CIUDAD PRISMATICA

PARTE 2

Con recato, se acercó a la pastelería, para detenerse en la entrada de esta y examinar la situación.

Ella no guardó nunca resentimiento ante los pelirrojos, a pesar de haber conocido a Sasori. Pero el manual oficial del policía, ordenaba investigar y cerciorar que nada pasaba, cada que viesen a uno de estos rondar por áreas que no le correspondían.

― Te he dicho que no pienso venderte nada. Largo de aquí ―expresó el que atendía el lugar.

― Si, ¡fuera! Detienes la fila, pelirrojo ―agregó uno de los clientes, que estaban haciendo fila detrás del mencionado.

El pequeño que estaba acompañándolo, soltó a llorar debido al entorno hostil que se estaba formando a su alrededor.

Houki no necesitó observar más.

Era claro lo que debía hacer.

― Disculpen ¿Qué problemas tenemos acá? ―dijo agregándose a escena.

― Hey reparte multas, no te metas ―le respondió el dueño del local, alterado―, si quieres comprar algo, a la fila, aquí no hay favoritismos…

― Señor, primero que nada, también soy policía ―le cortó Shijima con voz seria y calmada, mientras abría una de las alas de su chaleco naranja de inspector de parquímetros, para mostrarle su dorada placa―. Y segundo, he estado observando la situación, y a modo de asegurar mis fuentes debo preguntar ¿Por qué no quiere venderle alguno de sus productos a este ciudadano? ― terminó inquiriendo mientras miraba por un instante al pelirrojo, de uno ochenta de estatura, tez blanca, ojos verdes, camisa verde agua con corbata morada a rayas suelta, y pantalón de vestir color gris, quien había dejado su carriola a un lado y ahora agarraba a su pequeño acompañante de una mano.

― ¿Qué porque no quiero venderle? Míralo ¡es un pelirrojo! No son de fiar, seguro piensa estafarme o algo parecido, además no quiero que me vinculen con él ―protestó el vendedor, posando con fuerza sus puños en el aparador que tenía delante, como mostrador―. Además, ¿Por qué viene aquí? ¡Que no hay pastelerías por la zona en que viven los pelirrojos?

― Comprendo sus puntos señor, pero le debo recordar que vivimos en un mundo de leyes. La discriminación de razas se considera un delito, mucho más estando en Ciudad Prismática, símbolo de la equidad ― explicó Shijima, mientras sacaba su copia oficial de la constitución, de tamaño bolsillo y se lo extendía al vendedor, para que este lo tomase y lo leyese por sí mismo―. Sobre su último punto, también tengo interés en su respuesta ―miró al pelirrojo, esperando a que este se explicase.

― Sí, es cierto, cerca de casa hay pastelerías... ―comenzó a hablar este, calmado, tal vez para no agobiar más al niño que lo acompañaba―, pero hoy es el cumpleaños de mi niño especial, y quería comprarle algo igual de especial para él, y llegué aquí por recomendaciones de sus clientes…

El niño, que no parecía tener más de siete años, se acercó más a su padre y lo abrazó de lado, poniendo una carita triste.

El vendedor soltó un bufido de cansancio, mientras blanqueaba los ojos hacia otro lado.

― Bien, ahora que todo está esclarecido, y veo que no tiene dudas ―se dirigió al vendedor―. Podría pasar por alto este caso de discriminación, y dejarle solo un volante como advertencia, si acepta venderle a este gentil señor y su hijo un… ¿Qué querían?

― Un Giga pastel ¿Puede?

Todos, incluyendo los clientes, que se habían limitado a observar en silencio, miraron expectantes al vendedor.

― Ay, está bien, son cuarenta y cinco dólares ―respondió resignado este.

