- ¿Y bien?

- Y bien qué.

- ¿Dónde está Saito? -lo interrogó desde el otro lado de la mesa.

- Está con licencia por caerse de un tejado -sonrió- mira que hay que ser estúpido para subirse a un tejado con lluvia en primer lugar -Hijikata gruñó- estará en casa un buen tiempo.

- Muy bien -murmuró- qué diablos voy a hacer contigo.

- Pues, parte por entregarme tu avance -extendió su mano. Hijikata musitó algo que Gintoki no pudo entender- ¿Qué dijiste?

- Nada.

- ¿Nada?

- ¡No tengo nada!

La gente que pasaba por allí volteó a mirarlos con rechazo.

- Hijikata-kun, estás haciendo demasiado ruido.

- Te he dicho que no tengo nada.

- ¿Cómo es posible? ¿Tienes bloqueo de escritor?

- Sí, supongo -murmuró- algo así, no sé.

- Hm -se rascó la cabeza- sabes que esto no es bueno, Hijikata-kun.

- Deja de llamarme así,

- Toushiro-kun.

- Así tampoco -se removió en el asiento, comenzaba a perder la paciencia- mira, si no me vas a ayudar me voy, tengo que escribir.

- No digas eso Toushiro-kun, soy tu editor, estoy aquí para ayudarte -sonrió- veinticuatro, siete.

El escenario no pintaba nada bien, no tenía nada escrito y ahora Gintoki era su editor a cargo de la nueva publicación.

- No necesito tu ayuda, para eso tengo a Yamazaki -dijo levantándose del asiento para irse del lugar.

Hijikata -Gintoki alzó la voz con un tono de seriedad- desde hoy en adelante seré tu editor, pasaré a tu casa a eso de las cuatro y espero que tengas algo para trabajar.

- Sí, sí -le hizo un ademán con las manos.

Encendió un cigarrillo mientras caminaba. Sus cuatro novelas anteriores habían fluido bien, escribió todo con tiempo de sobra y ése impulso del sueño por fin conseguido le duró bastante. Pero ahora tenía que mantenerse en el tiempo, y habían cosas que debía trabajarlas, donde la inspiración no tenía nada que ver.

Sin querer se encontró fuera de su universidad. ¿Y si dejaba el rubro y comenzaba a dar clases de literatura? No era una mala idea. Aunque la juventud de ahora le irritaba de sobremanera.

Tampoco se imaginaba haciendo clases, sólo eran un montón de ideas inútiles debido a su incapacidad de hacerse cargo de las cosas cuando no salen bien. Tal vez si escribiera su historia, en lugar de buscar ideas donde no las habían.

Abrió los ojos sorprendido, no sería una especie de autobiografía, si no que contaría su historia a través de una novela, a través de los ojos de alguien más.

Se adentró en el campus y se sentó en el césped cercano a su antiguo salón de clases. Hacía frío aún, pero ya comenzaban a florecer los primeros árboles. Sacó la computadora portátil y comenzó a escribir.

"La pérdida de mis padres fue el comienzo de muchos actos que me terminaron por convertir en quién soy"

Muy bien, dos líneas, era mucho más de lo que había hecho en estos últimos meses.

- Hijikata-san.

- Sougo estoy estudiando -le dijo soltando el lápiz para mirarlo. Okita se detuvo a un lado y se inclinó hasta quedar a su altura- ¿Qué quieres?

No supo qué hacer cuando sintió los labios del otro sobre los suyos. Se separaron y Okita dio media vuelta y se fue.

- ¿S-sougo?

Enrojeció hasta las orejas y trató de volver a su materia de estudio.

Encendió un cigarrillo, decidido a escribir su historia y hablar por primera vez de su relación con el castaño, sobre la muerte de sus padres y la decisión de volverse un escritor sin importar qué.

Alzó la vista y vio a Gintoki con un mal disfraz de árbol frente a él.

- ¿Ahora te dedicas a espiarme? -le gruñó.

- Hijikata-kun, un editor tiene que hacer lo que tiene que hacer -dijo para quedarse de pie a su lado.

- Ya que estás aquí -dijo cerrando la computadora- por qué no te dedicas a hacer fotosíntesis y me dejas en paz -se puso de pie y se alejó del lugar.

- Hijikata-kun, ¿por qué no confías en que puedo ayudarte? -lo alcanzó deshaciéndose del disfraz.

- Sakata -lo miró con furia. Cerró los ojos y suspiró- porque eres un acosador -enfatizó.

- Oye, no me compares con el Gorila.

Hijikata gruñó.

- Bien, no necesito tu ayuda, pero supongo que te pagan por seguirme.

Gintoki sonrió.

Okita no había regresado a la residencia desde esa mañana en que lo había besado. Hijikata estaba nervioso, ya que si bien le correspondía, era su primera interacción con un hombre.

Se revolcaba nervioso en la cama, se levantaba y caminaba por la habitación. Condenado Sougo, él no era una persona cualquiera, como para ponerse de pie e irse. Las cosas se complicarían, ¿y si sólo estaba jugando?

Se acercó a mirar por la ventana, estaba anocheciendo. Se recostó y sintió la puerta abrirse. Un escalofrío recorrió su espalda, tenía los ojos cerrados y el pulso acelerado. Sintió los labios de Okita nuevamente sobre los suyos, y esta vez le correspondió.

- Hijikata-kun.

- ¿Eh?

- Dijiste que querías mi ayuda pero llevas pegado frente a la pantalla por al menos cinco minutos sin escribir nada -Gintoki se levantó- a este paso no tendremos la novela ni siquiera para la primera revisión.

Hijikata encendió un cigarrillo, se levantó y se acercó a la ventana. No podía concentrarse, era más difícil escribir su vida de lo que creía.

