CAPÍTULO 3:
=Olvido=
PARTE 2
Las letras en cursiva son los pensamientos de los personajes.
Las llamas habían consumido por completo la aldea dejando una vista desoladora del lugar, Taro se encontraba al pie de las escaleras del templo sosteniendo entre sus manos el colgante y el espejo que había dejado caer Kagome en su huida.
-Veo que no te ha costado ningún trabajo doblegar a la sacerdotisa- dijo una voz a espaldas de Taro
-A diferencia de ti, yo no necesito de trucos baratos para alcanzar lo que quiero. Además, no se suponía que me traerías a la tal Kikyo-
-Ahórrate tus palabras, no es necesario que valla personalmente ya que será ella quien venga aquí por voluntad propia y en cuanto a mí, solo soy un comerciante que entrega mercancía a cambio de su pago-
-En ese caso, ya no necesitare más de tus servicios Naraku-
Taro lanzo varios fragmentos de la perla junto con el collar que tenía en sus manos en señal de que había cumplido con su parte del trato, así que Naraku opto por guardarlos dentro de sus ropas y se desvaneció en una nube de polvo, Taro llamo a la mujer que se encontraba a su lado oculta bajo una capa, la cual cubría la ropa de Kagome que llevaba puesta, así como su cabello que había sido teñido de un tono azabache. Aquel joven introdujo en la frente de la mujer una pequeña esfera que tenía en su interior un pétalo de cerezo, provocando que su piel abandonara ese tono tan claro y su mirada mostrara por primera vez un rayo de luz.
-Tu nombre es Kagome, eres una sacerdotisa que está en busca de los fragmentos de Shikon en compañía de tus tres mejores amigos y el amor de tu vida llamado Inuyasha, mientras persiguen a un Hanyou llamado Naraku que quiere obtener esos mismos fragmentos para cumplir su deseo. Así que tú trabajo es desviar la atención de todos sobre este lugar hasta que yo decida llamarte y si alguno de ellos tiene la mínima intención de acercarse, elimínalo inmediatamente. ¿Entendiste, "Kagome"? -
-Como usted ordene Taro-sama-dijo la mujer caminando hacia el bosque alejándose poco a poco del lugar y dejando detrás de si la capa que la cubría.
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-Señor Jaken… ¿Por qué está enojado el señor Sesshomaru? - pregunto inocentemente la pequeña Rin mientras estaba sentada haciendo un collar con las flores que había recogido en el camino.
- ¡Niña tonta! El amo bonito no está enojado, solo está pensando en un plan para derrotar a ese malvado de Naraku-
-eh… pero usted dijo que el señor Sesshomaru no necesitaba de ningún plan-
- ¡Hay que insolente eres! Mejor ve a jugar un rato con tus tontas flores en vez de estar molestando-
- ¡Que grosero! No tiene por qué enojarse conmigo si no sabe por qué está enojado el señor Sesshomaru-
-Y dale con lo mismo, ya te dije que el amo bonito no está…-
En ese momento ah-un alzo al pequeño demonio sapo por los aires una y otra vez mientras lo atrapaba con una de sus cabezas, haciendo que la pequeña Rin dejara lo que estaba haciendo para auxiliar a Jaken que gritaba que lo bajaran, Rin corría de un lado a otro tratando de alcanzarlo, pero no tenía éxito alguno.
Sin embargo, aquella graciosa escena no era de interés para Sesshomaru que se encontraba recargado en uno de los arboles cercanos, más bien comenzaba a irritarle el escándalo de sus acompañantes así que antes de matar a su fiel lacayo por dar pie a tan escandaloso juego decidió alejarse, no sin antes darle una orden al sapo que ahora había caído al suelo bruscamente.
- ¡Jaken! -
-S-si amo bonito...- todo le daba vueltas mientras se tambaleaba de un lado a otro tratando de llegar junto a él.