― Se lo agradezco señor, en verdad ―expresó agradecido el pelirrojo, mientras metía una mano a su bolsillo, para luego palidecer―. Oh… no… no puede ser… no traje mi billetera, en serio que incomodo momento ― soltó una risa de agobio―. Y creer que cruzamos media ciudad en vano… Perdería hasta mi cabeza si no estuviera pegada a mí, no exagero… ―se inclinó de rodillas, para ver a su hijo a los ojos―. Lo siento pequeño, no vayas a odiarme por no poder comprarte el pastel de cumpleaños que tanto deseas. Será mejor que nos vayamos, ya hemos molestado demasiado…

El pequeño tomó sus manos y resignado lo siguió con una expresión decaída.

Shijima los miró un instante con pena, para luego reaccionar.

― Quédese con el cambio ―soltó en el mostrador un billete de cincuenta dólares.

― Oficial, le agradezco tanto, en serio ―expresó el pelirrojo, mientras empujaba el carrito que llevaba encima el Giga pastel, y el pequeño se había aferrado a la mano de la policía que los acompañaba fuera de la pastelería―, fue tan gentil ¿Cómo puedo pagarle?

― Oh, no es nada, tómelo como un regalo ―respondió Houki, mientras se acomodaba sus lentes, con su otra mano libre―. Me indigna ver a las personas ser tan discriminadoras con los que son minoría de color, como los pelirrojo. Quiero decirte que eres un gran padre, y de buen hablar, que no se limita a hacer cosas cuando se trata de su hijo. Es algo admirable.

― Es el mejor elogio que me han dado en tiempo. Es raro que no me traten con superioridad, ¿oficial…?

― Houki. ¿Y usted?

― Gaara y mi pequeño, se llama Shinki ―indicó el pelirrojo, mientras el pequeño se acercaba a él, para seguirlo―. Quien sin duda, hoy tendrá un buen cumpleaños…

El pequeño que era de cabello castaño muy oscuro, esbozó una gran sonrisa, para luego adelantarse a su padre y caminar contento.

La oficial se despidió de ambos, para proseguir con su trabajo.

Su hora de descanso estaba a punto de terminar y no había comido nada.

Las horas que le restaban pasaron a buen ritmo.

Dejó la última infracción en el parabrisas de un auto, cuando la alarma de su reloj sonó, informándole que había terminado su horario.

Había recorrido más de veinte manzanas. Guardó los conos de tránsito y su máquina de multas, en su pequeño auto sin puertas.

Estaba a punto de irse, cuando vio al pequeño castaño con el que se había cruzado al medio día, pensaba saludarlo, pero se detuvo al ver que estaba llevando a cuestas un pastel similar al que le había regalado ella, mientras una señora lo despedía diciendo "disfruta tu regalo pequeño".

Lo siguió con la mirada, para luego ver como este metía el enorme pastel en una vieja camioneta, que conducía el pelirrojo, que tenía los faroles rotos y el caño de escape sin filtro.

Volvió a su auto apresurada, encendió el motor y los siguió decidida.

Ciudad prismática estaba dividida en más de seis secciones. Todas con un hábitat diferente, para mantener cómodos a sus habitantes. Las Rocas, Desierto, Nevada, Jungla, Pampa y Metropolita eran estas.

Se encontraban en metropolita, siguió la camioneta, cruzando las rocas, par al fin detenerse en algún lugar vacío de Nevada.

El pelirrojo y su pequeño cómplice cortaron en porciones los enormes pasteles, uno haciendo pequeños huecos en la nieva, dejando palitos en cada una, para que el otro pusiese las porciones de tortas.

Esperaban a que estos se congelasen, formando unos pequeños aperitivos helados. Los cuales ordenaron en cajas y volvieron a transportar a Metropolita, para exponer en una pequeña mesa en la calle.

Justo para la hora de salida de los empleados de oficinas.

Muy oportuno, ya que la mayoría eran de cabello oscuro y como tal, adictos a los dulces.

Una buena venta sin duda.

Shijima frunció su ceño, completamente molesta.

No podía creer que había sido timada.

― Bien, aquí tienes tu parte, intenta mañana no llegar tarde ―le dijo el pelirrojo a su pequeño socio, quien metía el dinero a su bolsillo, para luego sacar unas gafas negras enormes, del mismo lugar y ponérselas.

― Si, como digas viejo, ―le respondió, con una voz distinta a la de un niño, para luego subirse solo a la camioneta y encender el motor de esta.

