Día 9: No es el primero, pero definitivamente es el último.


Se encontraban en el patio de la casa de Urahara.

Todo el jaleo de esa noche había acabado, Ginjo estaba muerto e Ichigo había recuperado sus poderes. Sólo faltaba que Riruka despertara de su estado de inconsciencia.

Los dos shinigamis, tan opuestos como el agua y el aceite, o como la luna y el sol, compartían la preciada tranquilidad observando el cielo rosáceo que les confirmaba que la noche había terminado y que un nuevo día se alzaba.

Combatían el frío matutino al abrazarse disimuladamente, el brazo del pelinaranja rodeaba su cintura y ella se apoyaba ligeramente en su pecho. Sentados en esa posición no se podía definir bien su relación, podrían haber sido muy buenos amigos o unos enamorados discretos.

Tal vez eso era justo lo que querían.

No hablaban, sólo respiraban el olor a tierra húmeda y rocío, disfrutando de la perfecta armonía que se generaba en momentos como aquellos, encerrados en la burbuja que inconscientemente construían a su alrededor.

Pronto, sin embargo, ya estaban dentro de la tienda, hablando con el ex capitán sobre los restaurados poderes de Ichigo y lo que el futuro les depararía.

De haber sabido que una fuerza mayor los obligaría a sacrificar su felicidad por el bien común, no se habrían levantado tan rápido cuando el tendedero los llamó, y habrían unido sus manos cuando éstas se rozaron al entrar juntos, en vez de separarlas rápidamente, disimulando ante sus amigos.

Me parece que eso es de lo que más se arrepienten hoy.


Basado en el capítulo 478 del manga, al final de la saga Fullbringer.

Espero que les haya gustado, nos leemos mañana.

¡Namarië!