Día 22: ¡No es lo que parece!


Era un día soleado y caluroso en la Sociedad de Almas. En los campos de entrenamiento se escuchaba el entrechocar de dos espadas.

-¡Mierda! -el grito resonó por sobre el eco de la batalla.

Ichigo cayó al suelo, cubriéndose la cara con las manos.

Rukia corrió a su lado, preocupada.

-¡Lo siento! No medí mi fuerza... déjame ver...

El pelinaranja se destapó el rostro a regañadientes, dejando a la vista un corte bastante profundo en la mejilla.

La shinigami se apresuró a rozar con sus manos cargadas de kido curativo la herida de su amigo. Con el ceño fruncido, concentrada como estaba, acabó por acercarse mucho a la cara de Ichigo.

En esa posición los encontró Renji.

-¡Eh, idiota! ¿¡Qué crees que le estás haciendo a Rukia!?

La nombrada pegó un brinco al escuchar su voz, y se alejó del sustituto lo más rápido posible.

-Renji, no es lo que estás...

-Cállate Rukia, el desgraciado va a pagar...

La pelinegra impidió que siguiera avanzando. Ichigo lo miraba con el ceño fruncido, confundido.

-No lo protejas, Kuchiki, yo vi muy bien como te tenía.

La teniente suspiró.

-Estás imaginándote cosas, sólo le estaba curando una herida en la mejilla.

El pelirrojo dejó de forcejear con ella, y la miró.

-No es verdad...

-¡Claro que si! Ichigo, muéstrale.

El mencionado rodó los ojos, y apartó la mano de su aún sangrante rostro.

Renji, reticente de creerle a sus amigos, lo observó durante unos segundos, y acabó por alejarse un paso, sonriendo de medio lado.

-Menos mal no fue lo que me pareció ver. Rukia, tu aún eres muy pequeña como para andar metiéndote con hombres...

Ella lo miró con dureza.

-No tienes ningún derecho a controlarme, idiota.

El pelirrojo rió.

-Puede que yo no, sólo estoy reemplazando a tu hermano mientras no está presente. Tienen suerte que haya aparecido yo, y no el capitán Kuchiki.

Ichigo palideció ante el pensamiento de un Byakuya furioso. Quiso reclamar, pero un punzante dolor en su mejilla se lo impidió.

Al escuchar su quejido de dolor, Rukia volvió a agacharse a su lado, y retomó la labor de curación, esta vez con Renji conversando animadamente a su lado.

Una vez que Ichigo pudo mover la boca sin dolor, se levantaron y se encaminaron hacia la mansión Kuchiki, donde almorzaron juntos. Luego, cada uno fue a cumplir con su trabajo en los escuadrones.

Pasadas unas horas, Ichigo acabó de recorrer el Rukongai, y se dirigió hacia las oficinas del décimotercer escuadrón. Pidió permiso para entrar en la salita que Ukitake y Rukia compartían para trabajar, y, para su gusto, se encontró a la pelinegra.

Ella inmediatamente le pidió ayuda con una informes que estaba rellenando.

El sustituto se ubicó detrás de su silla, y se inclinó, dejando sus cabezas muy cerca, para leer el artículo.

-Enana, esto no puede estar costándote -le dijo, burlón-. Es uy simple, sólo debes escribir quienes participaron en esa misión y cual fue el cometido.

La teniente bufó.

-Es fácil cuando no llevas escribiendo treinta de estos mismos toda la tarde.

Ichigo sonrió, pero no le respondió. Se limitó a quitarle el lápiz de las manos, inclinarse más sobre ella para poder escribir en el papel.

Y por segunda vez en el día, la suerte les hizo una jugarreta.

La puerta de la oficina se abrió rápidamente, y el capitán del escuadrón entró en el lugar, fijándose inmediatamente en como los brazos de Ichigo rodeaban a su teniente, quien se veía muy cómoda.

-Disculpen, no queía interrumpir su escena romántica... -retrocedió y fue a cerrar la puerta-. Para la próxima asegúrense de hacerlo en un lugar donde no los molesten -Ukitatke les guiñó un ojo, y dejó la estancia, cerrando la puerta suavemente tras de sí.

-¡No, capitán! -Rukia reaccionó, y corrió hacia la entrada, abriendo la puerta-. ¡No es lo que usted está pensando!

El pelibanco volteó a verla, y le sonrió amablemente.

