Día 20:Contacto visual.
"Secuela" del día 17
El joven de alborotado cabello naranja examinaba minuciosamente un paquete de un kilogramo de harina, buscándole el precio.
Gruñó, molesto, al darse cuenta que éste no se encontraba escrito ni en el producto ni en la estantería con múltiples tipos de harina del supermercado.
Se alejó un paso del mueble, y buscó con la mirada una de esas maquinitas que leen el código de barra e informan sobre el precio. Había una en el pasillo siguiente.
Caminó perezosamente hacia ella, y puso el producto de manera que el láser pudiera leer el código. Esperó unos segundos, y al ver que la pantalla no decía nada, lo movió un poco. Nada.
Exasperado, retiró el paquete del lector, y lo volvió a poner, consiguiendo el mismo resultado.
Con un bufido, buscó a algún empleado de la tienda para reclamar y consultar el maldito precio de la harina que su madre le pedía.
Vislumbró a una mujer de cabello negro, vestida con el uniforme del supermercado unos metros más allá, reponiendo bolsas de azúcar.
Se acercó con paso firme, guiado por la frustración.
-Disculpa -dijo de golpe. La muchacha volteó, sobresaltada.
-¿Si?
El pelinaranja tenía la vista fija en el paquete de harina, con el ceño fruncido.
-Esto no tiene precio, y la máquina no funciona -alzó los ojos y se encontró con los de ella.
Hasta ese momento, no lo sabían, pero ellos ya se conocían. O más bien, sus almas se conocían. Se habían visto antes como dos abuelitos conversando en la sala de espera de un destartalado hospital. Dos niños de cinco años, jugando en las polvorientas calles, ajenos al bombardeo que se acercaba a su pueblo, parte de los sangrientos ataque dentro de la primera guerra mundial. Él un shinigami, ella un alma solitaria a quien él purificó. Ella una shinigami, él un humano, ambos dispuestos a sacrificar su felicidad para salvar al mundo.
Ahora, él un estudiante universitario y ella una bailarina, mirándose fijamente a los ojos, recordando un retazo específico que sus almas atesoraban de su vida pasada.
Había sido inmediato. Sus miradas coincidieron, y en ese mismo segundo, una sensación de familiaridad los golpeó y los llenó de una agradable calidez.
Luego, el recuerdo, rápido como el destello del flash de una cámara, apareció en sus mentes.
Ella vestida con un kimono negro, atravesando su pecho con una espada. Un traspaso de almas.
Con esto, salieron de su mutua ensoñación.
Aún mirándose a los ojos, murmuraron:
-Rukia.
-Ichigo.
Aunque no eran sus nombres, una felicidad nunca antes experimentada los llenó. Si bien eran completos desconocidos, se sonrieron y abrazaron con fuerza, sin querer soltarse, sintiendo como un gran peso que no sabían que tenían se les quitaba de encima, y lo reemplazaba un enorme alivio. El alivio que llena a dos almas hermanas cuando se reencuentran.
¡Volví! Ya pasó Agosto, pero no importa, seguiré publicando capítulos con las
temáticas de los días hasta completar el mes, como meta personal.
Espero que les haya gustado, mañana intentaré publicar dos capítulos.
¡Namarië!