― Te he dicho que no me llames así ―protestó―. ¿Te iras sin darle un abrazo a tu padre? ―remató diciendo el rojizo con tono burlón.

― Púdrete viejo, chao ―escupió el otro, para luego irse conduciendo.

― Apenas es un enano adolescente, pero ya es muy gruñón… ―murmuró con gracia este, fijando su mirada en la camioneta que desaparecía, mientras se terminaba de comer la última golosina que le había quedado.

― ¡Vaya, yo te defiendo, y tú solo mientes! ―expresó Houki enojada, encarándolo de frente―. Pelirrojo charlatán…

Este volteó a verla, primero con una cara de asombro, más se relajó a los segundos, cambiándola por una que expresaba sarcasmo.

― Es una treta, enana ―le respondió con su verdadera voz, la cual era grave y un poco hostil―. Pero yo no te mentí, el si ―agregó, apuntando a su derecha, con su mano libre.

Shijima volteó para ver a quien apuntaba, para luego darse cuenta que la había vuelto a hacer caer en sus trampas, al huir, estando ya a casi diez metros de distancia.

Corrió hacia él, hasta alcanzarlo.

― ¡Quieto ahí farsante! Detente, estas arrestado ―se detuvo frente suyo a modo de pararlo.

― ¿En serio? ¿Bajo qué cargos? ¿Herir tus sentimientos? ―soltó con tono burlón.

― No te hagas el gracioso, vender sin un permiso, transportar entre secciones y estafa…

― Tengo permiso y recibo de productos declarados ―la interrumpió, mientras fugazmente le mostraba las credenciales que guardaba en sus bolsillos―, y sobre la estafa, te recuerdo que fuiste tú, en tus plenos derechos mentales, al igual que los demás ingenuos, quien me regalo el producto, no se los robé ni nada por el estilo… Deberías tener cuidado de lo que dices, yo si podría demandarte por falso testimonio, cuídate…

No se detuvo y la rodeo, para seguir su camino.

Shijima siguió sus pasos, sin darse por vencido.

― Soy intocable pelinegra tonta, no deberías perder tu tiempo conmigo, trabajo en esto desde hace mucho…

― Hey, primero que nada, abstente de llamarme tonta…

― Perdón, pero como quieres que te llame, siendo una, cabello oscuro que parece oficinista en disfraz de policía, que seguro viene de algún pueblo pequeño…

― ¿Qué? ¡Te equivocas! No es mi caso, yo vengo de Serranía, la capital de los cabellos oscuros, y no, nunca fui oficinista, mi familia es granjera…

― ¿Serranía? Está bien, reescribiendo entonces. Dime si no te suena esta historia ―el rojizo aceleró su paso para tratar de dejarla, pera esta siguió a su lado―. Primera escena: Una granjera ingenua, con notas altas al igual que su ego y confianza, decide mudarse a Ciudad Prismática, creyendo que aquí todos los humanos son amigos y cantan pop, pero adivina que… Segunda escena: descubre que la realidad no es igual como en los carteles y su sueño de ser una policía con honores se derrumba al ver que la congelan en un puesto sin futuro como es el de reparte multas y… última escena: A nadie le importan sus sueños, y sus sueños mueren, sufre una caída emocional y literal, para terminar viviendo debajo de un puente, con la única opción de volver ande sus padres en Serranía, para pasar su vida sembrando verduras apestosas…

Se detuvo al decir eso último, para girar hacia atrás y mirar a la oficial que la seguía a menos de un metro, encogiendo sus hombros por un momento como señal de resignación dedicándole una mirada indiferente.

Shijima se quedó petrificada, pero con una expresión mucho más molesta en su rostro.

El rojizo, al ver que no respondía, continuó con su camino, doblando en una esquina.

La oscura reaccionó y volvió a seguirlo, pero al dar la vuelta en la esquina, casi fue chocada con un alto y corpulento rubio que iba en dirección contraria. De no ser por sus buenos reflejos, la hubiera tumbado al suelo.

