Y ahí estaba Tsuruga Ren, mordiéndose la lengua. Sonriendo falsamente, mientras su pequeña kohai recibía más de una atención masculina ―a palabras de él― indeseada.
¡Es que ella es una menor de edad aún! ¿Cómo no se dan cuenta?
Pero es que claro, ese vestido largo que muestra una de sus esbeltas e interminables piernas, ese pelo y esa sonrisa, desarman a cualquiera.
Sus delicadas curvas le dan una belleza clásica.
Y sí, esa mujer― ¡No, Kuon!, esa ADOLESCENTE― haría pecar hasta un santo.
Y bueno, para el mundo del espectáculo Tsuruga Ren, es casi un santo.
En esas cavilaciones y auto flagelos mentales se encontraba, cuando a su lado llega su nuevo amigo Kijima Hidehito ofreciéndole una copa de champaña.
― ¿Torturándote amigo mio?
―No sé de qué me hablas Kijima-san― Ren recordó que Kijima es como un oso, si te haces el muerto, pasa de largo.
―Es que es cosa de mirarla, una flor rodeada de abejas.
―Moscardones― dijo Kuon, entre dientes, porque Tsuruga Ren jamás admitiría que había dicho esa insolencia.
Y Kijima soltó una sonora carcajada, haciendo que varias caras se giraran en su dirección.
―Esto es tan cliché― dijo finalmente soltando entre un suspiro ahogado de risa.
― ¿Qué cosa?― Ren estaba francamente intrigado.
―El amor ilegal por diferencia de edad―soltó sin siquiera avergonzarse―, pero tranquilo amigo― y le puso una mano en el hombro― sólo quedan cinco minutos y es mayor de edad― le guiñó un ojo y se fue.
Y ahí quedó Tsuruga Ren, esperando que esos benditos cinco minutos pasaran rápido, porque juró por lo más sagrado que fueron los cinco minutos más largos de su vida.