-Lleva a Rin al Palacio y espera mis órdenes-
- ¡¿Qué?, Acaso piensa ir usted solito tras Naraku! - Sesshomaru lo fulmino con la mirada provocando que Jaken soltara un chillido mientras se inclinaba. –C-Como usted ordene amo bonito-
-eh…. Pero yo quiero ir con ustedes, no quiero quedarme yo sola, no es justo-
-Hay pero que insolente, el amo bonito no puede andar por ahí con una niña como tú, es muy peligroso además serias solo un estorbo-
-Tu también Jaken-
- ¡Que, que!, no… déjeme ir con usted amo- dijo Jaken aferrándose a la estola de Sesshomaru gimoteando, pero solo obtuvo un golpe de parte de su amo mientras este caminaba lentamente perdiéndose en el bosque y dejando tras de sí a la niña y al pequeño sapo.
- ¡Le deseo suerte señor Sesshomaru! -
-Amo… bonito…-
-Se lo dije señor Jaken, el señor Sesshomaru está enojado-
- ¡Y dale con eso!, el amo bonito no piensa en tonterías como esas-
-Tal vez este enojado con usted porque se comió las naranjas que había traído para el-
-¡!- Jaken solo guardo silencio ante la inquisidora mirada de Rin
- ¡Así que fue usted, que malo es señor Jaken por su culpa el señor Sesshomaru se enojó con nosotros! -
-Te estoy diciendo que el amo no piensa en esas cosas tan vagas como tu niña, mejor hazme caso y vámonos antes de que el amo me regañe por no acatar sus órdenes- Tanto Rin como Jaken no pararon de discutir a pesar de que Ah-Un había emprendido el viaje rumbo a las tierras del lord.
Sesshomaru se encontraba dentro del bosque destruyendo a cuanto Yokai o Humano se cruzará en su camino, por alguna razón no podía apagar la furia que sentía al haber salvado la vida de la mujer de su hermano; no, no era ese el motivo, más bien era el hecho de haber confundido a la humana con "esa persona", como podía siquiera atravesar ese pensamiento por su mente. De repente el aire atrajo hasta él el aroma de la mujer y una disimulada sonrisa se dibujó en su rostro, al parecer la mencionada anteriormente parecía digerirse hacia donde él estaba, así que solo tendría que cerrare el paso y obtener la información que le hacía falta.
Kagome caminaba lentamente atravesando el bosque mientras esquivaba las ramas y los arbustos que encontraba a su paso, hacia un par de horas que llevaba caminando pero no recordaba como había llegado ahí, solo tenía vagas imágenes de lo que había sucedido pero nada era claro; afortunadamente no estaba herida y no se había topado con ningún yokai en su camino, con suerte encontraría alguna aldea o sus amigos la encontrarían primero, lo cual preferiría mucho ya que su vestimenta no le ayudaría y más cubierta de sangre y lodo. Para su mala suerte no vio una raíz que se asomaba levemente y se tropezó cayendo de rodillas al suelo; Kagome soltó un quejido ante el daño que se había hecho, pero cuando alzo la vista sus ojos se agrandaron al ver a unos cuantos metros de ella a Sesshomaru mirándola fijamente, se notaba que no estaba de muy buen humor ya que desprendía un aura asesina haciendo que cualquiera saliera corriendo al instante.
-S-Sesshomaru… ¿Que estás haciendo aquí? - pregunto Kagome mientras se levantaba torpemente sacudiendo sus rodillas
-…-
- ¡Contéstame al menos! -
Sesshomaru la tomo por el cuello y comenzó a cortarle el aire provocando que Kagome forcejeara inútilmente por tratar de alejar su mano, pero él no lo permitiría, de alguna forma el doblegar a la sacerdotisa hacia que su ira disminuyera lentamente casi dejando un dejo de satisfacción.
Sin embargo, no le fue posible continuar con su pequeña diversión ya que una espada había sido lanzada entre él y su presa obligándolo a separarse de ella, al parecer no era el único en percibir el aroma de la mujer puesto en el inútil de su hermano había llegado vociferando un montón de idioteces.
