Habían pasado 3 meses de la desaparición de Hannah y Beth. Las esperanzas de encontrarlas estaban casi extintas para sus padres, pero a Josh no le quedaba ni una pizca de duda, él sabía que jamás volverían.

Josh empeoraba día con día, rara vez hacía sus acostumbradas bromas, cualquiera que conociera a Josh, difícilmente lo reconocería.

Ojeras ennegrecidas (más de lo usual), cabello sucio y una panza más grande de la que se le conocía. Josh se alimentaba de comida chatarra y era raro verlo sobrio, incluso era común notar un peculiar color rojizo en sus ojos, debido a substancias psicotrópicas. Sus padres estaban cargando con su propio duelo, aunque eso no les quitaba la preocupación que sentían por Josh. Fue entonces cuando los Washington decidieron contratar al Dr. Hill.

La intervención del tratamiento del Dr. Hill fue efectivo a los ojos del hombre menos diligente. Un mes en tratamiento y Josh estaba mejorando, aún había mucha tristeza en sus ojos, aún rondaba por las habitaciones de sus hermanas, pero estaba mejor. La ganancia más grande fue ya no verlo bebiendo hasta la inconsciencia.

Josh mejoraba y aún a pesar de ello, la culpa estaba ahí, no sabía qué había pasado la noche en que desaparecieron sus hermanas, no lo sabía y tenía qué averiguarlo. Para Josh, algo seguía roto y eso lo estaba consumiendo. Sí, ya no recurría al alcohol, ya dormía (con ayuda de pastillas, pero lo hacía), ya había empezado a alimentarse de forma saludable, pero no era suficiente.

Fue así como decidió hablar con Sam. La citó un día sábado, en la cafetería de la Universidad a la que ella asistía.

Sam llegó más temprano a lo acordado, compró un café americano y un muffin de chocolate con fresas.

La atendió su compañero de clases y de trabajo. Marc, su eterno enamorado. Un chico atractivo, de ojos miel, de piel morena y con una blanca sonrisa.

Se sentó con lo que planeaba consumir. El lugar era demasiado cómodo, tenían pequeños sillones de terciopelo rojo, un bordado de rombos que lo hacían lucir vintage, Sam amaba ese lugar.

Lo miró entrar, notó al instante que estaba más que devastado. Sabía que no traía buenas noticias, incluso ella comenzaba a resignarse. Lamentó no haber podido avisarle a Hannah con tiempo la broma que acabó con su vida. Pensó que justo en ese instante sería Hannah y no Josh entrando al lugar.

Tomó tanto aire como pudo, reprimió las lágrimas y recibió a Josh con la mejor y más cálida sonrisa que pudo dibujar en su rostro.

— ¡Josh!, me sorprendió que quisieras verme, pero me alegra muchísimo, ¿cómo estás?— lo estudió un poco, estaba muy desmejorado, sin embargo se veía bien.

—Hola Sam, también me alegra verte. Estoy bien, al menos eso creo. Te ves más rubia de lo normal, ¿qué tal tú?— Sam sonrió, él correspondió.

Por un solo instante, apenas perceptible, todo era como antes, se sentía bien y cómodo.

—Y bien, ¿a qué se debe la honorable visita?, su majestad— hizo una caravana un poco exagerada.

—Pues, verá, simple plebeya, mi castillo necesita una nueva cocinera y me parece usted la menos apropiada, la verdad es que planeo matar a todos con su horrible sazón— explicó Josh con el más pretencioso acento que le salió.

— Josh, sólo fue una vez y fue porque confundí la receta— espetó justificándose.

Josh comenzó a reír y ella se le unió. Nuevamente, tranquilidad.

—Sólo tú pudiste confundir la receta para hacer muffins con la de flan napolitano.

—Pues creo que aun así quedó delicioso— presumió altanera.

—No Sam, te dijimos que los muffins no se metían en agua caliente, debías ponerlos en otro recipiente antes de meterlos al agua caliente. Esos muffins estaban tan asquerosos que incluso Beth los evitó. Y tú sabes que Beth tiene un agujero negro por estómago y come…— paró de hablar y miró abajo. Sam no supo si debía intervenir, la sensación de todo lo bueno se había esfumado— Tenía un agujero negro por estómago, y comía absolutamente todo lo que tuviera en frente— corrigió.

—Sí, Beth se enfermó del estómago aunque sólo mordió uno— recordó divertida.

Josh la miró y se lamentó haber arruinado el momento. Por su parte, Sam sentía lo mismo.

