Ellos se pertenecen.
Con esas simples palabras Hunter Clarington había acabado con la tranquilidad que había tenido su relación con Kurt. Aunque su subconsciente le insistía que él mismo había sido el responsable.
-Ellos no se soportan y Kurt no es infiel con…
-No he dicho nada de infidelidades. Sólo que Smythe y Hummel se pertenecen. Que de un modo están destinados-sonrió abiertamente, dispuesto a confirmar lo que le había dicho una muy buena fuente.
-Sebastian lo odia. Sólo quería meterse en mi cama.
-Era su modo de llamar su atención. Aunque ahora que he confirmado que le fuiste infiel a Hummel, no veo razón para que Smythe no tenga posibilidad.
-Kurt le va a tirar la puerta en la cara.
-No tienes idea de nada. Pero ya no estas en derecho de opinar, después de todo las infidelidades no son fáciles de olvidar-dijo con una sonrisa y terminando su café.
Tal vez no estaba destinado al amor y todas esas fantasías. Por algo Blaine le había sido infiel, seguramente era tan horrible como siempre creyó. Se sentía triste y agotado, por lo que cuando tocaron a la puerta sintió que era su castigo por haberse portado mal en otra vida.
Suspiro cansado y se levantó a abrir. Sólo era un muchacho que apenas tendría un par de años más que él. Era un mensajero tenía una caja azul con un moño rojo. A su parecer, los colores de Dalton.
-Hola, le envían este paquete a Kurt Hummel.
-Soy yo-susurrando mientras daba por hecho que era de Blaine.
-Firme aquí-dijo entregando un formulario, el paquete y un sobre-que tenga un buen día.
Miró el sobre que llevaba su nombre con una preciosa caligrafía. Llegó hasta el sillón del departamento que compartía con Rachel en Nueva York. Sin embargo, se dio cuenta que no era Blaine quien le enviaba eso, no era su letra.
Kurt
Creo que es tiempo de que abras la caja y veas su contenido. Eso antes de leer lo siguiente.
Hizo lo pedido. Desató el moño y saco la tapa. Adentro había un oso de felpa con un pañuelo celeste alrededor de su cuello, junto a él venían dos frascos de perfume de mujer.
-Imposible-susurró con sus ojos llenos de lágrimas y mirando al oso que estaba limpio y aún conservaba el aroma de su madre. Lo miro por todas partes y lucía tan nuevo como cuando se lo regalaron, no tenía cambios a pesar de los años que pasaron. Siempre pensó que no lo volvería a ver. Luego de algunos minutos de llorar junto al peluche, decidió revisar los frascos de perfume y se dio cuenta de que era el aroma que su madre utilizaba, el mismo del pañuelo. Por lo que decidió seguir leyendo.
Este pequeño fue encontrado a las afueras del auditorio escolar de la primaria de Lima hace 12 años. Había ido a las audiciones para Peter Pan, pero a pesar de mis esfuerzos quedó otro niño (aún lo odio, por eso y tantas más). Sin embargo, ese día me llamó la atención un niño de mi misma edad, cabello castaño y ojos azules, él audicionó, pero olvidó lo que tenía que decir, por lo que no quedó. Me acerqué para que no estuviera triste y nuevamente el otro niño me volvio a quitar algo que quería. Él llamó su atención y le sonrió.
Me iba a ir, pero vi que tiraste tu peluche y que ni tu padre notó que había sido abandonado en las escaleras del lugar. Lo recogí, pero ya se habían ido.
Por eso lo guarde y atesore durante tantos años. Siempre buscándote y cuando te encontré no me atreví a dártelo, porque ya me odiabas. Por eso, me enteré de lo que te hizo Blaine y decidí que él tenía que acompañarte.
Bien, ahora van las instrucciones.
Este condenado decidió que podía darse baños una vez al mes, un día decidí que se bañara una vez cada dos semanas. Se puso furioso y no me hablo en meses. Así que debes darle un baño la última semana de cada mes. Por la fecha, ya recibió su baño. Así que en un mes más le corresponde.
También debes lavar su pañuelo y aplicar el perfume. Pero sólo dos aplicaciones, porque un día le di tres y no me hablo por unas semanas. Realmente puede ser un idiota. Por eso mi mejor amigo le puso mi nombre. A veces le dice el oso Sebastián y en otras el demonio Smythe. Insufrible.
Kurt, si llegaste a esta parte de la carta, ya sabrás quien soy. No he tenido la oportunidad de conocerte y me gustaría realmente. Sé que tienes una mala impresión de mi, pero no soy malo. Sólo…
Lamento como comenzamos, me gustaría que pudiéramos hablar y arreglar las cosas. Si decides darme esa oportunidad, estaré en Tiffany's desayunando mañana a las 9. Si no quieres eso, siempre puedes enviarme un mensaje. Al final de la carta va mi teléfono.
Espero haberte sacado una sonrisa. Me gustaría que estés bien, estoy para lo que necesites.
Sebastián Smythe