― Ten cuidado, no solo estarán aplastando tus sueños… ―escuchó a la distancia, palabras del pelirrojo.

― Óyeme bien ―le respondió está volviendo alcanzarlo, y parándose en frente, deteniéndolo en su andar―. Yo no dejo que me digan, de que soy o no, capaz de hacer, en especial un brabucón que no se atrevió a ser algo más que un estafador callejero.

El pelirrojo la miró en silenció por unos segundos, para luego declinar hacia adelante, apoyando las manos en sus rodillas, y ver directamente a los ojos a su no tan alta receptor.

― Siento ser el portador de tus malas noticias, pero te soy sincero en lo que diré ―su tono de voz ya no sonaba hostil ni grosero, pero mantenía su tono grave―, muchos vienen a Ciudad Prismática creyendo que podrán ser lo que quieren, pero no es cierto… ―se levantó, pero siguió mirándola a los ojos―, tu solo puedes ser lo que eres… pelirrojo astuto ―se señaló a el mismo con una mano― y torpe pelinegra ―remató apuntándola ahora a ella.

― No me digas torpe…

― Claro, por eso estas hundiéndote en cemento…

Shijima miró hacia sus pies.

La razón por la que el pelirrojo no la había esquivado en un principio, no era porque quería escucharla, sino porque ahí acababa el camino, y empezaba la reconstrucción de la acera. Un par de constructores a lo lejas empezaron a expresar su molestia al ver que la Houki acaba de dañar su trabajo, hundiendo sus pies en cemento fresco.

― Jamás serás una policía de verdad ―dijo el pelirrojo volviendo a caminar, bajando de la acera, para seguir recto―, pero eres una agraciada oficial de parquímetros, tal vez te asciendan a supervisora algún día, no te rindas.

El rojizo no volteó a verla cuando dijo eso últimos, más alzó su mano a modo de despedida, para luego perderse entre las demás personas.

Con los pies en cementados, llegó a la entrada de su pequeño hogar temporal.

Con una bolsa pequeña de víveres en una mano.

Puso todas las verduras al microondas, para luego cenar sola, en su mesa pequeña de comedor, mientras tenia de fondo el ruido del viejo televisor que venía con el depa.

No pudo terminar su cena.

Los vegetales de la ciudad, eran plástico sin sabor a comparación a los frescos con los que había crecido en su natal Serranía.

Pero esa solo era una excusa, la verdadera razón de su falta de apetito, había sido su incidente con el pelirrojo.

Sin duda, le había estropeada su primer día.

Se negaba a darle la razón, mas ya había afectado a su pensar positivo.

Su celular empezó a sonar de forma incesante.

Eran sus padres.

Les respondió intentando cubrir su molestia.

― Oh, así que eres oficial de parquímetros, es genial ¿no crees? Así no tendrás una vida peligrosa, ya que ese trabajo no es ser un policía de verdad ―le expresó aliviado su padre, por el parlante.

― Si… tal como querías, padre… bueno, debo colgar…

― Tienes razón hija, esas multas no se repartirán solas, adiós…

Su madre más se despidió, para luego cortar.

Soltó un suspiro, para luego levantarse de su silla y desplomarse en su cama.

Cuando creía que su día no podía empeorar, sus vecinos de a lado, hicieron ruido con su música, hasta muy de madrugada.

Los días pasaron, convirtiéndose en semanas y luego meses.

Incluso ser oficial de parquímetros tenía sus malos momentos.

Conductores molestos se quejaban de las multas que dejaba en sus autos.

― ¡Solo fueron cinco minutos de más!

― ¡Esto es indignante señorita!

― Que mala onda pelinegra, mis impuestos pagan tu sueldo…

Su trabajo de ensueños, se había vuelta una molesta rutina.

Pero una mañana cambió.

Un conductor la enfrentaba, negando a aceptar su multa.

― Señor, si tiene alguna queja, la puede presentar en la dirección de tránsito, yo solo soy una oficial cumpliendo la ley…

Los gritos a los lejos, los interrumpieron.

Una mujer exaltada corrió hacia ella.

