Como estrella, Tsuruga Ren, era invitado a diversos programas de televisión. Ya sea como entrevistado o como invitado especial, donde debía de participar en alguna charada para ampliar el espectro de su popularidad.

Tal como aquella vez con el suceso de la almohada de oveja, Tsuruga Ren volvió a sorprender, no sólo a sus fans, sino también a quienes no eran necesariamente sus fans, porque lo ocurrido en ese set fue tan adorable, que el hombre se echó al bolsillo ―sin intención― a buena parte de la población femenina japonesa entre 15 a 30 años, sin contar algunos hombres.

Y es que ser invitado a un programa de variedades como Yappa Kimagure Rock, donde tenía que cocinar bajo las instrucciones de un pollo gigante vestido de chef, a contra tiempo mientras competía con dos de los hermanos Ishibashi, demostrando que era un desastre en la cocina y que su compañero emplumado, bien podía ser jefe de cocina del The Savoy, era simplemente adorable.

Primero fue el problema de su particular forma de (des)trozar las verduras, su técnica "diferente" a como instruía su compañero pollo. Luego vino el turno de la descuidada y casi suicida forma de saltear las verduras destrozadas, y qué decir de la muy―demasiado quizás― particular falta de conocimiento culinario de Tsuruga Ren, que confundía el bicarbonato de sodio y la sal de mesa, con el ajo y cebolla en polvo, el cardamomo con la paprika, y obviamente que también confundió el curry con la mostaza y por favor no hablemos de la pimienta o de su accidente con el ají. Hizo que el pobre pollo ―o mejor dicho la muchacha dentro del traje de pollo― estallara de la risa ante un error que dejó al pobre actor lleno de harina, y vaya que buen humor tenían, porque junto al pollo también no sólo él, sino todos en el estudio solo atinaron a reír hasta las lágrimas.

Lo malo fue que el pobre tercer hermano Ishibashi, debía degustar los palillos preparados. Además de la desastrosa presentación, también estaba el peculiar ― por no decir terrible― sabor. Tan fuera de papel estaba el pollo, que, sin querer, se le escapó «maui» justo al lado del actor. Lo que valió la mirada de sorpresa de él y un congelamiento inmediato del pollo. Valga decir que todos atribuyeron esas actitudes al espectáculo mismo, él tan profesional como siempre se recompuso al instante. Bo, sin embargo, le costó media fracción de segundo más volver al carácter.

Terminado el programa, el pollo quiso huir, de verdad que quiso, lo intentó con mucho esfuerzo y ganas, pero su sentencia ya estaba dicha por los dioses. Cuando él la encontró, ella era un manojo de nervios, pero la sonrisa sincera de él, esa que es capaz de exorcizar hasta los demonios, la calmó. Él ofreció llevarla a casa y ella de buena gana aceptó.

Al día siguiente, todo Japón hablaba del adorable mal cocinero que era Tsuruga Ren, y más de una ―y varios de unos― se ofrecieron con mucho entusiasmo a ser su cocinero y quizás otras cosas más.