- ¡SESSHOMARU NO TE ATREVAS A TOCARLA DE NUEVO O TE MATARE! -
-…Inuyasha- Kagome se acercó a él lentamente mientras cubría su cuello con una de sus manos
- ¡Kagome! te encuentras bien, tratamos de encontrarte lo más rápido que podíamos después de lo que pasó, pero no nos fue muy fácil- decía Sango buscando alguna otra herida que no saltara a la vista
-Está bien Sango, no me paso nada-
La exterminadora retiro la mano de Kagome para poder ver mejor la herida que tenía, afortunadamente solo se había dibujado un moretón debido a la presión que se hizo; Inuyasha estaba dispuesto a atacar a Sesshomaru en cualquier momento, pero este ya había empezado a alejarse del lugar, al parecer no tenía la intención de seguir viendo esa ridícula escena.
- ¡Sesshomaru, a donde crees que vas maldito, regresa aquí cobarde! -
-Inuyasha cálmate, deja que se marche. Además, no es momento para buscar pelea, en especial con Sesshomaru-
-feh… eso lo dices porque eres un debilucho-
-Su excelencia tiene razón, lo que importa ahora es curar las heridas de Kagome-
-Tranquila estoy bien, solo fueron un par de rasguños-
- ¡Un par de rasguños, pero si estas cubiertas de sangre además…! -
Sango y los demás bajaron la mirada, no podía tener solo unos rasguños después de haberla visto caer desde ese acantilado eso sin mencionar que podía haber muerto.
-Sango… estoy bien en serio, no me paso nada-
-No me des esos sustos quieres, pensé que…-
Unas lágrimas rodaron por las mejillas de la exterminadora mientras Kagome la abrazaba para consolarla uniéndoseles Shippo, que se había quedado de roca al ver la sangre en las ropas de Kagome. Por su parte Inuyasha y Miroku solo suspiraron aliviados de que nada grave le hubiera ocurrido.
Decidieron que lo mejor sería regresar a la aldea con la anciana Kaede y dejar que Kagome descansara un poco, también comentarle lo sucedido con Naraku a la anciana, para poder tomar medidas en caso de que este se apareciera en la aldea y tratara de atacar nuevamente a Kagome. Sin tiempo que perder el grupo comenzó su viaje, sin embargo, durante todo el camino Inuyasha se veía angustiado y no le dirigió la palabra a nadie, en cuanto llegaron se esfumo completamente.
Pasaron algunos días y todos se encontraban mejor, Inuyasha parecía haber dejado su rutina para alejarse de todos y había comenzado a ser el mismo de antes. Todo parecía ir bien, pero para Kagome no era así, los últimos tres días se levantaba a media noche debido a las pesadillas que tenía, a pesar de ser en diferentes lugares o con diferentes personas siempre terminaba igual; Fuego por todos lados, las voces de varias personas gritando por ayuda y en especial el hecho de que era ella quien segaba sus vidas sin inmutarse siquiera, eso le horrorizaba y provocaba que se despertara. Todos incluso la anciana Kaede pesaron que esas pesadillas eran debido al ataque de Naraku y que tal vez lo mejor sería que regresara a su época para poder olvidarse de todo y estar en compañía de su familia.
Sin importar las negativas que Kagome les daba a sus amigos una y otra vez, al final accedió a regresar unos días a su época para poder relajarse y olvidar el asunto, así que preparo sus cosas y se dirigió al pozo, pero como siempre Inuyasha comenzó a discutir sobre cuantos días pasaría del otro lado, según él, sin hacer nada; Tanto Miroku como Kaede trataron de que no la siguiera molestando, pero solo obtuvo un fuerte golpe contra el piso y una Kagome furiosa que se encaminaba hacia su casa.
No tardó mucho en llegar hasta el pozo y lanzarse dentro de él, en el trayecto pensaba en todas esas imágenes que había visto, de alguna u otra forma tal vez el estar pasando más tiempo en el Sengoku le estaba afectando. Un rayo de luz el saco de sus pensamientos, al alzar la vista pudo ver un hermoso cielo azul; un momento, ¿Cielo azul? Pero si en su casa el pozo estaba cubierto; rápidamente busco las escaleras, pero en su lugar estaba una enredadera, sin pensarlo demasiado trepo hábilmente y al salir descubrió que se encontraba en el mismo lugar.