― ¿¡Que haces ahí parada!? Me acaban de robar ¿Qué no eres policía? ¡Has algo!

Shijima reaccionó al escucharla sacándola de su modo tranquilo.

Pudo divisar al ladrón, que llevaba un bolso en su antebrazo, a un par de cuadras rectas, haciendo que las gentes a su alrededor se espantasen.

― Si ¡Sí! Tranquilícese señora ¡Yo lo detendré!

Se dispuso a correr, mientras se sacaba el chaleco naranja de parquímetros y lo arrojaba al aire, para aligerarse.

― ¡Alto! ¡Alto en nombre de la ley! ―gritó estando ya unos pocos metros del delincuente, quien se asombró al ver que alguien la perseguía.

Lo persiguió por varias cuadras, tumbando gente y todo lo que pudiese servir como barricada para darle ventaja contra la oficial, pero estaba esquivarlos todos los obstáculos.

Unos colegas policías se unieron a la persecución, en una patrulla.

― ¡Hey reparte multas, esta no es tu jurisdicción, deja el trabajo pesado a los expertos…!

― ¡Lo sé, pero quiero ayudar, jamás ganaré experiencia de campo si me detengo! ―expresó jadeante la pelinegra, mientras se mantenía corriendo.

La calle se achicó más adelante, siendo de un solo sentido, obligando a detenerse a la patrulla.

Los oficiales que salieron eran unos rubios fuertes, pero enormes, lo cual les dificultaba el paso, por el lugar tan transitado.

― Hum ¡atrápame si puedes cuatrojos! ―respondió este, al ver que aún le seguía la pelinegra, mientras cruzaba la doble vía, haciendo que varios autos colisionasen al intentar evitar chocarlo.

Varios de los coches se subieron a la acera, poniendo a los transeúntes que estaban por cruzar el puente que llevaba al otro lado, en un gran peligro.

Fue entonces cuando la vio.

Una mujer joven con vestido elegante, y de cabello negro muy corto, no había visto el peligro que estaba sucediendo en sus narices, ya que iba cargada de cajas de compras.

Sin dudarlo, se desvió de dirección y se abalanzó hacia ella, para el que el coche que la iba a atropellar, pasara solo rozándolas.

Solo se percató de que la del vestido no estuviera herida, para luego seguir con la persecución.

Fue cuando se llevó una mano a la frente para tratar de acomodar su flequillo, que notó que se había herido la mano y sangraba considerablemente.

Aun así, no se detuvo.

― Esta bien, comprendo su preocupación señor Namikaze, pero debe esperar a que sea llamado ―le explicaba Chouji, el oficial regordete que atendía en la entrada del cuartel de policías.

El señor Namikaze era un hombre rubio, alto pero delgado, que mostraba una gran preocupación en su rostro.

― Ya llevan varios días, no puedo seguir sin saber nada de mi hijo ¿por lo menos lo están buscando? ―articuló medio desesperado, mientras apoyaba las manos en el escritorio de este.

Pero su charla fue interrumpida por la entrada llamativa de unos miembros.

Todos los que estaban por el lugar, se detuvieron, asombrados ante lo que sus ojos veían.

La novata Houki estaba escoltando a un detenido, quien llevaba un enorme chichón en su frente.

Atrás, le seguían dos oficiales regulares y una señora, que, según sus fachas, parecía una jardinera.

― ¿Qué está pasando aquí? ¿Porque la novata está escoltando a vuestro detenido? ―preguntó el corpulento castaño, mientras sacaba los papeles de registro.

― Porque es "su" detenido ―gruñó uno de los corpulentos policías, no tan contento―, ella sola logró capturarlo…

Ya en la oficina del capitán cenizo, luego de haber analizado la situación del robo.

― Así, que corriste más de veinte cuadras, cruzaste una autopista, salvaste a una transeúnte y detuviste al malhechor lanzándole la tabla de skate de un niño, a una distancia de diez metros aproximados…

― Si, así es señor.

