz era grave y sombría que no pude siquiera voltear para averiguar de dónde provenía…
KA-GO-ME, KA-GO-ME
Eres un pájaro que ha sido enjaulado,
Nunca podrás irte,
Sea de noche o al amanecer,
¿Quién es el que está detrás de ti ahora?
Pude sentir como se acercaba alguien detrás de mí, el miedo no me dejaba pensar en nada y me cubrí los oídos con mis manos, odiaba esa canción desde que era pequeña; cada vez se escuchaba más y más fuerte era como si la estuvieran cantando en mi oído, repitiéndola una y otra vez sin parar pero de repente aquella voz paro y todo quedo en silencio así que me arme de valor y abrí los ojos lentamente girándome al mismo tiempo, pero para mi sorpresa era la única en la habitación.
Kagome no entendía que pasaba, así que saco de sus ropas un pequeño espejo que siempre llevaba consigo ya que era uno de los pocos recuerdos que tenia de su padre; se levantó y camino hacia la salida apuntando el espejo de modo que pudiera ver detrás suyo, sin embargo, al llegar a la puerta salió detrás de la cortina de bambú una criatura que atravesó velozmente la habitación y lanzo a kagome del otro lado para inmovilizarla quedando sobre ella; su fuerza era tal que Kagome no podía soltarse y comenzó a gritar pidiendo ayuda.
-TE E-N-C-O-N-T-R-E…-dijo aquel ser
-¿Qué?-dije con la voz temblorosa, ya que su rostro estaba cubierto con una máscara blanca que solo tenía unos pequeños orificios donde van los ojos.
- Ahora eres… mía…-
Aquella criatura se comenzó a acercar a mi mientras tratada de soltarme inútilmente, en ese momento mi collar emano un destello de luz esmeralda provocando que lograra romper su agarre debido a que me había soltado para cubrirse del destello así que tome lo primero que pude alcanzar y arremetí contra ese ser que cayo bruscamente al suelo perdiendo la máscara que llevaba consigo; pero cuando volteo hacia mí no podía creer lo que veía… era… yo, era como verme en un espejo, la única diferencia que había era su cabello y sus ojos ya que estos no tenían ningún brillo, era como ver una muñeca. En ese momento apareció Taro entrando bruscamente con la respiración entrecortada, se podía ver que había llegado lo más rápido que podía, lo cual agradecí inmensamente al ver que por fin llegaba la ayuda. Taro solo se limitó a ver la escena como si tratara de descifrar que había ocurrido, lentamente camino hacia aquella mujer para colocar sobre su rostro la máscara que estaba en el suelo mientras que yo me alejaba lo más que podía, tenía un mal presentimiento.
-Es una pena que hayas tenido que ver esto antes de tiempo- dijo Taro dando un suspiro
-….-
-Pero que podemos hacer, esto solo adelantara un poco mis planes, pero por ahora creo que lo mejor será que no vayas a ningún lado-
Taro comenzó a acercarse a Kagome mientras alzaba una de sus manos hacia ella, sin embargo Kagome lo golpeo con el tronco con el que se había defendido antes esquivando a la mujer que extrañamente ahora no movía ni un musculo lo cual le permitió que saliera corriendo. Al llegar al final de las escaleras Kagome se dio cuenta de que toda la aldea ardía en llamas y se podían escuchar los gritos de los aldeanos así como las voces de varios Yokai, sabía que debía ayudarlos pero al mismo tiempo no podía ya que no tenía como defenderse y sobre todo que Taro no aparentaba ser la bondadosa persona que creyó que era, además estaba aquella mujer que se parecía a ella dándole un mal presentimiento así que tuvo que ser fuerte y abandonarlos mientras se perdía en el bosque.
Taro observo desde lo alto del templo como se perdía la figura de Kagome en el bosque mientras miraba como era consumida la aldea a manos de aquellos demonios.
-Algunas cosas nunca cambian, a pesar de que tienes una nueva vida, sigues siendo igual de egoísta… no es así "hermanita"- dijo Taro mientras detrás de él se acercaba una joven de cabello rojizo y tez clara vistiendo un kimono blanco que a los pies llevaba un decorado de amapolas negras y una armadura que cubría solo la parte superior y los hombros.
-Quiero que la traigas, pero asegúrate que esta vez no pueda escapar, entendiste… -
-Como órdenes-
La joven bajo velozmente y siguió el rastro de Kagome utilizando unos talismanes que tomaron la forma de unos pequeños demonios zorros platinados que se adentraron aún más para poder alcanzar a su presa; Kagome había llegado hasta el rio donde había despertado, deteniéndose para recuperar el aliento y pensar que iba hacer ya que aún no se recuperaba por completo, sabía que no llegaría muy lejos en su condición cuando de repente aparecieron unos zorros que se abalanzaron hacia ella enrollándose por todo su cuerpo mientras caía al suelo, uno de ellos le dio un pequeño mordisco en el cuello inyectando un poco de veneno a la muchacha, no tardó mucho en aparecer la mujer que la había atacado pero esta vez llevaba consigo una daga con la intención de clavarla en su pecho.
-¡¿QUIÉN ERES?! RESPONDE- grite a la mujer al sentir como empezaba a hormiguear todo mi cuerpo perdiendo la movilidad de mis piernas.
La pregunta de Kagome no fue contestada y en su lugar la daga fue incrustada de golpe en su pecho al mismo tiempo que miles de esferas de luz salían disparadas y eran absorbidas por su agresora, provocando que Kagome perdiera la poca movilidad que le quedaba poco a poco, mientras sentía como se iba obscureciendo todo a su alrededor.
Continuara…
