Las noticias se esparcieron rápido por todo el pueblo. No había un solo habitante en Storybrooke que no hablara de la Reina Malvada y la Salvadora siendo Almas Gemelas. Emma y Regina sospechaban que una de las hadas (Nova) había estado hablando con uno de los enanos (Gruñón), y después de que él lo sabía no había vuelta atrás.
Sorprendentemente, nadie reaccionó mal, al contrario de como Regina pensaba y por lo que vacilaba a la hora de enfrentarse al público. A Emma, en cambio, no podría importarle menos lo que el pueblo pensaba.
Los últimos días, aprovechando el fin de los secretos, las chicas fueron vistas en todos lados juntas, literalmente. Como si estar separadas les causaría dolor físico. O tal vez sólo querían restregar su felicidad en la cara de los otros, aunque de la forma sana.
Quien no estaba tan feliz, por el otro lado, era Robin. Cuando su Alma Gemela terminó con él, imaginó que la morena estaba confundida y necesitaba tiempo pero que regresaría a sus brazos y tendrían su final feliz. Lo que no se esperaba era que su amor fuera gay y que vaya aclamando por el pueblo que estaba enamorada de una mujer en lugar de Robin. Por lo tanto, decidió enfrentarla. No fue algo muy interesante, pero básicamente sucedió así:
«Pero soy tu Alma Gemela» dijo Robin.
Había ido a buscarla a la mansión, ignorante de la presencia de Emma en la habitación de la morena, y estaban discutiendo en el porche ya después de las primeras dos palabras que salieron de la boca de Robin: 'te amo'. Regina quería tirar todo por el caño y rezar porque Emma estuviera profundamente dormida, sorda de los gritos y demandas de Hood.
«Emma es mi Alma Gemela y la amo. ¿Cuántas veces tengo que repetirte que no siento nada por ti?».
«No me lo creo».
«¿Qué no crees? Es lo que siento».
«No, tú sientes algo por mí, pero no lo quieres admitir».
Con esas palabras finales, Robin se acercó a Regina e intentó besarla con fuerza en su movimiento audaz. Regina quería empujarlo, hacerlo desaparecer, pero antes de poder siquiera pensarlo, magia irradió de su cuerpo enviando a Robin por los aires hasta chocar con un poste de luz.
Atónita quedó Regina mientras luchaba por ponerse en pie ayudándose con el poste de luz. Desde el otro lado de la calle, el arquero le dedicó una mirada asesina a su ex novia, como si por primera vez la viera como negó que lo haría: un monstruo. Regina no se permitió afectarse por el hombre, quien no cargaba más que dolor por lo que pudo ser y miseria consigo.
"Voy a matarlo", escuchó en su cabeza y entonces Regina supo que Emma había presenciado, o sentido todo a través de ella.
Entonces, Regina sintió unas grandes ansias de... Tenía náuseas. Corrió hasta una maceta fuera de la mansión y vomitó en ella de una manera poco femenina y refinada. Sintió una mano calmante en su espalda, Emma. Repentinamente, el malestar desapareció y con facilidad se puso de pie, con el profundo deseo de hundirse en los brazos de su amada, completamente olvidándose de que alguien las estaba observando.
La rubia sentía en fantasma de sus labios sobre los suyos y la respiración de Regina chocando en su rostro. Como si de magnetismo se tratara, sus labios chocaron y la saliva se mezcló (Emma hizo un excelente trabajo ignorando que Regina había vomitado hacía no más que unos segundos).
«¿Para qué fue eso?» preguntó la rubia, recuperando el aliento.
«No lo sé» Regina inhaló lentamente y exhaló. «Fue como...como si no pudiera estar separada de ti».
Emma la miró, entre curiosa y divertida, hasta que su labio inferior se curvó en una mueca, viendo a Robin por el rabillo del ojo.
«Y por lo visto, tampoco puedes estar cerca de él. Afortunadamente» dijo Emma. «Si quieres, puedo arrestarlo. Quizás un tiempo tras las rejas le aclare las ideas».
«No, no, está bien, de verdad» se apuró de decir Regina. «No quiero que llegues tarde al Loft por esta tontería».
Emma la miró con vacilación, dándole un vistazo al aún adolorido ladrón al otro lado de la calle. Regina le dio un apretón en el brazo y atrajo su atención a ella otra vez.
«Voy a estar bien» le aseguró.
