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Aleyda Universe
Capítulo 4
No es como Antes
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Después de la boda de Greg y Espinela, ambos tórtolos deciden pasar un año fuera de Ciudad Playa y con el dinero que sobraba mas el dinero que ganaba Greg en el Auto-Lavado pudieron viajar a otra ciudad en la que se hospedaron cómodamente. Las gemas echaban de menos a Espinela que no solo era como una líder si no también como una amiga.
El año paso volando, fue cuando ambos regresaron de su viaje, las gemas no dudaron y se abalanzaron sobre ella para abrazarla, Espinela era tan fuerte que logro cargar a las tres a la vez.
—Te extraños mucho, Espinela— dice Cinita acomodando su cabello.
—Oh, yo también las extrañe mucho, tengo tanto por contarles— decía Espinela maravillada por el lugar a donde fueron.
—¿Como estuvo su viaje?— preguntó Perla calmada cruzando sus brazos.
—Fue fantástico, en esa ciudad había muchos edificios y miren lo que me hicieron ahí— Espinela busca en la maleta de Greg y saca de ahí un bello retrato en marcado.
—¡Waow que bonito!— halado Iloita acercándose al retrato —Deberíamos ponerlo arriba de la puerta.
—Que buena sugerencia Iloita— Greg estaba de acuerdo por lo que decide poner manos a la obra, se sube a la silla teniendo un clavo y martillo en la mano e introdujo en la madera el clavo de un fuerte martillazo, Espinela le alcanzo el retrato y Greg lo colgó.
—Gracias amor— Espinela le da un beso tierno en los labios y lo baja de la silla.
—Jeje, Chicas hay algo que debemos decirles— Greg se voltea a mirarla muy contento —Espinela y yo estamos planeando tener un bebé.
En ese momento, todas las gemas vieron sorprendidas a los dos, no sabían como reaccionar pero no tenían una buena impresión sobre esto al contrario, Perla volteo y golpeo tan fuerte la mesa que termino destruyéndola.
—¡No pueden tener un bebé!— gritó Perla al borde del llanto.
—¿Que? ¿Por que no?— preguntó el humano confundido por sus reacciones.
—¿Que se no lo has dicho?— preguntó Cinita a Espinela que se tomo así misma de las manos agachando la cabeza.
—¿Decirme que? No entiendo Espinela, por favor responde— pedía Greg a su esposa y la tomo de la mano.
—...Greg, hay otra cosa que debes saber de las gemas— decía Espinela y sentó a su esposo en una silla —Por favor, dejenos solos.
Las gemas asintieron pero Perla no quería irse, así que fue movida a la fuerza por Cinita e Iloita dejando desconcertado a los dos.
—¿Que otra cosa debo saber sobre las gemas? ¿Por qué Perla dijo que no podemos tener un bebé?— Greg se hacia muchas preguntas pero lo único que quería una respuesta clara.
—Ah, Greg, cuando yo este embarazada según en término humano...yo ya no podre estar en este mundo, al dar a luz dejare de existir para darle vida al ser que esta dentro de mi ya que no podremos existir a la vez— explicó Espinela muy triste.
El humano se quedo sin palabras, si tenia un hijo o hija con Espinela eso significaría que dejaría de existir, Greg la amaba tanto y no quería dejarla ir, solo tenían un año de casados y sentía que sus votos matrimoniales de "hasta el final" habían sido en vano.
—Pero, quiero tener un bebé contigo, ¡quiero tener un hijo sin importar las consecuencias!— exclamó ella con una sonrisa en su rostro, la misma que tuvo siempre desde la noche en que se conocieron.
—Querida, es muy pronto y...la verdad, yo también quiero tener un hijo contigo por lo que pensé, que tal si disfrutamos primero nuestro tiempo juntos y después tenemos a nuestro bebé ¿te parece?— preguntó Greg nervioso.
—Me parece de maravilla...— ella abrazo al humano contenta de que él respetara su decisión y entendiera pero por dentro Greg lloraba sabiendo que en cuestión de tiempo perdería el amor de su vida.
