Saberse desechable, es devastador.

Ese fue el pensamiento de Kyoko al conocer los verdaderos sentimientos de quien fue la luz de sus ojos. Porque en un mundo donde no conoces el amor, ni siquiera el de tus padres, es difícil aprender a reconocer el amor en sus otras expresiones.

Es así como Kyoko puso todas sus expectativas en Sho, aquel niño al que nombró su príncipe azul, ese que en su adultez se convertiría, según ella, en su marido. Sin embargo la vida le tenía más de una enseñanza.

La primera, Sho no era un príncipe azul. Su herido corazón exigía una satisfacción, por tanto la venganza era la alternativa más segura. Ante el ansia de ver caer a aquel que la traicionó, aceptó el sacrificio a pagar por cumplir su objetivo: no caer más en el amor.

Lo que Kyoko no sabía en ese momento era que la única forma de conseguir su tan anhelada revancha, era justamente a través del amor.

Porque el amor no solo es entre una pareja que se atrae, sino que también se manifiesta a través del respeto y aceptación hacia uno mismo, porque si no sabes amarte a ti misma ¿cómo sabrás reconocer cuando te amen?

Porque amar, no significa sacrificarlo todo por un otro, sino ser capaz de reconocer que estar con ese otro te ayuda a crecer como persona. Esa fue una segunda lección que la vida le enseñó. Porque cuando se alejó de Sho, el mundo de Kyoko se expandió.

Amar no significa postergar o anularse por un otro, sino crecer en respeto, en autoestima, en confianza. Porque amar no significa aislarse del mundo por esa persona, sino todo lo contrario. Y esa fue la tercera lección que Kyoko aprendió, porque cuando dejó de estar con él, se vio rodeada de personas que la amaban desinteresadamente.

Ahí Kyoko conoció una forma muy especial de amor no romántico, porque el amor, también se exterioriza en quienes te reconocen como una persona valiosa, no por su utilidad, sino por quien eres. Como el afecto sincero que se tiene de los amigos.

La cuarta lección de muchas más que aprendió, fue que no tenía que buscar un amor ideal, que el amor de fantasía, era justamente eso, una fantasía. Las personas tienen buenas y malas rachas, problemas, conflictos, defectos y virtudes, y una relación de pareja al estar compuesta por dos seres humanos perfectibles, también tiene defectos. No se puede esperar tener una relación de cuento de hadas, porque al final es vivir con las expectativas tan altas que para cualquier humano, es imposible de cumplir. Y te frustra, te desilusiona y te hace dudar de tu propia capacidad de amar.

Porque cuando Kyoko al fin se dio cuenta de que podía amar y ser amada, y aceptada con sus defectos y virtudes, fue cuando al fin se liberó para seguir adelante.

Y aunque en algún momento de su vida, haya decidido no creer más en el amor, solo el amor la salvó.