—No te sientas mal, Sam. Están muertas y lo sé. Sólo es difícil hablar de ellas en ese sentido, ya sabes…

— También las extraño, Josh— tomó su mano con fuerza y lo miró a los ojos.

— Sam, ¿qué pasó esa noche?

Sam casi sintió un escalofrío, ella no recordaba que le habían omitido a la policía y a los Washington la broma que le habían hecho a Hannah la noche de su desaparición. La mencionaron, sí, pero sin explicar con exactitud la naturaleza perversa de la misma.

Sintió una opresión fuerte en el pecho, no le contó a Josh por miedo a que la odiara, el resto lo hacía para no afectar su imagen, sin embargo, Sam no. Fue un acto egoísta, pero el aprecio que sentía por los Washington era demasiado fuerte.

— Josh, yo, yo no creo que en verdad quieras saberlo— estaba asustada, ocultar algo y que te descubran, ahora parecía peor que haber dicho la verdad desde un inicio.

— Por favor, me hace más daño no saberlo— la miró directo a los ojos, casi implorando que la rubia joven le explicara todo.

Ese era un momento decisivo para ella, podía mentirle y arriesgarse a que Josh averiguara la verdad con otra persona, o bien, podía decirle la verdad y ganar su odio por el resto de su vida. Ninguna opción era más alentadora que la otra, pero llegado a ese punto, ella ya no podía permitirse pensar en sí misma. Ella perdió a su mejor amiga, él perdió a sus hermanas y con ello a su familia, simplemente no podía seguir anteponiendo sus preocupaciones.

Inhaló tanto aire como sus pulmones le permitieron.

— Emily quería hacerle una broma a Hannah, más que una broma, era una venganza— explicó, Cris la miró tan atento como nunca en la vida.

— Pero, ¿por qué? Tú conoces a Hannah… conociste a Hannah, ella jamás le haría daño a nadie— la confusión en sus palabras, la verdad en ella. Sam sintió rabia.

— Lo sé, Josh y es verdad, ella no hizo nada malo…

— ¡¿Entonces por qué, Sam?!— gritó golpeando la mesa con ambas manos.

Marc que había mirado con atención desde que Sam llegó, se acercó a cerciorarse de que todo estuviese bien, o mejor dicho, que ella estuviera bien.

— ¿Está todo bien aquí?— preguntó con cordialidad, aunque un dejo de agresividad se asomó entre sus palabras.

— Claro, no te preocupes Marc, todo en orden— saltó Sam antes de que Josh pudiera contestar.

Marc la miró con una advertencia para Sam, haciéndole saber que estaba cerca para cualquier incidente. Asintió con firmeza y se alejó lo suficiente para poder estar pendiente de lo que pasaba.

— Josh, tranquilízate por favor. Toma un poco de muffin, que te juro no intervine en su preparación, y continuaré— obedeció a Sam y le hizo una seña con la mano para dejarla proseguir. — La broma fue porque Hannah estaba enamorada de Mike, y ella quería… — exhaló con enojo— marcar su territorio o algo similar— explicó usando sus dedos para entrecomillar sus palabras. — La broma consistía en que Mike intentaría seducirla mientras todos observaban escondidos— Sam dejó de hablar esperando alguna reacción de él.

Josh apretó los puños, ya no miraba a Sam, sólo podía pensar en que sus hermanas habían muerto por un grupo de adolescentes idiotas.

— ¿Tú participaste?

— ¡No!, claro que no. Hannah era mi mejor amiga, yo la busqué para decirle lo que tenían planeado, pero llegué tarde. Fue cuando salió corriendo por el bosque y Beth detrás de ella.

— ¿Por qué sólo fue Beth?

- Mike quería ir, pero no lo dejé. El resto se sentía avergonzado, incluida yo.

- No hiciste nada malo, Sam- volvió a mirarla a los ojos, estaban cargados de lágrimas.

Un silencio abrumador los invadió. Seguían mirándose, no había incomodidad en el ambiente; sólo había un profundo y abrumador dolor. Ella sentía unas ganas terribles de abrazarlo, pero no lo hizo.

-Sam, ¿puedes prometerme no decirle a nadie que sé qué pasó? No quiero que se sientan incómodos o que comiencen a evitarme- sonrió con tristeza.

- Te aseguro que no le diré a nadie, Josh.


