Takarada Lory, CEO de LME, abuelo, padre y otaku del amor, se encontraba escuchando el informe de su siempre fiel y eficiente asistente Sebastián.
¿Qué informe era éste? pues claro que era aquel respecto a lo acontecido en las cercanías del hogar de Mogami Kyōko esa noche. Sí, esa.
Sin embargo, a pesar de lo detallado del informe, Lory sentía que de algo se perdía, tenía esa sensación como cuando se te escapa el agua de las manos, por más que quieres retenerla, se te escapa.
Pero es que aquella foto que tenía entre sus dedos lo llenaba de preguntas y le daba un giro interesante a su historia de amor no ficción favorita, entre sus dos personas rotas favoritas.
La primera pregunta que anidó en su cabeza fue «¿Cuál es la verdadera relación entre Mogami-kun y el chico de Akitoki?»
Y es que el hombre no es tonto, ¡no mis queridos lectores! Takara Lory podrá ser un loco, un otaku, un extravagante, una estrella porno, pero nunca un tonto.
Y así, recordó la audición de Kyōko hace ya tiempo atrás, su repulsión a cualquier indicio de amor romántico y le llegó del cielo ― o más bien de esa muy buena cabeza lógica de empresario que tiene― una idea.
«¿Será este chico la causa?» Y luego vino otra pregunta más «¿Qué habrá sido lo que éste chico le hizo?» Sin poder evitar poner una cara extraña lo que sobresaltó a Sebastián quien seguía esperando de pie junto al gran escritorio de roble, las indicaciones de su jefe.
Es así como solicitó a su ayudante un informe detallado del cantante de la compañía rival.
Sospechaba ―y muy acertadamente―, que Ren lo sabía todo, por tanto, él también necesitaba saber. «A tus amigos debes tenerlos cerca y a tus enemigos más cerca», pensó.
«Conocimiento es poder», se dijo y aunque él fuera un excéntrico y a palabras de muchos fuera subestimado por sus peculiaridades, Lory seguía siendo un hombre de negocios y como todo hombre de negocios no había llegado a ser uno de los ―sino es que el― empresarios más importantes de la industria del entretenimiento por ser un estúpido.
―Veamos que nos puedes decir Rival-kun―dijo en voz alta con dramatismo, en cuanto sus pensamientos decía «Oh Arendelle, desentrañaré todos tus secretos y exploraré tus riquezas» mientras reía con la carcajada de un científico loco.
Porque sus rivales hace mucho tiempo aprendieron una valiosa lección, a la aguda mirada de Takarada Lory, nada se le escapa. Ni siquiera el secreto más sucio de esa chica.
