Día 8: break ups to make ups (no sé como traducirlo correctamente al español, jiji)


Ichigo se encontraba acostado en el futón, somnoliento, confundido por el repentino movimientos de la pelinegra que hacía unos minutos, estaba abrazada a él.

-Rukia, ¿qué pasa? -murmuró.

-Debo ir a trabajar -dijo ella, atándose el traje de shinigami.

-¿Tan temprano?

-Ukitake ya no está con nosotros, debo hacerme responsable del escuadrón completo.

El chico abrió los ojos, y miró su delgada espalda antes de levantarse él también.

-Te acompaño, tengo que ayudar en la recostrucción del décimo escuadrón.

La noble le sonrió y se acercó para depositar un casto beso en sus labios.

Luego de la guerra contra los quincys, Ichigo decidió quedarse un tiempo en la Sociedad de Almas, ayudando a restablecer el orden. Había decidido también confesar sus sentimientos hacia la teniente del treceavo escuadrón, quien, a su modo, le dijo que el sentimiento era mutuo, y acabaron por oficializar lo que todos sabían.

Desayunaron junto a Byakuya, quien, al contrario de lo esperado, aceptó la relación sin problemas, sabiendo que el shinigami sustituto daría su vida para proteger a Rukiam y que jamás la lastimaría. Aún así, no pudo evitar advertir al pelinaranja de lo que era capaz de hacerle si le hacía cualquier tipo de daño a su pequeña hermana.

Una media hora después, la pareja caminaba rápidamente por las calles del Seireitei, en dirección a las oficinas del escuadrón nº 13.

Ichigo dejó a la teniente en la entrada del recinto, con la promesa de verse durante el día.

Rukia centró entonces su mente en la montaña de papeles que la esperaban en su escritorio y suspiró.

-Debí venir antes -se dijo a si misma-. No voy a alcanzar a hacerlo hoy.

Y así, reordenando mentalmente aquellos documentos más urgentes, se dispuso a pasar el día firmando y coordinando.


Ichigo hizo tronar su cuello, cansado.

Lo habían tenido cargando materiales durante horas, y todavía quedaba mucho por hacer.

De momento le habían dado un descanso, que aprovechó de inmediato para ir a buscar a su novia.

Ese pensamiento llevó una sonrisa a sus labios. Durante mucho tiempo huyó de sus sentimientos, convenciéndose de que sólo sentía un profundo cariño amistoso hacia la pelinegra. Pero cuando la guerra estalló, cuando se vio a si mismo y a ella al borde de la muerte, fue que comprendió que la vida era demasiado frágil como para rehuir de algo innegable.

Todavía sonriendo, tocó la puerta de la oficina del escuadrón, entrando inmediatamente después de escuchar el suave "pase". Rukia se hallaba oculta tras una montaña de papeles y libros desordenados, leyendo concentradamente.

-Hey -dijo el pelinaranja, llamando su atención.

-Ichigo -sonrió ella al alzar la vista -. ¿Qué ocurre?

-Me dieron un descanso, y quería saber si tienes un tiempo para almorzar conmigo.

Ella lo miró apenada.

-Lo siento, tengo que terminar con esto primero.

El sustituto intentó ocultar su ligera decepción.

-Está bien, suerte con eso. ¿Nos vemos en la noche entonces?

La pelinegra asintió ligeramente, con la atención nuevamente puesta en el papel entre sus manos,

El chico se retiró silenciosamente del cuarto, levemente entristecido.

La situación se repitió en la noche. Ichigo comenzó a preocuparse cuando pasadas las 11, Rukia no aparecía por la mansión. Al preguntarle a Byakuya acerca del tema, éste le respondió que la chica había preferido pasar la noche en la oficina, tentando termina con el trabajo que no dejaba de aumentar.

El shinigami se sintió dolido al no haber sido avisado sobre su decisión, pero desvió rápidamente malas palabras al saber que era algo que Rukia no podía evitar.