Cuatro Años Después
—¿La sentiste, Perla?— pregunta Espinela haciendo que Perla tocara su vientre que estaba crecido.
—Si, una patada...— Perla no parecía estar muy animada pero se esfuerza en sonreír para ella.
—¿Y tienen un nombre planeado para ella o él?— preguntó Iloita encima de Cinita.
—Iloita...— llama Cinita mirando seriamente —Baja.
—Ay, esta bien— Iloita se bajo y se acercó a Espinela en espera de su respuesta.
—Bueno, Greg y yo decidimos que si es niño podríamos llamarlo Steven pero si es niña, Aleyda ¿les gusta los nombres?— pregunta Espinela tocando su vientre.
—Están muy guay— admite Cinita cruzando sus brazos.
En ese momento, Greg entra por la puerta con unas bolsas, de ahí saca pañales, una lata de leche en polvo, juguetes para bebés y mantas.
—Aun me falta comprar la cuna, pero no me alcanzó para mas cosas— comentó Greg rascando su cabeza y acercándose a Espinela y tocar su vientre —¿Como te has sentido?
—Jeje, muy bien— responde ella sonriendo.
—Tal vez si no hubieras comprado tantos juguetes para bebés, te hubiera alcanzado para comprar la cuna— dijo Perla viendo los juguetes.
—Si lo se, tal vez este fin de semana le compre una— dice sin parar de acariciar el vientre de Espinela haciéndola reír.
—Ow jajaja...Greg...ugh— al instante, Espinela empieza a tener dolores insoportables —¡Me duele!
—¿¡Que!?— Greg recuesta a Espinela en la cama —Ya es...¿hora?
—S-si...— respondió Espinela y suspira con dificultad.
—¿Que? ¡Pero es muy pronto! Osea, solo pasaron nueve meses— exclamó Iloita preocupada.
—Todo estará bien, no deben preocuparse...recuerden, yo siempre estaré aquí. Chicas, se que pueden seguir...ugh, sin mi jeje, cuidense entre si y Cinita yo te dejo a cargo, se que podrás mantener al grupo unido— Espinela miro a Greg que lloraba un poco por el momento —No llores Greg, cuida bien de nuestro bebé y recuerda que te amo, a todos...
Esas fueron las ultimas palabras de Espinela antes de comenzar a brillar y dejar su forma física para dar paso a una nueva vida, todos cerraron los ojos sin querer ver lo que paso, pero un llanto llamo su atención y sin poder evitarlo abrieron los ojos, lo único que quedo sobre la cama era una hermosa niña que tenia la misma gema de Espinela en el pecho y a su lado el anillo de compromiso que le entrego Greg. No pudieron esconder sus emociones y lloraron por la perdida de Espinela sin embargo la pequeña al verlos así dejo de llorar y tomo el dedo de Greg empezando a reír.
—¿E-Eh?— Greg miro a su hija y sonrió tras secar sus lágrimas —Je...bienvenida al mundo, Aleyda.
—Uh...Espinela...— mencionó Perla volviendo a ver a la niña.
Diez Meses Después
Greg ahora se dedicaba solo a su hija, le cambiaba los pañales, jugaba con ella, se despertaba a altas horas de la madrugada para volver hacer dormir a Aleyda. Aquel anillo que una vez porto en su dedo Espinela había sido guardado para siempre en una caja fuerte.
Las gemas de vez en cuando podían cuidaban de ella, pasaban los meses pero para ellas Espinela hacia falta ya no se le escuchaba cantar en la casa o reír. Una tarde, las gemas cuidaban de Aleyda dándole muchos juguetes los cuales chupaba y mordisqueaba muy contenta.
—Jeje, Espinela da mucha risa— comentó Iloita tocando la cabeza de Aleyda.
—Iloita...ya lo hemos hablado ¿ella se llama...?— preguntó Cinita.
—Aleyda...— responde agachando la cabeza.
