Mogami Saena era el nombre de la madre de Kyoko. Para Takarada Lory era un nombre anónimo hasta el día en que la conoció. Y es que esa mujer era literalmente una reina de hielo.
De sólo pensar tratar de ponerse en el lugar de Kyoko, viviendo con esa persona, le daba un escalofrío que le recorría desde el nacimiento de la columna.
Las circunstancias de esa mujer, fueron difíciles de encontrar incluso para un hombre tan bien conectado como él, pero le era necesario conocer el fenómeno tan complejo que se formaba frente a sus ojos, por completo.
Es así, como llegó a saber de él, de ese hombre que jugó con un corazón y daño dos de paso. Comprendió el rechazo de la mujer hacia el nuevo oficio de su hija, pensó en cómo esa joven muchacha se estaría enfrentado a esa mujer después de aquellas palabras por televisión.
― «Ciertamente, yo no tengo hijos» ― fueron las palabras de la abogada esa noche.
Porque es un cliché de la vida diaria en la labor de crianza, tener algún tipo de conflicto entre padres e hijos, vaya que él mismo los tuvo con Kouki, su hijo, durante su época de adolescente, o el mismo Kuu con Kuon.
Sin embargo, siempre hay algunas heridas familiares más profundas que otras y más difíciles de sanar.
En ese momento, mientras sostenía el informe de Ruto-san entre sus manos, se devanaba los sesos tratando de adivinar que podía haber pasado entre madre e hija, porque el documento acerca de la salida de la joven actriz del estudio jurídico de la madre, solo le dio como pista que las cosas no salieron tan mal. Que incluso, podría haber alguna luz de esperanza para ese vínculo que nunca había existido.
