Llegó la pequeña María a la oficina de la sección Love Me, buscando a su onee-san. Nunca se esperó que también encontraría a su amado Ren-sama en ese mismo lugar, pero es que es sabido por la mitad de LME, que el lugar preferido de "descanso" de Tsuruga Ren, es la oficina de las chicas del overol rosa.

Y ahí estaba María-chan contándole a su amado actor y a su adorada onee-san como sufría con la nueva obsesión de su abuelo.

― ¡Y es que está insoportable! ― dijo la pequeña cruzando sus bracitos sobre su pecho.

―Pero, María-chan igual debe ser entretenido ponerse a buscar esas cosas― sugirió Chiori.

― ¿Y qué tal si probamos entre nosotros? ―dijo Yashiro, siempre positivo y buscando esas esquivas oportunidades que le entregaba el destino para poder emparejar a Kyōko y Ren.

Los demás presentes, lo miraron y tanto María-chan como Kyōko ―muy disimuladamente―, vieron la oportunidad de saber más del actor.

―Suena interesante― respondió Kyōko. Esa respuesta fue el enganche para Ren.

― Y dinos María-chan, ¿con qué cliché está obsesionado? ― preguntó el actor.

La niñita los miró serios y dijo solemnemente:

―Amigos de la infancia.

Varios signos de interrogación salieron de las cabezas. Sí, eran visibles.

―Se supone que el cliché es que te enamoras de tu amigo de la infancia.

―¡Oh! ― fue la involuntaria respuesta de Ren. Muy involuntaria, para su desgracia.

Todas las cabezas se giraron en su dirección. No supo si esas personas alrededor de él eran personas o velocirraptores que al menor ruido se lanzan sobre la presa, y esta vez a él le tocó serlo.

Él podía leer cada uno de esos rostros. De izquierda a derecha Amamiya Chiori se veía sorprendida, Yashiro claramente confundido, Maria-chan decepcionada y Kyōko tenía una cara espeluznante.

Porque claro, él sabía en quién pensaba Kyōko, porque no podía pensar en Corn, no señor, tenía que pensar en el bastardo de Fuwa, lo que hizo que sonriera tan falsamente que Yashiro se alarmó, Kyōko se asustó, María-chan se embobó y Chiori no entendía porqué ese hombre sonreía.

Yashiro, entendió que fue una pésima idea. Que los dioses eran unos traviesos que les gustaba jugar bromas pesadas.

Desde ese día, Yashiro odió los clichés.