Pero ya no pudo evitar su frustración cuando la escena se repitió al día siguiente, y al siguiente. Dejó de ir a verla a su oficina, cansado de los monosílabos y las negativas, y llegó incluso a preguntarse si habría hecho algo mal en el último tiempo que hubiese causado algún enfado en la joven, y explicase la situación.

Volvió a la habitación de invitados en la mansión Kuchiki, sintiéndose extraño al habitar la pieza de la menor sin ella presente. Participó más activamente de las recontrucciones , intentando buscar distracciones, pero su mente seguía dándole vueltas al asunto. ¿Es que acaso se había aburrido y no quería decírselo? ¿Era esa su forma de terminar la relación? Era ese tipo de preguntas las que asaltaban la cabeza del joven en su pobre intento de dormir a cuarta noche sin Rukia.

Había probado todos los métodos que conocía para lograr relajarse y conciliar el reciado descanso, pero nada parecía dar resultados. Su cerebro estaba feliz creando todo tipo de situaciones posibles que explicaran el comportamiento de la Kuchiki.

Iba cerca de la oveja 200 cuando la puerta se abrió, dejando entrar un haz de luz.

-¿Ichigo? -la tan ansiada voz se escuchó en la habitación, pero el chico no respondió.

La shinigami entró por completo en la pieza.

-Sé que estás despierto -su tono era suave, normal, pero el pelinaranja seguía intentando descifrar su actitud.

Titubeante ante la nula respuesta de Ichigo, Rukia caminó hasta el futón, sentándose en el suelo, al costado del cuerpo de su novio.

-¿Estás enojado?

-No lo sé -contestó por fin-. ¿Lo estás tu?

Ella se extrañó.

-¿Por qué lo estaría?

El chico se dio vuelta, mirándola directamente.

-Me parece que encerrarte en un lugar durante cuatro días, rechazando toda propuesta de hacer algo conmigo y responder a todas mi preguntas con monosílabos cuando iba a verte son razones suficientes como para creer que estás enojada.

Rukia suspiró, agachando la cabeza.

-Lo siento.

Sonaba sincera, pero el joven se rehusaba a creerle tan fácilmente.

-¿Por qué?

-¿Por qué qué?

Ichigo bufó.

-¿Por qué lo hiciste?

Ella buscó su mirada, sin éxito.

-El escuadrón es mi responsabilidad ahora.

-Es más que eso.

Rukia se peinó nerviosamente con una mano, buscando las palabras.

-Supongo que... quiero demostrar que puedo hacer el trabajo... que no soy una noble estirada puesta a cargo del escuadrón sólo por ser Kuchiki -su voz fue disminuyendo a medida que decía la frase.

Ichigo se sintió mal por sus palabras. Alzó la cabeza para mirarla a los ojos, y no vio mentira en ellos. Sabía que jamás lograría ocultarle algo debido al fuerte lazo que los unía y a la extraña habilidad que tenían de saber lo que el otro pensaba con sólo mirarse.

Se sentó en el futón y con facilidad atrajo a la chica hacia su pecho. Se recriminó internamente al sentir que estaba helada, y la cubrió con la manta que antes lo tapaba a él.

Se quedaron así un momento, aliviados por la reconciliación, escuchando sus respiraciones acompasarse.

-Te extrañé -las palabras de la pelinegra emocionaron a Ichigo. Ella no solía expresar su cariño hablando, siempre fue más de acciones.

Sonriendo, depositó un beso en su cabello y murmuró:

-Yo también.

Acabaron acostándose para estar más cómodos, y pronto se rindieron al cansancio, felices de estar juntos nuevamente y no romper su lazo por una tontería.


Lo sé, es un mal final, pero son las 1 AM y mañana tengo colegio, tenía que apurarme.

Siempre quise saber cual era la sensación que le causaba a Rukia tener que comandar a todo su escuadrón de un día para otro, sobretodo sabiendo que en un principio no fue muy bien recibida por sus integrantes, así que aproveché de plasmar más o menos como creo que fue.

Espero que haya sido de su agrado.

Namarië.