Kijima Hidejito, se encontraba bebiendo una taza de café esa mañana, mientras veía el programa de televisión donde un grupo de personas hablaban a cerca de los hábitos de las parejas.
―Una de las principales actividades que se sugiere en la terapia de parejas es que se compartan espacios juntos― dijo el experto invitado.
― ¿Eso ayuda a mejorar la comunicación? ― preguntó la entrevistadora.
―Por supuesto, compartir los horarios de comida, por ejemplo, es una buena señal de interés por pasar tiempo con el otro. Comer es una actividad íntima, familiar, de construcción y afianzamiento de lazos.
Kijima casi se ahoga con el café, soltando una sonora carcajada. Y es que al actor se le vino una sucesión de recuerdos a su mente que lo dejó muerto de la risa.
Esta consistía en una chiquilla de cabello marrón anaranjado ― aunque en su recuerdo específico fuera negro― utilizando estratagemas para que cierto actor comiera adecuadamente en los espacios libres del rodaje que compartieron hace más de 3 años.
―Ay, Tsuruga-san, ¿qué tan ciego puedes ser?― se dijo en voz alta y suspirando prosiguió en su monólogo―, si esta chica hasta te controla los horarios de comida, te prepara bentos, mira que contarme que te preparó uno como si fuera la noticia de un contrato de un millón de dólares ― decía mientras reía― ¿y dices que no te quiere? Eres un tonto Tsuruga-san.
Mientras que en la televisión el experto proseguía dando pequeños consejos de cómo mejorar una relación naciente o una que estuviera entrando en crisis.
Al otro lado de la cuidad, un recién despertado Tsuruga Ren estornudaba profusamente.
―No se si alguien se estará acordando de mí, o me estaré enfermando, otra vez.
El actor tocó su frente y sí, se estaba enfermando.
Tendría que llamar a su siempre eficiente mánager.
