Día 21: cualquier escrito que te recuerde al IchiRuki.

Basado en el poema Cosante de Octavio Paz y en la leyenda chilena de la Loica.

Cosante - Octavio Paz

Con la lengua cortada

y los ojos abiertos

el ruiseñor en el muralla.

.

Ojos de pena acumulada

y plumaje de sangre

el ruiseñor en la muralla.

.

Plumas de sangre y breve llamarada

agua recién nacida en la garganta

el ruiseñor en la muralla.

.

Entre las piedras negras la voz blanca

del agua enamorada

el ruiseñor en la muralla.

.

Con la lengua cortada canta

sangre sobre piedra

el ruiseñor en la muralla.


La Loica (leyenda resumida por mí)

Un cazador se internó en un bosque, buscando algún pájaro al cual dispararle. Se encontró con una Loica distraída sobre un árbol, y apuntó su arma hacia ella. Para su mala suerte, la escopeta estaba mala, y el tiro salió directo hacia él, hiriéndolo en el pecho.

La Loica, aterrorizada, se alejó volando, pero al escuchar los quejidos de dolor del hombre, se detuvo. Se quedó un rato observándolo, analizando la situación, hasta que finalmente, conmovida, decidió ayudar al cazador.

Voló hacia la fuente de agua más cercana, y de a gotas -eso era lo que cabía en su pico- fue dándole de beber al hombre y limpiando su herida. Luego, voló hacia la montaña y trajo hierbas para curarlo.

Finalmente, le preguntó al viento donde vivía el cazador, y éste le indicó. La Loica voló hasta su cabaña, y le pidió al perro que le avisara a su familia que el hombre estaba herido. El perro ladró hasta que un hombre viejo y uno joven lo siguieron, y pudieron poner a salvo al cazador herido.

Entonces, la Loica se posó sobre un árbol, y los demás pájaros le preguntaron por qué tenía una mancha roja en el pecho. En ese momento, ella se dio cuenta que entre ir y venir, se había manchado las plumas con la sangre del cazador.

Desde entonces, la Loica lleva el pecho teñido de rojo, orgullosa de haber salvado a su enemigo.


Quieta, con la voz rota, observas desde lo alto.

Con el pecho dolorido y sangrante -cual Loica de plumaje carmesí-, el corazón encogido y los ojos cerrados, esperas sentada sobre un poste de luz.

Sus voces suben hasta tu posición, haciendo que el violeta surja desde debajo de tus párpados, violeta que representa maravillosamente la felicidad y el dolor que te produce verlos juntos. Cole agridulce que baja hasta tu pecho al vislumbrar su sonrisa. Allí se tiñe del rojo mas profundo, ese que refleja los dolores que prefieres guardar en el fondo de tu corazón.

Siempre te pintan de blanco. Y claro, con tu rostro níveo y alma de hielo, es fácil pensarlo. Pero yo siempre he creído que el rojo te sienta bien.

Tienes un pasado doloroso, Loica, impregnado de sangre. Y un presente aún peor, observando a la pareja bajo tus pies, dejando que si felicidad resquebraje tu corazón, dejando escapar el carmesí hacia tu pecho.

Simplemente, el rojo está ahí, mucho más que el blanco de tu nieve, el violeta de tus ojos adoloridos, o el negro de tu ondeante cabello.

Y es que no puedes evitarlo. El ave curó al cazador que quería asesinarla, trabajó arduamente toda la noche, volando con sus alas agarrotadas, buscando agua y hierbas para ayudar a su enemigo.

Tú eres igual.

Ayudaste a tu amiga a dar el primer paso. Ese que querías dar tú. Sostuviste con brazos cansados su autoestima, ocultaste tus sentimientos y mentiste, vaya si mentiste. Con un constante nudo de agua marina acumulada en la garganta, le diste ánimo, la levantaste y secaste sus lágrimas, esas que tu también querías derramar.

Todo tu esfuerzo y sufrimiento se veía reflejado en la escena que se desarrollaba en la calle. Escena que te convierte en la amable Loica latinoamericana. El rojo producto de penas acumuladas, se escapa hacia tu pecho, y tiñe tus nacientes plumas de sangre.

Ahora, ave llameante, debes alejarte. Extender las negras alas y volar lejos de la tormentosa realidad. Exhibir con amargo orgullo el plumaje ensangrentado, producto de dejar tu corazón hecho trizas para que otros no tengan que sufrir más. Así has sido siempre. Así seguirás siendo.

Vuelves en ti cuando te das cuenta que te han visto y te hacen señas para que bajes.

Con una sonrisa medio fingida, medio sincera, saltas de tu posición hacia el suelo. Mientras te acercas para saludarlos, el viento remueve tu plumaje, y comprendes su mensaje.

Es hora de despegar


No sé que decir sobre esté capítulo. No es 100% IchiRuki, sino más bien sólo sobre Rukia. Siento que ella lo daría todo para ver al resto feliz, sin importar que consecuencias tenga eso para sí misma.

Me di cuenta mientras lo escribía, que hice una especie de mención al IchiHime, y no sé como sentirme con respecto a eso ajaja. Pero bueno, es lo que me salió mientras lo escribía, y no quiero rehacerlo.

Espero que les haya gustado, nos leemos mañana.

¡Namarië!