Día 23: Propuesta de matrimonio.


Ichigo jugueteaba con la cajita escondida en su bolsillo.

Le había estado dando vueltas al asunto durante meses, y finalmente se había decidido a hacerlo.

Se encontraban en su departamento en el Mundo Humano, cenando con Rukia, con quien ya llevaba tres años en una relación formal.

La observó unos segundos. Miraba absorta por la ventana, masticando los fideos que su novio había preparado. En su rostro se reflejaba la brillante luz del ocaso.

Ichigo tomó aire profundamente y se llenó de coraje. Se pasó la lengua por los labios, nervioso, y cuando abrió la boca para hacer la pregunta definitiva...

-Si.

Él la miró extrañado.

-¿Si qué?

-Que si acepto -le respondió, mirándolo con una media sonrisa burlona.

-¿Cómo... -se interrumpió a sí mismo. No valía la pena preguntar. Con el tiempo habían adquirido la habilidad de saber lo que el otro estaba pensando

-Ponme ya el maldito anillo-dijo la pelinegra sonriendo-. Quiero seguir comiendo.

Ichigo suspiró, divertido.

-Tú si que sabes como arruinar los momentos románticos, enana.

Ella se encogió de hombros para luego entregarle su mano. Ichigo sacó el delgado anillo de la cajita y lo deslizó por su dedo.

-Lo que pasa es que tu eres demasiado evidente, zanahoria. Me invitaste a cenar cuando me pediste que fuera tu novia, e hiciste exactamente la misma comida.

El pelinaranja se sonrojó.

-Cállate.

Rukia rió, y lo besó fugazmente en la mejilla para luego volver a enfocarse de lleno en su plato.

Ichigo rodó los ojos e imitó su acción, sonriendo.


Corto, pero tal cual me imagino que sería una propuesta de matrimonio entre los dos; intentando ser románticos, fracasando totalmente y acabar siendo precisos y objetivos, aunque con un toque de dulzura.

Y pues nada, nos estamos leyendo mañana.

¡Namarië!