Alfred había ordenado que empezaba la limpieza de primavera así que cada quien tendría un área para trabajar además de su respectivo cuarto; todos, hasta Bruce participaban. Excepto el menor de los hermanos que había evitado eso por unas horas ya que se encontraba con su extraño club (nadie sabía de qué trataba solo que era una actividad extracurricular de Gotham Academy).

Dick, siempre el hermano considerado pensó que cuando su Little D volviera estaría cansado como para limpiar así que decidió ayudarle un poco con su habitación.

No había mucho que hacer, la mayor parte de las cosas estaban en su lugar a diferencia de su cuarto o el de Tim, lo único desordenado eran los pinceles y lápices de dibujo; apilo las libretas y hojas, puso los utensilios en su respectivo cajón cuando el gato decidió que no le gustaba que tocara las pertenencias de su amo y tiro todos los papeles.

–Alfred –gimió– gato malo.

El animal no se inmuto y salió de la habitación. Dick comenzó a juntar las hojas, algunas habían quedado debajo de la cama así que se metió para sacarlas. Sintió una tabla floja cuando termino de recogerlas, curioso la quito pensando que después la arreglarían, pero encontró algo que le llamo la atención.

–¿Qué encontraste qué?

–Una ouija y esta caja, también un par de velas –dijo con calma, ya había repetido lo mismo una docena de veces. Le asusto mucho el descubrimiento que hizo, ¡su hermanito no podía estar en asuntos tan oscuros!

–En el cuarto de Damian.

–Si.

–Debajo de su cama.

–Sí, debajo de una tabla suelta.

Había contado a sus hermanos lo ocurrido, a ellos también les extraño pues Damian nunca había mostrado creer en ninguna religión o en lo sobrenatural así que ¿por qué tener eso entre sus posesiones? No lo entendían.

Estaban en el suelo de la biblioteca tomando un descanso de la limpieza, Alfred había salido a comprar cosas para la comida así que no había problema además Bruce también estaba flojeando. Querían preguntarle a su hermanito para que quería esas cosas pero tenía el teléfono apagado. Formaban un circulo alrededor de los objetos, unas gruesas velas semiderretidas, una cajita de madera con un cuervo dibujado en la tapa y un tablero de ouija negro con las letras y números de color blanco, el puntero era un triángulo también negro con un sol y una luna dibujados.

–¿Quieren jugar? –Pregunto de pronto Steph.

–¿A qué? –La rubia solo señalo el tablero.

Los seis tenían sus índices sobre el puntero, decidieron intentarlo ¿qué podría salir mal? Seguían formando un circulo con la ouija en el centro, habían cerrado las cortinas y encendieron las velas poniendo una a cada lado. –¿Hay alguien aquí?

"Si"

Se sobresaltaron un poco cuando el puntero se movió, pero pensaron que inconscientemente habían sido ellos.

–¿Hola? –pregunto Babs después de minutos en silencio.

"Hola"

–¿Cómo estás?

"Bien, gracias por preguntar Cassandra"

–¡! –Se sobresaltaron, ya no pensaban en sugestión, el puntero se movía de verdad y al parecer habían contactado con un ente pues llamo a Cass por su nombre.

–¿Quién eres?

"¿Dónde está Damian?"

–¿Q-qué?

"¿Dónde está Damian? ¿Aún no vuelve?"

–¿Por qué quieres saber? –Pregunto asustado Dick.

"Quiero hablar con el"

–Él no tiene por qué hablar contigo –gruño Jason, no le gustaba la idea de su hermano con un espíritu.

"Siempre lo hace"

–¿Damian te contacta seguido? –Cuestiono Tim.

"Si, desde hace dos años"

Dos años.

Ahora tenía sentido, dos años atrás Benjamin su hermano menor había muerto junto con su madre en un terrible accidente automovilístico. Quizás había entablado contacto con ese ente buscando poder hablar con sus muertos.

¿Qué hablaba Damian con ese espíritu?

¿Qué cosas le había dicho a él?

¿Estaba en busca de su joven alma?

¡No! ¡No podían permitirlo!

–¡Vete, Damian ya no hablara contigo!

"Esa no es su decisión"

–Claro que sí.

"No, es de Damian"

–No dejaremos que contactes con él, quemaremos esta porquería.

"A Damian no le gustara"

–Seguramente le haz lavado el cerebro, nosotros te alejaremos aunque sea necesario llenar este lugar con cruces y que siempre lleve un rosario al cuello.

"¿Quieren alejarlo de mí? ¡No pueden hacer eso!"