- Necesito un viaje.

- Sí, sí, Hijikata-kun, luego de terminar la primera página -se rascó la cabeza, acercándose al otro- tal vez podríamos probar otras técnicas -dijo dándole una palmada en el trasero.

Lo siguiente que vio fue a Toushiro darle un fuerte golpe en la mejilla con furia.

- ¡Se acabó, estás despedido!

- ¿Despedido? ¡Tú no puedes despedirme!

- Escúchame bien idiota -se acercó dando grandes zancadas, agachándose y tomarlo por el cuello- escribir es mi vida, ¿crees que es sencillo poner pedazos míos en cada libro? ¡Tú…! -Lo soltó llevándose las manos a la cara ahogando un sollozo.

Gintoki dudó unos segundos antes de posar una mano sobre su hombro y apretarle ligeramente.

Ambos voltearon al sentir que la puerta se abría.

- Hijikata-san, perdón, no sabía que tendría visitas hoy -Ambos levantaron la vista y vieron a Yamazaki con cara de espanto y con una incomodidad evidente.

Hijikata se alejó nuevamente hacia la ventana, encendiendo otro cigarrillo.

- Yamazaki-kun, acaso no sabes que es malo interrumpir a los adultos -Gintoki se levantó del suelo.

- Hum, Hijikata-san, Kondo-san lo estaba tratando de comunicar, quería recordarle que mañana es el lanzamiento del libro de Otae-san.

- Dile al gorila que no lo he olvidado -carraspeó- digo, a Kondo-san.

Gintoki evidentemente molesto volvió a sentarse y revisó las escasas dos líneas que llevaba Hijikata, si no se apresuraba realmente sería despedido de la editorial. Yamazaki cerró la puerta mientras él seguía absorto en esa simple línea: "la pérdida de mis padres fue el comienzo de muchos actos que me terminaron por convertir en quién soy"

Pero, ¿quién era Hijikata Toushiro?

Decidido a conocerlo más, abrió su agenda personal y anotó: a Hijikata-kun no le gusta que le toquen el trasero. Eso serviría para tratar de llevarse mejor con el escritor, mientras tanto, el resto de su esfuerzo debían enfocarse en lograr sacar el libro adelante.

Hijikata terminó su cigarrillo y volvió a sentarse.

- Oye, ¿por qué quieres hablar de tu vida y no tomas otros manuscritos anteriores para este libro? Cuando fluya la escritura ya podrás escribir sobre ti.

- Lo necesito.

- ¿Por qué?

- Porque este será mi último libro.

Gintoki abrió la boca pero no salió palabra. ¡Su carrera iba en ascenso y él ya pensaba en retirarse!

Mal, eso estaba muy mal, ahora no sólo tendría que sacar el libro adelante sino que ayudarle a mantenerse en su trabajo. ¿Tanto esfuerzo para trabajar con él, y él ya quiere terminar su reencuentro?

- Dios me ayude -murmuró.

Bien entrada la noche, Hijikata aún se revolcaba en su habitación. Estaba todo oscuro y en silencio, pero en su cabeza no había espacio para el sueño, sino que vivía la preocupación. Muchas preguntas rondaban su cabeza y sólo había una respuesta: ya no era capaz de escribir. Se sentía agobiado, triste y cansado, a partir de allí había decidido que esta novela sería la última. No quería más guerra, no quería sentirse desesperado por no poder escribir más de dos líneas en varios meses. En sólo un par de horas toda su motivación se había esfumado.

Pensó en Gintoki, en cómo lo había acompañado durante el día, sobretodo por el rostro de dolor que vio cuando se le abalanzó encima y por poco comienza a llorar. Se giró, seguramente estaba ahí porque hacía su trabajo de editor, nada más.

Despertó con una caricia en su rostro, abrió los ojos y vio que tenía a Gintoki a su lado. Antes de hacer cualquier cosa, el otro lo tomó por un costado de la cabeza y lo besó. Apretó los ojos sintiendo cómo su corazón latía, su cuerpo se sentía caliente y no supo por qué no pudo preguntarle qué diablos estaba haciendo él allí.

Gintoki se arrastró sobre él, besando su cuello, pasando su lengua lentamente. Hijikata soltó un suspiro a medida que sus manos subían por la espalda del otro. Lo apretó hacia su cuerpo con fuerza, sintiendo sus erecciones rozar por encima de la tela. El peliplata estaba duro y era indudablemente grande. Ése día en su casa habían utilizado un preservativo una talla más grande de la usual. Acercó sus manos a la erección de Gintoki y la tomó con fuerza, Hijikata sonrió mientras buscaba nuevamente el contacto con su boca.

No podía esperar más, lo separó un poco de su cuerpo y se giró. Sentía las manos del otro bajando su ropa interior, rozando sus caderas con delicadeza.

- Apresúrate -murmuró- Gintoki… apresúrate.

Abrió los ojos exaltado, estaba sudando y había terminado con un sueño. El rostro de Gintoki apareció en su cabeza y su corazón latió con fuerza. Se levantó furioso al baño y se metió a la ducha, después de todo una persona no tenía sexo con otra sólo porque sí, debía existir al menos una mínima atracción de por medio, y odiaba admitirlo pero se sentía atraído por él. Atraído por un idiota. Terminó de ducharse, y caminó hasta su escritorio.

"Aún no tenía uso de la razón, pero tengo vagos recuerdos de qué fue lo que sucedió. La violencia desmedida de mi padre hilvanó el suicidio de mi madre y el posterior abandono de ése sujeto. Era la primera vez que me encontraba solo en el mundo, sin un soporte, sin entender nada de lo que estaba pasando, y no sería la última"