¡Tercer strike!
Ángel disfrazado de diablo parte II.
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Mientras caminábamos por el centro buscando una buena tienda, Marinette y yo charlábamos amenamente, parecía que Mari había superado su miedo a hablar conmigo, y eso me hizo sonreír.
Cuando llegamos al centro pasamos cerca de una tienda de telas, y Marinette se distrajo. Cuando me di cuenta la peliazul no estaba a mi lado, en cambio estaba dentro de la tienda, preguntando por las telas, los colores, las ofertas, los adornos, etc. Fue…inesperado. Pero a pesar de eso, sonreí, era genial ver como ponía tanta pasión a lo que amaba, me recordaba a mí y a la música. Sonreí con más ganas; me recosté en el marco de la entrada del local y la observé ir de aquí para allá con las dependientas viendo lo que ella pedía.
No supe cuánto tiempo la estuve viendo, lo curioso es que no la perdía de vista aun cuando ella tenía que ir a las partes más alejadas de la entrada y yo no me moví de mi lugar. Hasta que una chica se me acerco y me preguntó que estaba buscando, le sonreí y le dije que esperaba a una amiga. La chica me sonrio con cortesía y me pregunto.
-¿Es la chica peliazul?
-Esa misma.
Cuando dirigí mi mirada hacia Marinette ella estaba viendo en dirección nuestra y no sonreía, tenía el ceño fruncido, como si algo le molestara.
Me acerqué a ella preocupado y pregunté en voz baja.
-¿Estas bien?
Ella solo me miro a los ojos y me rodó los ojos mientras se cruzaba de brazos.
-Estoy bien, Luka, no necesitabas entrar.
-¿Por qué?- le pregunté sorprendido por su actitud.
-Porque llamas la atención, eres demasiado apuesto para tu bien.
Su réplica me dejó sin palabras unos instantes en los que ella recapacitó lo que dijo. Instantes después yo estaba sonriendo y ella estaba roja como un tomate.
-¿Así que soy demasiado apuesto para mi bien? ¿Esperas que me coman vivo si entro a un lugar solo?- dije sin poderlo evitar, adoraba molestarla.
Marinette estaba muriendo ahí mismo. Pero no me dejo de ver los ojos ni por un instante. Y la admiré por eso.
-Debes admitirlo. Las mujeres somos aterradoras.
-No todas- le sonreí burlonamente.
Marinette alzó una ceja, okey, vergüenza olvidada.
-¿No me crees capaz de ser aterradora?
-Así, así lo que se dice aterradora….- fingí pensar un momento con la mano en la barbilla y mirando hacia el cielo-. No.
-¿Ni tampoco coquetearte?
Espera, ¿lo había dicho en serio? La miré a los ojos y vi la determinación que encontré cuando se cayó en su escuela y respondió mi replica. Parecía que había encendido la llama de la batalla que tenía en su interior.
-No. Eres un ángel.- le respondí sin dudarlo.
La voz de la razón me dijo en el oído: "Luka, basta, estás jugando con fuego." Pero lo ignoré, como a veces lo hago.
Marinette se acercó a mí y puso sus manos en mi cuello, acercándonos.
-¿Crees que no puedo alterarte sin besarte? ¿Qué un ángel no puede ser un diablo?
Sin siquiera pensarlo, puse mis manos en su cadera y la acerqué más a mí.
-Sé que no eres capaz de hacerlo, eres demasiado buena para tu bien –Le lancé su reclamo y ella sonrió.-Demasiado dulce, demasiado bella, demasiado…
Pero no pude terminar, pues una tos incomoda me interrumpió.
Parpadeé. Había olvidado donde estábamos y a juzgar por el sonrojo que apareció en toda la cara y cuello de Marinette, ella también.
Me separé de ella a regañadientes, pero estaba algo aliviado, no sabía que había podido hacer si no me hubieran interrumpido. Estaba a salvo…. Y yo también, claro. Mi corazón estaba algo alterado.
Mire a Marinette y ella se había alejado todo lo humanamente posible de mí, con la cara completamente roja, tartamudeaba con la dependienta que la miraba sonriendo pícaramente.
-Eh… yo te esperare afuera, Mari.- Necesitaba un poco de aire.
-Cl-Claro.
Me di la vuelta y escuché que dos dependientas le dijeron a Mari.
-Qué suerte tiene, es un chico muuuuy apuesto. Unas clientas no le quitaban el ojo de encima hasta que vino a verla, se fueron molestas, por lo que pude ver.
-Y eso está bien, que no toquen lo que no les pertenece.- escuché murmurar a la otra chica.
Mire hacia tras de reojo y vi a Mari con las ojeras rojas.
-Él no es mío…Aun.
Sonreí. Y cuando salí de la tienda suspiré audible y largamente.
Esa chica me iba a matar. Pero sé que sería una muerte placentera.