Escucharon como las ventanas se rompían pero no habían rastros de vidrios, la temperatura bajo abruptamente, tanto que sus exhalaciones formaban vaho. Los chicos comenzaban a sentir miedo de verdad, ¿realmente habían convocado algo? Las llamas de las velas crecieron y ardían intensamente, a lo lejos podían escuchar cuervos graznar y algo arañar la puerta, esperaban de todo corazón que fuera Titus o el gato.

"Damian me quiere y ustedes no nos separaran"

Los libros comenzaron a caer de los estantes, los rasguños siguieron cada vez más frenéticos tanto que pensaron que la puerta seria desgarrada, quisieron levantarse y salir de la habitación pero no pudieron hacerlo estaban paralizados; ni siquiera podían despegar sus dedos del oráculo. Los sillones comenzaron a moverse de un lado a otro como si alguien los jalara, incluso el pesado escritorio que solo podía moverse entre cuatro fue volteado como si nada.

–¡Basta! –Grito Babs. –¡Detente!

Una figura se formo frente a la puerta, una joven de cabello corto los miraba molesta incluso tenia los puños en sus caderas, a pesar de la oscuridad pudieron ver que tenia un pequeño cristal rojo en la frente. –¡No! ¡El dijo que no me dejaría!

Mentalmente comenzaban a rezar lo poco que sabían pero las palabras se les iban, la chica avanzo lento hacia ellos sin embargo antes de que lograra estar a un pie abruptamente todo se detuvo, los rasguños, los graznidos incluso dejaron de caer los libros y la chica desapareció. Los chicos respiraron profundamente intentando recuperar la serenidad, su cordura. Querían negar todo, achacarlo a sugestión e histeria colectiva pero la biblioteca estaba hecha un desastre, realmente había pasado.

Cuando se habían calmado un poco la puerta se abrió lentamente haciéndolos gritar de terror. –¿Jóvenes? –Alfred, el buen Alfred casi les causo un ataque al corazón. El viejo mayordomo dio un par de pasos y contemplo la curiosa escena, sus nietos en el piso de la desordenada habitación. –Les dije que limpiaran.

–Al…

–No quiero escusas, arreglen esto.

Sin más Alfred dio media vuelta, no vio como sus nietos iban recuperando el color y la movilidad. Mientras limpiaban se preguntaban como la presencia del mayordomo había alejado al espíritu que los aterrorizo, ignoraron que la ouija y las otras cosas habían desaparecido.

¿Dónde había quedado el número de Constantine?

Horas más tarde descansaban en la sala, ya habían hablado con Constantine incluso con el padre Anderson quienes los calmaron y prometieron darse una vuelta por la mansión para asegurarse de que no se vieran infestados por entes del bajo astral. Aun no veían a Damian, no habían podido cuestionarlo ni siquiera comentaron al mayordomo o Bruce su espeluznante experiencia.

–Chicos quiero que se comporte en la cena, nada de peleas ni gritos.

–¿Por qué, quien viene a cenar? –Cuando hacían esa petición era porque llegaba gente a quien debían dar una buena impresión como reporteros o inversionistas.

–La novia de Damian.

Como si no hubieran tenido suficientes sorpresas ese día, así que no solo hablaba con el diablo ¡su hermanito tenia novia!

– ¿Desde cuando babybrat tiene novia?

–Un año –se sobresaltaron al oírlo hablar, no escucharon sus pasos o la puerta abrirse. –Creo que ya es tiempo de que se conozcan.

–Tenemos mucho que hablar contigo –exclamó Cass poniéndole una mano en el hombro, a pesar el susto que pasaron estaba feliz por Damian.

–Si ya es tiempo, pero ¿dónde esta ella? Creí que vendría contigo.

–Oh pronto estará aquí. –Damian se aparto un par de metros y se agacho para comenzar a dibujar un pentagrama en el piso.

– ¡Hey que haces, acabó de limpiar ahí!

Damian no respondió solo siguió su trabajo, cuando termino pronuncio algo n un idioma desconocido y el pentagrama ardió, las llamas produjeron un calor tan intenso que ellos que estaban lejos podían sentirlo. Cuando estuvieron a punto de salir corriendo o arrojarse por la ventana el fuego se apago y en medio de la estrella apareció una joven de corto cabello violeta, ojos rojos y que usaba un gran abrigo. Ella se acerco a Damian quien inmediatamente tomo su mano para dirigirla hacia su padre.

–Ella es Rachel –dijo como si no acabara de abrir un portal.

–Mucho gusto señor Wayne, Damian me ha hablado mucho de ustedes –saludo extendiendo su otra mano hacia el patriarca, su vos era suave, tímida. Cuando Bruce no respondió "Rachel" se aparto el flequillo en un gesto nervioso.

Fue entonces que lo vieron, un pequeño rombo rojo en su frente.