Sí, no era la primera vez que lo veía sin camisa, en realidad lo había visto desnudo, más de una vez y ese era un secreto que debía llevarse a la tumba, porque de conocerlo alguna otra persona, se volvería un escándalo de proporciones.
Y no es que sólo arruinaría la reputación de ambos si se llegaba a saber, sino que su vida se convertiría en un infierno, mediático y personal. Y ese era su mayor temor.
Por eso, cuando las dos actrices debutantes de LME se encontraron en el plató de esa hermosa playa paradisíaca, esperando que se uniera al set el actor más cotizado de Japón, Kyoko debía disimular, sí, así mismo disimular.
Disimular que nunca antes había visto o se había fijado en ese torso perfecto, en esos abdominales de infarto y en esa piel sedosa, porque también sabía que esa piel era suave y tersa. Y bajo ella, puro músculo firme y prieto. Porque sí, también lo había tocado, no una, sino varias veces.
El comentario de Kanae no ayudaba mucho, no es que estuviera celosa de que incluso su mejor amiga se haya fijado en la perfección física de su senpai, en que su cuerpo perfecto no era producto de los editores de programas computacionales, sino que era suyo, de él, de nacimiento, obra y gracia de su bendita genética. Pero ¿tenía que decirlo en voz alta y a ella?, ¿tenían las demás mujeres del set y algunos hombres mirarlo tanto? Pero no la malinterpreten, ella no ― repetía en su cabeza―, no estaba celosa.
Y ahí estaba ella, disimulando no verlo, no conocer cada uno de esos firmes músculos a un nivel antropométrico digno de un acosador, disimulaba no conocer su toque, su aroma, su calor y su sabor. Porque Kyoko también conocía eso, el sabor dulce de su piel, el aroma masculino que emanaba y la calidez de su cuerpo. ¡Y eso tampoco nadie debía saberlo!
Así que todo lo que le quedaba por hacer era, poner su mejor cara de póker, hacerse la loca y demostrar que era la mejor actriz de Japón disimulando que no estaba interesada en el glorioso cuerpo de su senpai Tsuruga Ren.
Al menos― se dijo a sí misma―, ese era el plan ¿Qué podría salir mal?