-Pero… ¿Que está pasando aquí? - pensé mirando a mi alrededor, no lo entendía.
Una flecha salió disparada del bosque e hirió el brazo de Kagome, haciéndola caer al piso soltando un gemido de dolor. Las ramas abrieron paso a un arco que se asomaba, teniéndola en la mira.
- ¡Se puede saber cuál es tu problema Kikio! -
-Dime "Kagome", ¿Cómo sabes que he sido yo? -
-…-
Kikyo se fue acercando lentamente sin dejar de apuntar, la persona que estaba frente a ella no era la verdadera Kagome, ella la conocía muy bien como para saberlo. A pesar de haber tenido sus dudas en un inicio, ese encuentro con Sesshomaru le aclaro cualquier duda, no era muy común que el Yokai mostrara algún interés en su reencarnación y más el intentar acabar con su vida; le parecía haber notado algo extraño en su actitud, ya que él había soltado un poco su agarre, pero no le fue posible seguir observando ya que Inuyasha y sus amigos habían intervenido, tal vez, si no hubieran llegado podría haber visto algo más , ya no podía echarse para atrás tenía que enfrentar a la impostora.
-Así que te has dado cuenta-
-… ¿Dónde está Kagome? -
-Pensé que no te interesaba lo que le ocurriera a la sacerdotisa, pero veo que al final si es de tu interés-
La mujer en el piso empezó a emanar un aura extraña; su cabello se tornó rojizo y su piel tomo un tono más pálido, Kikyo lanzo otra de sus flechas, pero esta vez fue esquivada.
-Temo que tu presencia no es muy bien recibida por mi señor, así que tendré que eliminarte-
- ¿Tu señor?... ¿Y... se puede saber quién es tu señor? -
-…-
La mujer se quedó estática al oír esa pregunta, ¿Cómo que quien era su señor?, por un momento se boqueo, era verdad, quien era su amo y cuál era el motivo por el que tenía que eliminar a la sacerdotisa frente a ella; no lo entendía del todo, pero si ese era su objetivo entonces lo cumpliría. Kikyo no desaprovecho la distracción de su contrincante y arremetió bruscamente contra ella lanzándola contra un árbol; antes de que pudiera incorporare una mano atravesó su pecho sacándole un grito ante el daño, Kikyo no se inmuto siquiera y lentamente fue retirando su mano de la mujer.
-Así que… los engañaste con esto…-
Al abrir su mano se encontraba una esfera con un pétalo rozado que Kikyo destruyo inmediatamente, para su sorpresa la mujer que yacía inmóvil en el suelo comenzó a desprender unas pequeñas esferas de luz rojiza que al entrar en contacto con el cuerpo de Kikyo se tornaron de un blanco aperlado, introduciéndose lentamente en el cuerpo de esta que daba un leve suspiro.
-… tendré que darme prisa… ¡Aki! - llamo Kikio y de la nada apareció una niña con un kimono verde agua.
- ¿Me llamo señorita? -
-Busca en los alrededores el rastro de esta mujer y también si se encuentra alguna barrera, necesito hacer algunas cosas-
-Entendido, pero… ¿Qué hago con el cuerpo de la mujer? -
Ambas voltearon a donde se encontraba la supuesta Kagome, ahora estaba inmóvil y sus ojos estaban cerrados. Kikyo dio un suspiro y pensó en llevarla consigo, tal vez le daría alguna pista del paradero de su reencarnación; En cuanto la toco, la mujer comenzó a desvanecerse, como si fuera un árbol perdiendo sus delicadas hojas otoñales.
