Los tacones la estaban matando.
No era la primera vez que usaba tacones, pero en verdad esos de 15 cm, eran demoledores. Sus pies dolían, tenía pequeños pinchazos en la zona de la planta del pie y no paraba de mirar el reloj, para ver a qué hora terminaba la dichosa fiesta.
Y es que ser una estrella consagrada y tener que ir a esas recepciones con ropa de gala y tacones, por supuesto, se volvían una tortura tras el aparente glamour de las sedas y los brillantes flashes de las cámaras.
Su máscara, estaba resquebrajándose de a poco. Esperaba que nadie lo notara. Ya no era una novata, tenía premios de la academia, roles que la hicieron reconocida y que le valieron también su debut y consagración como actriz con buena acogida del público.
Se acercó una periodista amablemente a conversar con ella y hacer una breve nota. Ella de pie con ese hermoso vestido y ese magnífico maquillaje que la hacían lucir como una princesa. «La magia de Musa-sama» se dijo.
Cuando se fue la mujer, buscó con sus ojos rápidamente donde estaba el asiento más cercano. Llegó ahí rápidamente y se sentó disimuladamente, charlando con las otras actrices que estaban en el lugar.
Reía y charlaba con entusiasmo, lo estaba pasando fantástico, y sería mejor si no fuera por ese dolor punzante, ya no sólo en la planta de sus pies, sino que ahora lo sentía en el empeine y a veces uno que otro calambre en los dedos.
Cuando quiso ponerse de pie para marcharse, no pudo. Sonrió a sus acompañantes, inventándose una excusa que sonara creíble. O eso esperó en su mente mientras cruzaba los dedos.
Al quedarse sola, nuevamente intentó levantarse y no pudo.
Cuando después de luchar otro par de minutos, al fin pudo ponerse de pie y decidió emprender marcha, se encontró con una sonrisa burlona y una mirada amable que le dijo:
―¿Por qué caminas como bambi recién nacido Kyōko-san?
―No te burles Tsuruga-san ― le recriminó la chica.
― Es que es gracioso verte. ¿Lista para irnos señora Hizuri? ― le dijo cuando se aseguró que nadie los miraba.
―Si pudieras darme una mano, en vez de estar burlándote de mí, te lo agradecería Kuon ―le dijo
― Con mucho gusto― le respondió e inmediatamente la alzó cual princesa en dirección al ascensor más cercano.
Ellos, juraban que nadie los vio, pero esas cosas son difíciles de ocultar.
Al día siguiente, en los medios circulaba la imagen de una Kyōko-san siendo llevada al estilo princesa, por el "soltero número uno" y príncipe azul del showbizz de Japón.
