DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling

Este fic ha sido creado para el "Amigo Casi Invisible 2018" del foro "Hogwarts a través de los años"


De ataques inesperados...

El veintinueve de noviembre, Astoria Greengrass cumplía dieciséis años. Habíamos arreglado una pequeña fiesta para ella, invitando a distintos amigos suyos a celebrarlo. Bien, más que habíamos, Daphne y Pansy habían. Y yo era uno de los invitados. Por más que intenté declinar la oferta, Theodore insistió incluso cuando estaba en el baño y por evitar una pelea con Daphne -y su temible carácter- acepté.

La fiesta era formal y se celebraba en la Sala de los Menesteres, a fin de no tener visitas indeseadas. Teníamos que llegar allí antes, y cuando estuviéramos todos Daphne llegaría con Astoria. Y el plan fue según lo previsto; Astoria iba vestida con un bonito vestido que le llegaba a las rodillas y una sonrisa que iluminaba su cara. La hacía relucir como nadie en la habitación.

La música empezó a sonar y opté por quedarme a un lado de la sala. Con una copa de vino de elfo en la mano observaba el panorama, esperando que la cumpleañera se quedará sola. Desde la conversación sobre el juicio había optado por separarme de ella, y no había cruzado más que un par de saludos. Era lo mejor que podía hacer.

—No esperaba que vinieras a la fiesta —dijo con voz alegre desde mi espalda.

—¡Greengrass!

—Gracias por haber venido, por cierto.

—Te quería dar esto —le alargué un paquete que traía en un bolsillo. —No todos los días se cumplen los dieciséis, supongo que te falta solo uno para poder disfrutar de verdad.

Era un estuche rectangular, de color verde, con un collar dentro; una esmeralda tallada finamente colgada en una cadena de plata . Astoria sonrió, removiendo mis tripas. Lo sacó mirándolo detenidamente y una vez repasado, me lo tendió para que se lo pusiera. Su piel estaba fría, como si la masa de cuerpos allí presente no afectará a su temperatura.

—Gracias, es precioso —murmuró. Entonces empezó a sonar una balada. Ella se balanceó un poco antes de volver a fijar era mirada verde en mí. Una pequeña sonrisa adornándola.

—¿Bailas?

En la mayoría de casos hubiera dicho que no, pero ella era capaz de poner mil excusas para conseguir lo que quisiera. Así que tomé su mano cortesmente y la llevé a la pista de baile, antes de que me pudiera convencer de más. Nunca había sido mal bailarín, pero tuvo que ser ella la que nos guiara para no chocar contra otros. Su pelo estaba recogido en un moño, dejando sus hombros blancos totalmente visibles; pero mis ojos estaban fijos en sus sonrisa. Tenía que alejarme de algún modo antes de que cayera.

Entonces sucedió; la sensación de asfixia tardó dos segundos en aparecer. La bilis me subía por el cuello, y salí de la sala; corriendo tanto como pude. Llegué a una de las aulas inutilizadas del séptimo piso. Cuando no pude más, vacié todo el contenido de mi estomago. La cabeza me rodaba y me sujeté a mis propias rodillas para no caer.

—Por Morgana, Draco. ¿Cómo puñetas corres tanto? —bufó Astoria detrás mío. Cuando se dio cuenta del vomito me ayudó a apartarme y a sentarme en una de las sillas cercanas. A mi aun me rodaba todo.

Sacó de un pequeño bolso un pañuelo con el que me limpió la cara y después de hecharle un Aguamenti me refrescó. Me había dejado la chaqueta en la Sala y el viento heladó que entraba por las ventanas hizo que me estremciera. Astoria me miraba con sus grandes ojos llenos de preocupación, mientras las lágrimas brotaban de mis ojos.

—Lo... lo siento.

Me envolvió con sus brazos firmemente, dejando que apoyará mi cabeza en su pecho. Me sentía como si fuera una criatura; alguien que necesitaba cuidado en todo momento. Ella empezó a cantar; debía ser una canción muggle porque no la reconocí. Pero era lenta, y los latidos de mi corazón empezaron a estabilizarse.

—Cuando era pequeña, las tormentas me dejaban helada. Empezaba a respirar muy muy fuerte y no había manera de que me calmará. Daphne venía a mi habitación y cantaba esta canción, con voz muy muy floja. Solo entonces me podía dormir tranquila —me explicó pasados cinco minutos, sentada delante de mi. Jugaba con mis manos, mientras yo la miraba fijamente.

Estaba relajada, con una pequeña chaqueta encima de sus hombros. No parecía nada preocupada por lo que acababa de pasar, y esa aura de tranquilidad parecía envolverme a mí también. Yo solo me podía fijar en sus labios.

—Besame.

—¿Qué?

—Besame.

—¿Vas borracho?

—Besame.

—Draco, no creo que...

—Besame, por favor.

FLASHBACK

—Tío, ¿te gusta?

Solo podía acordarme de los grandes ojos verdes. De los sentimientos que me despertaban, de lo confuso que me hacía sentir. De esa sensación de malestar que me salía, pero que no era como cuando tenía la asfixia. Era miedo de no llegar a ser lo que ella quería, merecía, debía tener. Astoria Greengrass, maga sangre pura, hija de una de las familias menos desestructuradas después de la guerra.

—No lo sé.

—Draco, te gusta la hermana de Daphne.

—No lo sé.

—No te lo preguntaba.

—Es obvio.

—Se te ve en la cara.

Levanté la vista de nuevo a Blaise y a Theo. Entonces vi como el primero sonreía de manera socarrona. Que hiciera eso quería decir que tenías un problema grave, grave de verdad. Zabini podía dar miedo con las ideas que se le aparecían en la mente cuando tenía esa maldita sonrisa. Theodore estaba sonriendo también, con sorna. Como si supiera lo que me pasaba por la cabeza, y como si le encantara verme en esa situación.

—Me gusta Astoria Greengrass.


ESTE REGALO ES PARA Angelito Bloodsherry

Gracias por leer.