- ¿Señorita? - llamo la pequeña observando la escena, pero sin acercarse demasiado
-No ocurre nada… era de esperarse… parece que las almas que tenía en su interior son las que le permitían moverse. Haz lo que te he pedido y regresa aquí cuanto antes pero no te dejes ver por Inuyasha -
-Entiendo, tratare de ser lo más veloz que pueda-
La pequeña desapareció dejando sola a su maestra y esta a su vez recogía del suelo el arco y lo colocaba junto a ella. Sus ojos mostraban mucha preocupación, pero no podía darse el lujo de rendirse en ese momento, así que sin pensarlo dos veces se acercó al pozo y se adentró a él para llegar a la época de Kagome, a pesar de que el pozo parecía estar llevándola a donde deseaba no podía tardarse demasiado ya que al parecer eran las almas que recientemente había tomado las que le permitían tal azaña y no sabía cuánto durarían dentro de ella antes de regresar con su verdadera dueña.
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Las estrellas adornaban el cielo obscurecido por la ausencia de la luna y tal paisaje era acompañado de un silencio sepulcral, la aldea que hacia un par de horas había sido consumida por las llamas y Yokai de la región estaba intacta, inclusive se podían oír los leves cantos de las aldeanas que dormían a sus hijos. Todo estaba en armonía y paz, como si nada hubiera ocurrido.
En la cabaña que estaba en lo alto del templo se encontraba Kagome, tenía puesto un kimono completamente blanco, su cabello parecía haber sido cepillado delicadamente y su piel había tomado un tono aperlado; al centro de la habitación se encontraba una pequeña laguna de color esmeralda donde yacía el cuerpo de la joven que abría los ojos lentamente.
- ¿Dónde estoy?, ah me duele la cabeza. Creo que me golpe al caer de las escaleras, pero…- de repente vinieron de golpe las imágenes de lo que había pasado, aunque no era muy claro en mi mente, lo único que mantenía intacto era que había llegado al rio, pero esa mujer había logrado alcanzarme y me hirió.
Kagome trato de levantarse, pero su cuerpo no se movió ni un centímetro, lo que la asusto y preocupo aún más fue el hecho de que tampoco pudiera articular palabra alguna, cualquier intento era inútil parecía más bien ser una muñeca; después de unos minutos desistió tratando de pensar que podía hacer, tal vez el agua en la que estaba sumergida era la causante de que no pudiera moverse. En ese instante apareció Taro el cual llevaba en sus manos el espejo de Kagome, unas cuantas hiervas y mantas limpias asi como una extraña caja de bambú que tenía una gran esfera de cristal, sin tomar en cuenta a su prisionera Taro se limitó a dejar las cosas que llevaba sobre una mesa que se encontraba cerca y tomo entre sus manos una de las mantas blancas.
-Tranquila, no pienso hacerte daño. Si quisiera ya lo hubiera hecho- dijo al notar la incertidumbre en los ojos de Kagome al verlo acercarse a ella.
-... aunque digas eso no confiare en ti-
-Todo llegará a su tiempo querida, aun tengo muchos planes para ti. En cuanto reúna las piezas que hacen falta te dejare libre para que hagas lo que quieras, pero mientras tanto tendrás que obedecerme, si es que quieres salir completa de este lugar-
Taro tomo entre sus brazos a Kagome y la cubrió con la manta mientras se encaminaba a la habitación contigua, dejándola sobre el enorme futon de color durazno; las sabanas eran del mismo color, pero con un tono más pálido, ambas llevaban un hermoso diseño hecho a mano de aves volando tanto al pie como en las almohadas blancas. El lugar se veía muy acogedor y demasiado elegante para una prisionera, desde el punto de vista de Kagome; talvez un calabozo o estar encadenada en un sótano sería lo más coherente, sin embargo, el susodicho captor parecía hacer todo lo contrario, parecía más bien como si tratara de que no se lastimara y que estuviera a gusto; claro que el huir, no era permitido.
-Bien, aquí es donde estarás por un tiempo. Si te portas bien te dejare que deambules por el lugar, sin embargo, al más mínimo intento de que quieras escapar las consecuencias no serán muy buenas para ti-
Taro había tomado un mechón de cabello de Kagome rosándolo con sus labios, lo que causo el pánico en los ojos de su prisionera dándole pie a un sinfín de cosas a su cabeza, lo cual en la situación actual no le convendría a ella no tomar en cuenta la advertencia. Kagome se sintió más segura en cuanto vio salir a Taro de la habitación, sus palabras la habían atemorizado así que tenía que buscar la manera de salir antes de que decidiera cambiar de opinión.
