Cuando tenía 12 años se trasladaron a Francia y pasó al menos 5 años en la ciudad de la luz, París. Lo que nunca espero fue volver a Estados Unidos, específicamente a Westerville.
Sin embargo el trabajo de su padre lo requería. Fue por eso que comenzó sus últimos años de secundaria en la Academia Dalton. A su parecer un lugar demasiado estructurado, pero no menos acogedor.
Su primer día fue de adaptación. Lo más extraño fue la asignación de habitaciones, porque tuvo que aceptar que su compañero de cuarto estuviera obsesionado con el ejercicio. Aunque parecía más un psicópata.
-No quiero interrumpir. Pero quería presentarme-dijo de pie delante del muchacho que debía tener su edad y en ese instante hacia lagartijas.
-Disculpa-dijo recién reparando en su presencia-no te vi entrar-se levantó del suelo y fue al baño, lavó sus manos y cuando volvió lo miró de pies a cabeza-soy Hunter Clarington, me traslade hace dos semanas de la escuela militar. Estoy postulando para capitán de los Warblers, el coro de la Academia-luego tendió su mano para saludar.
-Un gusto-dijo estrechando la mano del rubio-Sebastián Smythe, nací y me crié en Ohio, pero he vivido los últimos cinco años en Francia. Mi padre es el fiscal del Estado.
Y sin saberlo había descubierto a su mejor amigo. El que estaría en las buenas, en las malas y cuando hiciera cualquier travesura.
-Insisto-dijo Hunter con la voz agitada y corriendo a la habitación que compartían-si fuera gay, definitivamente, esto sería parte de nuestras historias como un viejo matrimonio muy bueno.
Sebastián logró abrir la puerta y cuando ambos ingresaron abrazo al rubio con fuerza.
-Solo aclarame por qué no te he besado y convencido de que como pareja seríamos mejor que amigos.
-Solo porque no te atreves a destruir esto que tenemos-murmuró abrazandolo mientras notaba un poco de pintura verde en sus ropas.
Esa había sido una de sus tantas travesuras que no tendrían castigo, a pesar del desastre provocado. Sin embargo, día y noche el oso de felpa seguía en el escritorio de Sebastián, como un recordatorio.
-No porque lo mires te dará respuestas-dijo el castaño notando que su amigo lo miraba desde la cama donde ambos estaban acostados, abrazados.
-Me gustaría saber cuándo buscaras a su dueño. Porque supongo que no lo conoces-dijo mirándolo directamente y alzando una ceja.
-No tengo que buscarlo. Lo conozco y creo que me odia.
-Eso lo complica un poco. Pensando que la mitad de Ohio no nos aprecia mucho.
-No sé por qué lo guardo. Él está enamorado y simplemente soy una mala persona en su vida.
-Solo me haces pensar que Kurt Hummel es el dueño de ese pequeño monstruo que en cualquier momento cobrará vida. Hay veces que creo que nos mira.
-Es un oso voyerista-susurro sin negar lo dicho por Hunter.
-Entonces, es él-dijo suave y sintió como Sebastián se abrazaba un poco más a él.
Sólo los acompañó el silencio en los siguientes minutos. Tiempo en el que el castaño se durmió, sin notar que aún estaba vestido y que su amigo lo cambiaría de ropa y llevaría a la cama como cada noche que terminaban hablando del condenado oso.
Sin embargo, Hunter al fin tenía un nombre para investigar.