Se levantó de la bañera tan molesta que ni siquiera sentía el frío. Sabía que le harían algo así, los conocía. Josh y Cris siempre hacían ese tipo de tonterías, que a veces le resultaban muy graciosas; en especial cuando no iban dirigidas hacia ella, pero esta vez no estaba de humor. Tal vez era que el recuerdo Hannah y Beth aún estaba fresco, estando en el lugar donde todo sucedió y siendo un año exacto del suceso, seguramente para todos lo era.

Supuso que estarían escondidos en alguna parte de la gran casa de los Washington, en alguna de sus muchas habitaciones, asechándola, sólo para asustarla. Para Sam y su mal estado de humor, era una broma que había pasado los límites.

Se puso una toalla y salió del cuarto de baño, a buscarlos. Caminando con dirección a las escaleras pudo divisar los globos en los barandales de las escaleras. Maldijo por lo bajo. Era una broma bien elaborada, imaginó que sería más complicado de lo que había pensado. A su falta de humor y por su actitud positiva de no arruinar la situación, que ya era bastante incómoda, decidió rendirse. Sólo deseaba un poco de paz y tranquilidad, y aunque estaba en contra de su forma de ser, rendirse era lo mejor.

Muy bien chicos. Fue muy gracioso, pero necesito mi ropatal como esperaba, sin respuesta.

Siguió caminando hasta llegar a la sala de cine que tenían los Washington, la gran pantalla estaba encendida, pero nada se reproducía. Un miedo extrañamente familiar la invadió.

La puerta al otro de la sala comenzó a recibir fuertes golpes que parecían provenir del otro lado. Sam, temerosa, se acercó con la idea de abrir, a pesar del miedo. Algo en su interior le gritaba que lo que estaba al otro lado era su peor pesadilla, pero una pequeña parte de sí misma le rogaba que la abriera, prometiendo que sería su mejor decisión. Parecía haber tomado una decisión igual tiempo atrás.

Giró la perilla y jaló la puerta para abrirla. Mike entró despavorido. De pronto ya no llevaba sólo la tolla de secar, ahora traía puesto su conjunto de ropa deportivo.

¡Corre Sam!Mike la tomó del brazo y corrieron hacia la sala principal.

Sam no sabía qué los perseguía, pero los oía. Sus saltos a cuatro patas y el crujir de sus garras al avanzar la aterrorizaron, y a pesar de ello, no fueron las criaturas que los perseguían lo que paralizó el andar de Sam.

Delante, justo en el centro, yacían los cuerpos sin vida y destrozados de sus amigos. Su sorpresa y terror aumentó cuando uno de ellos le habló.

—Me abandonaste Sam. ¡Y por él!— Josh que ahora tenía un aspecto de una criatura apuntaba hacia Mike, que estaba inmóvil a su lado.

— ¡Creí que eras mi amiga!, y decidiste salvarlo, a pesar de que él tuvo la culpa de todo— Hannah miraba a Sam con tanto odio que no se le podía reconocer.

— ¡Entiéndanlo, yo no podía abandonarlo!, y no lo haría jamás— vociferó Sam, al borde del llanto.

— ¡Pues claro!, eres una zorra Sam, siempre te gustó, al igual que al resto— Emily que estaba de espaldas giró para dejar a la vista de todos las cuencas de sus ojos.

Y después no sólo fueron Josh, Hannah y Emily, el resto se unió, todos le gritaban a Sam, le reclamaban y la acusaban. Y de entre todas las voces, Sam pudo distinguir la de Mike.

— ¡Sam! ¡Sam despierta!

La voz tomó fuerza y una extraña oscuridad la envolvió…

— ¡Despierta!

Sam se levantó desorientada. Miró a su alrededor y regresó a la misma habitación genérica de un hospital, la misma habitación en la que llevaba una semana atrapada. Justo delante de ella estaba la enfermera que la había atendido desde un inicio.

— ¿Sam te encuentras bien? —la preocupación en su voz era notoria.

— Sí, sí, me encuentro bien —contestó en un hilo de voz, aún agitada.

Sam había tenido muchas pesadillas, pero nunca una similar a esa. Todo podía remitirse a un día antes. Las palabras de Mike, lo que la gente creía, lo que la prensa decía, lo que pasó; era normal una pesadilla así.

— Estabas gritando, casi como si alguien te estuviera torturando.

Sam se sintió apenada, imaginó lo que fue para los demás pacientes escuchar sus gritos. Ya era suficiente con ser el centro de atención porque todos la creían una homicida. Mantenía la esperanza de no ser objeto de noticia por algo tan absurdo.

Unos apresurados pasos se oyeron por el pasillo. La figura del dueño de aquellos, se proyectó delante de la preocupada enfermera y Sam.

