Gracias por sus comentarios. Espero les siga gustando.


Se sentía nervioso. Se sentía imbécil al haber hecho caso a la idea de Hummel y Clarington. Porque ahora estaba sentado en uno de los banquillos de madera del pasillo junto a la sala donde el profesor hablaría con cada alumno, sin embargo, ahí todos sus compañeros fueron junto a sus abogados o sus padres que eran abogados. Al parecer fue el único que fue solo a defenderse.

-Buenos días-dijo el profesor saliendo al pasillo y mirando a cada persona-¿quién vino sin un abogado o sus padres?-ante la pregunta sólo Sebastián alzó la mano.

El resto de sus compañeros sólo lo miró con una mueca de superioridad y sonrisas de burla.

-Sebastian, por favor acompañame-dijo ingresando nuevamente al salón de clases. Se puso de pie y escuchó más de una burla hacia su persona, más de uno dijo el marica que no es apoyado por sus padres. Sólo quiso voltear y cerrarles la boca de un puñetazo, sabía que no era el más popular, pero tampoco creyó que lo odiaban a ese nivel.

Luego de los segundos que tardó en ingresar al salón de clases fue que sintió como sus piernas temblaban. Se sentía cohibido y con miedo a fallar y defraudar a sus padres. Le dolían las manos por la fuerza con la que sujetaba su mochila en su hombro derecho. Realmente no servía para las situaciones de presión ¿qué hacía estudiando derecho? ¿por qué no fue por el canto o actuación como sus amigos? Porque eres un maldito masoquista, dijo su consciencia con la misma voz de Hunter.

Una vez estuvieron solos sintió cómo su estómago se apretaba y dolía. Se sentó donde le indicó el profesor y dejó su mochila en el suelo, iba vestido con un traje azul marino y una corbata roja.

-Bien. Quiero saber qué tienes que decir sobre el examen en el que copiaste-dijo buscando el documento mientras el castaño se ponía de pie para responder. ¡Él jamás había copiado! Ni en las ocasiones en que no había estudiado se le había ocurrido hacerlo.

-Lo primero, señor Stevens, le agradezco la oportunidad que me da de defender mi examen-dijo usando la diplomacia sugerida por Hunter- Y lo segundo, pregunte lo que usted quiera de la materia y sabré responder porque me prepare semanas para el examen y así se dará cuenta de que no copie.

Sólo vio como el hombre sonreía y luego le entregaba un papel.

-Sebastian, eres el primer alumno en todos mis años como profesor que logra pasar el examen con la nota máxima y que además, al acusarlo falsamente de copiar vino solo a defenderse-veía la cara de sorpresa del castaño y continuó-sé que jamás copiarias, eres un buen estudiante y serás un mejor abogado. Nos vemos el próximo semestre-dijo estrechando su mano y fue en ese momento que liberó el aire contenido.

-Muchas gracias señor-dijo con una sonrisa.

-Lo que sí. Jamás debes contar esta prueba a nadie, es confidencial. Incluso muchos de los abogados allá afuera saben lo que pasará porque estuvieron en esta situación, voy a reprobar a sus representados, porque esto es una Universidad, no un juicio.

-Señor, muchas gracias-dijo mucho más aliviado.

-Por cierto ¿quien es tu padre?-dijo sacando un sobre de uno de sus cajones.

-Steve Smythe, fiscal de Ohio.

-Gran coincidencia. Hace unos años él me dijo que si tenía un hijo lo haría estudiar derecho y que él no necesitaría abogado en caso de estar en esta circunstancia. Le dije que si eso sucedía iba a devolverle algo. Por eso siempre lo tengo conmigo-dijo extendiendo un sobre-dale mis saludos.

-Sí, señor-dijo guardándolo en su mochila y saliendo del lugar. Se fue casi corriendo por el pasillo, tenía que abordar un tren y no tenía tiempo que perder, ni siquiera un minuto para observar como el resto fracasa.

Cuando llegó a la salida de la Universidad estaban Hunter, Marley y Kurt esperando. Se detuvo e intentó recuperarse de lo que había estado corriendo. Luego de unos segundos bajó los escalones que los separaban y se acercó a la chica, tomando su mano y besandola.

-Afortunados los ojos que te ven, gracias por estar aquí-dijo viendo el rubor en el rostro de Marley-por favor avisa al imbécil de tu novio que me voy a Westerville y que no lo llamaré.

-Asumo que pasaste el examen, lo digo para estar coqueteando con mi novia-dijo Hunter tratando de interponerse, pero fue ignorado por ambos.

-Yo quiero que me llames-dijo la castaña seriamente-que me digas cómo sigue tu mamá, tienes mi número y estoy disponible a la hora que me necesites-dijo depositando un beso en la mejilla del castaño y haciéndolo sonrojar.

-Lo haré-dijo apartándose de ellos y caminando a tomar un taxi. No necesitaba más despedida que esa.

-Sebastian-dijo Kurt tratando de detenerlo. Al instante el castaño se giró y lo enfrentó. Aunque se preguntó si ese había sido su mejor movimiento, porque el maldito de Hummel se veía demasiado bien esa mañana, como si se hubiese preparado para destacar. Aunque tenía que recordar que destacaba aunque se pusiera una bolsa de basura como toda vestimenta.

-Qué te hace creer que te necesito ahora, cuando te brinde mi amistad sólo obtuve silencio. No intentes estar como mi amigo Hummel, porque no eres algo ni remotamente cercano a eso-dijo de golpe sorprendiendo a todos los presentes. Luego de un momento, en el que se sostuvieron la mirada fue que Kurt se atrevió a contestar.

-Bien. Lo acepto, pero toma, es un regalo de felicitaciones. Por haber logrado tu defensa-dijo extendiendo una bolsa de regalo.

Kurt había creído en él. Lo pensaba tan bueno como para lograr superar ese reto en la Universidad, y sin saberlo eso le calentó el pecho.

A los segundos se detuvo un taxi y se marchó en él. Necesitaba ir rápido donde su madre, cada segundo era valioso. Aunque ver a Kurt, a través del vidrio por unos breves segundos, le hizo preguntarse por qué no aceptaba de inmediato todo lo que había querido ofrecer. Pero lo olvidó al notar que si el taxista no se apresuraba perdería el tren a Westerville.

En cuanto llegó a la estación y pudo abordar el tren que lo llevaría de vuelta a Ohio fue que decidió abrir el regalo. Era una bufanda cuadrille en tonos azul marino y rojo. Ya descubriría si Hunter abrió la boca y le dijo de su amor por las bufandas, hasta entonces disfrutaria del calor que le proporcionaba la tela que ajustó a su cuello.

Cuando faltaba una hora para llegar fue que sintió vibrar su teléfono. Sólo lo había sacado para mirar la hora, porque prefería dormir en lo que duraba el viaje y reservar la batería en caso de emergencia.

Por eso dudo en revisar el mensaje que venía de un número que se había vuelto conocido en el último tiempo.

Si necesitas ayuda de algún tipo no dudes en llamar y si no quieres hablar conmigo, te envío la dirección de mi padre. Él sabe de buenos consejos y no dudará en ayudarte.

No respondió, pero internamente agradeció el gesto de Kurt, el maldito intentaba acercarse. Pero no se las pondría fácil, en ningún caso su regalo y mensaje había removido su corazón. Al menos eso quería creer.