Y ahí estaba el mánager del actor n ° 1 de LME llamando a la kohai de ese sujeto.

―Kyōko-chan, buenos días. Siento llamarte a esta hora tan temprano de la mañana y molestarte en tu día de descanso― decía el hombre de anteojos con la sonrisa más radiante que pueda tener alguien. Quien lo viera y escuche pensaría que este hombre odiaba a la pobre persona al otro lado de la línea.

Kyōko, la siempre gentil Kyōko respondió con la amabilidad que la caracteriza, a sabiendas que el mánager de gafas era una de las personas más confiables que podía conocer.

―Sabes, tengo un problema serio con Ren― «Oh sí, este pez ha picado el anzuelo», se dijo a si mismo, mientras que del otro lado la chica sobre reaccionaba ante esa inocente frase.

―Sí, se ha resfriado otra vez y ahora tiene un compromiso urgente, por tanto, estaré en LME reprogramando su agenda y llamando a los directores y los productores, por lo que no tendré tiempo de ir a ver en qué estado se encuentra. ― «Dios, tendré que cambiar de profesión, soy excelente actor», pensó.

Media hora más tarde, en el pasillo de un edificio de departamentos, frente a la puerta estaba una joven con una bolsa llena de analgésicos farmacéuticos y naturales en sus manos, lista para ser la enfermera nuevamente de su adorado senpai.

―¡Oh Dios, esto es tan vergonzosamente cliché! ― pensó Kyoko esperando a que la puerta se abriera luego después de haber tocado el timbre.

Avergonzada y mirando de reojo la cámara de seguridad al final del pasillo, cruzaba los dedos para el presidente nunca, ¡NUNCA!, se entere que cuidó ―otra vez― de la enfermedad de Tsuruga Ren por voluntad propia.