Dress
Di mi nombre y haz que se detenga todo. Graba tu nombre en el poste de mi cama, porque no te quiero como a un mejor amigo.
Mañana era el gran día: su cumpleaños. No le gustaban los años que cumplía, que no eran pocos; pero la fiesta que iba a dar era grandiosa.
No era para menos, ella era la gran Bulma Briefs. Entre otras cosas, la mejor organizadora de fiestas que existía. En ellas había juegos como el bingo, grandes premios, comida exquisita proveniente de los mejores chefs del país y deliciosos cócteles.
Nadie quisiera perderse el gran festejo. Excepto él.
—¡Vegeta! —Bulma se puso enfrente del saiyajin para detenerle el paso.
—No molestes —el padre de su hijo quería irse rápidamente de allí para tomar una ducha, pero la insoportable terrícola se lo impedía. Esto hizo que su ki se elevara un poco y tuviera ganas de empujarla fuertemente, pero no lo haría. Jamás le había tocado un pelo y esta ocasión no sería la excepción.
—Quiero que estes en mi fiesta mañana —la mujer sonrió coqueta —la comida será exquisita.
Rodó los ojos.
—No voy a juntarme con esos humanos —quiso irse nuevamente, pero ella no lo dejó.
Bulma posó los brazos por el cuello de él y se lamió los labios. Lo observó con lujuria y se acercó a su oído, para hablarle con el tono más sensual que encontró. —Puedo recompensarte —al decirlo, su curiosa mano bajó hasta el miembro de él y lo apretó suavemente.
Vegeta quería poseerla ahí mismo, pero sabía que su hijo estaba rondando cerca. Lo único que tenía que hacer era retirarse y darse una buena ducha fría.
—Espero que la recompensa sea buena —dijo antes de marcharse para observarla duramente.
Ella sonrió dando pequeños saltitos. La gran Bulma Briefs siempre obtenía lo que deseaba.
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Se puso frente al espejo y admiró su hermosa figura. Llevaba un vestido rojo largo, muy escotado y con un tajo en la pierna. Su espalda estaba descubierta y su pelo recogido dejaba mostrarla completamente.
Definitivamente iba a ser el gran foco de atención con ese atuendo, pero ella solo quería impresionar a una persona.
Rápidamente se dirigió a la habitación de su hijo para ayudarlo con su traje. Lo que vio la hizo sonreir con ternura: el pequeño Trunks tenía la pequeña corbata atada en sus cabellos, como si fuera una vincha. Su camisa estaba mal abrochada y le faltaba ponerse sus pantalones.
—A que estoy muy guapo.. ¿verdad mami? —el pequeño corrió para abrazarla. Ella lo levantó en sus brazos mientras le daba vueltas. Amaba con todo su corazón a su pequeño de cinco años.
—Eres el niño más guapo de toda la tierra —Bulma le besó la frente y se dispuso a ayudarlo. Cuando estuvo todo listo, los dos salieron de la mano.
En el pasillo se encontraron a Vegeta apoyado en una pared con los brazos cruzados. A pesar de la insistencia de la mujer, él no quiso ponerse un smoking. A cambio, portaba su habitual traje de entrenamiento.
Suspiró con pesar y se acercó a él. El pequeño Trunks bajó las escaleras para encontrarse con su abuela, así que quedaron los dos solos.
—¿Esas son formas de vestir? —Bulma cruzó los brazos y eso hizo que se acentuaran sus pechos. El saiyajin lo notó y rápidamente desvió la mirada. Tenía que esperar hasta la noche...
—Mira quién habla —dijo con sorna —esa tela no tapa nada.
Ella negó con la cabeza. Ese hombre no iba a cambiar. Debía entender de una vez por todas lo que estaba de moda.
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Le dolían los pies y lo primero que hizo fue tirar sus zapatos lejos como si quemaran. Se sentó en la cama que compartía con Vegeta de una forma provocativa. Esperó y esperó.. hasta que él salió del baño con un bóxer. Una imágen totalmente sensual.
Rápidamente, se acercó a él y le acarició el pecho, mientras lo miraba con lujuria. Agradeció que su hijo estuviera en la casa de Milk y que la habitación de sus padres estuviera lejos. Hace semanas no compartían un momento tan íntimo.
—¿Sabes por qué compré este vestido? —decía Bulma mientras le besaba el cuello con anhelo.
El hombre la tomó en brazos e hizo que las piernas de ella se enrollaran en su cintura. Negó con la cabeza ante su pregunta, mientras aplastaba sutilmente sus pechos.
—Me lo compré solo para que me lo quitaras.
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