—¿Y Aleyda no es...?— siguió cuestionando la gema.
—No es Espinela— contestó como puchero.
Perla movía una sonaja frente a la pequeña, Aleyda estaba solo concentrada en el juguete sus ojitos se movía de acuerdo al movimiento de la sonaja hasta que el sonido de la puerta abrirse llamó su atención.
—Traje nueva ropa para ti Alayda— dijo Greg cerrando la puerta.
La pequeña estaba emocionada y extiende sus brazos para ser cargada, Greg se acerca con las bolsas y Aleyda se alejó de las gemas para saber que había dentro de las bolsas.
—¿Mas ropa? ¿que no le habías comprado ya hace un mes atrás?— preguntó Cinita sentada en la cama.
—Si pero como verán, Espinela fue muy alta y Aleyla crece rápido...oye, deja de crecer — respondió Greg acariciando la cabeza se su hija y le enseña la ropa que le compro de color rosa.
Aleyda miro con sorpresa la ropa y sin ninguna explicación comenzó a llorar, todos los presentes intentaron calmarla pero mostraba también desprecio a ese color así que ella misma se acerco a la bolsa gateando y la tiro fuera de la cama.
—Oh bien, creo que no te gusta el color rosa ¿no?— Greg recoge la bolsa y vuelve a meter la ropa que saco de ahí —Creo que podre hacer un intercambio en la tienda, todo por ti mi niña.
—...— Aleyda mueve sus labios un poco atrayendo la atención de todos —pa...pa...
—¡Aleyda! Dijiste tu primera palabra— Greg deja las bolsas caer y abraza a su hija —Anda, dilo de nuevo.
—Pa...pa— volvió a decir ella sonriendo.
—¡Esto es fantástico!— celebró Greg cargándola —Solo por eso te comprare mas juguetes y tu muñeca de sirena favorita.
Greg dejo a Aleyda con las gemas y se fue a su camioneta, las gemas miraban directo a los ojos a la bebé que sonrió con ternura, no paraba de reír y en eso su gema brillo por unos momentos sorprendiendo a Perla que cargo a la pequeña.
—¿Espinela? ¿Eres tu?— preguntó Perla moviéndola.
—Perla, ten cuidado es delicada— advierte Cinita tratando de calmar a Perla.
—Calla, Espinela esta tratando de comunicarse con nosotras pero...¡esta bebé se lo impide!— exclamó en un tono cínico que impacta a sus compañeras y asusta a Aleyda que empezó a llorar —Deja de llorar...tal vez, si la sacamos...ella vuela...
Perla acerca su mano a la gema de Aleyda e intento arrancarla sin embargo, la pequeña tomo sus manos, eso calmó a Perla que alejo su mano de ella no podiendo creer lo que estaba por hacer, ella la deja en la cama y mira a sus amigas que estaban preocupadas.
—No lo entiendo ¿Por que Espinela quiso esto? ¿Por que se fue así sin mas? ¿En que estaba pensando ella al dejarnos solas? ¡Ya nada es como antes!— Perla Azul lloraba y fue consolada por Cinita e Iloita que comprendían su dolor.
—Ella nos dijo que nunca estaríamos solas, Perla— recordó Cinita dándole un pañuelo.
—Además, ella nos dejo a cargo de algo mas importante— dice Iloita haciendo cosquillas en la pancita a Aleyda.
—Si...tienes razón— Perla Azul poco a poco se acostumbraba y empezaba a comprenderlo, sin Espinela ahora su nuevo deber era proteger de todo a Aleyda —Perdoname...
La niña solo vuelve a sonreír y le saca la lengua a Perla, la cual se río por su comportamiento gracioso, la volvió a tomar en brazos y entre si se abrazaron mientras que la bebé se quedaba dormida con una sonrisa en su rostro calmado. Al asegurarse de que estuviera bien dormida, Perla la recuesta en su cuna blanca y la cubre con su manta celeste. Cada gema le dio un beso en la frente y se la quedaron mirando para vigilarla.