― Solo para recuperar un bolso lleno de flores rojas marchitas…

― Bueno, no son solo unas simples flores rojas, señor ―se explicó la Houki, al ver que su superior empezaba a mostrarse molesto―, mi familia es especialista en plantas, y esta es una Magnoliophyta Rosaceae, conocida comúnmente como "sueño infinito" o como la llamamos nosotros los granjeros, la rosa mala de la familia… en fin, sin salirme del tema, es una especie muy cara y difícil de conseguir, señor…

― Veo que sabes mucho de rosas, Houki ―le interrumpió el cenizo con voz seria―, pero causaste conmoción en la población con tu persecución, en especial lo de la autopista, afortunadamente no tuvimos ninguna baja civil, pero los daños materiales son preocupantes, sin olvidar que no tenías permiso para ejercer como policía de captura…

― Pero señor, estaba en el lugar y momento justo…

― ¡Desobedeciste una orden! ―el cenizo se levantó de su asiento, molesto, mientras mantenía un par de documentos en folder, en su mano―, esto puede costarte tu placa, y una suspensión por no sé cuánto tiempo…

La puerta se abrió bruscamente, haciendo pasar al hombre rubio que había visto en la entrada, seguido por el rechoncho castaño policía.

― Capitán Kakashi, se lo ruego, necesito saber de mi hijo…

― Disculpe señor Kakashi, el señor Namikaze me descuidó…

― Señor Namikaze, se lo dijimos antes, y se lo repito ahora ―el cenizo trató de calmarlo, ofreciéndole un asiento, pero el rubio se negó, sacando una foto de su chaqueta y mostrándosela a todos los presentes―, nuestros investigadores están ocupados, apenas haya un cupo, pondremos en búsqueda a su familiar.

― Él es mi hijo, se llama Naruto. Es un joven emprendedor que estaba yéndole muy bien en su trabajo como florista ―lo señaló con su dedo, en la foto. Donde aparecía, él, el mencionado y una mujer de cabello rojo, que se podría deducir que era la madre―. Luego de que mi Kushina murió hace años, mi Naruto es todo lo que me queda, por favor, deben encontrarlo…

Shijima no pudo evitar sentir pena y empatía por el señor.

A pesar de que ya tenía suficientes problemas, no dudó en ofrecerse.

― Yo lo haré, yo puedo investigar su caso ―soltó con firmeza.

El rubio al escucharla, se tranquilizó un poco, mientras la esperanza se volvía a dibujar en su rostro.

― ¿En serio? Gracias, muchas gracias oficial ―emitió mientras la abrazaba motivado.

― Discúlpenos un momento, espere afuera por favor…

Kakashi, empujó al rubio hacia fuera de su despacho, junto con Chouji.

― ¿Puedo saber qué demonios estás haciendo Houki? Estaba a punto de suspenderte, no puedes ofrecerte así porque sí, no tienes…

― Señor, que sé que está molesto ―le interrumpió―, pero por favor, no quiero pasar mi vida repartiendo multas. Sé que puedo hacer un gran trabajo, fui la primera de mi clase, en criminología, por no decir, en todas las materias escritas… solo deme una oportunidad, sé que puedo ayudar a este señor a encontrar a su hijo…

― No, no estas capacitada para ello. Y es mi última palabra― soltó serio el cenizo―. Ahora voy a abrir esa puerta, y le dirás al señor rubio que lo llenaste de falsas ilusiones, porque estas suspendida y no podrás ayudarlo….

―Pero, señor…

― Sin peros, Houki.

Pero cuando el cenizo abrió la puerta, se llevó la sorpresa de encontrar a alguien inesperado, hablando con el rubio y el castaño.

― Vice alcaldesa Hyuga…

― Me acabo de enterar que la oficial Houki, tomara el caso de hijo de este señor ―dijo la mencionada con su voz tierna y calmada que la caracterizaba―, el alcalde se alegrará mucho de ver que su proyecto, inclusión de colores, está dando grandes avances…

― Bueno, señora Hyuga, no es algo seguro aun… justo estábamos reanalizándolo y lo mejor sería dar el caso a alguien más experimentado, por lo capaz…

― Pero la oficial Houki es muy capaz, yo misma estuve presente cuando la vi graduarse con mención honorifica, solo hay que confiar en ella, estoy segura que no nos defraudará, además, ya envié la gran noticia al correo del alcalde, si me retracto, no solo se enojará conmigo, también con usted…

Lo que menos quería el superior Kakashi, era tener problemas con el alcalde.

