Si alguna vez conversas en japonés con un japonés te darás cuenta de que no sólo te enfrentas a la clásica barrera lingüística y cultural de interpretación de lenguaje corporal y verbal, sino también aprenderás que los japoneses tienen un metalenguaje en su propio idioma, una especie de lenguaje telepático que sólo ellos entienden y ese código es, para Hizuri Kuon, quien vive bajo el disfraz de Tsuruga Ren, un grave problema, porque al no comprender ese código cultural, Ren logra entender las intenciones de Kyoko.
Y es que no la entiende. No tiene que ver con un prejuicio sexista, tampoco está de acuerdo con el clásico dicho machista occidental de que "a las mujeres no hay que entenderlas sino quererlas", más bien lo que sucede es que de verdad, literalmente, no comprende a Kyoko.
Sus acciones son tan confusas para Ren que simplemente ya dejó de hacerse ilusiones, porque por experiencia sabe que cualquier esperanza que tenga chocará con el gran muro de contención que es Mogami Kyoko.
El pobre ya dejó de pensar que ella pueda tener intenciones románticas. Si ella va a cuidarlo durante su resfrío, es porque se preocupa por él, pero nunca porque esté enamorada de él ― «No, error eso no va a suceder.» ―, se regaña internamente. Porque lo sabe, de mala gana lo asume y a regañadientes lo acepta. Kyoko no lo ve con ese tipo de intenciones.
Incluso, sabe que la preocupación de ella hacia él es genuina, sin embargo, radica en que sólo es su senpai y a veces ―aún no está seguro― un amigo. Pero nunca porque tenga pensamientos románticos por él ― «Eso no sucederá Kuon, resígnate y confórmate con lo que tienes.» ―, se dice a si mismo autoconvencido.
Y ahí está ese hombre ante su puerta, enamorado, pero con ilusiones desechas y rotas, porque claramente ella no podría venir a cuidarlo sin más. Eso es imposible, y obviamente ese sonrojo que asoma por las mejillas de la joven, es producto de su estado febril, vaya que 39 grados puede hacer tener alucinaciones a cualquiera, porque Kyoko no se sonrojaría por él, ¡por Dios que lo vio desnudo y ella ni pisca de vergüenza! Qué mejor recordatorio que él, para Kyoko, no existe como hombre.
Porque de algo sí está seguro y es que esa muchacha, nunca, jamás de los jamases podría estar cuidando de él porque lo ama. Sólo lo cuida porque es parte de la cortesía japonesa, porque ella es su ideal de chica japonesa.
Porque él no podría mal interpretar tanto la amabilidad japonesa de Kyoko. ¿O sí?
N/A: Gracias a todos y todas por sus reviews, he vuelto a la rutina laboral (se terminó mi licencia médica), pero seguiré actualizando a diario, sólo por eso no respondo los reviews con tanta rapidez como me gustaría.
Agradecer a los/as lectores fantasmas, gracias por seguir esta historia y por poner esta historia en sus favoritos.
Un abrazo a todas, y tranquilas que me aseguré de escribir muchos capítulos de este fic mientras estuve con licencia médica. Tenemos historia para rato.
Saludos.