Emma asintió y esperó a que Regina regrese al interior de la mansión antes de partir a la casa de sus padres.
«¿Y cómo va todo con Regina?» preguntó Mary Margaret.
Dando un sorbo al chocolate, Emma asintió repetidamente en una respuesta positiva.
«Bien, vamos genial» dijo con serenidad.
«Te ves feliz» sonrió la morena.
«Estoy feliz» admitió y dio otro sorbo a su bebida, volcando un poco en su barbilla. Se limpió rápidamente y continuó. «¿Sabes? Algo raro está pasando, es como si no pudiéramos quitar las manos de sobre nosotras».
«Okay, cariño. Estoy feliz por ti, pero de verdad no quiero esa clase de detalles».
«No, en serio. Y, hoy, cuando Robin la besó».
«¡¿Robin qué?!».
«No es importante» dijo aunque una profunda cólera ingresaba en su pecho al recuerdo. «El punto es, cuando hizo lo que hizo, magia lo empujó hasta la otra vereda y Regina estaba como muy, muy descompuesta. Pero cuando la toqué, de repente estaba sana de nuevo».
«Tal vez son sus 'poderes de Almas Gemelas', otro de los efectos secundarios».
Emma sonrió. En realidad, eso tenía mucho sentido, no sabía por qué no pensó en ello antes, especialmente desde que pasaron la última semana intentando descubrir qué más causaba su nuevo vínculo.
«Gracias, mamá, se lo diré a Regina cuando regrese».
«Espera, ¿no puedes decírselo ahora?».
«¿Quieres que la llame?» frunció el ceño.
«¡No, por telepatía, Emma! ¿Cómo funciona?» preguntó Mary Margaret, emocionada.
«Oh, la verdad es que yo tampoco entiendo mucho cómo funciona. Es como si... A veces, me enojo o me emociono y pienso algo muy fuerte y Regina lo escucha. O estoy pensando mucho en Regina y sólo pasa».
«Como tu magia» dedujo su mamá.
Emma levantó las cejas.
«Sí, como mi magia» dijo, recién enterándose de la interconexión entre su magia y la que poseía junto a Regina.
Repentinamente, sintió una punzada en la nuca y pulso insistente era remarcado en su sien. Emma apretó los párpados mientras su madre la observaba con preocupación perder el enfoque de su visión por unos instantes.
«¿Estás bien?».
«Sí» dijo débilmente. «Solo un dolor de cabeza, ya se pasará».
Mary Margaret no parecía convencida en dejar pasar el tema, pero lo hizo de todas formas. Iba a hacer otra pregunta cuando su hija se encogió nuevamente, esta vez soltando un gruñido de dolor y llevando una mano a su cabeza.
Lo que ambas no sabían era que, de regreso en la mansión, su ladrón había forzado la cerradura e irrumpido en la propiedad. Buscó a Regina y la atrapó contra la pared. En ese instante, los dolores de cabeza empezaron, Robin voló por los aires nuevamente y Emma recibió varios pensamientos de Regina pidiendo ayuda.
De alguna forma insólita, la cual nadie atrevió a cuestionar, Emma apareció frente a Regina. La morena se estaba frotando las muñecas, heridas por la fuerza de Robin. Emma fulminó a Robin con la mirada y mágicamente apareció unas esposas en su mano, lista para salvar el día.
«¿Estás bien, linda?» preguntó mirándola sobre su hombro mientras colocaba las esposas.
«Sí, estoy bien».
Emma arrugó los labios pero aceptó la entrecortada, débil respuesta que le ofrecía Regina.
«Sentiste el...».
Emma vaciló en completar su oración pero la alcaldesa asintió, habiendo leído su mente.
«La magia, sí, pero hablaremos sobre eso luego».
Regina seguía temblando ligeramente, pero luchó por recomponerse mientras Emma desaparecía con el ladrón. Ni siquiera se molestó en negar la detención de Robin. No quería lastimarlo aún más después de haber, probablemente, arruinado su vida (tampoco sería la primera), pero nunca lo había visto tan desagradable en su propia piel, ojos violentos perdiendo la claridad bajo la presencia de Regina.
Él había intentado forzarse en ella. A veces, creía merecerlo después de todo lo malo que hizo, eso no significaba que lo permitiría, que Emma lo permitiría. Incluso si ella no quería castigarlo, Emma la convencería de hacerlo. Y Regina por primera vez no tenía problemas en dejarse persuadir tan fácilmente.