— Sam, ¿qué te pasó? ¿estás bien?— su voz aún estaba entrecortada y sonaba más preocupado de lo necesario, su ceño estaba fruncido, su cara denotaba auténtica preocupación.

En ese instante, Sam reparó en que no había tenido tiempo de nada, entre estudios, investigaciones e interrogatorios, Sam no había tenido el tiempo para pensar en sus amigos, sus amigos muertos, no les había llorado lo suficiente, no había podido hacer absolutamente nada. Ver a Mike delante de ella, con los ojos inundados en tristeza, con una personalidad totalmente distinta a la que lo caracterizaba, tan dañado, le inyectó una dosis de sentimientos.

Sintió una ola de emociones. Terror, el mismo terror que tuvo al ver por primera vez a las criaturas que la asechaban, dolor, el dolor por todos sus amigos, por verlos morir, coraje por todo lo que pasó después, coraje porque nadie le creía, culpa, la culpa por no haber podido hacer más. Y ahí estaba frente a ella, la única persona que sabía exactamente qué sentía. Mike.

Rompió en llanto. Lloró todos y cada uno de los sentimientos que se había guardado para ella.

Mike tomó asiento a un lado de ella, la rodeó con sus brazos; Sam su acurrucó en ellos. Mike no pudo contener el llanto, al igual que su nueva amiga, se inundó en la amarga realidad que los atañía.

— Todos está muertos, Mike— dijo casi en un grito, sin que las lágrimas dejaran de brotar, resbalando por sus mejillas. Había dolor en sus palabras.

— No hubo nada que pudiéramos hacer— él moderó su voz tanto como pudo. A Mike no le gustaba mostrarse vulnerable, pero no había manera de mostrar rigidez para lo que le había pasado.

Ambos lloraron, él mantenía la calma en medida de lo posible, pero Sam no se contuvo y tampoco lo intentaba. La noche más dolorosa de sus vidas se proyectó con mucha nitidez en ese momento.

Lloró un buen rato, tal vez una hora, no había certeza, él no dejaba de abrazarla recordando lo sucedido y compartiendo su dolor. Tal vez era esa conexión de tragedia lo que lo hacía sentirse bien con ella, ambos pensaban en las mismas personas, porque pensaba en todos, en lo que habían dejado y en sus familias. Claro era que la que más ocupaba sus pensamientos era Jess, pero eso no significaba que le dedicara su mente al resto.

Le había pasado con Hannah y Beth, se había sentido culpable tanto tiempo, y cuando al fin sentía que las cosas mejoraban, murieron todos. Michael Munroe creía que ese era su castigo, y todo derivó de una terrible y absurda broma; de pronto se preguntó cómo habría sido todo si se hubiese negado aquella noche.

Aunque las expectativas eran mínimas. Los wendigos, su espíritu o lo que fuera, vivían en esa montaña; tal vez sólo era cuestión de tiempo, pero al menos no cargaría con la culpa de la muerte de Hannah y Beth.

Cuando menos acordó, ella ya estaba dormida. En ningún momento se había separado de Mike; su bata estaba empapada en lágrimas, la enfermera los había dejado a solas.

La acomodó sobre su cama, su rostro estaba mojado por tanto llorar, sus ojos hinchados y con un color rojizo. Mike retiró los mechones de pelo que se habían pegado a su rostro; de forma casi imperceptible y con el pretexto de estar retirando los mechones de cabello, la acariciaba tan suave como podía. Estudió su rostro, se veía más delgada, esas mejillas que siempre habían sido pronunciadas, ya no lo eran, su cabello le recordaba tanto a Jess; sintió más tristeza.

Jessica había significado tanto para él, había sido corto el tiempo que pudo compartir con ella, o al menos eso sintió. El recuerdo de verla tirada, de verla moverse, de no haber sido lo suficientemente rápido para sacarla de ahí antes de que la estructura cayera. Sam se sentía culpable, pero no comprendía por qué; él en cambio, tenía latente el recuerdo de Jessica, él sí había sido culpable, él mató a Jessica.

Dejó de acariciarla, tomó asiento en el sillón para visitantes y se quedó allí, sin dejar de observar a Sam, su nueva amiga.

Se sumió en un profundo sueño. Sintió la noche más tranquila de su vida, y rogaba por tener más noches así.


Sí, es más largo, más flojo y tardé milenios en actualizar xd. Gracias por seguirme aún, prometo seguir actualizando todos mis proyectos, y los quiero 3