Por un segundo, Shijima pudo detectar, como la vice alcaldesa le guiñaba un ojo a modo de confidencia, haciéndole notar que la estaba apoyando a propósito, para luego marcharse, acompañada del señor rubio y su colega castaño.

― Te saliste con la tuya, Houki ―soltó de manera fría el cenizo, mientras le extendía un expediente con una de sus manos, ya sentados de nuevo en su despacho―. Para informarte de forma rápida. La desaparición de este muchacho no es un caso aislado. Ya tenemos una docena de civiles que se encuentran desaparecidos y que han demostrado el mismo patrón de comportamiento antes de desaparecer, dejar todas sus pertenencias y gran parte de su ropa. Naruto, al ser el último reportado, no hemos podido asignarle a alguien, ya que todos los investigadores están cargando con una o dos búsquedas a la vez.

Shijima se mostró seria ante la noticia, aunque por dentro se encontraba emocionada al saber que estaba, por fin, tomando parte de la "dura vida" de policía que ella soñaba.

― Comprendo señor, y le prometo que no lo decepcionaré.

― Eso no lo dudo, porque si lo haces, te quitare tu placa de manera definitiva, tienes 48 horas.

― ¿Qué?

Fue lo único que pudo mencionar, antes de ser echada del despacho del cenizo, quien parecía contenerse la ira, a pesar de ocultar gran parte de su rostro en una máscara.

Se había metido en algo serio, prácticamente se estaba jugando el cuello por ese caso, así que dejó de preocuparse por lo negativo que pudiese pasar si fallase, para concentrarse en el folio que le habían entregado.

El documento estaba prácticamente vacío.

Apenas había una hoja, con la foto del desaparecido y algunos datos personales de este.

Se dirigió a la entrada de la jefatura, para ver si Chouji podía brindarle un poco más de información, al ser el encargado del cómputo y sistema informativo judicial.

― Claro, pero primero debes darme tu número de inspector ―le exigió.

― ¿Qué? No tengo un numero asignado como inspector, soy un extra que acaba de subir de cargo ―le explico esta.

― Bueno, si ese es el caso, tendrás que esperar a que se te asigne un número, ya mandé tu solicitud, no tardará en llegar, lo normal es de 48 a 72 horas…

― ¡No tengo tanto tiempo! Por favor ayúdame, me estoy jugando mi placa en esto ―le suplico la oscura, mientras le dedicaba una cara estresada y suplicante.

― Lo siento, pero es todo lo que puedo ayudarte, te informaré apenas llegue tu número…

Houki, se retiró viendo que era inútil insistir.

"Piensa, piensa… siempre hay una forma de conseguir información" ―murmuró mientras analizaba la única foto que tenia del desaparecido.

Fue entonces que lo notó.

Naruto, había sido capturado en imagen, comiendo una golosina helada en palito.

Estaba segura que había visto eso antes…

Con el pelirrojo.

Dudó por un segundo de su deducción. Lo que menos quería, era volver a encontrarse con ese tipo desagradable, mas no tenía otra pista que seguir y el tiempo corría a su contra.

Por suerte, podía usar su pequeño auto de parquímetros, para transportarse.

Lo divisó a los minutos.

Como siempre, llevaba a su pequeño cómplice en su carrito de bebé por una acera.

Tomó aire y trató de relajarse, para luego abordarlo.

― Hola ¡Que tal! Si, otra vez yo ―lo saludó, deteniendo su auto.

― Pero si es la oficial torpe, un desagrado verla de nuevo ―respondió este, deteniéndose para variar.