-maldita sea… que hago ahora, si tan solo pudiera moverme podría hacer un plan o algo, pero no puedo hacer nada…! maldición! - un par de lágrimas resbalaron por los ojos de Kagome al sentir tal impotencia, no podía hacer nada, solo esperar a que alguien la rescatara o que al menos lograra moverse lo suficiente para salir corriendo del lugar.
Los días pasaban uno tras otro sin cambiar absolutamente nada, los únicos lugares en los que Kagome se movía era del futon a la laguna y viceversa, tal como ella pensaba el agua de aquel lugar tenía un papel principal en los planes de Taro ya que no pasaba ningún día sin que la dejara ahí por un par de horas; a pesar de su aburrida rutina Kagome se había percatado de algo, cada ciertos días se escuchaban los gritos de los aldeanos así como los rugidos de varios Yokai como si estuvieran siendo atacados pero al día siguiente todo regresaba a la normalidad, era como estar en un bucle dificultándole un poco llevar la cuenta de los días que llevaba cautiva, aunque no habría gran diferencia si algo mas cambiaba, tenía la esperanza de que Inuyasha apareciera por la puerta gritando su nombre a los cuatro vientos pero cada vez que esa puerta se abría era Taro y no su amado Inuyasha.
El día de hoy en especial Taro no la había dejado en la laguna como siempre, sino que en su lugar había mandado llamar a un par de aldeanas para que la vistieran "apropiadamente"; las mujeres habían llegado al medio día con una montaña de cosas, entre ellas varias vestimentas que al parecer eran muy elegantes y finas dados los comentarios de las mujeres, eso sin mencionar las pinturas y esencias aromáticas. Sin tiempo que perder sometieron a Kagome a un largo baño con las esencias para poder colocarle un hermoso kimono color jazmín difuminándose con blanco haciendo resaltar su figura, dicho atuendo llevaba su encanto al tener detalles a mano tanto en la parte baja de la falda, así como en los hombros y mangas, después de aquellos martirios para colocar la ropa pasaron al maquillaje y el peinado, que únicamente se limitaron a recoger medianamente su cabellera y colocar una horquilla.
Kagome no entendía que estaba pasando, ni tampoco por que tantos preparativos; a juzgar por la luz que entraba por la ventana parecía que dentro de poco el cielo seria cubierto por el manto nocturno. Kagome aun se encontraba recostada sobre el futon pensando una y otra vez en lo que Taro tenía planeado, pero en ese instante se escuchó una enorme explosión provocando que el suelo temblara, todos los aldeanos incluyendo a Taro salieron a toda prisa hacia la entrada de la aldea armados con lo primero que habían encontrado ya que al parecer un demonio había logrado romper la barrera protectora.
- ¿¡KAGOME… ¿¡DONDE ESTAS!?- grito Inuyasha saliendo del humo provocado por usar el viento cortante.
-Oye bestia, ¿Estás seguro que es aquí donde se encuentra Kagome?, porque yo no percibo su aroma ni nada- dijo Koga seguido de Miroku, Sango y Kirara.
- ¡Cállate lobo rabioso!, este es el lugar que nos dijo Kikio-
-Ja, por favor, no puedo creer que esa sacerdotisa fue más rápida en encontrar a Kagome que tu-
- ¡Repite eso de nuevo para que te elimine con mi espada pulgoso! -
- ¡ALTO AHÍ, NO SE MUEVAN! ¡¿QUIENES SON Y QUE ES LO QUE BUSCAN AQUI?!- dijo Taro colocando su lanza frente a ellos mientras los aldeanos apuntaban hacia el grupo de Inuyasha.
-Usted debe ser el famoso Taro o me equivoco-
Miroku se había acercado un poco para dirigirse al joven frente a él ya que por la primera impresión ante su llegada parecía ser el protector de la aldea.
