Dalton. Sus días en la Academia eran más amables, menos duros. No tan del demonio como cuando tiene a su mejor amigo en estado de coma.
Aún recordaba esos momentos en los que con Hunter hacían travesuras e iban a esconderse en su habitación, dándose abrazos interminables y prometiendo cosas al otro como si realmente fuesen un viejo matrimonio muy bien constituido.
-No es sano-dijo Adam preparando el desayuno. Ya iban tres meses desde el accidente y el rubio decidió quedarse hasta que tuvieran buenas noticias de su primo.
-Lo sé. Pero no tener amigos me facilita las cosas. Puedo estudiar mientras estoy con Hunter en la clínica.
-Te vas a enfermar-replicó sirviendo el café y poniendo tostadas y unos huevos en la mesa.
-Si me sigues alimentando así, claro que voy a enfermar-dijo con una sonrisa y vio un mensaje ingresar a su teléfono-perdón Adam-dijo poniéndose de pie y el rubio tomó el teléfono al ver la impotencia en sus ojos.
-Esto no es justo-dijo leyendo el mensaje que Marley le enviaba.
Déjame en paz. Estoy en mi propia batalla, no creas que Hunter es el único que está luchando.
Sebastián lo único que había preguntado era si iría a ver a Hunter, pregunta que hacía todos los días y era respondida igual de mal.
-No te desgastes, ella tendrá que darle explicaciones a Hunter cuando despierte, tu sólo preocupate de ser el alumno estrella de la clase-le dijo rodeando la mesa y abrazandolo, fue en ese momento que lo sintió temblar y a los segundos el llanto que no había soltado en esos tres meses comenzó a embargar al castaño, incluso Adam sintió como sus propias lágrimas bajaban.
Se mantuvieron así algunos minutos, hasta que el teléfono comenzó a vibrar y se separaron, al ver el número contestó de inmediato.
-Habla Sebastián Smythe-dijo escuchando el saludo del otro lado-voy saliendo para allá.
Al minuto siguiente él y Adam salieron a la clínica. Algo había ocurrido con Hunter.
Sin embargo, jamás esperaron encontrar a los padres del rubio y a los suyos en la clínica, exigiendo algo que él no estaba dispuesto a ejecutar.
-Es mi hijo y yo decido lo que se hace-dijo Charlotte ataviada en un ajustado vestido y como nunca agradeció que el médico de cabecera fuese gay.
-Disculpe, señora-se aproximó Sebastián seriamente-quien lo ingresó fui yo y en estos tres meses ninguno se dignó a venir a verlo ¡no fueron capaces de llamar!-dijo furioso y atrayendo la atención de los presentes.
-Te recuerdo que yo pago la clínica y si mi hijo no va a ser productivo, no le veo razón para alargar su existencia-dijo la mujer como si hablara de una piedra.
-Le diré que ustedes no pagan-dijo el médico seriamente-aunque eso sólo puedo hablarlo con su tutor legal que en este caso es el señor Sebastián Smythe.
-¿Cómo que no pagamos?-dijo ella contrariada.
-Como dije, no es su asunto. Señor Smythe por favor acompáñeme- tanto Sebastián como Adam ingresaron a una oficina donde estaba otro hombre que veía por la ventana.
-Si no me doy vuelta a saludar es porque mi hijo está afuera discutiendo con su ex novio y no me puedo dar el lujo de que arme un escándalo cuando aquí trataremos un tema delicado.
-Lo mejor es no tener ex en nada-dijo Sebastián con una mueca.
-No vivos-dijo suave el hombre y consiguió reconocerlo.
-Señor Hummel-dijo con sorpresa y al instante conectó todo-Kurt-solo eso bastó para acercarse a la ventana y ver cómo el castaño y Anderson se reconciliaban con un abrazo.
-Ellos nunca estarán juntos como antes. Está todo muy dañado.
-Siempre es posible arreglar las cosas-dijo apartándose y sin ver la sonrisa del hombre.
-Señor Hummel-dijo el doctor cediéndole la palabra.
-Bien. Mi muchacho me contó lo que pasó con Hunter-dijo con una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra bajo su barbilla-todos los meses junto un dinero para donar a instituciones y así beneficiar a los que más necesitan. Por eso, voy a dar ese dinero para que Hunter se mantenga en buenas condiciones y esperemos pueda recuperarse pronto.
-Cómo sabe-susurro inquieto Sebastián.
-Kurt me contó cómo se rompió el matrimonio de tus padres y los de tu amigo. Conozco a Steven de años y él me había hablado de la familia Clarington, lamento que sólo su hijo sea un buen elemento. Por eso quiero ayudar al chico, porque sé que nadie más lo hará.
-No tengo como pagarle ahora, pero…
-No, muchacho. Sólo encárgate de devolver este favor que la vida te da.
-Lo haré-respondió mostrando su mano para que Burt la estrechara, pero él lo atrajo en un abrazo fuerte.
-Ya entiendo por qué le gustas-dijo antes de separarse y Sebastián se sonrojo. No preguntaría lo obvio.
-Bien. Debo contarles que tengo buenas noticias sobre Hunter-dijo el médico.
-Díganos-habló Adam y fue ese el momento en que Sebastián noto que su amigo había estado coqueteando con el doctor, rodó los ojos y noto que al igual que Hunter, su primo no perdía oportunidad.
-Hunter despertó-definitivamente la segunda mejor noticia del día.