― Hum, que gracioso… ―la oscura ocultó sus ganas de lastimarlo―. No, soy la oficial Houki y quiero que me ayudes respondiendo unas preguntas respecto a un caso…

― ¿Qué paso? ¿Te robaron un cono de multas? Te advierto que yo no fui ―le respondió, para luego empezar a empujar la carriola de nuevo.

Shijima volvió a su mini auto, para luego subir a la vereda, bloqueándole el paso.

― Mira cuatrojos, no tengo tiempo que perder, debo trabajar.

― Esto es importante señor ―dijo ella, levantándose de nuevo y cargando consigo esta vez una libreta y un lapicero para anotar―, creo que los treinta dólares que vas a obtener estafando a otros, no se irán.

― ¡Ha! ¿treinta dólares? Ganó trescientos billetes al día, enana ―le respondió un tanto indignado el pelirrojo, mientras apoyaba sus codos en el soporte de la carriola―, los trescientos sesenta y cinco días del año, desde los trece. El tiempo es dinero, así que lárgate…

― Mira, sé que iniciamos con el pie derecho, aunque fue tu culpa, por estafarme ―objeto la Houki, mientras sacaba la foto del desaparecido―. Este rubio parecía ser adepto de tus clandestinos productos ¿lo conoces?

― Yo conozco a todo el mundo, boba ―argumentó el pelirrojo―, pero no pienses que te diré algo de lo que yo sepa, como todos aquí, tengo códigos…

La pelinegra, al ver que tardaría en disuadirlo, y lo que menos tenia era tiempo. Soltó un suspiro de resignación.

― Bien, haremos esto a tu modo.

En un pestañeo, la Houki puso un inmovilizador a una de las cuatro llantas de la carriola que llevaba el pelirrojo.

Antes de que este pudiese protestar, siguió con su plan.

― Señor Gaara, está arrestado…

― ¿Puedo saber el por qué? ―resopló con gracia y sarcástico, mientras apoyaba su mentón en una mano―. Herir tus sentimientos no es una opción válida…

― Por evasión de impuesto, claro.

Los ojos del pelirrojo, que hasta el momento se encontraban entreabiertos a modo de relajo, se abrieron de forma casi espontanea al escuchar esas palabras.

― Si, trescientos dólares al día, por trescientos sesenta y cinco al año, desde los trece, es decir una década ¿no? A no ser que seas más viejo… ―recitó mientras hacía operaciones en su libreta―, hacen un total de un millón, noventa y cinco mil dólares, ya sabes, a nosotros los pelinegros nos gusta la multiplicación, somos buenos sacando cuentas… y veamos ―sacó una copia de registro de impuesto― en este registro que encontré a tu nombre, reportaste que tienes declarado una importante suma de… cero. No sé si lo sepas, pero mentir en un documento federal es un delito mayor que se castiga con… ―sacó su libro de actas con información referente―, hasta diez años de cárcel.

― Es mi palabra contra la tuya, cuatrojos ―refutó el rojizo, tratando de mantener esta vez el, la compostura.

Pero, cuatrojos lo interrumpió, levantando su lapicera.

"Gano trescientos billetes al día, los trescientos sesenta y cinco días del año, desde los trece"

Se escuchó desde la grabadora incorporada que tenía su lapicero.

― De hecho, es tu palabra contra la tuya ―prosiguió hablando ella, al ver que lo tenía acorralado―, te daré la grabación si me ayudas a ubicar al individuo de la foto que te mostré, o solo venderás tus postres helados en prisión a partir de ahora… es una treta, tooorpe ―finalizó diciendo, mientras imitaba su gruesa voz a modo de burla.

Gaara se quedó en silencio.

En todos esos años, jamás la había fregado tanto.

― Estas atrapado jajaja ―rompió el breve silencio, su acompañante de la carriola, el cual se había mantenido callado hasta ahora, para salir de esta y empezar a caminar lejos de ellos―, caíste en su juego. Yo me largo a dormir a la camioneta, que te diviertas, viejo.

Shinki desapareció riendo, de la vista de ambos.

― Te escucho ―agregó Shijima, mientras lo miraba con una expresión de triunfo dibujada en su rostro.

FIN DEL CAPITULO.