-No te preocupes, Kuchiki-san, yo tmabién fui joven, los comprendo perfectamente -y con esas palabras, se alejó de las oficinas, tarareando una canción.

Rukia se quedó de piedra, procesando lo dicho por su capitán.

Ichigo se asomó a mirar por detrás de su cabeza, curioso.

-Parece que todos nos están malinterpretando hoy...

-¡Tú cállate, que esto es tu culpa!

-¡¿Mía?! ¡Fuiste tú la que me pidió ayuda!

-Sí, pero no tenías por qué inclinarte de esa manera sobre mí, yo que soy una pobre damisela indefensa -comenzó a usar una voz aguda que sabía que el chico odiaba.

-¡Ya cállate!

-Oh, Kurosaki-kun, me ofendes...

-¡Cállate!

Discutiendo, caminaron juntos lejos de las oficinas, tomándose un pequeño descanso del trabajo.

Tan enfrascados se hallaban en su debate, que se detuvieron en la mitad de un camino, gritándose con las caras a pocos centímetros la una de la otra.

Y nuevamente, el azar hizo de las suyas.

En el instante en el cual se quedaron callados, simplemente mirándose enojados, apareció Kuchiki Byakuya en compañía de su teniente.

La famosa pareja de shinigamis dejó su duelo visual al sentir un poderosísimo reiatsu elevarse. Miraron con miedo a un lado, y allí lo vieron.

Con el rostro inexpresivo y un aura asesina, el capitán del sexto escuadrón miraba fijamente a Ichigo.

-Nii-sama -Rukia intentó explicarle a su hermano la situación, pero en enos de una fracción de segundo, el pelinaranja y el noble ya no se encontraban allí.

La pelinegra escuchó una risa socarrona detrás de sí.

-No es chistoso, Renji.

-Claro que si, tu hermano asesinará a Ichigo por un malentendido.

-¿Eso te parece gracioso?

-Por supuesto, ¿a ti no?

Rukia no respondió, sólo volteó a mirar por donde habían desaparecido los shinigamis usando shumpo, rezando por que su amigo no resultase herido de gravedad.

-¿Sabes qué más es gracioso? -la voz de Renji interrumpió el silencio.

La teniente se encogió de hombros.

-Que te guste Ichigo.

Rukia miró al pelirrojo escandalizada.

-¿Que demonios estás diciendo, Renji?

-¿Me lo vas a negar?

-¡Sólo somos amigos!

El pelirrojo bufó.

-No intentes ocultarlo, eres demasiado evidente, Rukia. Es obvio que te atrae ese idiota.

-¡Claro que no! Somos muy cercanos, pero como amigos, yo no siento nada...

-Eres pésima mintiendo -el teniente del sexto escuadrón la interrumpió-. Pero no te preocupes, yo ya sé toda la verdad, y no te voy a forzar a contármela.

Rukia, fastidiada, no respondió.

-Así que tomaré mi rol de hermano mayor...

-Tenemos la misma edad, imbécil.

-Pero yo soy más alto -mirada asesina de parte de la pelinegra-. Como iba diciendo, cumpliré con mi rol de hermano mayor, y te explicaré todo lo que debes saber sobre el amor...

-¿Tú? ¿Enseñarme sobre el amor? Las dos relaciones que has tenido han acabado horrible, Renji.

-Bueno, pero siguen siendo dos relaciones, Tu no has tenido ninguna.

La shinigami bufó.

-Ya deja de quejarte, voy a explicarte primero que son esas mariposas que sientes en el estómago cuando estás con la zanahoria esa.

-¡Yo no siento ninguna cosa!

-Ya, claro...

Y así, mientras el protagonista de su conversación huía desesperado de un hermano sobreprotector, los amigos tuvieron su charla sobre el amor, uno de ellos muy desenvuelto y creyéndose experto en la materia y la otra incómoda, negando constantemente el estar enamorada, incluso si secretamente agradecía los vagos consejos que su amigo de infancia le ofrecía.


¡Chan! Hacía falta un capítulo más ligero y simpático, ya me estaba poniendo muy depresiva.

Agradezco de todo corazón a las personitas maravillosas que me comentan, me alegran la hora, el día y la semana. Apenas me haga un tiempo, me dedicaré a contestar todos y cada uno de los reviews.

¡Nos leemos mañana!

¡Namarië!