Día 16: Son sólo 10 años, pero es mucho tiempo.

Inspirado en la canción "Dios no sabe perder" de Los Bunkers.


Dios no sabe perder. No supo aceptar su derrota, y los condenó a mantener una vida infeliz con tal de conservar su victoria sobre él.

La puerta se abrió segundos después de ser tocada, y al momento de encontrarse la muerte y la fresa, el tiempo se detuvo.

Unir sus miradas fue un respiro. Una bocanada de aire después de diez años ahogándose en la lluvia. Oxígeno abriéndose paso entre adoloridos pulmones, reviviendo músculos adormecidos.

Una sola mirada bastó para que una sonrisa escapara de sus labios. Para que se les encogiera el estómago y les cosquilleara. Una sola mirada bastó para volverlos adolescentes de 17 años nuevamente.

Los recuerdos les golpearon con violencia, les hicieron admirar sus versiones pasadas. Esos shinigamis arrojados, valientes, esos que no conocían la sumisión ni las palabras "me rindo".

Cual ola rompiendo en la arena les llegó la imagen de su primero encuentro, su primera batalla juntos, las escapadas de clases, las noches cazando hollows, la preocupación por las heridas, el orgullo que sentían por el otro al desarrollar una nueva habilidad, los golpes, las discusiones, las peleas, los rescates, la confianza, la desesperación, los reencuentros, el miedo, la imprudencia, las victorias, las derrotas, las sonrisas, las lágrimas, las carcajadas, su primer, su segundo y su último adiós, diez años atrás.

Volvieron a mirarse.

Ella tenía el pelo más largo que nunca, él se lo había cortado.

Él se veía mucho más maduro, ella lucía igual a cuando se conocieron.

Después de todo, diez años son mucho y muy poco al mismo tiempo


¡Hola! Quería ponerme al día este fin de semana y acabé atrasándome más aún. El colegio me absorbe bastante, estoy haciendo lo que puedo para hacerme un ratito y escribir.

Espero que les haya gustado, si mi cerebro lo quiere, nos estaremos leyendo mañana.

¡Namarië!