-Así es, yo soy el que cuida de esta aldea. Y no voy a permitir que seres como ustedes irrumpan de esta manera-
-Por favor le pido disculpas, mis sirvientes son algo impulsivos y aun me cuesta controlarlos un poco-
- ¡COMO QUE TUS SIRVIENTES! - gritaron Inuyasha y Koga
-Silencio muchachos, déjenme arreglar esto, … el motivo de nuestra visita es que hemos oído rumores de que una vieja amiga vino a esta aldea hace algunos días, pero no he recibido noticias de ella así que pensamos que lo mejor sería venir a buscarla-
-Entiendo… pero puedo asegurarle que no hemos tenido visitas estos días-
Taro bajo su lanza e indico a los aldeanos que siguieran su ejemplo, el ambiente era tenso ya que ninguno de los dos bandos quería ceder ni un centímetro era cuestión de tiempo antes de que Inuyasha explotara y decidiera atacar nuevamente.
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Escuche un fuerte sonido seguido de la voz de Inuyasha, por fin había logrado encontrarme, quería gritar para que viniera lo más rápido posible pero mi voz no salía ya que en su lugar había un pequeño quejido ahogado así que reuní todas mis fuerzas para poder moverme un poco, parecía que Taro al fin había cometido un error ahora que por fin podía moverme, aunque no fuera mucho podría ser capaz de salir de la cabaña al menos. Logre llegar hasta la otra habitación y camine lentamente hasta la mesita donde se encontraba el espejo de mi padre, lo guarde entre mis ropas y me dispuse a salir, al pasar a un lado de aquella esfera de cristal esta resplandeció mientras se formaban miles de grietas. De un momento a otro salieron disparadas miles de esferas hacia mi cuerpo, afortunadamente pude mantener mi balance y no caí cerca de la laguna, la cabeza me daba vueltas sin parar, no quería terminar desmayada y perder mi única oportunidad.
El ruido de la puerta deslizándose llamo mi atención inmediatamente así que trate de enfocar la vista hacia esa dirección, pero me era imposible, todo era borroso y sentía que quería vomitar; una sombra se acercaba lentamente hacia mí y el pánico me invadió al pensar que sería Taro el dueño de esa sombra.
-Naoki… - dijo una voz grave y calmada
Al oír ese nombre me desconcerté un poco, ¿Naoki?, a quien se referían… escuché nuevamente el mismo nombre y caí en cuenta que era a mí a quien llamaban, pero ese no era mi nombre. En ese momento sentí como la sombra se acercaba a mí y un brazo me rodeaba la cintura jalándome lentamente, pude sentir una respiración pausada y calmada, así como una voz que repetía ese nombre una y otra vez. Por un momento pensé en alejarme rápidamente, pero algo dentro de mí me lo impidió, era difícil de explicar, pero de alguna manera me sentía segura y a salvo.
Kagome cerró los ojos y se dejó llevar por aquella seguridad que le brindaba aquel gesto, sin darse cuenta cayo dormida en cuestión de segundos así que aquel ser la cargo delicadamente para no interrumpir su sueño y salió sin prisa alguna de la cabaña; a lo lejos se podía ver como el grupo de Inuyasha peleaba con Taro que a pesar de ser superado en número denotaba gran destreza para no dejar ganar a sus contrincantes. Sin embargo esa pelea no era de interés alguno para un ser tan poderoso como él, tomo fuertemente a la joven y se convirtió en una esfera de luz que salió disparada contra la barrera del lugar que no opuso mucha resistencia cayendo ante los ojos de todo el mundo; a lo lejos solo se escuchó el grito de Taro que maldecía al ladrón que había robado su preciada flor, Kagome solo pudo entreabrir los ojos al sentir una delicada ráfaga de viento pero la luz se lo impidió obligándola a cerrarlos de nuevo para dejarse completamente en la oscuridad y no escuchar las palabras de su nuevo captor.
-Esta vez no dejare que te alejes de mi lado, aunque tenga que encadenarte y me odies por ello- dijo aquel ser al dirigirse con dirección al oeste.
Continuara…
