No era la primera vez que se cortaba mientras cocinaba, no, ya antes había pasado. Quizás nunca con frecuencia, pero sí una que otra vez. Ella no era torpe, su habilidad en la cocina era conocida y no tendía a cometer ese tipo de errores. Sin embargo, ese hombre la distrajo.

Ella sabía que no había sido su intención. ¡Dioses, estaban interpretando un par de hermanos dudosos que vivían juntos en una habitación de hotel!

Y claro, no fue culpa de él haberse paseado por la habitación después del baño sin una playera encima, con el cabello aún mojado, lo que causaba que traviesas gotas viajaran por su increíble torso y espalda. No, no era su culpa, él jamás haría eso intencionadamente para provocarla ¿cierto?

A demás ella ya lo había visto desnudo unas cuantas veces, era su deber ir a sacarlo de la ducha cuando se demoraba mucho, pero aún no se acostumbraba ―y sinceramente creía que nunca lo haría― a verlo pasear, incluso, semidesnudo.

Esa pequeña distracción le valió un corte en su dedo índice y un suave ¡Auch!, que levantó las alarmas de su falso hermano, quien a la velocidad de la luz se teletransportó a su lado.

― Setsu, ¿Qué sucedió? ― preguntó apoyando su torso en la espalda de ella, dejando reposar su barbilla sobre su hombro, haciéndole sentir su suave y cálida respiración.

―Nada importante nii-san, sólo me corté por accidente― dijo manteniendo la calma ante la cercanía del cuerpo semidesnudo del hombre junto a ella. ―, más importante, ve por ropa, no vayas a enfermar. No quiero que retrasemos nuestra vuelta a casa ― le dijo con un tono de quien regaña a un niño pequeño.

Caín suspiró, era típico de su hermana cuidar de su salud. Miró el dedo de Setsu, e inconscientemente tomó su mano y dijo:

―No podemos dejar que ésto se infecte― ¡Que cliché! se recriminaba Kuon en su interior mientras lentamente tomaba el dedo de Setsu.

Lo introdujo en su boca, envolviéndolo en su lengua con suavidad y comenzó a lamerlo, mientras la miraba a los ojos.

Kyōko reconoció esa mirada, era el Emperador de la Noche.

«¡Tensión baja, tensión baja!» chillaba en su cabeza «No te sonrojes, no bajes la mirada, sonríe coquetamente, eres Setsu ¡Eres Setsu!» se reclamaba internamente.

―Con eso será suficiente nii-san― dijo con una sonrisa en los labios. ―, gracias por preocuparte por tu hermanita, ahora ve a vestirte ― dijo depositando un suave beso en su mejilla y empujándolo para que saliera de la cocina.

Caín suspiró y accedió finalmente a la orden de su hermana, dejándola.

Cuando Caín salió, Kyōko al fin pudo soltar la tensión mental que la tenía estresada y todo el aire que estaba conteniendo.

Llevando la mano a su pecho, no pudo detener el sonrojo que cubrió incluso sus orejas y cuello, ni el incesante cosquilleo en su dedo, ni en otras partes más sensibles.

Mientras que Caín, pensaba en que tendría que volver a ducharse, esta vez con agua fría.